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ANNAEI LVCANI BELLI CIVILIS LIBER SEXTVS LIBRO

SINOPSIS 1-401 Operaciones en Hispania.

M. ANNAEI LVCANI BELLI CIVILIS LIBER SEXTVS LIBRO

SINOPSIS

1-117 Operaciones en la costa adriática. Pompeyo acorralado en Durazzo. 118-262 Heroísmo de Esceva.

263-332 Pompeyo rompe el cerco y marcha hacia Tesalia. 333-412 Descripción de Tesalia.

413-830 Episodio de la maga Ericto.

Postquam castra duces pugnae iam mente propinquis inposuere iugis admotaque comminus arma

parque suum uidere dei, capere omnia Caesar moenia Graiorum spernit Martemque secundum iam nisi de genero fatis debere recusat. 5

funestam mundo uotis petit omnibus horam in casum quae cuncta ferat; placet alea fati alterutrum mersura caput. ter collibus omnis explicuit turmas et signa minantia pugnam testatus numquam Latiae se desse ruinae. 10 ut uidet ad nullos exciri posse tumultus in pugnam generum sed clauso fidere uallo, signa mouet tectusque uia dumosa per arua Dyrrachii praeceps rapiendas tendit ad arcis. hoc iter aequoreo praecepit limite Magnus, 15 quemque uocat collem Taulantius incola Petram insedit castris Ephyraeaque moenia seruat defendens tutam uel solis turribus urbem. non opus hanc ueterum nec moles structa tuetur

Una vez que los caudillos, ya con la decisión de luchar, situaron los campamentos en cimas cercanas, quedando los ejércitos frente a frente, en proximidad, y los dioses tuvieron a la vista a sus dos campeones, César desdeña tomar todas las plazas de los griegos y rehúsa ya deber a los hados el favor de Marte, excepto sobre su yerno. Con todas sus ansias busca la hora, funesta para el universo, que lo deje todo en manos del azar; le place el golpe de dados del destino que va a hacer rodar una de las dos cabezas. Por tres veces desplegó sobre las colinas todos sus escuadrones y sus enseñas que amenazaban combate, 10 atestiguando que nunca faltaba él a la hora de la ruina del Lacio. Cuando ve que no se deja arrastrar su yerno a ninguna escaramuza en orden al combate, sino que pone su confianza en quedarse encerrado dentro de su empalizada, mueve las enseñas y, disimulando su marcha a través de campos cubiertos de maleza, se dirige raudo a apoderarse de las fortalezas de Durazzo449. Se le adelanta en el camino, siguiendo la línea de la costa, el Magno, asienta su campamento sobre la colina que el habitante taulancio450 llama Petra y pone a salvo las murallas efíreas451, defendiendo una ciudad segura incluso con sólo sus torres. No la protegen

449 Ciudad de la costa iliria, en el norte de la Albania actual. 450 Pueblo de Iliria, procedente de Macedonia.efíreas. 451

Corintias, porque Corinto se llamaba también Efire, nombre de una ninfa marina. Durazzo había sido fundada por corintios, según Estrabón y Tucídides.

humanusque labor facilis, licet ardua tollat, 20 cedere uel bellis uel cuncta mouentibus annis, sed munimen habet nullo quassabile ferro naturam sedemque loci; nam clausa profundo undique praecipiti scopulisque uomentibus aequor exiguo debet, quod non est insula, colli. 25

terribiles ratibus sustentant moenia cautes, Ioniumque furens, rapido cum tollitur Austro,

templa domosque quatit, spumatque in culmina pontus. hic auidam belli rapuit spes inproba mentem

Caesaris, ut uastis diffusum collibus hostem 30 cingeret ignarum ducto procul aggere ualli. metatur terras oculis, nec caespite tantum contentus fragili subitos attollere muros ingentis cautes auolsaque saxa metallis

