• No se han encontrado resultados

0-6 MESES: LA CAPACIDAD DE SER CONFIANZA VS DESCONFIANZA

In document Abraza a Tu Niño Interior -242 (página 134-142)

P

reguntas: ¿es seguro para mí estar aquí, hacer saber mis necesidades y esperar

que me cuiden?

Cualidades a desarrollar: esta etapa tiene que ver con decidir, ser, vivir,

prosperar, pedir y esperar que nos vayan a satisfacer nuestras necesidades de niños. Si sentimos que nos satisfacen nuestras necesidades, esto nos hará confiar en nosotros mismos y en el mundo exterior. Confiaremos en los adultos que nos cuidan y cuando seamos adultos tendremos la capacidad de satisfacer nuestras propias necesidades. En esta etapa estamos conectados con una sensación interna de ser, de estar vivo, de estar en armonía con el entorno. En esta etapa nuestros padres son «el poder superior»; así pues, la manera en que los vivimos a ellos sienta las bases de la confianza en un poder superior. Por lo tanto, la fiabilidad y la constancia en

satisfacer nuestras necesidades permite que desarrollemos la habilidad de poder confiar en los otros y más tarde en el Ser Superior.

En los primeros meses de nuestra vida de bebés empezamos por desarrollar los cinco sentidos más el sentido propioceptor (o el lugar que ocupamos en el espacio). Conocemos el mundo a través de los sentidos: miraremos, escucharemos, chuparemos, cogeremos y oleremos todo lo que esté a nuestro alcance y nos moveremos pataleando, balanceándonos, desplazándonos; todos estos movimientos nos van a dar una sensación de nosotros mismos en el espacio. De niños necesitamos estímulos y la presencia de personas; aunque puede que no distingamos las personas significativas de los extraños en un primer momento, más tarde nos volveremos cautelosos y sí distinguiremos las personas conocidas de las extrañas.

En esta primera etapa el foco está en nuestro cuerpo, en nuestras sensaciones y emociones. Estamos plenamente en el aquí y ahora, no podemos ni sabemos estar en otra parte. Nuestras sensaciones corporales nos hacen conscientes de nuestra presencia física. Aunque en esta etapa no nos sentimos del todo diferenciados de nuestra madre, o cuidador primario, sentimos lo que sentimos, y sentimos lo mismo

que nuestra madre siente por nosotros . No tenemos capacidad de pensar. Sentimos

resonamos con ello, vibramos en la misma frecuencia y sentimos todo lo que sienten ellos. Luego si ellos se sienten bien, nos sentimos bien; si se sienten mal, nos sentimos mal. Captamos cada sensación, cada emoción, cada manifestación de amor, ternura, cariño. Cada gesto de acercamiento, alejamiento, aprecio, desprecio, disgusto, rechazo. Lo más importante para nosotros en este momento de nuestra

vida es lo que nuestra madre, padre o cuidador siente por nosotros, porque eso es lo que nosotros vamos a sentir.

Cuando estamos recién nacidos solo sabemos intentar ser y estar tranquilos, comer cuando tenemos hambre, hacer nuestras necesidades, utilizar nuestros sentidos y dormir. Los adultos podemos hacer una regresión espontánea a esta etapa cuando experimentamos ganas de simplemente estar en la cama y no hacer nada. O de necesitar dulces o llevarnos algo a la boca, y querer comer frecuentemente. También cuando no podemos pensar con claridad ni concentrarnos. Cuando queremos que los otros nos cuiden, de forma muy sensual, como necesitar que nos mimen, achuchen y abracen, estamos conectando con esta etapa.

Sentirnos bienvenidos nos produce alegría, y esta sensación de base es importante para nutrir y amplificar nuestra confianza a lo largo de nuestra vida. En esta etapa nuestros padres, probablemente sin ser conscientes, están preparando el terreno para que podamos confiar en algo más allá de nosotros mismos.

De recién nacidos buscamos vincularnos con los demás, y esto lo hacemos con lo que disponemos en esos momentos: las sensaciones y emociones. No podemos pensar, hablar, ni movernos de la cuna. En esta etapa somos completamente codependientes de nuestra madre o de nuestro cuidador primario. Dependemos de ella para sobrevivir y para que se ocupen de nuestras necesidades. En esta etapa no nos sentimos diferenciados del entorno: yo soy todo y todo es yo. Existe un nosotros y mi ser depende absolutamente de la persona que me ha correspondido como madre o quien me va a cuidar (si es una madre sustituta).

