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3. Capítulo segundo: Este es el caserío en el que nací y en el que me quiero quedar El relato

3.3 Vimos de lo que éramos capaces y que valía la pena trabajarle al caserío Segunda etapa

3.3.2 Análisis: Mejorar para permanecer

La segunda etapa del proceso de retorno a Vallecito está cargada de sucesos e interacciones que transforman considerablemente el vínculo sobre el que radica la comunidad. A lo largo de la misma es posible develar y describir cómo se articula este vínculo y cómo desde el mismo vínculo se responde a una de las coyunturas más relevantes que han tenido lugar durante el proceso de retorno a Vallecito, la reubicación. Así mismo, a través del estudio de lo sucedido durante esta etapa es posible realizar un diagnóstico respecto a las herramientas con las que los habitantes de Vallecito cuentan actualmente para hacer frente a los diferentes y nuevos riesgos.

Durante la segunda etapa del proceso de retorno a Vallecito el vínculo comunitario radica en las nuevas percepciones que se empiezan a generar entre los habitantes de Vallecito sobre su capacidad de transformar el entorno en el que se encuentran. Así, el vínculo comunitario entre los habitantes de Vallecito gira en torno a la posibilidad que tienen de mejorar sus condiciones de vida de forma permanente.

Para entender cómo se articula este vínculo comunitario en particular, es necesario aclarar cuáles son las creencias sobre las cuales se fundamenta. Las que se transformaron, las que se mantuvieron y las que surgieron en paralelo con los sucesos que tuvieron lugar durante estos años.

 El acompañamiento que el SJR hace a los habitantes del caserío les brinda múltiples herramientas para realizar mejoras al caserío.

 La minería es uno de los recursos más valiosos en términos económicos que tienen los habitantes de Vallecito. Ha sido así desde los primeros momentos de la colonización y protegerla es una necesidad.

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 A través de la JAC se pueden gestionar muchos recursos materiales y su buen funcionamiento es fundamental para el caserío.

 Las asambleas generales son espacios de socialización vitales para la vida en el caserío y en el Cañón de Santo Domingo.

La opinión de los habitantes de Vallecito ante el acompañamiento del SJR tiene una transformación radical a lo largo de su acompañamiento. Los habitantes de Vallecito llegan a esta etapa con un criterio muy fuerte respecto a lo que les podría favorecer en términos de intervención por parte de estas organizaciones. Así como con una desconfianza general, producto de la interacción con organizaciones durante los primeros años de retorno.

Sin embargo, el cambio en la directiva de la JAC genera nuevas posibilidades para la intervención del SJR. Tienen la posibilidad de empezar a formar a esta nueva directiva y acompañarla en cada proceso. Así, los resultados prácticos del acompañamiento del SJR se hacen evidentes: la posibilidad de denunciar ante entidades internacionales, la llegada de capital extranjero a mejorar la infraestructura del caserío, la utilidad de tener una JAC organizada, son elementos que se van consolidando como beneficios de la intervención. Así mismo, no solo los miembros de la JAC le dan importancia a la formación que reciben en DDHH y gestión de proyectos. Hay una percepción unificada entre los habitantes de Vallecito respecto a lo valioso que es contar con el acompañamiento constante del SJR.

Por otro lado, se puede hablar de un empoderamiento hacia la actividad minera que no es del todo novedoso pero que se fortalece a partir de los sucesos que tienen lugar durante este periodo. Los procesos de erradicación forzada que durante estos años afectan la posibilidad de trabajar en los cultivos de uso ilícito (Ver gráfica 4), despiertan entre los habitantes de Vallecito la reflexión sobre los riesgos sociales, ambientales y económicos que los cultivos de uso ilícito traen consigo. Así mismo, vuelcan la mirada de los habitantes de Vallecito sobre la minería. La misma empieza a consolidarse como una herramienta para los habitantes de Vallecito, como un recurso que han sabido explotar de forma sostenible durante más de cuarenta años. Se empieza a gestar un discurso sobre cómo cuidar la mina y los derechos que se tienen sobre la explotación. Este proceso se ve complementado por la solicitud del título de “Área de reserva especial para la minería de hecho”.

