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De campamento minero, a centro de abastecimiento, a caserío consolidado.

3. Capítulo segundo: Este es el caserío en el que nací y en el que me quiero quedar El relato

3.1 Vallecito era grande, bonito, tan lleno de gente y de ambiente Antecedentes del

3.1.1 De campamento minero, a centro de abastecimiento, a caserío consolidado.

San Pablo se ha caracterizado por ser un municipio receptor de los colonos que vienen tanto de la zona andina como de la costa. El interés por la explotación de recursos naturales generó procesos de asentamientos, transitorios y permanentes, en las regiones altas del municipio. Regiones cercanas a la Serranía de San Lucas, como aquellas donde se encontraba el caserío de Vallecito.

Por ser durante años el único puerto entre Badillo y Barrancabermeja y estar ubicado en un lugar hasta donde solo llegaban los barcos de calado, San Pablo se definió desde sus orígenes recientes como un lugar que ofrecía oportunidades de trabajo y por lo tanto, se presenciaba la entrada y salida de personas de diversa procedencia. Hoy en día San Pablo sigue siendo un lugar de encuentro de gentes de todas las procedencias. (Cadavid, 1996, p. 25)

El caserío de Vallecito empezó a poblarse a principios de los años setenta como consecuencia de la búsqueda de vías de acceso a las minas de Caño Escondido y Minitas en la Serranía de San Lucas (Entrevista 1, 2015). Para estas fechas, el caserío de Vallecito era conocido como Pueblo Loco. Funcionaba como un punto de paso para los mineros y aserradores que desde la cabecera de San Pablo, subían a sacar provecho de los recursos de la serranía. Los primeros pobladores de la zona se establecieron en el territorio, generando centros de abastecimiento para los trabajadores de las minas. Posteriormente, los visitantes empiezan a quedarse en el caserío. En el proceso de establecimiento empiezan a adquirir y cultivar la tierra cosechando maíz, arroz y frijol y trabajando con el oro y la madera (Entrevista 2, 2015).

Así, la explotación maderera y aurífera, característica de la subregión del sur de Bolívar, probó ser uno de los factores determinantes para la estructuración de espacios habitables. Vallecito pasó de ser campamento minero a centro de abastecimiento a caserío consolidado. En la medida en la que los nuevos colonos se asentaban en el territorio despertaban el interés de otros a través de la oferta de recursos y trabajo. Nuevos servicios fueron requeridos en el caserío. Pero esta vez, no solo en respuesta a las actividades mineras, sino a las necesidades básicas de la vida en un caserío.

El caserío de Vallecito queda ubicado en lo que se podría considerar como una frontera de colonización. Es el límite geográfico y político que marca la entrada a la Serranía de

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San Lucas. En la medida en la que los colonos se han adentrado más en la Serranía en búsqueda de recursos, el caserío ha ido creciendo y se ha consolidado.

Sin embargo, este proceso de colonización y población del caserío no ha sido regulado. Ni social, ni ambiental ni legalmente. Ante la colonización y la extensión de la frontera agrícola, el sociólogo colombiano Omar Gutiérrez Lemus afirma que “De alguna manera, las limitaciones reales de los controles o la reglamentación institucional han facilitado y agudizado este proceso sobre la Serranía de San Lucas; a pesar de no ser las mejores tierras para la agricultura.” (Gutiérrez, 2004, p. 15). La falta de regulación ha radicado en procesos administrativos municipales pobres. También en la insuficiencia institucional para la prestación de servicios como la educación, la salud y los servicios básicos de vivienda (Daniels, 2003, p. 25).

Figura (5). Paisaje desde la vía hacia Vallecito

Fuente: Proyecto de investigación MOLT. Facultad de Arquitectura y Diseño. Pontificia Universidad Javeriana24

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La figura 4 (al igual que las figuras 7, 19 y 20) corresponde a una serie de imágenes inéditas tomadas por el Proyecto de investigación MOLT, realizado por la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, que ha trabajado con el caserío de Vallecito desde el año 2014. El uso de las imágenes fue autorizado por la entidad correspondiente para el presente trabajo. Agradezco a ellos el acceso a este material.

