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El lejano norte

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El carácter y la trayectoria diferencial de las formaciones sociales escandinavas a partir de la Edad Oscura constituyen un problema fascinante para el materialismo histórico y un control necesario —y tan a menudo olvidado— para cualquier tipología marxista general del desarrollo regional europeo1. Aquí disponemos de

poco espacio para explorar esta compleja y escasamente documentada cuestión. Pero es esencial un breve esbozo de la temprana evolución de esta área para comprender el papel crucial desempeñado después por Suecia en la historia de la Europa moderna.

Bastará decir desde ahora que el determinante histórico fundamental de la «especificidad» escandinava fue la peculiar naturaleza de la estructura social vikinga, que desde el primer momento separó a toda la zona del resto del continente. Escandinavia había quedado completamente fuera del mundo romano, como es obvio. En los siglos de la pax romana, la vida de sus poblaciones tribales no se había visto dislocada ni acelerada por la contigüidad de los legionarios y los mercaderes del limes. Aunque la gran oleada de invasiones bárbaras de los

1 En una célebre observación, Hecksher comentó que «los países de segunda fila» no tenían derecho a esperar que su historia fuese estudiada generalmente. Argumentando que «todo estudio histórico debe conducir al descubrimiento de leyes generales o al discernimiento de los mecanismos de una importante evolución», Hecksher concluía que la evolución de tierras tales como Suecia sólo tenía importancia en la medida en que bosquejara un modelo internacional más amplio o se conformara a él. El resto podía abandonarse sin más: «No compliquemos innecesariamente las tareas de la ciencia» (E. Hecksher, «Un grand chapitre de l’histoire du fer: le monopole suédois», Armales, núm. 14, marzo de 1932, p. 127). En realidad, las tareas de la ciencia histórica no pueden considerarse cumplidas si ésta ignora una región que contradice muchas de sus categorías aceptadas. La evolución escandinava no es un mero catálogo de particularidades que pudiera añadirse opcionalmente a un inventario indefinido de formas sociales. Sus mismas desviaciones entrañan, por el contrario, algunas lecciones generales para cualquier teoría global del feudalismo europeo en la época medieval como en la moderna.

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siglos IV y V había incluido entre ellas a muchos pueblos de origen escandinavo, especialmente los godos y los burgundios2, éstos ya hacía mucho tiempo que se habían asentado entre el resto de las poblaciones germánicas

del otro lado del Báltico antes de su irrupción en el Imperio. La Escandinavia propiamente dicha salió, pues, prácticamente indemne del gran drama del colapso de la Antigüedad. Así, a finales de la Edad Oscura, después de tres siglos de dominio franco o lombardo sobre las antiguas provincias del Occidente romano y la correspondiente evolución y síntesis social que había echado los cimientos de un feudalismo plenamente desarrollado, las formaciones sociales del lejano norte conservaron virtualmente intacto el primitivo modelo interno de las comunidades tribales germánicas del tiempo de Tácito: un campesinado armado (bondi), un consejo libre de agricultores-guerreros (thing), una clase dirigente de los jefes de clan (dirigidos por los jarls), un sistema de séquito para las expediciones de saqueo (hirdh) y una monarquía precaria y semielectiva3. En el

siglo VIII, estas rudimentarias sociedades escandinavas se convirtieron, a su vez, en una de las fronteras bárbaras del «restaurado» Imperio carolingio al expandirse por Alemania del Norte hasta Sajonia, siguiendo una línea adyacente a la contemporánea Dinamarca. El contacto fue seguido de una repentina y devastadora reproducción de las invasiones bárbaras lanzadas hacia el sur para atacar al Imperio romano. Desde el siglo VIII

al IX, las bandas vikingas asolaron Irlanda, Inglaterra, los Países Bajos y Francia y llegaron en sus merodeos hasta España, Italia y Bizancio. Los agricultores vikingos colonizaron Islandia y Groenlandia y los soldados y comerciantes vikingos crearon el primer Estado territorial en Rusia.

