CAPÍTULO IV: PRESENTACIÓN DE LOS RESULTADOS DEL ANÁLISIS
4.1 Presentación de resultados del análisis textual de El alquimista a
4.1.4 Las incoherencias de El alquimista
4.1.4.1 Aplicación del instrumento para detectar incoherencias
INCOHERENCIAS
P
ág
in
a
Cita textual Contextualización Explicación
1
“Había estado hasta los dieciséis años en un seminario. Sus padres querían que él fuese cura, motivo de orgullo para una simple familia campesina que trabajaba apenas para poder comer, como sus ovejas. Estudió latín, español y teología”. (p. 25).
Recuento de las actividades
desarrolladas en el pasado por Santiago.
Al encontrarse con la vieja gitana, Santiago le pregunta cómo puede llegar a Egipto. Es posible que la pregunta se refiera al recorrido que debe realizar para llegar a este lugar. Sin embargo, más adelante, cuando llega casualmente al puerto, queda evidenciado que la pregunta que le hizo a la gitana fue por la ubicación de este país. Esto resulta muy incoherente, ya que Santiago, según lo que aparece referido textualmente en varios pasajes de la historia, ha estudiado latín, español y teología, ha leído un libro de historia y ha pasado varios años en un seminario.
“-¿Y cómo voy a llegar hasta
Egipto?”. (p. 33). Santiago pregunta ala vieja gitana. “Comenzó a caminar sin
rumbo por la ciudad, y llegó hasta el puerto. Había un pequeño edificio, y en él una ventanilla donde la gente compraba pasajes. Egipto estaba en África”. (p. 44).
Descripción de lo que hace Santiago
después de
conversar con el rey de Salem.
“[…] no podía creer lo que estaba viendo: en vez de ser un pozo rodeado de palmeras –como había leído cierta vez en un libro de historia-, el oasis era mucho mayor que muchas aldeas de España”. (p. 114).
Impresiones de Santiago al llegar al oasis de al-Fayum.
2
“El muchacho quedó
realmente impresionado con lo que vio, y recordó el brillo que había notado el día anterior. El viejo llevaba un pectoral de oro macizo, cubierto de piedras preciosas.
“Era realmente un rey. Debía de ir disfrazado así para huir de los asaltantes”. (p. 48).
Santiago observa el pectoral que cuelga del cuello del rey de Salem, mientras conversan en la plaza.
Santiago deduce que el rey de Salem va disfrazado para evitar que le roben su pectoral de oro con piedras preciosas. La deducción es ilógica. ¿Cómo es posible que alguien con los poderes que tiene el rey de Salem necesite huir de los asaltantes? Con semejantes poderes es muy ingenuo imaginar una situación en la que lo puedan robar.
3
“Recordó que cuando aquél sol había nacido por la mañana, él estaba en otro continente, era un pastor, tenía sesenta ovejas y una cita concertada con una chica”. (p. 57).
Se trata de un recuerdo que le llega a Santiago en la plaza de mercado de Tánger, después de que le robaron el dinero.
Esto es falso, la cita con la chica nunca fue concertada. En el capítulo donde conoce a la chica solo dice que se entretuvieron hablando hasta que llegó el padre de ella, esquiló las ovejas y le pidió que volviera al siguiente año. Pero nunca concertaron cita.
4
“No había ni dolor, ni sufrimiento, ni decepción; solo una mirada vacía a través de la pequeña puerta del bar, y unas tremendas ganas de morir, de que todo se acabase para siempre en aquel instante.
[…]
“-Trabajaré con usted –dijo. Y después de otro largo silencio, añadió: - Necesito dinero para comprar algunas ovejas”. (p. 67). Descripción de las emociones que experimenta Santiago cuando el Mercader de Cristales le informa que Tánger está separada por miles de kilómetros de Egipto.
Si no hay dolor, ni sufrimiento, entonces ¿por qué desea tremendamente morir? El hecho de que desee morir solo indica que hay una necesidad de abandonar la vida por una razón que se fundamenta en la desgracia.
