Cuando las relaciones con la madre son un foco de miedo y desorientación, la necesidad de apego no está resuelta y el niño puede desarrollar lo que se llama un apego (inseguro) desorganizado. El patrón de apego desorganizado refleja una desorientación psicológica profunda causada por un trauma que no está resuelto y una pérdida del contacto reparativo, que no existe. Trauma y pérdida de alguien que
pueda curar ese trauma. El trauma ocurre pero lo que traumatiza (significa que no
está resuelto) es la ausencia de una acción reparativa. Si un niño entiende que es una mala experiencia, o lo habla y lo libera, y no se queda con esa carga emocional, entonces no es traumatizante, hay calidad reparativa. Cuando hablamos de apego desorganizado, hablamos de que hay un trauma emparejado con la ausencia de una
relación reparativa . Por ello los niños hacen sus propias conductas de
autorreparación. Otro trauma es el acumulativo, que consiste en pequeñas decepciones, las pérdidas, la pequeña torta, la crítica, que ocurren una y otra vez, y todo eso es lo que es traumatizante, aunque cada una de esas cosas no lo es en sí misma.
Este apego se da cuando la manera de tratar al niño hace que este sienta más miedo que confort o esté más a disgusto que a gusto. Cuando se quejan reciben más malestar. Esto hace que el niño se sienta indefenso, lo que le hace tensarse aún más. El niño siente que la madre no está presente para él y ha deducido que sus emociones no solo no le ayudan a conectar con el otro sino que crean una desconexión mayor, y eso hace que no pueda darle sentido a sus emociones internas. Esta desconexión hace que el niño tenga miedo de confiar en las relaciones interpersonales y, sobre todo, en las situaciones de estrés.
Cuando la calidad de la relación no responde a las necesidades de ese niño, vamos a tener una reacción biológica de supervivencia, de tensión muscular, el
congelarse. Cuando el niño sabe que al llorar con tristeza no consigue una respuesta,
pero que si se pone alegre o enfadado al menos la madre viene y le grita, aprenden a cerrar un afecto y activar otro para conseguir respuesta aunque sea negativa. Es lo
que llaman una sustitución de sentimientos.
Los niños con un apego desorganizado tienen experiencias repetidas de conexión con la madre en la que se sienten desbordados, asustados, o viven una sensación de caos. Cuando la madre es un foco de alarma y confusión, los niños padecen «una paradoja biológica». Esto significa que dependen de quien no solo no les produce confort y cuidado, sino todo lo contrario: les produce miedo y les hace sentirse a disgusto. En esta situación el niño está pillado porque hay un impulso de ir hacia la madre, que en esta situación es el foco del terror del que él está intentando escapar. Esto es lo que se ha denominado miedo sin solución. Es un dilema sin solución en el que el niño no puede darle sentido a la situación que está viviendo o tener una adaptación organizada. La única solución posible es convertirse en desorganizado y caótico.
Los niños con apego desorganizado perciben a sus cuidadores como
negligentes y castigadores de forma predecible, y que van a ser negligentes de una
forma que también va a ser predecible. Son niños supertensos, supervigilantes, a los que no les cubren sus necesidades. Crecen en medio de peleas familiares. A menudo se convierten en la víctima de esas peleas. Muchos informan de que uno de los padres o ambos han sido abusivos o violentos. Estos niños tienen un miedo
implícito al abuso.
Se ven muchos tipos de apego desorganizado en niños que han sufrido abuso por sus padres y/o cuidadores primarios. El abuso puede ir desde el abuso físico hasta la negligencia (es decir, la falta de cuidados y confort que el niño necesita). El abuso es incompatible con que los padres le proporcionen un sentido de seguridad. Rompe la relación entre el niño y la madre y crea una situación imposible en la mente del niño, fragmentando su sentido de sí mismo. Para los niños con un apego desorganizado, el hecho de no poder integrar correctamente una base segura puede hacer que no les resulte fácil regular emociones, tengan problemas en las
situaciones sociales y dificultad con los razonamientos académicos, así como una predisposición a la violencia o a la disociación.
La disociación es un proceso que se da cuando ha habido una fragmentación de la sensación de sí mismo. El apego desorganizado también se encuentra en familias en las que, aunque no haya abuso físico, sí hay experiencias repetidas en las que el comportamiento de los padres es muy aterrador o desorientador para el niño. Los padres que se enfadan con los niños o que se intoxican con alcohol o drogas pueden crear un apego desorganizado. Esta paradoja de buscar confort y regulación emocional del foco que genera tu miedo y desorientación resulta devastadora. Estas
experiencias perjudican las funciones mentales que regulan las emociones y ayudan a manejar el estrés. Se han hecho investigaciones con padres que tienen traumas no resueltos y se ha visto que tienen mayor probabilidad de sobreactuar comportamientos que aterrorizan a sus hijos. Tener una historia de trauma no predispone para que tengas un hijo con un apego desorganizado, sino que es la falta de resolución de este trauma lo que hace que se pueda disparar y sobreactuar, lo que puede aterrorizar a los hijos.
Características de cómo se manifiesta este apego en las relaciones adultas:
Dificultad para establecer una relación duradera. A veces busca cercanía y otras veces la evita.
Tiene prevención hacia las relaciones en mayor o menor medida.
Está alerta, siente ansiedad en los encuentros, tiene miedo de que le hagan daño.
Es cauteloso en mostrarse, puede fingir lo que no es.
Está tenso pero puede sustituir sentimientos mostrando alegría y agrado. Es desconfiado, le cuesta tener intimidad, no se muestra.
Intenta mantener relaciones en las que tiene el control. Pueden mostrarse agresivos en momentos de estrés. Tiene problemas en situaciones sociales.
Miedo al abuso por parte de la pareja.
CONCLUSIÓN
El tipo de apego que establecemos con nuestros padres nos afecta en nuestras relaciones futuras. Siendo conscientes de nuestro tipo de apego podemos, poco a poco, transformarlo en un apego seguro.