SINOPSIS 1-401 Operaciones en Hispania.
M. ANNAEI LVCANI BELLI CIVILIS LIBER QVINTVS LIBRO
70 A la misma distancia de la extremidad occidental que de la oriental se empina hacia el
cielo con sus dos cumbres el Parnaso, monte consagrado a Febo y a Bromio378, en honor de cuya divinidad, de doble advocación, celebran las bacantes tebanas sus festejos trienales de Delfos. Cuando el diluvio dejó las tierras su- mergidas, sólo esta cima sobresalió y fue el punto de delimitación entre el mar y los astros. Incluso tú, Parnaso, discriminado por las aguas, apenas descubrías lo más elevado de una peña y quedabas oculto en una de tus cimas. Allí, vengador de su madre expulsada en el momento en que el parto oprimía sus entrañas, Peán379, con sus flechas todavía inexpertas, dejó tendida a Pitón, 80 en los tiempos en que Temis era reina del territorio y señora de los trípodes380. Cuando vio Peán que las anchas grietas de la tierra despedían divinas verdades y que el suelo exhalaba unos soplos locuaces, se escondió en los sagrados antros: allí, agazapado en el santuario, Apolo se convirtió en adivino.
¿Cuál de los dioses está aquí oculto? ¿Qué deidad, descendida del éter, se digna habitar, encerrada aquí, estas ciegas cavernas? ¿Qué dios del cielo aguanta vivir en la tierra, dominando todos los secretos del eterno curso de las cosas y sabedor de lo que va a ocurrir en el mundo, y está dispuesto a revelarse a las naciones, 90 soportando el contacto de los hombres, grande y poderoso como es, ya sea que vaticine el destino, o ya que se convierta en destino lo que él ordena en sus vaticinios? Tal vez una parte importante de la totalidad de Júpiter381, metida dentro del mundo para regirlo, y que sostiene en equilibrio el orbe en el espacio vacío, sale por los antros de Cirra382 y se inhala allí, pero en unión estrecha con el
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Sobrenombre de Baco.
379 Peán es Apolo. Según la leyenda, su madre Latona no podía dar a luz en ningún lugar de la tierra, perseguida como estaba por Juno, la esposa de Júpiter, por celos de que estuviera embarazada de su esposo. Juno envió contra ella a la temible serpiente Pitón. Por fin dio a luz en Delos, isla entonces flotante, a Apolo y Artemis o Diana. Aquél, a los tres días de su nacimiento, mató a flechazos a la serpiente.
380 Temis es la diosa de la justicia, que «antes del nacimiento de Apolo, predecía el futuro a los mortales»
(Adnotationes). Los trípodes son los objetos en que se recogía el oráculo.
381 Concepción estoico-panteísta de Júpiter identificado con el mundo, inmanente en él («Júpiter es cada cosa que ves, cada movimiento que haces», dirá Catón en el canto IX 580).
aere libratum uacuo quae sustinet orbem, totius pars magna Iouis Cirrhaea per antra 95 exit et aetherio trahitur conexa Tonanti.
hoc ubi uirgineo conceptum est pectore numen, humanam feriens animam sonat oraque uatis soluit, ceu Siculus flammis urguentibus Aetnam undat apex, Campana fremens ceu saxa uaporat 100 conditus Inarimes aeterna mole Typhoeus.
hoc tamen expositum cunctis nullique negatum numen ab humani solum se labe furoris
uindicat. haud illic tacito mala uota susurro
concipiunt, nam fixa canens mutandaque nulli 105 mortales optare uetat; iustisque benignus
saepe dedit sedem totas mutantibus urbes, ut Tyriis, dedit ille minas inpellere belli, ut Salaminiacum meminit mare; sustulit iras telluris sterilis monstrato fine, resoluit 110 aera tabificum. non ullo saecula dono
nostra carent maiore deum, quam Delphica sedes quod siluit, postquam reges timuere futura et superos uetuere loqui. nec uoce negata
Cirrhaeae maerent uates, templique fruuntur 115 iustitio. nam, siqua deus sub pectora uenit,
numinis aut poena est mors inmatura recepti aut pretium; quippe stimulo fluctuque furoris conpages humana labat, pulsusque deorum
concutiunt fragiles animas. sic tempore longo 120
Tonante del cielo. Cuando esta deidad ha encontrado cobijo en el pecho de la doncella, sacudiendo su aliento humano, lo convierte en sonidos y desata la boca de la profetisa, tal como el cráter siciliano se agita en oleaje cuando las llamas presionan al Etna, o como, entre rugidos, derrite las rocas de Campania Tifeo383, 100 enterrado bajo la eterna mole de Inarime.