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La falta de regulación del proceso de colonización sumada a las implicaciones de la economía extractiva, ha generado dos situaciones a lo largo del proceso de consolidación del caserío de Vallecito. La primera son los altos índices de NBI y violaciones a los Derechos Humanos (DDHH) para sus pobladores. La segunda radica en la forma como se han venido desdibujando los límites entre lo legal y lo ilegal, a través de actividades como los cultivos de uso ilícito. Situaciones que son reflejo de las condiciones de vulnerabilidad en las que se encuentran los habitantes de Vallecito. En el informe que se realiza sobre los corregimientos y veredas pertenecientes a la Zona de Desarrollo Integral25 (ZDI), se afirma sobre los procesos de colonización:

La estabilidad poblacional de cada territorio puede verse afectada cuando el tipo de asentamiento poblacional tiende a ser volátil en vista de las características económicas que presenta la base de la economía en forma particular. Cuando en un territorio la fuerza motora del sustento económico está estrechamente vinculada con actividades extractivas o de enclave, la corriente migratoria puede ser tanto implosiva como desestructuraste por la forma como se produce y adquiere “maqueta” el asentamiento poblacional. (PDPMM, 2005, p. 31)

Ahora bien, otro factor que le brinda complejidad al proceso de consolidación del retorno es la presencia del ELN en la zona. El grupo guerrillero llegó a la Serranía de San Lucas durante la década de los setenta, donde empieza a relacionarse con los nuevos colonos que llegan atraídos por el oro y la madera (Madariaga, 2006, p. 70). Al encontrar un arraigo regional en caseríos como Vallecito, el ELN termina permeando dinámicas sociales, económicas y organizativas. Ha tenido una gran influencia en el proceso de consolidación del retorno al caserío.

Las organizaciones de izquierda como las FARC, ELN, UP entre otras, han configurado el pensamiento y el orden social de la población a través del establecimiento de reglas de vida y de relaciones sociales, en las que la autoridad y la obediencia se compaginan mutuamente dentro de escenarios de convivencia en los que la necesidad de representatividad, protección y apoyo político han jugado un papel importante a la hora de hacer valer los intereses del grupo. (PDPMM, 2005, p. 101)

El análisis que hace el investigador Teófilo Vásquez sobre la trayectoria del ELN en la zona del sur de Bolívar puede dar cuenta de cómo este grupo armado influenció el proceso de consolidación del retorno (Vásquez, 2006). Identifica tres momentos o etapas de esta trayectoria. Una primera etapa durante los años sesenta y setenta, de inserción lenta en zonas de retaguardia campesina y sectores urbanos radicalizados bajo

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La Zona de Desarrollo Integral es un espacio humanitario establecido en el 2004 por el PDPMM en el que se trabaja con corregimientos de la zona alta de los municipios de San Pablo, Simití y Cantagallo, incluyendo a Vallecito. En la primera etapa se tratará más a fondo este tema.

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un discurso revolucionario. Este momento se ubica en las primeras partes del proceso de colonización de Vallecito. Periodo en el que la interacción entre este grupo guerrillero y los nuevos pobladores de la zona del Cañón de Santo Domingo, se basa en la figura de autoridad que el ELN llega a representar en el territorio. También en el hecho de que puede llegar a suplir las falencias en infraestructura y servicios básicos, producto de la insuficiencia institucional (Entrevista 2, 2015).

Figura (6). Presencia del Ejército de Liberación Nacional en el Magdalena Medio periodo 2006 – 200726

Fuente: (ACNUR, OPI, & PDP, 2007)

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El frente Héroes de Santa Rosa es el que ha hecho presencia en Vallecito desde hace más de treinta años. En el mapa, su presencia se ubica en el costado occidental del municipio de San Pablo, zona en la que se encuentra el caserío de Vallecito.