Estamos indefensos y nos sentimos vulnerables, pero normalmente descubrimos que llorando o gritando podemos recibir atención. Digo normalmente porque durante bastante tiempo ha estado de moda «educar» a los bebés para que dejaran de llorar, no respondiendo cuando lloraban para «acostumbrarlo a dejar de llorar». Lo que aprendemos de niños, si no nos atienden, es que llorar no sirve para nada. Que mi mamá viene cuando quiere y esto me hace sentirme solo, indefenso, asustado. Esta práctica nos envía las señales de: «Tus necesidades no son importantes, no estoy para cuando tú quieras». El que no nos hagan caso cuando lloramos y dejarnos llorar para que nos acostumbremos está generando apego evitativo; es decir, que en este caso terminamos desapegándonos emocionalmente porque llegamos a la conclusión de que no nos van a atender cuando lo necesitamos y dejamos de pedir. La respuesta de los otros a nuestros lloros o gritos nos indica que realmente importamos y que nos dan la bienvenida. Siempre que lloramos, expresamos una necesidad —física o

emocional— que requiere que nos atiendan, preferiblemente lo antes posible. Si nuestras necesidades emocionales no son satisfechas, algo se rompe en nuestro interior; nos sentimos solitos e indefensos. Nos sentimos inseguros, desatendidos, no queridos.

El que nos den de comer y para ello nos cojan en brazos nos conforta, pues nos sentimos conectados, protegidos, contenidos, y esto estimula todo nuestro sistema nervioso, que es muy importante de cara a nuestro desarrollo. Cuando nos cogen con amor, nos tratan con cuidado, nos acarician, nos limpian y cambian con atención y mientras nos hablan con un tono agradable que nos relaja y tranquiliza, esto nos envía un mensaje de: «Estás a salvo, puedes relajarte que yo te cuido», y hace que respiremos profundamente y que se active correctamente nuestro sistema inmune. Si en vez de este trato recibimos un trato brusco, fuerte, doloroso, nos estresamos y tensamos, respiramos entrecortadamente por la ansiedad que nos genera, es probable que lloremos y el mensaje que recibimos es: «Eres una carga, me llevas tiempo y esfuerzo». Esto para nosotros es devastador, nos conecta con el miedo y nos cambia la bioquímica, la energía, la sensación de nosotros mismos. Si se da de forma continuada y persistente, nos afecta profundamente, generando un trauma que nos va a afectar en el futuro.

Revivimos facetas de esta etapa cuando estamos esperando un bebé, las mujeres embarazadas, y cuando cuidamos de un bebé. También cuando estamos comenzando cualquier proceso nos sentimos torpes y vulnerables y nos conecta con esta etapa. Y cuando estamos sufriendo mucho estrés, o cuando hemos tenido una pérdida afectiva. En esos momentos conviene que busquemos tiempo y condiciones para simplemente descansar, cargar las pilas y darnos a nosotros el cuidado y cariño que necesitamos.

De bebés pasamos mucho tiempo simplemente siendo, y no podemos decir: «Me aburro». Puede que demandemos más atención, o puede que estemos bien solos, eso va a depender de nuestro temperamento. En los primeros meses estamos entretenidísimos explorando nuestro entorno y adquiriendo las habilidades que más adelante necesitaremos para aprender. Cuanto antes aprendan a respetar nuestras necesidades individuales de bebé, antes se desarrollará nuestra autoestima. Muchos, de bebés, fallamos en el aprendizaje, no porque no seamos inteligentes sino porque no nos entrenan adecuadamente. Parece que existe una progresión casi geométrica

entre la cantidad de atención y tiempo significativo dedicado a un niño y el desarrollo intelectual y emocional de este.