Estas invasiones se han considerado a menudo como el «segundo asalto» contra la Europa cristiana. En realidad, su estructura fue decisivamente distinta de la de los bárbaros germánicos que habían provocado el fin de la Antigüedad en Occidente. En primer lugar, porque no fueron verdaderas Völkerwanderungen, debido a que en ellas no se produjeron migra-

2 Procedentes quizá de Gotland y Bornholm, respectivamente.

3 Un sabroso estudio reciente en un idioma no escandinavo es el de Gvvyn Jones, A history of the Vikings, Oxford, 1968, pp. 145-55. Kuhn pretende que el hirdh fue una tardía innovación anglodanesa de los siglos X y XI, reimportada de nuevo posteriormente a Escandinavia, pero la suya es una opinión aislada: «Die Grenzen der germanischen Gefolgschaft», pp. 43-7.

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ciones terrestres de pueblos enteros, sino que fueron expediciones marítimas necesariamente de un número mucho más limitado. La investigación moderna ha reducido drásticamente los cálculos exagerados que habían realizado las aterrorizadas víctimas de las expediciones vikingas. La mayoría de las bandas de merodeadores no ascendían a más de 300 ó 400 hombres; el mayor grupo que atacó a Inglaterra en el siglo IX no llegó jamás a los 1.0004. En segundo lugar, y principalmente, la expansión vikinga tuvo un notable carácter comercial: los

objetivos de sus expediciones ultramarinas no incluían solamente tierra para colonizar, sino también moneda y mercancías. En lo que fue un contraste diametral con sus predecesores, los vikingos saquearon algunas ciudades en su avance, pero fundaron y construyeron muchas más. Las ciudades fueron, efectivamente, los ganglios de su comercio. Además, la materia básica de este comercio estaba constituida por los esclavos, que se capturaban y transportaban desde toda Europa, pero sobre todo desde el occidente celta y el oriente eslavo. Naturalmente, es necesario distinguir en esta época los respectivos modelos de expansión noruega, danesa y sueca, ya que las diferencias entre ellos fueron mucho más que meros matices regionales5. En el extremo flanco occidental del

ataque ultramarino, los vikingos noruegos fueron impulsados, probablemente, por la escasez de tierras de sus montañas de origen; aparte del simple botín, los noruegos buscaban normalmente tierra para asentarse, sin que les importara lo inhóspito del medio: además de invadir Irlanda y Escocia, ellos fueron quienes poblaron las heladas islas Feroe y descubrieron y colonizaron Islandia. Las expediciones danesas por el centro, que conquistaron y poblaron el nordeste de Inglaterra y Normandía, fueron asaltos mucho mejor organizados, bajo una disciplinada jefatura cuasi monárquica y crearon unas sociedades ultramarinas más compactas y jerárquicas, en las que el tesoro extorsionado y el impuesto a cambio de protección (como el danegeld) se emplearon localmente para la construcción de una ocupación territorial estable. En el flanco oriental extremo, la expansión de la

4 P. H. Sawyer, The age of Vikings, Londres, 1962, p. 125. Este es el estudio más sobrio y riguroso sobre este tema, aunque es también el más conciso sobre las estructuras sociales internas de Escandinavia.

5 Véase Lucien Musset, Les invasions: le second assaut contre l’Europe chrétienne (VIIe-XIe siècles), París, 1965, pp. 115-8 [Las invasiones. El segundo asalto contra la Europa cristiana, Barcelona, Labor, 1966]; Johannes Bronsted, The Vikings, Londres, 1967, pp. 31-6, ofrece una exposición similar, aunque menos adecuada.

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piratería sueca tuvo una orientación predominantemente comercial: la penetración de los varegos en Rusia no estaba impulsada por la colonización de tierra, sino por el control de las rutas del comercio fluvial hacia Bizancio y el oriente musulmán. Mientras que los típicos Estados vikingos fundados en el Atlántico (Orcadas, Islandia o Groenlandia) eran comunidades de colonos agrícolas, el reino varego de Rusia fue un imperio comercial construido sobre la venta de esclavos al mundo islámico, inicialmente a través de los janatos jázaro y búlgaro y más tarde directamente desde el mismo emporio central de Kiev.