Esta divinidad, que está al alcance de todos y a nadie dice que no, sólo se retrae, sin embargo, ante el pecado de la violencia humana. No se formulan allí votos malditos en clandestino susurro, pues, al hacer vaticinios seguros y que nadie puede cambiar, impide a los mortales cualquier deseo; benevolente para con los justos, a menudo concedió asentamiento a quienes abandonaban ciudades enteras, como a los tirios384 , procuró a otros el modo de repeler las amenazas de la guerra, como lo recuerda el mar de Salamina385, hizo desaparecer los enojos de una tierra estéril, señalando el fin de su mal, y disipó un aire pestilente386. 110 No están privadas nuestras generaciones de ningún don de los dioses más importante que el que perdieron con el enmudecimiento del santuario de Delfos, desde que los reyes tuvieron miedo al porvenir e impidieron hablar a los dioses. Y no se duelen las profetisas de Cirra porque se les haya negado la voz: disfrutan de la suspensión de actividades en el templo. Pues, si el dios penetra en el pecho de alguna, la muerte prematura es el castigo o la recompensa de haber acogido a la divinidad; en efecto, con la conmoción y el oleaje del delirio, la armazón humana se tambalea y los sacudimientos de los dioses resquebrajan las vidas quebradizas. 120
Apio, escudriñador hasta el fondo del destino de Italia, rompe la inmovilidad tan prolongada de los trípodes y los silencios de la vasta roca. El sacerdote, cuando se le ordenó abrir la morada sobrecogedora y hacer entrar a
383 Espantable monstruo, hijo de la Tierra y del Tártaro, con el cuerpo alado y cien cabezas de dragón, que luchó contra Júpiter y lo venció, pero que después fue fulminado y sepultado bajo el Etna o bien en la isla de Inarime, hoy Ischia, frente a las costas de Campania.
384 Los tirios están aquí por los fenicios —Tiro, ciudad fenicia—, y no está claro si se alude a Cadmo, rey de Fenicia que, guiado por el oráculo, emigró con su pueblo y fundó Tebas.
385 Consultado el oráculo antes de la famosa batalla de los atenienses contra Jerjes, aconsejó que fabricaran murallas de madera, y Temístocles lo interpretó certeramente como que debían luchar con naves.
inmotos tripodas uastaeque silentia rupis Appius Hesperii scrutator ad ultima fati sollicitat. iussus sedes laxare uerendas antistes pauidamque deis inmittere uatem
Castalios circum latices nemorumque recessus 125 Phemonoen errore uagam curisque uacantem
corripuit cogitque fores inrumpere templi. limine terrifico metuens consistere Phoebas absterrere ducem noscendi ardore futura
cassa fraude parat. 'quid spes' ait 'inproba ueri 130 te, Romane, trahit? muto Parnasos hiatu
conticuit pressitque deum, seu spiritus istas destituit fauces mundique in deuia uersum duxit iter, seu, barbarica cum lampade Python arsit, in inmensas cineres abiere cauernas 135 et Phoebi tenuere uiam, seu sponte deorum Cirrha silet farique sat est arcana futuri carmina longaeuae uobis conmissa Sibyllae, seu Paean solitus templis arcere nocentis,
ora quibus soluat, nostro non inuenit aeuo.' 140 uirginei patuere doli, fecitque negatis
numinibus metus ipse fidem. tum torta priores stringit uitta comas, crinesque in terga solutos candida Phocaica conplectitur infula lauro.
