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AL REVÉS: UNA CURIOSA TEORIA SOBRE LAS EMOCIONES

In document 28. Del Castillo, R. - William James (página 32-35)

Creemos que las emociones mueven el cuerpo desde una especie de centro de control en el interior del cerebro; o sea, un estímulo provoca una emoción y esta provoca una expresión corporal: nos sentimos tristes y entonces nos ponemos cabizbajos y llorones; nos enojamos y entonces nos liamos a golpes; sentimos pánico y entonces se nos acelera el pulso, jadeamos y se nos contrae el estómago. James lo vio exactamente al revés: según él, la emoción era el resultado y no la causa de una reacción; el sistema nervioso se activa y el cuerpo reacciona directamente. La originalidad de James fue esa: intercaló el cuerpo entre el estímulo y lo que sentimos, la emoción. O dicho de otra forma: para James, la emoción

es

la sensación de los propios cam­ bios corporales mientras ocurren. Después de James, algunos psicó­ logos sostuvieron que una emoción implica mucho más que sentir cambios corporales, pero eso no le resta genialidad a su teoría, pues gracias a ella consiguió romper con el dualismo psicofísico tradicional.

mirar alrededor con jovialidad y actuar como si la alegría ya estuviera allí [ ...] ; para sentimos valientes, actuemos como si fuéramos valientes, centremos nuestra voluntad para tal fin, y el coraje, con toda probabilidad, acabará por desban­ car al miedo. Igualmente, para mostrarse amable hacia una persona con la que hemos reñido, el único modo es sonreír deliberadamente, hacer preguntas bien intencionadas y pro­ ferir alguna que otra frase ingeniosa. Una efusiva carcajada al unísono puede crear más comunión entre enemigos que horas enteras de lucha intema de cada uno contra el demo­ nio de sus sentimientos despiadados».

¿Qué es eso del «yo»?

En Principios, James definió la psicología como la ciencia «tan­ to de los fenómenos mentales como de sus condiciones». Le horrorizaba — ya se ha dicho— la idea de una determinación mecánica o automática de la conciencia, pero afirmó claramen­ te que existe una correlación entre la sucesión de estados de conciencia y la sucesión de procesos neuronales y cerebrales: la mente no es una entidad separada del cerebro, sino «un resplan­ dor de conciencia misteriosamente vinculado con las infinitas iridiscencias internas de las células cerebrales estimuladas».

Eso no quiere decir, sin embargo, que para James la men­ te sea lo mismo que el cerebro. La corriente de conciencia — como la llamó él— es generada a cada momento por el estado total del cerebro, pero fluye con cierto grado de es­ pontaneidad y actúa también sobre el cerebro y la conducta. La conciencia es eso: un flujo constante y no una cadena de elementos. La conciencia mana como un caudal; no es un tren tirando de vagones. Siempre está en movimiento y sus divisiones y unidades son cambiantes. El eco del pasado

James preserva la Idea de yo como una especie de pulsación continua que acompaña a los yoes em píricos. Su filosofía tardía borrará más la diferencia entre experiencia interna y externa.

resuena aun en su presente, al mismo tiempo que anticipa el futuro. Los episodios mentales no son entidades definidas pues arrastran consigo un halo de recuerdos y expectativas y las transiciones entre ellos se experimentan tanto como sus objetos. El error de la psicología — proclamó James— ha sido ese: no considerar las conexiones como otros datos de la conciencia y trocearla en unidades que, se supone, se reú­ nen desde fuera gracias a la acción externa de un ego.

James negó justamente la existencia de ese agente exter­ no, pero, curiosamente, sí afirmó que el flujo de pensamien­ to siempre es propiedad de una conciencia personal. Por tanto, no eliminó totalmente la idea de un yo, solo que el yo del que habló no era una sustancia. De hecho, distinguió en­ tre distintos tipos de yoes; por un lado está el m e (en inglés) o yo empírico, que se divide, a su vez, en yo material (el yo de mi cuerpo y mis posesiones), el yo social (el yo o los yoes que tengo según mis relaciones con otros yoes y grupos) y

el yo espiritual (el yo de las capacidades pensativas y de la fuerza volitiva). Por otro lado, James habló de otro yo, el / (en inglés), que no es una sustancia, sino un yo de yoes que recolecta los estados de conciencia previos a cada instante presente. Años más tarde, el propio James admitió que este yo (el I) era «el mero eco, el tenue rumor que dejaba tras de sí el alma, al desaparecer de la atmósfera de la filosofía» y, dejando atrás la psicología con restos animistas, se volvió mucho más radical, proponiendo una filosofía de la expe­ riencia pura, que implicaba la disolución de la idea misma de conciencia.

Pero antes de llegar hasta ahí hay que entender cómo, además de convertirse en un pionero de la psicología cientí­ fica, Jam es no dejó al mismo tiempo de interesarse por dos asuntos: por un lado, la curación de las almas enfermas y el valor terapéutico de la psicología; por otro, el descubrimien­ to de dimensiones ocultas y no conscientes del yo.

In document 28. Del Castillo, R. - William James (página 32-35)