El comercio varego en el oriente eslavo fue de tal magnitud que, como ya hemos visto, creó la nueva y permanente palabra para designar la esclavitud en toda Europa. Su importancia fue especialmente grande para Suecia, debido a su notable especialización en esta forma de pillaje escandinavo. Pero el tráfico ruso no fue más que el concentrado regional de una característica general y fundamental de la expansión vikinga. En la misma

Islandia, lejana antípoda de Kiev, las tierras de la nobleza sacerdotal de los godar fueron cultivadas desde el principio por esclavos celtas, cautivados y transportados desde Irlanda. La magnitud y la pauta de las expediciones vikingas en busca de esclavos por toda Europa están todavía a la espera de un estudio histórico adecuado6. Pero, para nuestro actual propósito, en lo que es preciso insistir con más fuerza —y en lo que a

menudo menos se insiste— es en el impacto fundamental que el uso generalizado de la mano de obra esclava tuvo dentro de las propias tierras escandinavas. Porque el resultado de este comercio depredador en el exterior sería, paradójicamente, la conservación de buena parte de la primitiva estructura de la sociedad vikinga en el interior. Las formaciones sociales escandinavas fueron las últimas de Europa que hicieron un uso amplio y normal de la mano de obra esclava. «El esclavo fue la piedra angular de la vida vikinga en el interior»7. Como

hemos

6 E. I. Bromberg, «Wales and the mediaeval slave trade», Speculum, volumen XVII, núm. 2, abril de 1942, pp. 263-9, considera las operaciones vikingas en la zona del mar de Irlanda y formula algunos juicios enfáticos sobre la actitud de la Iglesia cristiana hacia el comercio en la Alta Edad Media.

7 Jones, A history of the Vikings, p. 148. El estudio más completo de la esclavitud escandinava lo ofrecen P. Foote y D. M. Wilson, en The Viking achievement, Londres, 1970, pp. 65-78. Esta obra subraya correctamente la importancia fundamental de la mano de obra esclava para las realizaciones económicas y culturales de la sociedad vikinga, p. 78.

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visto, el modelo típico de las comunidades tribales en la fase inicial de la diferenciación social fue el predominio de una aristocracia guerrera cuyas tierras eran cultivadas por esclavos cautivos. La presencia de esta mano de obra exterior fue precisamente lo que permitió la coexistencia de una nobleza con un campesinado indígena libre, organizado en clanes agnaticios. El plustrabajo necesario para la aparición de una nobleza terrateniente todavía no tuvo que extraerse de los parientes empobrecidos; en este estadio, la esclavitud es normalmente una «salvaguardia» contra la servidumbre. Las formaciones sociales vikingas, en las que había una constante importación y reposición de esclavos extranjeros (thralls), no experimentaron pues ningún tipo de evolución hacia la dependencia feudal y la adscripción de la mano de obra, sino que, por el contrario, se mantuvieron como comunidades de clanes extremadamente vigorosas y primitivas —de las que Islandia ofrece el ejemplo heroico— en el remoto e hiperbóreo borde de la Europa medieval. Hasta el siglo XII, las aldeas de campesinos escandinavos conservaron un modelo social muy cercano al de los pueblos germánicos del siglo I. Todos los años se repartían colectivamente los lotes de tierra a cada familia, de acuerdo con las normas convencionales y dentro de una comunidad jurídica que se regía por sus propias costumbres8. Las tierras

comunes de tipo ortodoxo —bosques, pastos y dehesas— eran compartidas por las aldeas o las comunidades vecinales. La plena propiedad individual sólo se reconocía después de cuatro, seis o más generaciones de posesión y por lo general se limitaba a los nobles. Un agricultor ordinario o bondi podía tener una mano de obra de tres esclavos, y un noble posiblemente llegaba a treinta9. Ambos asistían juntos a las asambleas ciánicas