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En cuanto a la percepción que tienen los habitantes de Vallecito ante el papel de la JAC, se puede afirmar que durante la primera etapa y el principio de la segunda parece legítimo retomar esta figura de organización comunal. La JAC no era una figura desconocida para los habitantes de Vallecito, lo que facilitó su adaptación. Así mismo, el trabajo con organizaciones como el PDPMM y el SJR impulsa directa e indirectamente la consolidación de la misma. Durante estas dos etapas, la JAC que se consolida está alineada con procesos de liderazgo, es decir que los líderes del caserío son también los líderes de la JAC.

La concentración del poder en el presidente se convierte a su vez en la forma como tradicionalmente ha funcionado la junta, así como se fortalece y se garantiza su continuidad en el tiempo sin que asalte la duda sobre las posibilidades o limitantes que este modelo plantea para la participación del colectivo. (Jaramillo, 2009, pp. 234, 235)

Sin embargo, el trabajo que se hace en conjunto entre la JAC de Vallecito y el SJR le aporta de forma particular a esta figura. Concreta muchas de las labores y procesos de la JAC, como el trabajo en la gestión de proyectos, su papel como conciliadora entre los habitantes de Vallecito, o como las asambleas generales. Esto, a través de la formación que se hace sobre el funcionamiento de la JAC. Así, el funcionamiento de la JAC cobra un papel protagónico entre los habitantes de Vallecito.

Como consecuencia de las transformaciones que tiene la JAC aparece otra creencia. Aquella que hace referencia a la importancia de los espacios como las asambleas generales. Son espacios formales diseñados para discutir abiertamente los temas que son relevantes para los habitantes del caserío: futuras amenazas, cómo hacerle frente a los problemas de actualidad, cómo mejorar sus condiciones de vida. Así, son espacios supremamente valiosos para los habitantes de Vallecito cuando se busca mejorar las condiciones de vida del caserío. Un ejemplo perfecto es el efecto que genera el evento de “la gran asamblea”, que tuvo un papel muy importante en la consolidación de las creencias que giraban en torno al papel de la JAC en Vallecito y también reafirmó la importancia del trabajo comunitario.

Ahora bien, parece importante resaltar las condiciones en las que se gestan estas creencias. En primera medida las condiciones de seguridad para los habitantes de Vallecito mejoraron considerablemente cuando se dio la desmovilización de los paramilitares. Como consecuencia, los procesos de liderazgo y gestión de proyectos dejaron de representar un riesgo. Esto se ve reflejado en el discurso que se empieza a generar en torno a la JAC, a la minería y a la posibilidad de denunciar. Por otro lado, la

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mayoría de los habitantes del caserío ya habían regresado al mismo. El trabajo por la consolidación del retorno ya no gira en torno a convocar el personal, sino a mejorar las condiciones de vida de los habitantes del caserío.

La mejora de las condiciones de vida que ofrece el caserío a sus habitantes parece ser el paso a seguir en el deseo de recuperar el caserío. Durante el análisis de la primera etapa del retorno se hizo énfasis en la relación que existe entre los habitantes de Vallecito y su caserío. Incluso para los que no vivieron el desplazamiento sino que llegaron después del retorno físico al caserío, hay una estrecha relación con este espacio. La mejora de las condiciones de vida parece ser la forma de asegurar su permanencia en el caserío. En ese lugar que se vieron obligados a abandonar, por el que arriesgaron su vida para recuperar y por el que ahora luchan por mantener.

Así, los mismos habitantes de Vallecito inician las mejoras a la escuela, se empieza a gestionar el proyecto para la turbina Pelton, financiado por recursos extranjeros, se busca darle prioridad a los procesos de seguridad alimentaria, se regula la minería etc. Adicional a esto, el acompañamiento del SJR y la intervención de Servivienda brindan las oportunidades para mejorar estas condiciones de vida.

Tras el trabajo por estas mejoras hay una clara mirada hacia el futuro por parte de los habitantes de Vallecito. Ya no solo quieren recuperar el caserío, sino además mejorarlo de forma sostenible para garantizar su permanencia. Esta mirada al futuro viene soportada en la idea que los mismos tienen sobre su capacidad de agencia. Esta capacidad de transformación es consecuencia de la sensación de estabilidad en la que se encuentran debido a la ausencia de acciones armadas y enfrentamientos. Se ve impulsada por la formación que reciben con el SJR sobre el funcionamiento de la JAC y la gestión de proyectos. Así, durante esta etapa, las creencias compartidas entre los habitantes de Vallecito encuentran las condiciones y el escenario para convertirse en acción. Ante esto, Torres (2009) afirma:

