buscó por almohada tu pecho rosado.
ALTERNATIVO PARA ABORDAR LA SALUD INFANTIL
Dr. Raúl Mercer
Jefe de Trabajos Prácticos. Especialista en Salud Pública. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Argentina. Centro de Investigaciones en Salud Poblacional, Hospital Durand, Buenos Aires.
Génesis. La necesidad de crear una nueva Cátedra de Pediatría fue pro-
ducto de un momento, una historia y una visión transgresora de la reali- dad imperante. La transición hacia la democracia demandaba espacios de reflexión alternativos que pudieran confrontar los modelos pedagógicos existentes. La clínica se agotaba.
Carta de presentación. Recuerdo el día en que Marcos(84)presentó la
sugerencia de crear una nueva Cátedra de Pediatría durante una reunión del claustro docente de la única Cátedra existente hasta ese entonces. Esa reu- nión, si bien no llegó a ser “la madre de todas las batallas”, podríamos asumir que se trató de la “hija de todas las batallas” (por su sesgo infan- til) en donde quedaron expuestas todas las percepciones de malestar sub- yacentes ante la posible creación de un espacio alternativo(85)de enseñanza.
Pensé, en ese momento, que el fin del mundo había llegado(86). Sin em-
bargo, no se me ocurrió reconocer que el mundo podía volver a reconsti- tuirse, cosa que finalmente aconteció. Los tiempos dirían cuán infértiles
83- Una denominación simbólica a una visión profundamente autóctona y genuina de la pediatría. 84- La relación de cercanía que tuve con el Dr. Marcos Cusminsky me permite evocarlo coloquial- mente de esta manera.
85- Léase "espacio de poder".
86- N.del A.: Lo que en un momento parecía un big-bang, con el correr del tiempo resultó en una nimiedad.
fueron estos conflictos y cuán inútiles los despilfarros de energía de-cons- tructiva. “El enemigo, estaba en otra parte” (frase del autor).
Aportes desde la Marcopediatría. La contribución de Marcos llegó
de la mano de su sensibilidad hacia la problemática social y la salud infan- til mucho antes que la OMS creara la Comisión de Determinantes Socia- les. Ello no implica dejar de reconocer la impronta de la corriente latinoamericana nacida en oportunidad del encuentro de Cuenca y el con- secuente desarrollo de la Medicina Social. Llamativamente, un platense desconocido en su país (Juan César García), fue uno de los mentores de esta corriente ideológica y epistemológica.
Comprendimos que los niños y niñas no venían en capítulos de libros ni en ministerios sino que respondían a una realidad ecológica que Urie Bronfenbrenner nos presentara y que luego fuera refinada desde lo meto- dológico por autores como Clyde Hertzman, entre otros. Generamos un es- pacio de “crispación” (para utilizar un término en boga) dentro de la corporación pediátrica, que se proponía cuestionar, criticar e interpelar los modelos vigentes sin que ello fuera considerado una herejía. El libre-pen- samiento fue el motivo que nos sedujo desde sus inicios, como así también la posibilidad de concretar una utopía colectiva que atendiera a otras for- mas posibles de entender la niñez. El Crecimiento y Desarrollo, fue el eje directriz sobre el cual se fue vertebrando el conocimiento, una especie Ci-
nema Paradiso concebida desde la puericultura crítica. El siguiente cua-
dro resume algunos aspectos distintivos del modelo de enseñanza imperante (tradicional) y el propuesto (integral).
La creación de la Cátedra nunca estuvo ajena a la posibilidad de jú- bilo, la celebración y el disfrute. Se trató de un espacio creativo que con- vocó a gente joven, esperanzada con la posibilidad de encontrar un nicho para su crecimiento profesional. La Cátedra comenzó a trascender puertas
Modelo tradicional Modelo Integral
Patogénico Salutogénico
Intramural Extramural
Orgánico Integral
Biomédico Determinantes sociales
Corte transversal Longitudinal (curso de vida)
diantes al momento de elegir su espacio de formación pediátrica. También trascendió puertas afuera como núcleo generador de conocimiento (87)(88)(89)
y de referencia en el país y la región.
Algunas derivaciones de lo acontecido. Resumir una experiencia tan
intensa en tan poco espacio, resulta un desafío imposible de satisfacer. De allí, que las siguientes descripciones conformen meras estampas o viñetas de un proceso complejo y transformador aún en contínua evolución.
La pregunta del millón. Una de las preguntas que surgen desde el
campo pedagógico es la de tratar de conocer cuál es el impacto que tiene una experiencia educativa sobre el devenir futuro de quienes la experi- mentan. Dicho en otros términos, ¿Podría una experiencia al final de la
carrera de medicina incidir sobre la forma de pensar y sentir de una co- horte de estudiantes con sus cerebros licuados como consecuencia de la impronta biomédica y de seis años de flagelación ininterrumpida?
Para responder a esta pregunta, tomemos un ejemplo. Al cumplirse el 10º aniversario de la creación de la Cátedra, surgió la idea de convocar a ex alumnos para que relataran qué había significado para ellos el paso por la “Cátedra B”. Fueron convocados en esa oportunidad: Esteban Thill, Alejandra García Saraví, Alejandro Ciancio, Arnaldo Medina y Luciano Inchaurregui. Todos, sin excepción, reconocieron el impacto significativo de dicha experiencia sobre sus vidas profesionales.