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El segundo momento se ubica es la década de los 80 cuando el ELN tiene un auge político y empieza a apoyar procesos de lucha social. Para el caso de Vallecito y la zona del Cañón de Santo Domingo esto se traduce en la influencia que el ELN alcanza a tener sobre procesos organizativos, como las JAC. La primera JAC de Vallecito se conforma a principios de la década de los ochenta (Entrevista 3, 2015) y funciona como lo que hoy podría entenderse como una “JAC global”. Es decir que estaba conformada por varios poblados de la zona del Cañón de Santo Domingo que se involucraban en procesos de trabajo comunitario. Esta JAC asumió labores como la gestión de los arreglos de la carretera y la construcción de la escuela. Pero por lo que más es recordada y reconocida es por su capacidad de convocatoria y gestión para el trabajo comunitario (Entrevista 3, 2015).

Ahora bien, es difícil determinar hasta qué punto es que el ELN influye en el desarrollo de esta JAC global. Sin embargo, es definitivo que de alguna u otra forma impulsa su consolidación. Así mismo, no se puede hablar de esta JAC en los términos en los que se habla de la JAC que tiene el caserío actualmente. Esto se debe a que el marco normativo que regula el desarrollo de estas organizaciones comunales ha cambiado. Lo que se puede establecer es que a través de la gestión de espacios como las asambleas generales el ELN inculcó en los habitantes de la zona la importancia de socializar los problemas que fueran relevantes a nivel colectivo (Entrevista 13, 2015).

Para el tercer momento de esta trayectoria, Vásquez habla de una pérdida de capital social y político de parte del grupo guerrillero. Se empieza a reconsiderar el proyecto revolucionario con el que el ELN se estableció en la zona del Cañón de Santo Domingo. Para 1996, este es el diagnostico que se hace respecto a la presencia del ELN en la zona:

El accionar actual de los grupos guerrilleros no obedece a una propuesta concreta ni futurista de construir la región del Magdalena Medio. Sus acciones aparecen más como respuestas frente a coyunturas. Eso les resta poder real en el ámbito regional y a pesar de esas acciones, en el imaginario de la sociedad, la guerrilla ha tendido a convertirse más en un problema “en contrapunteo” con el paramilitarismo, que en una propuesta real, palpable de construir una sociedad mejor (Cadavid, 1996, p. 40).

Esto se debe, en parte, a la entrada del ELN a regular la comercialización de los cultivos de uso ilícito que entran en bonanza en el sur de Bolívar a principios de los años noventa. En un principio el ELN se había involucrado en el desarrollo de estos cultivos buscando garantizar la seguridad alimentaria de los habitantes de la zona (Entrevista 12,

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2015). Pero en este caso, esta regulación se liga a intereses económicos de parte del grupo guerrillero.

El ELN encuentra en el proceso de colonización de Vallecito, no regulado por entidades gubernamentales, un escenario en el cual su presencia puede ser bien recibida. Su hegemonía sobre la zona del Cañón de Santo Domingo llegó hasta mediados de la década de los 90. Estructuró la historia del caserío de Vallecito y muchos de los hechos que tuvieron lugar en el caserío posteriormente.

3.1.2 1997: Entrada paramilitar al sur de Bolívar.

La relación existente entre los habitantes de Vallecito y el ELN se transforma con la entrada de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) al sur de Bolívar, que inicia en 1996. Empieza por las zonas urbanas de los municipios como San Pablo, Simití y Santa Rosa y posteriormente se extiende de forma progresiva hasta las zonas rurales. La llegada de los paramilitares al territorio se fundamenta en su interés por el control de la Serranía de San Lucas. Interés que da pie a un escenario de lucha territorial en el que la población civil se ve profundamente afectada.

El interés por el control de la subregión del sur de Bolívar por parte del BCB se basa en dos puntos. El primero tiene que ver con la hegemonía del ELN en la zona. La presencia histórica de este grupo guerrillero, al igual que las bases sociales que establecieron en caseríos como Vallecito, hace que los paramilitares vuelquen la mirada sobre el Cañón de Santo Domingo. La hegemonía insurgente a ojos de los paramilitares es suficiente motivo para arremeter contra la población civil de forma física y simbólica.