Además, si acababa de sentirse con ganas de morir, cómo es posible que casi de inmediato diga algo que significa emprender un nuevo proyecto, aferrarse a la vida, el comprar nuevas ovejas.
5
“En cuanto se sentaron [Santiago y el Mercader] en la única mesa existente, el Mercader de Cristales sonrió. “-No era necesario limpiar nada –dijo-. La ley del Corán obliga a dar de comer a quien tiene hambre.” (p. 65).
Es lo que le dice el
Mercader de
Cristales a Santiago, después de que éste
limpió los jarros. El personaje del Mercader deCristales está mal construido. Primero el autor lo presenta como un hombre caritativo, que accede sin decir una sola palabra a que Santiago limpie los jarrones, que luego lo invita a comer y que incluso le propone con cierta insistencia que se quede trabajando para él. Es, de acuerdo a esos pasajes, una persona amable y bondadosa. Pero luego, un mes después, el Mercader aparece retratado como un viejo refunfuñón y cascarrabias que fastidia a Santiago.
“-Me gustaría que trabajases en mi tienda. Hoy entraron dos clientes mientras limpiabas los jarros, y eso es buena señal”. (p. 66).
Es la propuesta que le hace el Mercader de Cristales a Santiago.
“El Mercader se pasaba el día entero refunfuñando detrás del mostrador, pidiéndole que tuviera cuidado con las piezas, que no fuera a romper nada. Pero continuaba en el empleo porque a pesar de que el Mercader era un viejo cascarrabias no era injusto”. (p. 71).
Descripción de la actitud del Mercader después de un mes de que Santiago trabaje en su tienda.
6
“Frente a él [frente a Santiago] había un europeo que también iba leyendo”. (p. 91).
Santiago espera en un almacén y observa al Inglés.
¿Por qué el narrador emplea el verbo “iba” para referir la acción del Inglés? En realidad, ni Santiago ni el Inglés están aún en la caravana. Ambos esperan en un almacén. Es posible, sin embargo, que el original en portugués no presente este error, sino que se trate de una falla de la traducción.
“-Teneís suerte –dijo el árabe gordo-. Esta tarde sale una caravana para al-Fayum”. (p. 93).
El jefe del almacén donde conversan Santiago y el Inglés los interrumpe.
7
“El Inglés llevaba varias maletas llenas de libros”. (p. 94).
Descripción del equipaje del Inglés y de las impresiones de Santiago sobre
ese equipaje,
durante el viaje por el desierto en la caravana.
Santiago, quien aún no traba amistad con el Inglés, siente lástima del camello del Inglés, porque “iba cargado con pesadas maletas llenas de libros”. Sin embargo, después de trabar amistad con el Inglés, le pide sus libros prestados para leerlos. Aquí se presentan las dos primeras incoherencias. La “Al muchacho le dio lástima el
camello del Inglés: iba cargado con pesadas maletas llenas de libros”. (p. 95).
“El único que no se enteraba de todo eso era el Inglés, pues pasaba la mayor parte del tiempo sumergido en la lectura de sus libros”. (p. 98).
primera: ¿Para qué le pide todos los libros si solo va a poder leer uno a la vez? La segunda: ¿Por qué ahora Santiago no siente lástima de su propio camello, que tendrá que cargar con el peso de las “maletas llenas de libros”?
Ahora bien, después de que Santiago ha pedido todos los libros prestados, el narrador comenta con cierto tono de sorpresa y de admiración que el Inglés andaba un poco malhumorado. Pero si es apenas lógico que esté enfadado con Santiago, por haberlo dejado sin los libros que mantenía leyendo a todo momento, en los que se entretenía sumergiéndose en la lectura.
“-Tengo que prestar más atención a la caravana -dijo por fin el Inglés.
“-Y yo tengo que leer sus libros -dijo el muchacho”. (p. 102).
“Eran libros extraños. Hablaban de mercurio, sal, dragones y reyes, pero él no conseguía entender nada”. (p. 103).