Vamos a intentar establecer contacto visual y sonreímos y hacemos ruiditos. Poco a poco vamos a desarrollar una sonrisa social. Es normal que nos guste el contacto social y prefiramos estar acompañados que solos. Preferimos mirar personas que objetos que hayan puesto a nuestro alrededor para estimularnos. Nos fijamos en las caras, puede que no las reconozcamos pero las sentimos diferentes, y

ya expresamos enfado y tristeza. Sonreímos con todo nuestro cuerpo cuando nos sonríen y lanzamos las manos, abriéndonos y levantando las piernas. Imitamos algunos movimientos y expresiones faciales. Nos intrigan los sonidos y nos volvemos hacia donde proceden, aunque prefiramos mirar y sentir a las personas. Nos gusta jugar y relacionarnos. Poco a poco vamos diferenciando a las personas y cada vez hacemos más ruidos y chillidos. El caso es que pasamos mucho tiempo observando, sintiendo, probando con sonidos, con movimientos: estamos

descubriendo lo que es ser.

De adultos, la mayoría ya hemos perdido esa capacidad de «ser», y es muy probable que nos hayamos convertido en personas de «hacer». Acaso nos imaginamos tomándonos un tiempo simplemente para sentirnos vivos, para sentir nuestro ser, para sentir nuestra respiración, nuestras sensaciones corporales, nuestros sentimientos y emociones dejando pasar los pensamientos y concentrándonos en ser, en estar en el aquí y ahora. Esto es mindfulness: aprender la atención plena, el estar presente en el aquí y ahora, el volver a simplemente ser, como éramos de bebés al nacer, sin juicio, solo amor, amabilidad, curiosidad, espontaneidad, naturalidad, dulzura. De bebés somos la máxima expresión de paz y armonía (si no duele nada, claro está), de disfrutar de la vida, de estar vivos, de ser uno con el todo, de estar conectados con nuestro origen, con nuestro auténtico ser, que a su vez está conectado con el Ser Superior.

Una vez que somos conscientes de las necesidades de esta etapa y de qué cualidades podemos desarrollar, si se han quedado bloqueadas, conviene que visitemos esta fase periódicamente y nos demos tiempo y nos «recarguemos las pilas», cuidándonos a nosotros mismos, mimándonos y animándonos. Antes de empezar a hacer nada tenemos que establecer nuestro poder interior. Debemos aprender a escuchar nuestro cuerpo, ser conscientes de que sin él no estaríamos aquí y saber apreciarlo y cuidarlo. Conviene que nos familiaricemos con él y nutrirlo adecuadamente, de la misma forma que lo haríamos para alguien a quien amamos, o con un bebé que está a nuestro cuidado.

Ya sé, nos cuesta acariciarnos, tocarnos, ser sensuales con nosotros mismos, pero si no aprendemos a serlo tampoco podremos hacérselo a los demás ni apreciarlo cuando sean sensuales con nosotros. Muchos de nosotros tenemos dificultad con que nos toquen, acaricien, abracen, y esto tiene que ver con cómo nos tocaron cuando éramos niños. Una vez que hemos reconectado con nosotros mismos, entonces podemos conectar con los demás; si conectamos con los otros para que completen o suplan nuestras necesidades y carencias, nos volvemos dependientes y no podremos valernos por nosotros mismos. Las relaciones satisfactorias se basan en dos personas que están bien por sí mismas, pero que juntas están todavía mejor.

Esta etapa tiene que ver con la necesidad relacional de respeto . Aunque seamos bebés necesitamos que nos respeten como seres únicos, a los que hay que

tratar bien, y tener nuestras necesidades en cuenta. No por ser un bebé se nos puede obligar, forzar y querer que nos adaptemos a lo que desean los mayores. La causa de que se queden cualidades nuestras, de esta etapa, sin desarrollar es que nos hayan tratado de la forma que viene a continuación:

Comportamientos parentales negativos:

No tratar al niño con cariño y amor. No responder a las señales del bebé. Tratar al bebé con brusquedad y rigidez.

Transmitir al niño sus problemas emocionales. Falta de protección del niño y de un entorno seguro. «Castigar al niño».

Diálogo interno: de bebés, si no nos proporcionan lo que necesitamos, aunque

no pensemos, llegamos a las siguientes deducciones: «No soy importante o valioso», «Mis necesidades no son importantes, las de los demás son importantes», «Molesto», «No confío en que soy bienvenido», «No me quieren». Y estos pueden ser los mensajes inconscientes que ahora no nos impulsan a satisfacer nuestras propias necesidades o a hacer el diálogo interno que escuchamos cuando nos apetece cuidarnos.