haerentem dubiamque premens in templa sacerdos 145 inpulit. illa pauens adyti penetrale remoti
fatidicum prima templorum in parte resistit atque deum simulans sub pectore ficta quieto uerba refert, nullo confusae murmure uocis instinctam sacro mentem testata furore, 150
presencia de los dioses a la asustada profetisa, apresó a Femónoe, que andaba paseando, libre de cuidados, en torno a la fuente Castalia387 y a las soledades de los bosques, y la obliga a precipitarse hacia las puertas del templo. Temerosa de poner sus plantas en el umbral aterrador, la profetisa de Febo pretende con vana añagaza disuadir al general de su pasión por conocer el futuro: «¿Por qué, le dice, te arrastra, romano, una esperanza insana de la verdad? 130 Con la mudez de su hendidura se ha callado el Parnaso y ha silenciado al dios, ya sea porque su soplo ha desertado de estas gargantas y ha desviado su ruta hacia parajes inaccesibles del mundo, ya sea porque, cuando ardió Pitón a causa de las antorchas bárbaras388, las cenizas fueron a parar a las inmensas cavernas y bloquearon el paso de Febo, o bien Cirra calla por voluntad de los dioses, siendo suficiente que declaren los arcanos del futuro los versos de la vieja Sibila a vosotros confiados, o bien Peán, que tiene por costumbre apartar de sus templos a los culpables, no ha encontrado en nuestra época nadie en atención al cual despegar sus labios.»
140 Quedaron patentes las argucias de la doncella, y su mismo miedo dio fe de la divinidad que negaba. Entonces, una cinta trenzada recoge sus guedejas sobre la frente, y una blanca bandeleta ciñe con el laurel foceo su melena suelta sobre la espalda. Resistiéndose e indecisa como estaba, el sacerdote la empujó a la fuerza dentro del templo. Ella, empavorecida ante el interior profético del recóndito santuario, se detiene en la entrada del sagrado recinto y, simulando la presencia del dios en su pecho tranquilo, pronuncia palabras fingidas, sin poder atestiguar con ningún murmullo de sonidos confusos que su espíritu esté inspirado por el divino delirio; 150 con ello iba a causar un daño no tanto al general, a quien vaticinaba falsedades, como a los trípodes y a la credibilidad de Febo. Sus palabras no entre- cortadas por un sonido tembloroso, su voz, que no basta a llenar el espacio de la ancha caverna, su corona de laurel, a la que no
387 Según la leyenda '(recogida en ESTRABÓN, IX 3, 5), Femónoe fue el nombre de la primera profetisa de Delfos. La fuente Castalia brota al pie del Parnaso.
haud aeque laesura ducem cui falsa canebat
quam tripodas Phoebique fidem. non rupta trementi uerba sono nec uox antri conplere capacis
sufficiens spatium nulloque horrore comarum excussae laurus inmotaque limina templi 155 securumque nemus ueritam se credere Phoebo prodiderant. sensit tripodas cessare furensque Appius 'et nobis meritas dabis, impia, poenas et superis, quos fingis,' ait 'nisi mergeris antris deque orbis trepidi tanto consulta tumultu 160 desinis ipsa loqui'. tandem conterrita uirgo confugit ad tripodas uastisque adducta cauernis haesit et insueto concepit pectore numen, quod non exhaustae per tot iam saecula rupis spiritus ingessit uati; tandemque potitus 165 pectore Cirrhaeo non umquam plenior artus Phoebados inrupit Paean mentemque priorem expulit atque hominem toto sibi cedere iussit pectore. bacchatur demens aliena per antrum colla ferens, uittasque dei Phoebeaque serta 170 erectis discussa comis per inania templi
ancipiti ceruice rotat spargitque uaganti obstantis tripodas magnoque exaestuat igne iratum te, Phoebe, ferens. nec uerbere solo
uteris et stimulis flammasque in uiscera mergis: 175 accipit et frenos, nec tantum prodere uati
quantum scire licet. uenit aetas omnis in unam congeriem, miserumque premunt tot saecula pectus, tanta patet rerum series, atque omne futurum
nititur in lucem, uocemque petentia fata 180 luctantur; non prima dies, non ultima mundi,