[Santiago] Notó que el Inglés andaba un poco malhumorado por la falta de sus libros”. (p. 106).
“Un buen día el muchacho devolvió los libros al Inglés”. (p. 107).
Acción realizada por Santiago en el transcurso de la caravana en que viaja por el desierto.
8
“El muchacho no podía creer lo que estaba viendo: en lugar de ser un pozo rodeado de palmeras –como había leído cierta vez en un libro de historia-, el oasis era mucho mayor que muchas aldeas de España. Tenía trescientos pozos, cincuenta mil palmeras datileras y muchas tiendas de colores diseminadas entre ellas”. (p. 114).
Impresiones de Santiago al llegar al oasis de al-Fayum.
Santiago ha leído un libro de historia donde hablan de un oasis, ha estudiado latín, español y teología, ha pasado dos años en un seminario, pero, a pesar de esos conocimientos, su idea de un oasis es lo más parecido a una caricatura.
9
“Los labios finalmente decidieron ofrecer una sonrisa, y aquello era una señal, la señal que él esperó sin saberlo durante tanto tiempo en su vida, que había buscado en las ovejas y en los libros, en los cristales y en el silencio del desierto”. (p. 119).
Efecto que causa en Santiago la sonrisa de Fátima, al verla por primera vez en el pozo de al-Fayum.
Santiago interpreta la sonrisa de Fátima como una señal, “la señal que esperó sin saberlo durante tanto tiempo en su vida”. Ahora resulta que él había estado esperando sin saberlo una señal. Pero en ningún momento del texto se habló de que esperara una señal.
10
“El muchacho notó que el miedo flotaba en el aire, aunque nadie dijese ni una palabra”. (p. 100).
Impresión que le genera a Santiago la noticia de que hay guerra entre los clanes.
La guerra entre los clanes genera mucho temor entre los que viajan en la caravana a través del desierto. Sienten que en cualquier momento los pueden atacar. Al llegar a al-
“El silencio era más terrible por la noche, cuando un simple relincho de camello –que antes no pasaba de ser un relincho de camello- ahora asustaba a todos, y podía ser una señal de invasión”. (p. 109).
Descripción del miedo que sienten los integrantes de la caravana ante la posibilidad de un ataque.
Fayum, el Jefe de la Caravana indica que solo partirán de ese lugar cuando la guerra haya terminado. Días después les anuncia que la guerra puede prolongarse por años, es decir, pueden pasar varios años ahí sin continuar el camino, sin seguir hacia su destino. Es un anuncio muy grave, dado que todos los integrantes de la caravana habían estado muy preocupados porque los efectos de la guerra les impedirían continuar su camino, llegar a su destino. Sin embargo, a pesar de la gravedad del anuncio del Jefe de la Caravana, nadie pregunta nada, nadie se preocupa, nadie dice nada. Es como si esa información tan grave no le importara a nadie, como si de un momento a otro desapareciera la preocupación y el miedo que antes expresaban.
“Permanecerían allí [en al- Fayum] hasta que la guerra entre los clanes hubiese terminado”. (p. 115). Es una de las instrucciones que da el Jefe de la Caravana a quienes viajan en la caravana. “-No sabemos cuándo se va
acabar la guerra, y no podemos seguir viaje –dijo-. Los combates duraran mucho tiempo, tal vez muchos años. […]
“Las personas se dispersaron”. (p. 122).
Palabras del Jefe de la Caravana a todos los integrantes de la caravana mientras permanecen en al- Fayum. 11
“Había oído hablar de los espejismos, y ya había visto algunos: eran deseos que se materializaban sobre la arena del desierto”. (p. 125).
Impresiones de Santiago al caminar por el desierto.
Pero ¿cuándo vio espejismos? Eso es algo que hasta ese momento no ha sucedido en la historia.
12
“De repente oyó un estruendo y fue arrojado súbitamente a tierra, por el impacto de un viento que no conocía. El lugar se llenó de una polvareda tan grande que casi cubrió la luna. Y, ante él, un enorme caballo blanco se alzó cobre las patas y dejó oír un relincho aterrador.