libres

8 Luden Musset, Les peuples scandinaves au Moyen Age, París, 1951, páginas 87-91. Para quienes estén limitados a otras lenguas occidentales, este libro excelente constituye con mucho el mejor estudio de la Escandinavia medieval. Musset añade que incluso en Noruega e Islandia, donde había colonias dispersas y una agricultura trashumante y pastoril, una extensa comunidad «vecinal» redistribuía la tierra cultivable y compartía las praderas. Hay una exposición muy interesante de la forma odal de tenencia de la tierra en Escandinavia y de sus múltiples connotaciones sociales en A. Gurevich, «Représentations et altitudes à l’égard de la propriété pendant le Haut Moyen Age», Annales ESC, mayo-junio de 1972, pp. 525-9. El término «alodio» puede estar ligado etimológicamente a «odal» por metátesis; en cualquier caso, los límites de la propiedad alodial vienen indicados, en una forma extrema, por la posesión odal vikinga.

9 Jones, A history of the Vikings, p. 148.

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de thingar, que estaban organizadas en sucesivos niveles, desde el de «centena» en adelante. Aunque realmente estaban dominadas por los optimates locales, estas asambleas representaban a toda la comunidad rural y podían vetar las iniciativas de los nobles, como ya ocurría en los tiempos de Tácito. Todos los hombres libres eran reclutados en una leva naval o leding para el mantenimiento de los navios de guerra. Las dinastías reales, debilitadas por unos mecanismos de sucesión fortuitos e inestables, suministraban unos reyes que tenían que ser «elegidos» por una thing provincial para confirmar su accesión al trono. Las expediciones vikingas de rapiña y esclavización en el exterior conservaron, pues, una relativa libertad de clanes y una igualdad jurídica en el

interior.

Después de tres siglos de incursiones y colonizaciones en el extranjero, la dinámica de la expansión vikinga llegó a su fin con el último gran ataque noruego a Inglaterra en el año 1066, en el que Harald Hardrade, antiguo jefe varego en Bizancio, fue derrotado y muerto en Stamford Bridge. Simbólicamente, los frutos de esta expedición fueron recogidos tres semanas después en Hastings por los normandos, comunidad ultramarina danesa que había hecho suyas las nuevas estructuras militares y sociales del feudalismo europeo10. Las primeras

invasiones vikingas habían precipitado la cristalización del feudalismo en el siglo IX en medio de la desintegración del Imperio carolingio. Ahora este feudalismo fue perfeccionado y fortalecido en un extenso sistema institucional y se reveló decisivamente superior a los improvisados y destartalados ataques de las tradicionales campañas vikingas. La caballería pesada conquistó Inglaterra, que había rechazado a los grandes navíos. A partir de entonces, la relación de fuerza entre el lejano norte y el resto de Europa occidental se invirtió: desde ahora el feudalismo occidental habría de ejercer una lenta y constante presión sobre Escandinavia y transformarla gradualmente en su propio modelo. Para empezar, el fin de la expansión exterior vikinga condujo inevitablemente por sí mismo a cambios endógenos radicales dentro de Escandinavia, porque este hecho entrañaba que la oferta de mano de obra esclava dejaba realmente de existir y con ella las viejas estructuras sociales se quebraron progresivamente11. En efecto, una vez que dejó de existir la

10 Cuya proeza al lanzar una victoriosa invasión feudal por mar se debía, naturalmente, a sus antecedentes escandinavos. 11 La esclavitud desapareció finalmente de Islandia, Dinamarca y Sue-

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constante reserva de trabajo forzoso procedente del exterior, la diferenciación social sólo podía avanzar a partir del progresivo sometimiento de los agricultores bondi a la nobleza local y de la aparición de arrendatarios dependientes que cultivaban las tierras de una aristocracia con fuertes raíces, cuyo poder social era ahora más territorial que marítimo. El corolario de este proceso fue la estabilización gradual del gobierno real y la conversión del jarlar regional en gobiernos provinciales que dominaron el trabajo del thing local. La introducción gradual del cristianismo en Escandinavia —conversión que no se completó hasta finales del siglo XII— apoyó y aceleró en todas partes la transición de las tradicionales comunidades semitribales a los sistemas estatales monárquicos; con ellas cayeron, naturalmente, las paganas religiones nórdicas que habían sido la ideología indígena del viejo orden de clanes. Estos cambios internos ya eran visibles durante el siglo XII. Todo el impacto exterior del feudalismo europeo sobre los confines nórdicos del continente se dejó sentir en el siglo XIII. La primera y victoriosa utilización de la caballería pesada tuvo lugar en el año 1134, en la batalla de Fotevik, donde los caballeros mercenarios germanos demostraron su valor en Escania. Pero la organización militar del feudalismo no se transplantó definitivamente y con todas sus consecuencias sociales al norte hasta después de que el ejército danés de Valdermar II —el dirigente escandinavo más poderoso de toda la Edad Media— fuese aplastado por las huestes de los príncipes germanos del norte en Bornhöved en el año 1227, a causa de la superioridad ecuestre de estos últimos12. Schleswig fue el primer feudo propiamente dicho que