Autosabotaje: si no nos hemos sentido bienvenidos al mundo, si nuestras

necesidades no fueron atendidas como necesitábamos, una parte nuestra (ojo, que digo una parte) se rechaza a sí misma, no se acepta totalmente, y esto hace que tengamos comportamientos destructivos (en vez de constructivos). Entre los comportamientos destructivos está el negarnos nuestras necesidades, intentar bloquear las emociones de enfado, tristeza y miedo. En vez de buscar la proximidad física y emocional, nos retiramos o nos ponemos en marcha para no sentir el dolor del vacío que ha dejado la falta de conexión y contacto con nuestra madre o con un cuidador primario, que habría podido reparar en esa carencia. Podemos sustituir afectos; la frustración de base, con poner buena cara, la sensación de soledad siendo socialmente correctos, pero lo que queda es una rigidez, tensión y falta de contacto que se transpira aunque no nos demos cuenta.

Claves de que hay fallos en esta etapa:

No confiar en los otros, creer que los otros nos van a fallar. Esperar que los otros sepan lo que quiero sin pedirlo.

No saber lo que queremos, creer que no necesitamos nada, sentirnos entumecidos.

Creer que las necesidades de los otros son más importantes que las nuestras.

No permitir que nos toquen o, por el contrario, necesitar tocar compulsivamente.

Evitar hablar de nosotros mismos, especialmente dar información negativa.

Acciones reparativas:

Aprender a confiar en uno mismo y en otros adultos. Buscar maneras de obtener nuestras necesidades. Aprender a dejarnos tocar cuando nos apetece. Aceptar el cariño de los otros.

Vincularnos emocionalmente. Pedir que nos den cariño.

Afirmaciones para el ser:

Bienvenido al mundo, celebro que estés aquí. He preparado un lugar especial para ti.

Voy a cuidar de ti y hacer que estés a gusto. Me alegro que seas un(a) niño(a).

Te quiero tal y como eres.

Te prestaré toda la atención que necesitas.

Tus necesidades y seguridad son importantes para mí. Me gusta estar contigo, cogerte, hablarte, acariciarte.

Me gusta darte de comer, bañarte, cambiarte y pasar el tiempo contigo. Puedes sentir todas tus sensaciones y emociones.

Ejercicio de narración: imagina que acabas de nacer, ¿quién está ahí, quién

viene a visitarte? ¿Cómo te sientes tratado, qué sensaciones corporales te producen las diferentes personas de tu entorno? Tienes la sensación de que hay gente, ruido, o de que te sientes solito(a) y no escuchas, ni observas cambios, ves a gente o solo puedes atisbar los límites de tu cuna. Con estas sensaciones, ¿cómo te sientes? ¿Qué emociones/sentimientos resultantes hay de esta etapa de tu vida?

Reflexiones:

¿Qué significa la confianza para ti?

¿Con quién sientes que puedes confiar más, con quién menos?

¿Te consideras una persona confiable? Si es así, ¿eres tú digno/a de confianza?

¿Cómo te sientes dependiendo de alguien, o si alguien es dependiente de ti?

¿Crees que tienes derecho a tener necesidades o te da miedo aceptar que las tienes?

Nota: las respuestas que tú tengas a estas preguntas van a estar relacionadas con tu experiencia de la etapa en cuestión. No se pueden contestar ni bien ni mal; la forma en que respondas es un reflejo de lo que eres. Si hay situaciones traumáticas en esta etapa, se repetirán en las siguientes, esperando resolverse, y seguiremos manifestando este tipo de dificultades siendo adultos hasta que trabajemos el trauma pendiente.

Comprobación de que has desarrollado las destrezas de esta etapa:

Cuando reconoces la diferencia entre yo soy y yo hago, es decir, nuestra existencia frente a nuestros comportamientos.

Cuando pides respeto y esperas que los demás te traten con consideración y cuidado.

Cuando puedes confiar en que los demás tienen buenas intenciones. Cuando puedes y quieres relacionarte emocionalmente con los demás. Cuando te permites tocar y ser tocado/a.

Cuando sabes cuidar de tus necesidades y hacer lo mismo con los demás. Cuando puedes ser y mostrar tu sensualidad.

14

ETAPA 2

6-18 MESES: LA CAPACIDAD DE HACER. VOLUNTAD VS.

In document Abraza a Tu Niño Interior -242 (página 134-142)