“El muchacho casi no podía ver lo que pasaba, pero cuando la polvareda se asentó un poco, sintió un pavor como jamás había sentido antes. Sobre el caballo había un caballero vestido de negro, con un halcón sobre su hombro izquierdo. Usaba turbante, y un pañuelo le cubría todo el rostro, dejando ver solo sus ojos. Parecía un mensajero del desierto”. (p. 135). Descripción del momento en que el Enemigo (posteriormente Alquimista) se aparece ante Santiago. El Alquimista se presenta de un modo aterrador, con viento que levanta polvareda, estruendos y una apariencia amenazante, en un caballo blanco, con una “enorme” espada curva sujeta a la silla. Todo lo hace parecer un ser amenazante, un tipo de guerrero espectral o fantasmagórico que en el texto es, incluso, llamado el Enemigo. De hecho, la sensación que experimenta Santiago es de pavor. Sin embargo, de modo incoherente, el narrador concluye que “parecía un mensajero del desierto”. En realidad, la apariencia de ese ser puede prestarse para muchas comparaciones, pero de ninguna manera con un mensajero.
13
“-Si llegan los guerreros, y tu cabeza aún está sobre los hombros después de la puesta de sol, búscame –dijo el extraño”. (p. 137). Palabras del Alquimista a Santiago, para proponerle encuentro después de la invasión de los guerreros al oasis de al-Fayum. El Alquimista, en su primer encuentro con Santiago, le propone que si sobrevive a la invasión de guerreros se encuentren. Así lo hace Santiago. Sin embargo, cuando se encuentran, lo primero que hace el Alquimista es decirle que no debería estar ahí. ¿Pero acaso no fue él mismo quien lo citó? Santiago solo ha ido a cumplir con lo que el Alquimista mismo le dijo. El reclamo del Alquimista, por esa razón, es incoherente.
“-Aquí estoy –dijo el muchacho.
“-Pero no es aquí donde deberías estar –respondió el Alquimista- ¿O tu Leyenda Personal era llegar hasta aquí?”. (p. 140). Conversación entre el Alquimista y Santiago cuando se encuentran después de la invasión de los guerreros al oasis de al-Fayum. 14
“El muchacho apareció con un caballo en la tienda del Alquimista. Esperó un poco y él apareció montado en el suyo y con un halcón en el hombro izquierdo”. (p. 143).
Acciones que
realizan Santiago y el Alquimista en su tercer encuentro, cuando salen en sus caballos al desierto.
Santiago va con un caballo a la tienda del Alquimista. No se sabe si va montado en el caballo o caminando a su lado. Luego aparece el Alquimista con un caballo, y es claro que va “montado”. Sin embargo, el narrador, unas pocas líneas más adelante, indica que ambos “comenzaron a caminar”, lo cual es incoherente: el único que puede ir caminando es Santiago; es imposible que el Alquimista esté caminando porque ya se dijo que él estaba montado en su caballo. Más adelante, el caballo de Santiago salió corriendo hasta detenerse en un lugar. El Alquimista y Santiago van hasta ese lugar. El narrador dice que “desmontaron”, lo cual es imposible ya que en ese lugar se encontraba el caballo de Santiago.
“Comenzaron a caminar por las arenas, con la luna aún brillando sobre ellos”. (p. 143). “Al momento [Santiago] soltó las riendas de su caballo, que corrió libremente por las piedras y la arena. El Alquimista lo seguía en silencio. El caballo del muchacho anduvo suelto casi media hora […]. De repente, en un lugar donde jamás había estado antes, el muchacho notó que su caballo paraba”. (p. 143).
“Desmontaron. El Alquimista no dijo nada”. (p. 144).
“Montaron en sus caballos”. (p. 183). Acciones que realizan Santiago y el Alquimista al llegar y luego al abandonar el monasterio copto. “El muchacho aproximó su
caballo”. (p. 184).