concedió la monarquía danesa en 1253. Las armas heráldicas, los sistemas de títulos y las ceremonias de homenaje siguieron muy pronto. En los años 1279-80, la aristocracia sueca consiguió la exención jurídica de los impuestos (fräsle) a cambio de la obligación formal del servicio de caballería (rusttjänst) al monarca. La nobleza se convirtió, pues, en una clase legalmente separada de acuerdo con los criterios continentales e investida con feudos (länar) por los monarcas. La consolidación de las aristocracias locales en una nobleza feudal fue seguida de una

cia durante los siglos XII, XIII y XIV respectivamente, Foote y Wilson, The Viking achievement, pp. 77-8.

12 Erik Lönroth, «The Baltic countries», en Cambridge Economic History of Europe, III, Cambridge, 1963, p. 372 [«Los países bálticos», en Historia económica de Europa, III, Madrid, Revista de Derecho Privado. 1967.]

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constante degradación de la condición campesina en todos los países escandinavos durante los siglos de la última depresión medieval. Hacia 1350, los campesinos noruegos sólo poseían las dos quintas partes de la tierra13. En el siglo XIV, la nobleza sueca prohibió el porte de armas a la antigua clase de los bondi y Se esforzó

por vincularlos a la tierra, dictando leyes que exigían prestaciones de trabajo forzoso a la población rural errante14. Los thingar quedaron reducidos a funciones judiciales muy limitadas y el poder político central se

concentró en un consejo de magnates o råd, que normalmente dominó la política medieval de este período. La tendencia hacia un modelo continental era ya inequívoca en la época de la Unión de Kalmar, que en el año 1397 unió formalmente a los tres reinos escandinavos en un solo Estado.

A pesar de todo, el feudalismo escandinavo nunca consiguió recuperar el tiempo perdido por su tardío comienzo y se mostró incapaz de erradicar completamente las poderosas instituciones y tradiciones rurales de un campesinado independiente, cuyos derechos populares y cuyas asambleas de agricultores eran todavía un vivo recuerdo en el campo. Hubo, además, otro determinante fundamental de esta excepción nórdica: la mayor parte de la zona salió virtualmente indemne de las invasiones extranjeras durante la Baja Edad Media y el comienzo de la época moderna y, por tanto, el coeficiente de guerra feudal, cuyo continuo desgaste tenía invariablemente efectos depresivos sobre las libertades campesinas, fue considerablemente menor que en otras zonas. Dinamarca presenta un caso especial, ya que era una extensión del territorio continental y, por tanto, estaba más sujeta a las influencias e intrusiones germanas a través de la zona fronteriza de Schleswig-Holstein, y finalmente se alineó muy estrechamente con el modelo social de su entorno imperial. A pesar de ello, el campesinado danés no fue plenamente reducido a la servidumbre hasta muy tarde, en el siglo XVII, y fue nuevamente emancipado cien años después. Noruega, que finalmente cayó bajo el dominio de Copenhague,

13 Foote y Wilson, The Viking achievement, p. 88.

14 Musset, Les peuples scandinaves au Mogen Age, pp. 278-80. Frälse significaba «libre» y originariamente se oponía a «esclavo» cuando se aplicaba habitualmente, a la clase social de agricultores bondi. El cambio semántico de la palabra hasta denotar los privilegios nobiliarios, por encima y frente a las obligaciones de los campesinos, condensaba toda la evolución social de la Escandinavia de la Baja

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