Graiorumque domos direptaque moenia transfert. 35 extruitur quod non aries inpellere saeuus,

quod non ulla queat uiolenti machina belli. franguntur montes, planumque per ardua Caesar ducit opus; pandit fossas turritaque summis disponit castella iugis magnoque recessu 40 amplexus fines saltus nemorosaque tesqua et siluas uastaque feras indagine claudit. non desunt campi, non desunt pabula Magno, castraque Caesareo circumdatus aggere mutat: flumina tot cursus illic exorta fatigant, 45 illic mersa suos; operumque ut summa reuisat defessus Caesar mediis intermanet agris. nunc uetus Iliacos attollat fabula muros ascribatque deis; fragili circumdata testa moenia mirentur refugi Babylonia Parthi. 50

una obra de los antiguos, ni una construcción compacta, al fin y al cabo un trabajo de hombres, fácil, 20 por muy alto que se eleve, de ceder bien a las guerras, bien al paso de los años, que todo lo remueven, sino que dispone de unas defensas que ningún hierro puede abatir: la naturaleza y emplazamiento del lugar; en efecto, cerrada por todos lados por un abismo abrupto y por escollos que devuelven el agua del mar, debe a un estrecho collado el no ser una isla. Terribles para las embarcaciones, los arrecifes sostienen firmes las murallas, el Jónico, cuando se encrespa con el austro impetuoso, sacude enfurecido templos y casas, y hasta los techos sube su espuma el mar.

Aquí, ansioso de guerra como estaba el espíritu de César, lo invade una esperanza insensata: rodear al enemigo desparramado por vastas colinas, 30 y sin que se dé cuenta, con un terraplén provisto de empalizada, trazado a larga distancia. Mide el terreno a ojo, y no contentándose con levantar a la carrera unos muros de frágil cepellón, hace transportar ingentes rocas, peñascos arrancados de las canteras, casas de los griegos y escombros de sus murallas. Se levanta una construcción que no sería capaz de derrocar ni el sañudo ariete ni ninguna máquina de la guerra violenta. Se rompen montañas, y César lleva adelante una obra en terreno llano a través de zonas escarpadas; abre fosos, coloca espaciadamente fortines con torres en las cimas de las sierras y, 40

abrazando con un gran repliegue los límites trazados, encierra en una vasta red desfiladeros y fragosas espesuras, selvas y fieras. No le faltan llanuras, no le faltan pastos al Magno, y, sin salir del recinto cercado por el terraplén de César, cambia de lugar el campamento: tantas corrientes nacen allí y se absorben allí tras fatigoso recorrido; para inspeccionar la totalidad de las obras, César, agotado, hace un alto en medio de los campos.

Ahora, que la vieja leyenda ensalce los muros de Troya y los atribuya a los dioses452; admiren los partos, en su huida453, las

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Neptuno y Apolo. 453 Véase n. 49.

en, quantum Tigris, quantum celer ambit Orontes, Assyriis quantum populis telluris Eoae

sufficit in regnum, subitum bellique tumultu raptum clausit opus. tanti periere labores. tot potuere manus aut iungere Seston Abydo 55 ingestoque solo Phrixeum elidere pontum, aut Pelopis latis Ephyren abrumpere regnis et ratibus longae flexus donare Maleae, aut aliquem mundi, quamuis natura negasset, in melius mutare locum. coit area belli: 60 hic alitur sanguis terras fluxurus in omnis, hic et Thessalicae clades Libycaeque tenentur; aestuat angusta rabies ciuilis harena.

prima quidem surgens operum structura fefellit Pompeium, ueluti mediae qui tutus in aruis 65 Sicaniae rabidum nescit latrare Pelorum,

aut, uaga cum Tethys Rutupinaque litora feruent, unda Caledonios fallit turbata Britannos.

ut primum uasto saeptas uidet aggere terras, ipse quoque a tuta deducens agmina Petra 70 diuersis spargit tumulis, ut Caesaris arma laxet et effuso claudentem milite tendat; ac tantum saepti uallo sibi uindicat agri, parua Mycenaeae quantum sacrata Dianae distat ab excelsa nemoralis Aricia Roma, 75 quoque modo terrae praelapsus moenia Thybris in mare descendit, si nusquam torqueat amnem.

murallas que circundan Babilonia, hechas de ladrillo quebradizo. 50 He aquí que todo el territorio que recorre el Tigris, todo el que el rápido Orontes454, toda la tierra oriental que basta para su reino a los pueblos asirios, lo encierra esta obra improvisada y hecha a la carrera en medio de las escaramuzas de la guerra. Tan grandes afanes fueron cosa perdi- da. Tantas manos hubieran podido juntar Sestos con Abidos455 y hacer desaparecer, con la tierra acumulada, el mar de Frixos, o desgajar Efire de los anchos dominios de Pélope456 y ahorrar a las naves los largos rodeos de Malea457, o transformar en mejor, por más que se opusiera la naturaleza, algún lugar del mundo. 60 Se condensa el escenario de la guerra: aquí se alimenta la sangre que va a derramarse hacia todas las tierras, aquí se contienen también los desastres de Tesalia y de Libia458; borbotea la rabia de los ciudadanos en una estrecha franja de arena.