sacude ningún erizamiento de los cabellos, el umbral del templo, que seguía inmóvil, y el bosque, tranquilo, eran indicios de que ella había tenido miedo de entregarse a Febo. Se dio cuenta Apio de que los trípodes estaban quietos y, furioso, le grita: «Nos pagarás, impía, el bien merecido castigo tanto a mí como a los dioses, a los que simulas, si no te hundes en lo profundo de la caverna y, al ser consultada sobre una tan gran convulsión del mundo conturbado, 160 no dejas de hablar por ti misma.» Al fin, la joven, despavorida, huyó hacia los trípodes y, adentrada en las vastas cavernas, se quedó quieta y acogió en su pecho por primera vez a la divinidad, que la emanación de la roca, aún no agotada a lo largo ya de tantos siglos, introdujo en la profetisa; adueñándose, al fin, de aquel pecho de Cirra, más colmado que nunca irrumpió Peán en los miembros de la profetisa de Febo, desalojó a su espíritu anterior y ordenó a su naturaleza humana dejarle a su disposición todo el pecho. Se agita en el delirio, llevando por la gruta un cuello que ella no controla y, dislocadas por el erizamiento de sus cabellos las cintas del dios y las guirnaldas de Febo,
170 da vueltas con su cabeza vacilante por los vanos del templo, desparrama los trípodes que obstaculizan sus pasos sin rumbo y se abrasa en terrible fuego, llevándote a ti, Febo, en plena cólera. Y no te sirves sólo del látigo ni sólo hundes aguijadas y llamas en sus entrañas: también soporta un freno, y no le es dado a la profetisa revelar todo cuanto sabe. Vienen a ella todas las edades en un solo bloque, pesan tantos siglos sobre su pecho lastimoso, se le descubre una tan larga sucesión de acontecimientos, todo el futuro se esfuerza por salir a la luz y los destinos luchan reclamando su voz; 180 no falta a la cita el primer día del mundo, ni el último, ni las dimensiones del Océano ni el número de sus arenas. De igual modo que la Sibila de Cumas en su retiro de Eubea389, indignada de que su delirio profético estuviera al servicio de múltiples pueblos, del montón tan grande de los destinos seleccionó los de Roma con su mano altiva, así también Femónoe, poseída por Febo, se fatiga mientras
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La más famosa de las sibilas, la de Cumas, que profetizó a Eneas su destino, es relacionada con Eubea porque Cumas fue fundada por colonos calcidios procedentes de aquella isla del mar Egeo.
non modus Oceani, numerus non derat harenae. qualis in Euboico uates Cumana recessu
indignata suum multis seruire furorem
gentibus ex tanta fatorum strage superba 185 excerpsit Romana manu, sic plena laborat Phemonoe Phoebo, dum te, consultor operti Castalia tellure dei, uix inuenit, Appi, inter fata diu quaerens tam magna latentem. spumea tum primum rabies uaesana per ora 190 effluit et gemitus et anhelo clara meatu
murmura, tum maestus uastis ululatus in antris extremaeque sonant domita iam uirgine uoces: 'effugis ingentes, tanti discriminis expers,
bellorum, Romane, minas, solusque quietem 195 Euboici uasta lateris conualle tenebis'.
cetera suppressit faucesque obstruxit Apollo. custodes tripodes fatorum arcanaque mundi tuque, potens ueri Paean nullumque futuri a superis celate diem, suprema ruentis 200 imperii caesosque duces et funera regum et tot in Hesperio conlapsas sanguine gentis cur aperire times? an nondum numina tantum decreuere nefas et adhuc dubitantibus astris Pompei damnare caput tot fata tenentur? 205 uindicis an gladii facinus poenasque furorum regnaque ad ultores iterum redeuntia Brutos, ut peragat fortuna, taces? tum pectore uatis inpactae cessere fores, expulsaque templis prosiluit; perstat rabies, nec cuncta locutae 210 quem non emisit, superest deus. illa feroces
con gran dificultad te encuentra a ti, Apio, consultor del dios encubierto en la tierra tesalia, buscándote largo tiempo, oculto como estabas entre destinos tan grandiosos. Entonces fluye por vez primera una rabia desenfrenada a través de su boca espumeante, 190 y unos gemidos, y unos murmullos audibles entre los jadeos de su garganta; seguidamente, un lúgubre alarido resuena en las vastas cavernas y, al fin, doblegada ya la joven, estas palabras: «Escapas, romano, a las enormes amenazas de las guerras, a salvo de un peligro tan grande, y tú solo disfrutarás la paz en una vasta vaguada de la costa de Eubea390.» El resto del oráculo lo ahogó Febo, obstruyendo su garganta.