“El Alquimista espoleó su caballo” (p.186).
“El muchacho caminó dos horas y media por el desierto,
procurando escuchar
atentamente lo que decía su corazón”. (p. 187).
“Habían caminado un mes por el desierto”. (p. 187).
Referencia de tiempo desde que Santiago y el Alquimista fueron liberados.
15 “-Adiós –dijo el Alquimista.“-Adiós –repuso el muchacho”. (p. 186). Diálogo de despedida entre Santiago y el Alquimista.
¿Por qué razón el narrador dice “repuso”, si Santiago no está contraviniendo, aumentando ni modificando lo que acaba de decir el otro? Es posible, sin embargo, que el original en portugués no presente este error, sino que se trate de una falla de la traducción.
16
“Recordó, antes de dormir, que tenía que comenzar a leer libros más gruesos: se tardaba más en acabarlos y resultaban ser almohadas más confortables […]”. (p. 19). Santiago se dispone a descansar en la iglesia a donde ha llegado después de su jornada de pastoreo. Santiago es presentado en la novela como un lector. Siempre tiene un libro de cabecera, le gusta cambiar libros y desea un libro más grueso para tardar más en leerlo, además, en un pasaje aparece que su gusto de lectura se inclina hacia las historias de aventureros. Sin embargo, esta característica de Santiago no está desarrollada coherentemente en la historia. Su afición a la lectura únicamente se materializa cuando le pide los libros prestados al Inglés y lee algunos de ellos, aunque sin entender nada. De resto, la lectura en Santiago es más bien un acto de desinterés. Así queda demostrado cuando llega a Tarifa y cambia el libro que tenía por uno más grueso. El cambio se lo realizó un cura que no aparece más en la historia. Después se sienta a leer el libro en un banco. Luego, cuando va hacia el desierto, es decir, casi un año después, dice: “Hace casi dos años que empecé a leerlo y no consigo pasar de estas páginas”. En primer lugar, hay un error cronológico. No son dos años, es un año. En segundo lugar, no puede ser considerado como verdadero lector quien lleve tanto tiempo sin leer. Tal vez, al autor se le olvidó esa característica de su personaje y por ello no la trabajó o la reforzó.
“Empezó a leer el libro grande que le había conseguido el cura de Tarifa. Era un libro grande, que hablaba de un entierro ya desde la primera página”. (p. 35).
Santiago se
encuentra sentado en un banco, en una plaza de Tarifa, leyendo un libro que le ha dado un cura. “La noche anterior había
escogido ser un aventurero, igual que los personajes de los libros que solía leer”. (p. 61).
Es lo que piensa Santiago cuando despierta en el mercado de Tánger, al día siguiente que lo robaron.
“Tiene gracia –pensó el muchacho, mientras intentaba leer otra vez la escena del entierro con que comenzaba el libro-. Hace casi dos años que empecé a leerlo y no consigo pasar de estas páginas”. (p. 91).
Pensamientos y
acciones de
Santiago cuando empieza su viaje a través del desierto en la caravana. “El muchacho también tenía
un libro que había intentado leer durante los primeros días de viaje. Pero encontraba mucho más interesante contemplar a la caravana y escuchar el viento”. (p. 98).
Actitud de Santiago durante el viaje por el desierto en la caravana.
17
“El viejo, sin embargo, insistió. Explicó que estaba cansado, con sed, y le pidió un trago de vino. El muchacho le ofreció su botella; quizás así se callaría.
“Pero el viejo quería conversación. Le preguntó qué libro estaba leyendo. Él pensó en ser descortés y cambiarse de banco”. (p. 35-36). Momento en que Santiago, sentado en la plaza de Tarife, conoce al rey de Salem.
Mientras espera la caravana que se dirige al desierto el narrador dice que Santiago “No quería hacer nada que le hiciese parecerse a aquel europeo”, porque el europeo, es decir, el Inglés, se comportó de manera descortés al interrumpir la conversación que Santiago quiso plantearle. Pero ¿acaso no fue esa