Al principio, es cierto, la construcción de las obras que iba levantándose pasó desapercibida a Pompeyo, lo mismo que quien, seguro en los campos del interior de Sicilia, no se entera de los ladridos del rabioso Peloro459 o, cuando hierven la vagabunda Tetis y las costas rutupinas, la agitación de sus aguas pasa inadvertida a los britanos de Caledonia460. En cuanto ve la tierras rodeadas por un vasto terraplén, también él, haciendo descender sus escuadrones de la bien protegida Petra, 70 los esparce por altozanos en diversas direcciones, a fin de estirar las tropas de César y ensanchar el cerco con el desperdigamiento del ejército; y se reserva una extensión de campo, acotado por una empalizada, igual a la distancia que separa la pequeña Aricia boscosa, consagrada a la Diana micénica461, de la elevada Roma, como es también el espacio de terreno por el que el Tíber,

454 Río de Siria. Los pueblos asirios, aludidos a continuación, tenían por capital a Nínive.

455 Es decir, Europa con Asia, cegando el Helesponto, al que alude a continuación con el nombre de «mar de Frixos», por el hermano de Hele (véase n. 302).

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Separar Corinto del Peloponeso, cortando el istmo. 457 Promontorio de Laconia, peligroso para las naves. 458 Las batallas de Farsalia y de Tapso, respectivamente.

459 Véase n. 174. Los ladridos son los de Escila y Caribdis, en el estrecho de Mesina, junto al citado Peloro. 460

Región de la Escocia septentrional. Las costas rutupinas son las del actual Richborough, en Kent. 461 Véase n. 232. La distancia de Aricia a Roma era de unos 25 km.

classica nulla sonant iniussaque tela uagantur et fit saepe nefas iaculum temptante lacerto. maior cura duces miscendis abstrahit armis: 80 Pompeium exhaustae praebenda ad gramina terrae, quae currens obtriuit eques gradibusque citatis ungula frondentem discussit cornea campum. belliger attonsis sonipes defessus in aruis, aduectos cum plena ferant praesepia culmos, 85 ore nouas poscens moribundus labitur herbas et tremulo medios abrumpit poplite gyros. corpora dum soluit tabes et digerit artus, traxit iners caelum fluuidae contagia pestis obscuram in nubem. tali spiramine Nesis 90 emittit Stygium nebulosis aera saxis

antraque letiferi rabiem Typhonis anhelant. inde labant populi, caeloque paratior unda omne pati uirus durauit uiscera caeno.

iam riget arta cutis distentaque lumina rumpit, 95 igneaque in uoltus et sacro feruida morbo

pestis abit, fessumque caput se ferre recusat. iam magis atque magis praeceps agit omnia fatum, nec medii dirimunt morbi uitamque necemque, sed languor cum morte uenit; turbaque cadentum 100 aucta lues, dum mixta iacent incondita uiuis

corpora; nam miseros ultra tentoria ciues spargere funus erat. tamen hos minuere labores a tergo pelagus pulsusque Aquilonibus aer litoraque et plenae peregrina messe carinae. 105 at liber terrae spatiosis collibus hostis

aere non pigro nec inertibus angitur undis, sed patitur saeuam, ueluti circumdatus arta

deslizándose ante las murallas de Roma, baja hasta el mar, suponiendo que en ninguna parte torciera su curso. No suena ninguna trompeta, los dardos se pasean sin rumbo fijo y a menudo se produce una desgracia mortal cuando un brazo ensaya el disparo de la jabalina. Una más grave preocupación retrae a los jefes de trabar combate: 80 a Pompeyo, las tierras agotadas para suministrar hierbas que, en sus correrías, trituró el jinete y, con sus rápidas galopadas, el córneo casco destrozó la frondosa campiña. El belicoso corcel, exhausto en los campos pelados, aunque los pesebres le brinden repletos la paja importada, se abate moribundo buscando con su boca hierbas frescas y, temblándole las corvas, interrumpe de golpe sus evolu- ciones. Mientras disuelve sus cuerpos la putrefacción y deshace sus miembros, el cielo en calma arrastró dentro de una oscura nube la contaminación de un flujo pestilencial. 90