Trípodes guardianes de los destinos, misterios del universo y tú, Peán, dueño de la verdad y a quién los dioses no han ocultado ningún día del porvenir, 200 ¿por qué tenéis miedo a revelar la suerte suprema de un im- perio que se derrumba, la muerte de los caudillos, los funerales de los reyes y a tantos pueblos caídos en la sangre de Italia? ¿O acaso no se han decidido todavía las divinidades sobre un crimen tan atroz y, estando aún los astros indecisos en condenar a muerte a Pompeyo, quedan en suspenso tantos destinos? ¿O es que guardas silencio sobre la hazaña de la espada vindicatoria, el castigo de los delirios de grandeza y la tiranía que vuelve otra vez a manos de unos Brutos vengadores391, para que la Fortuna pueda llevar a cabo todo esto? Entonces, cedieron las puertas al chocar contra ellas el pecho de la profetisa y salió despedida del templo con un salto hacia adelante; persiste su rabia y, 210 por no haber podido revelarlo todo, aún está allí el dios al que no ha logrado expulsar. Todavía hace ella girar sus fieros ojos y su mirada errabunda por el cielo todo, ora con semblante amedrentado, ora torva, con aspecto amenazador; nunca está quieto su rostro; un rubor de fuego tiñe sus labios y la lividez de sus mejillas; y no es la palidez del que tiene miedo, sino del que inspira terror; no descansa su corazón fatigado, sino que, como en su cólera gime el mar después de los roncos soplos del bóreas, así callados suspiros
390 En Eubea iba a morir Apio, aunque él lo interpretó como que reinaría sobre ella, según dice el poeta más adelante. 391
Bruto asesinaría a César, reivindicando la libertad, como otro Bruto la reivindicó antaño expulsando al tirano Tarquinio.
torquet adhuc oculos totoque uagantia caelo lumina, nunc uoltu pauido, nunc torua minaci; stat numquam facies; rubor igneus inficit ora liuentisque genas; nec, qui solet esse timenti, 215 terribilis sed pallor inest; nec fessa quiescunt corda, sed, ut tumidus Boreae post flamina pontus rauca gemit, sic muta leuant suspiria uatem. dumque a luce sacra, qua uidit fata, refertur ad uolgare iubar mediae uenere tenebrae. 220 inmisit Stygiam Paean in uiscera Lethen, quae raperet secreta deum. tum pectore uerum fugit et ad Phoebi tripodas rediere futura, uixque refecta cadit. nec te uicinia leti
territat ambiguis frustratum sortibus, Appi; 225 iure sed incerto mundi subsidere regnum
Chalcidos Euboicae uana spe rapte parabas. heu demens, nullum belli sentire fragorem, tot mundi caruisse malis, praestare deorum excepta quis Morte potest? secreta tenebis 230 litoris Euboici memorando condite busto, qua maris angustat fauces saxosa Carystos et, tumidis infesta colit quae numina, Rhamnus, artatus rapido feruet qua gurgite pontus
Euripusque trahit, cursum mutantibus undis, 235 Chalcidicas puppes ad iniquam classibus Aulin. interea domitis Caesar remeabat Hiberis uictrices aquilas alium laturus in orbem, cum prope fatorum tantos per prospera cursus auertere dei. nullo nam Marte subactus 240 intra castrorum timuit tentoria ductor
sacuden a la profetisa. Y mientras desde la sagrada luz, con la que contempló los destinos, retorna a la normal claridad del día, 220
vinieron a interponérsele las tinieblas. Le introdujo Peán en las entrañas el estigio Leteo392, para que le arrebatara los secretos de los dioses. Entonces la verdad huyó de su pecho, el futuro regresó a los trípodes de Febo y ella, nada más volver en sí, cae desmayada. Pero la proximidad de tu muerte no te asusta, Apio, engañado como estás por un oráculo ambiguo; sino que, cuando aún estaba sin decidir la jurisdicción sobre el mundo, te disponías, llevado de una vana esperanza, a usurpar el dominio de la eubea Cálcide. ¡Ay, insensato! Que no sientas ninguno de los fragores de la guerra y que te veas libre de las