En todos los grupos humanos existen creencias compartidas que no necesariamente se convierten en detonadoras de la acción colectiva; son determinantes cuando existen las condiciones de conductividad y tensión estructural, ya que son el factor necesario para que se dé la movilización colectiva. (p. 55)

Así es como los habitantes de Vallecito se van apropiando de idea de que pueden transformar su entorno. La adaptan a su proyecto de permanecer en el caserío y mejorar las condiciones de vida que ofrece el mismo. Esto se traduce en el trabajo y la

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preocupación por el funcionamiento de la JAC, que en esta etapa deja de ser exclusivo de los líderes del caserío y se extiende al resto de los habitantes. La mejora del caserío es el elemento que en esta etapa vincula a los habitantes de Vallecito, motivada por el deseo de permanecer en el mismo.

Sin embargo, ante el proceso de reubicación del caserío se suma otro componente a este vínculo comunitario: la nostalgia. Durante el proceso de reubicación la percepción que los habitantes de Vallecito tienen sobre su capacidad de mejorar y transformar su entorno permanece. Se ve incluso favorecida por las mejoras en las condiciones de infraestructura del caserío que vienen con el proyecto de Servivienda. Pero cuando cambia el espacio que los habitantes de Vallecito habían luchado por recuperar y en el que quieren permanecer, se despierta un sentimiento de nostalgia que había permanecido latente a lo largo de todo el proceso de retorno. El mismo que de alguna forma motivó el deseo de recuperar el caserío y el que despertaba la necesidad de permanecer en el mismo.

Así, el desarrollo del proceso de reubicación devela elementos importantes sobre el vínculo comunitario entre los habitantes de Vallecito. El primero, relacionado con la necesidad de cambiar la locación del caserío, es la estrecha relación que tiene este vínculo comunitario con el caserío físico, con “Vallecito viejo”. Relación que no solo radica en dinámicas cotidianas (como la cercanía de la quebrada), sino que se extiende al hecho de que ese caserío fue el Vallecito del que fueron desplazados, el mismo que buscaron recuperar y en el que pensaban mantenerse. El segundo, relacionado con la construcción a destiempo de las viviendas, es que el vínculo comunitario recae en quienes lo comparten, es decir en los habitantes de Vallecito. Así, la comunidad no puede verse como ajena a las relaciones entre las personas que la comparten, o distinta al escenario en el que se generó.

Ahora bien, en términos generales esta nostalgia genera una actitud de resistencia entre los habitantes de Vallecito a lo largo del proceso de retorno. La misma se manifiesta en dificultades en el proceso de concretar las etapas, críticas ante el resultado final del caserío, demoras a la hora de pasarse de “Vallecito viejo” a “Vallecito nuevo”. Sin embargo, la nostalgia también despierta otro tipo de reacciones en los habitantes de Vallecito. El deseo de aferrarse cada vez más a lo que es común para ellos, “Vallecito viejo”. Los planteamientos del historiador británico Eric Hobsbawm respecto a cómo en

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la reproducción de las tradiciones inventadas se puede encontrar una continuidad con el pasado, dan pistas sobre este punto.

Es el contraste entre el cambio constante y la innovación del mundo moderno, y el intento de estructurar como mínimo algunas partes de la vida social de este como invariables e inalterables, lo que hace que la “invención de la tradición” sea tan interesante para los historiadores de los siglos pasados. (Hobsbawm, 2002, p. 8)

Extendiendo la idea de Hobsbawm al caso de Vallecito, se puede entender que los habitantes del caserío buscan hacer del caserío viejo un lugar invariable e inalterable, al menos en sus memorias. Esto con el fin de darle continuidad a aquello que los vinculó como comunidad durante el proceso de retorno a Vallecito.

Ahora bien, el estar aferrados a “Vallecito viejo” y lo que una vez fue para ellos no se contrapone al trabajo por las mejoras en la infraestructura del caserío, que siguen teniendo lugar al final de esta etapa. Así, la nostalgia no desafía la percepción que los habitantes de Vallecito tienen sobre su capacidad de transformar y mejorar su entorno. Lo que hace es agregarle un aspecto más a este vínculo comunitario, que durante un largo periodo radicó en recuperar lo que hoy es “Vallecito viejo”. Esto se traduce en una constante comparación entre los dos caseríos, que en muchas ocasiones genera que los habitantes de Vallecito busquen reproducir algunas actividades y características de “Vallecito viejo”, en “Vallecito nuevo”, como es el caso de los campeonatos de futbol.

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