Por otro lado está el valor del territorio en cuanto a su ubicación estratégica y la presencia de recursos. El control del sur de Bolívar y específicamente de la zona más cercana a la Serranía de San Lucas, implica también el control del narcotráfico27. No

solo porque representa un territorio propicio para el desarrollo de los cultivos de uso ilícito, sino porque funciona como un corredor estratégico.

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Entrevista a Julián Bolívar, uno de los ex jefes del Bloque Central Bolívar: “Sabía que quién se quedara con el sur de Bolívar controlaría el narcotráfico y se haría a una zona por donde podría conectar el Urabá con el Magdalena Medio, el Catatumbo y la frontera con Venezuela (Verdad Abierta, 2009).

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…para las AUC es de trascendencia la serranía de San Lucas, en donde la presencia de valiosos recursos naturales (oro, petróleo, biodiversidad); así como su posición estratégica unida al Departamento de Córdoba (incluyendo el Urabá Antioqueño y Chocoano), se convierten en “territorios liberados” por ellas y en zonas que facilitan su apertrechamiento y cortan la comunicación de los frentes de la guerrilla del interior con la costa Caribe. (Daniels, 2003, p. 27)

3.1.3 1998: Éxodo campesino desde el sur de Bolívar.

A ojos de los paramilitares los habitantes de Vallecito y los campesinos del área rural del municipio de San Pablo son colaboradores de la guerrilla. Esta mirada por parte de los paramilitares se agudiza con hechos como el éxodo campesino de 1998. Para este éxodo más de diez mil campesinos originarios del sur de Bolívar y del Valle del Río Cimitarra se movilizan a la ciudad de Barrancabermeja.

El éxodo es motivado por el deseo de denunciar las acciones de los paramilitares de las cuales los habitantes de la zona venían siendo víctimas, así como las violaciones a los DDHH y las alianzas entre miembros de la fuerza pública y los paramilitares. También por la oportunidad de exigir garantías de permanencia en la tierra a través de proyectos de desarrollo integral. Así, el éxodo busca darle visibilidad a lo que sucede en el sur de Bolívar. Primero, al denunciar las acciones cometidas por los paramilitares en contra de la población civil. Segundo, al discutir la necesidad de proyectos integrales de desarrollo en el campo.

Así mismo, se trata el tema de los cultivos de uso ilícito. Estos cultivos se presentan por parte de los habitantes de la región como “cultivos de legítima supervivencia”. Los mismos responden a la precaria situación que vive en el campo a causa de la dificultad a la hora de introducirse en el mercado con cultivos tradicionales (Entrevista 12, 2015). Después de tres meses de negociaciones con el presidente Andrés Pastrana, en octubre de 1998, se firman los acuerdos. Se basan principalmente en: garantías para el retorno y la permanencia en la tierra, en la elaboración de un plan integral de desarrollo y en el desmonte de los grupos paramilitares. El siguiente, es un fragmento de la declaración que hace el Gobierno Nacional en torno a los acuerdos firmados ese día.

…con el ánimo de hacer real y efectivo el Estado Social de Derecho, reitera su convicción de llevar adelante una política de Estado contra el paramilitarismo, que oriente a la fuerza pública en su eficaz combate y neutralización; así mismo exhorta a los funcionarios de control e investigación del Estado a la realización de todas las acciones

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adecuadas para garantizar el derecho a la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas (Comisión Facilitadora de Paz, 2002)28.

Sin embargo, las consecuencias negativas de esta movilización no se hacen esperar. No solo se incumplen muchos de los acuerdos establecidos, sino que además se despierta una estigmatización hacia el campesino del sur de Bolívar como simpatizante de los grupos guerrilleros. Esto se traduce en persecuciones amenazas y asesinatos de los líderes del éxodo (Equipo Nizkor, 2001b).