Con parecido soplo Nesis462 despide por sus neblinosos peñascos el aire de la Estigia y sus antros exhalan la rabia del mortífero Tifón. Por su causa sucumben los pueblos, y el agua, más dispuesta que el aire a acoger todo tipo de venenos, endureció sus entrañas con el fango. Ya la piel, al contraerse, se pone rígida y distiende los ojos hasta romperlos; el fuego de la peste, encendido en el morbo sacro463, se transmite al rostro, y la cabeza, desmadejada, se niega a mantenerse derecha. Ya más y más impetuoso se lo lleva todo el destino, y no sirve la enfermedad de intervalo entre la vida y la muerte, sino que la flojedad viene acompañada del desenlace inmediato; con la gran masa de los que sucumben se incrementa el contagio, 100 en tanto que yacen mezclados con los vivos los cadáveres insepultos; en efecto, arrojar esparciéndolos fuera de las tiendas a los desgraciados conciudadanos era su único funeral. Sin embargo, les aminoraron estos sufrimientos el mar que tenían a la espalda y el aire empujado por los aquilones, así como las costas y los navíos repletos de mies extranjera. En cambio, libre y a sus anchas el enemigo por las espaciosas colinas, no se ve

462

Isla de Campania, cerca de Pozzuoli, hoy Nisita. Para Tifón o Tifeo, véase n. 383. 463 La erisipela.

opsidione, famem. nondum turgentibus altam in segetem culmis cernit miserabile uolgus 110 in pecudum cecidisse cibos et carpere dumos et foliis spoliare nemus letumque minantis uellere ab ignotis dubias radicibus herbas.

quae mollire queunt flamma, quae frangere morsu, quaeque per abrasas utero demittere fauces, 115 plurimaque humanis ante hoc incognita mensis diripiens miles saturum tamen obsidet hostem. ut primum libuit ruptis euadere claustris Pompeio cunctasque sibi permittere terras, non obscura petit latebrosae tempora noctis, 120 et raptum furto soceri cessantibus armis

dedignatur iter: latis exire ruinis

quaerit, et inpulso turres confringere uallo,

perque omnis gladios et qua uia caede paranda est. opportuna tamen ualli pars uisa propinqui, 125 qua Minici castella uacant, et confraga densis arboribus dumeta tegunt. hic puluere nullo proditus agmen agit subitusque in moenia uenit. tot simul e campis Latiae fulsere uolucres, tot cecinere tubae. nequid uictoria ferro 130 deberet, pauor attonitos confecerat hostes. quod solum ualuit uirtus, iacuere perempti debuerant quo stare loco. qui uolnera ferrent iam derant, et nimbus agens tot tela peribat. tum piceos uoluunt inmissae lampades ignes, 135 tum quassae nutant turres lapsumque minantur, roboris inpacti crebros gemit agger ad ictus. iam Pompeianae celsi super ardua ualli

angustiado por el aire estadizo ni por la inmovilidad de las aguas, pero padece, como si estuviera cercado por un estrecho asedio, un hambre implacable. Como la granazón de las espigas no había llegado aún a su completa madurez, 110 ve a la infortunada tropa arrojarse de bruces a los alimentos de las bestias, mordisquear los matorrales, despojar de sus hojas el bosque y arrancar de raíces desconocidas hierbas sospechosas que amenazaban muerte. Cuanto pueden ablandar con el fuego, cuanto romper a mordiscos, cuanto abajar al estómago por la garganta, aun desollándosela, y una multitud de alimentos hasta entonces desconocidos en las mesas humanas, todo ello lo arrebata acá y allá el soldado que, sin embargo, está asediando a un enemigo saciado464.

Tan pronto como Pompeyo decidió evadirse, rompiendo el cerco, y tener vía libre a todas las tierras, no busca las horas oscuras de la noche arcana, 120 y desdeña una apresurada salida furtiva sin que entren en acción las armas de su suegro: pretende escapar por anchos derrumbes, arrollar la empalizada y hacer trizas las torres, y pasar a través de todas las espadas, por donde hay que abrirse camino matando. Con todo, le pareció apropiada una parte del vallado cercano, por donde están sin defensas los fortines de Minucio465, y fragosos breñales con espesos árboles le ocultan a la vista. Aquí, sin que ninguna polvareda le traicione, conduce su ejército y llega de improviso a la línea de fortificación. Tantas águilas latinas refulgieron a la vez de las llanuras, tantas trompetas resonaron. Para que la victoria no debiera nada al hierro, 130 el pavor había convertido a los enemigos en estatuas. De una sola cosa fue capaz su valor: cayeron muertos sobre el lugar en el que debían haber resistido466. Ya faltaban quienes recibieran las heridas, y la nube formada por tantos dardos se perdía en el vacío. Entonces, antorchas arrojadas voltean pez llameante, entonces se tambalean las torres sacudidas y, amenazan con desplomarse: ante los

464 Paradoja muy del gusto de Lucano. Pero sucedió así en realidad (CÉSAR, Guerra civil III 47-48). 465

La zona defendida por Lucio Minucio, legado de César. 466 Esto es, no lucharon, pero no huyeron.

exierant aquilae, iam mundi iura patebant:

quem non mille simul turmis nec Caesare toto 140 auferret Fortuna locum uictoribus unus

eripuit uetuitque capi, seque arma tenente ac nondum strato Magnum uicisse negauit. Scaeua uiro nomen: castrorum in plebe merebat ante feras Rhodani gentes; ibi sanguine multo 145 promotus Latiam longo gerit ordine uitem,

pronus ad omne nefas et qui nesciret in armis quam magnum uirtus crimen ciuilibus esset. hic ubi quaerentis socios iam Marte relicto

tuta fugae cernit, 'quo uos pauor' inquit 'adegit 150 inpius et cunctis ignotus Caesaris armis?

terga datis morti? cumulo uos desse uirorum 153 non pudet et bustis interque cadauera quaeri? non ira saltem, iuuenes, pietate remota stabitis? e cunctis, per quos erumperet hostis, nos sumus electi. non paruo sanguine Magni iste dies ierit. peterem felicior umbras

Caesaris in uoltu: testem hunc fortuna negauit: Pompeio laudante cadam. confringite tela 160 pectoris inpulsu iugulisque retundite ferrum. iam longinqua petit puluis sonitusque ruinae, securasque fragor concussit Caesaris aures. uincimus, o socii: ueniet qui uindicet arces

dum morimur.' mouit tantum uox illa furorem, 165 quantum non primo succendunt classica cantu, mirantesque uirum atque auidi spectare secuntur

repetidos impactos del ariete cruje el terraplén. Ya habían salido las águilas pompeyanas por encima de los remates de la alta empalizada, ya tenían abierta vía libre hacia el universo: aquel lugar que ni con mil escuadrones juntos 140 ni con todo el ejército de César les habría arrebatado la Fortuna, un solo hombre lo arrancó a los vencedores, impidiendo que lo tomaran, y afirmó que, mientras él empuñara las armas y no estuviera aún abatido, el Magno no era el vencedor. Esceva era el nombre del héroe467: militaba entre los soldados rasos antes de las campañas contra los fieros pueblos del Ródano; allí, ascendido a costa de sus muchas heridas, consigue la vid del Lacio468 en un grado bajo, presto como estaba a toda impiedad y sin saber qué gran crimen es el valor en las guerras civiles. Este, cuando ve a sus compañeros buscando la seguridad de la huida con el abandono ya del combate, les dice: «¿Adónde os empuja un pánico impío,

150 desconocido en todos los ejércitos de César? [¡Siervos sin dignidad, rebaño de esclavos! ¿sin derramar sangre]469 dais la espalda a la muerte? ¿No os da vergüenza no figurar en el montón de los héroes caídos y que se os busque en vano en las piras y entre los cadáveres? A falta de vuestro honroso deber, soldados, ¿no os mantendréis en vuestro puesto al menos por rabia? De todos aquellos a través de los cuales podía el enemigo hacer una irrupción, nosotros hemos sido los elegidos. No transcurrirá este día sin que cueste mucha sangre al Magno. Ganaría yo más contento las sombras ante la mirada de César; tal testigo me lo ha negado la fortuna: caeré al menos con los elogios de Pompeyo. 160 Romped los dardos con el choque de vuestro pecho y con vuestras gargantas mellad el hierro. Ya gana lejanías el estrépito del derrumbamiento, y ha sacudido el fragor los despreocupados oídos