Años más tarde volví a encontrar a Luciano en Chos Malal, en oportu- nidad de participar del equipo evaluador del sistema de Salud de Neuquén, un proyecto coordinado por quienes fueran sus mentores 35 años antes: Elsa Moreno y Néstor Perrone. Reconozco que fue una experiencia movi- lizadora ver a Luciano en su hábitat, abriendo las puertas de su casa para conversar hasta altas horas de la noche sobre el rol social del profesional de la salud y palpar intensamente el valor de las experiencias formativas en el pregrado.
Empatía institucional. Un comentario habitual que los estudiantes nos
hacían llegar al finalizar la cursada era su sensación de gratitud por haberse
87- Cusminsky M, Lejarraga H, Mercer R. G., Martell M, Fescina R. Manual de Crecimiento y
Desarrollo del Niño. Washington DC: Organización Panamericana de la Salud, 1986. (Serie Paltex
para Ejecutores de Programas de Salud, 8).
88- Cusminsky M, et al. Una experiencia en la enseñanza de la Pediatría de pregrado. Arch Arg
Pediatr 1989; 79: 80-86 .
89- Cusminsky M, Itarte H, Mercer R. G. Crecimiento y Desarrollo Físico desde la Concepción a
sentido “tratados como personas”. La duda residual que nos afectaba con- sistía en visualizar en qué medida esta percepción referida por los estu- diantes podía traducirse en un mandato para que las personas que ellos fueran a atender fuesen finalmente tratadas como personas. Por ahora, un dilema existencial.
Dime quién te atiende. La Cátedra tuvo una intensa participación en
el ámbito del COEME, una suerte de consorcio de educación médica que nuclea a las Cátedras de Pediatría de pregrado del país. Fue un espacio in- teresante de intercambio de propuestas, además de poder difundir la rea- lidad de la Cátedra al interior de la comunidad pediátrica. En uno de los encuentros organizados por la SAP se debatió sobre el rol del pediatra y se trató de responder a la siguiente pregunta: “¿Cuál es el mejor profesio- nal de la salud para la atención del niño?”. Frente al dilema en cuestión, ¿Cuál era la respuesta adecuada? ¿Un pediatra-clínico? ¿Un intensivista? ¿Un especialista? ¿Un sub-especialista? ¿Un sub-sub-especialista? ¿Un médico generalista? ¿Un residente? En fin, la conclusión fue lapidaria: “el
mejor profesional es quien mejor lo atiende”. Esta respuesta tenía más que
ver con la sensibilidad, honestidad, compromiso, reconocimiento de los lí- mites, que al hecho de contar con una formación empírica como carácter unívoco y restrictivo de cualificación profesional. Esta apreciación aten- dió a aventar viejos fantasmas en torno al falso debate de “Pediatras vs. Generalistas”, hoy más de tinte corporativo que expresión de una necesi- dad sanitaria.
¿Cómo se modelan las trayectorias profesionales? Si bien reconozco
que este capítulo está permeado por vivencias de tipo personal, no es menos circunstancial el modo por el cual cada individuo va modelando su tránsito vital. Desde el punto de vista de la salud pública, éste es uno de los emergentes más importantes que contribuyen a la salud y la calidad de vida. Basta con reconocer que un número significativo de personas de nuestro país tienen problemas de salud asociados a la falta de opciones para decidir libremente sobre su cuerpo, su salud y su futuro, o sea, de ejercer sus derechos en forma autónoma. Del mismo modo, las decisio- nes sobre lo que uno haga o deje de hacer tienen sus raíces en las perso- nas que han actuado como guías o mentores de los trayectos formativos. Sería injusto de mi parte no hacer un reconocimiento explícito a tres per- sonas: Roberto Mateos, mi profesor del Colegio Nacional, por haber inci-
por integrarme al conocimiento del Crecimiento y Desarrollo Infantil y a la pediatría crítica y, finalmente, a Elsa Moreno por facilitar mi inclusión en el apasionante mundo de la Salud Pública.
Un anhelo que nos interpela. El paso por la Cátedra de Medicina In-
fantil “B”, fue un hito en mi desarrollo profesional que persiste como una huella indeleble. Este paso no fue ajeno a situaciones conflictivas, algunas de ellas aún sin resolver y que, oportunamente, alimentaron nuestras se- siones de trabajo junto a Marcos en su casa de la calle 47 (mates mediante) y que tenían que ver con la necesidad de replantear el perfil de la Casa Cuna en su camino hacia la búsqueda de una caracterización que atendiera los cambios operados en el país y en la región a partir de la doctrina de la Protección Integral. De allí que la Casa debía ser repensada como un cen- tro de excelencia en la formación académica, como un centro de investi- gación de problemáticas sociales en la niñez, como un centro de formación en pediatría comunitaria, como un centro de excelencia en atención ambu- latoria. En este sentido, debemos reconocer dos aspectos a considerar: por un lado, se han logrado avances que apuntan a los cambios deseados y, en segundo término, hay que reconocer que se trata de un proceso que de- manda tiempo. Para finalizar, hago propias las palabras de Estela Car- loto(90)al decir que “las casas cunas no debieran existir más”. El día que
no haya más niños institucionalizados en esta querida y valorada Institu- ción, la Cátedra podrá sentirse parte de un verdadero lauro académico. Habremos crecido como sociedad.
90- Presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo.