MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL
2.2 Bases teóricas
2.2.2 Hábitos de estudio
2.2.2.2 Aportes de los paradigmas
Indudablemente, los hábitos de estudio han sido, y siguen siendo, una variable muy interesante a investigar, en la medida que tanto a nivel escolar como a nivel superior, se siguen presentando dificultades en la ejecución de su práctica y por consiguiente, es una de las causas que sobresalen al analizar los problemas en el rendimiento académico del alumno.
Sin embargo, los diferentes estudios también obedecen a una percepción particular del investigador, quien a partir del paradigma teórico que asume se centra en determinados aspectos, por ello, a continuación se analizan algunos paradigmas y su perspectiva sobre los hábitos de estudio:
A partir del paradigma conductista se ha pretendido conocer cuáles son las situaciones que anteceden a la conducta de estudio, y así poder encontrar los refuerzos más apropiados a fin de lograr el rendimiento académico esperado. Martínez-Otero y Torres (2005) refieren que, para los conductistas, el estudio es una compleja secuencia de acciones, la cual se inicia con la elección del tema, seguido de la organización del material, luego la lectura del texto y finalmente,
la adquisición de contenidos, por ello, algunas de las consideraciones ofrecidas por este paradigma respecto al estudio, según dichos autores, son las siguientes: Las condiciones del estudio deben ser apropiadas: Temperatura, ventilación,
mobiliario, iluminación, organización de materiales, tiempo de estudio, horarios, etc.
Hay que dar a conocer al alumno técnicas de estudio: Diferenciación entre ideas principales y secundarias, realización de esquemas y resúmenes, utilización de diccionarios, manejo de ficheros, etc.
Estructurar la tarea de estudio, dividiéndola en sus componentes específicos y desarrollando el aprendizaje gradualmente.
Tener en cuenta la curva de aprendizaje: Precalentamiento, ascenso, meseta, descenso y fatiga.
Incluir períodos de descanso que permitan disminuir el cansancio y potenciar el aprendizaje.
Potenciar la motivación del alumno por el estudio.
Utilizar refuerzos que faciliten y consoliden los hábitos y técnicas de estudio.
Al respecto, se observa que este paradigma trata de promover hábitos de estudio que sean controlables desde el exterior, por lo cual ha sido criticado, planteándose desde otras perspectivas, puntos de vista diferentes.
A diferencia del paradigma conductista, el paradigma cognitivo centra su interés en el aprendizaje de contenidos y, por tanto, enfatiza la importancia de la memoria, la codificación y la recuperación informativa. Para Martínez-Otero y Torres (2005), las principales aportaciones de este enfoque son las siguientes: La memorización de contenidos informativos representa el proceso más
característico de la conducta de estudio.
Hay un interés especial por las estructuras y procesos cognitivos más relevantes: Almacenes informativos, representaciones mentales, relación entre informaciones previas y nuevas, leyes del olvido, etc.
La mente es un “sistema constructor” de la información.
La estructura del texto se corresponde con las estructuras mentales. De acuerdo con este principio, el texto es un medio extraordinario para comprender el funcionamiento de la mente humana y la actividad de estudiar. Para mejorar el estudio es imprescindible desarrollar ciertas operaciones
cognitivas.
Las técnicas de trabajo intelectual adquieren especial importancia en el estudio, porque permiten entrenar al alumno en determinadas estrategias de atención, elaboración y organización de la información, al tiempo que se favorece la metacognición o regulación de los propios procesos de pensamiento y de aprendizaje.
Como se observa, este paradigma evidencia una marcada preocupación por los procesos mentales, pero no se preocupa por aquellos procesos internos o intrínsecos que también afectan a la realización efectiva de la tarea educativa. En cambio, el paradigma humanista parte de la idea de que cualquier plan de adquisición de hábitos de estudio debe partir de las necesidades, capacidades, afectos, actitudes y valores de los alumnos, por lo que le da importancia al estudio de las variables afectivas, grupales y sociales, apenas tomadas en cuenta por los paradigmas conductista y cognitivo, y esto debido a que los humanistas asumen que el estudio es una vertiente del proceso de crecimiento personal que supone el desarrollo armónico de la inteligencia, la voluntad y la creatividad. Desde este enfoque integral de la persona, se llena el vacío que dejan los investigadores de la conducta y de la cognición si se considera al estudio como una parte del proceso de formación total, lo cual lleva a afirmar que para entender el procesamiento de la información y la representación del conocimiento, al igual que las acciones más o menos ordenadas y observables que realiza el alumno para la obtención de determinados resultados, es necesario apelar a otras dimensiones como la de la autoestima y el autoconcepto, la motivación y los intereses, el auto-control, las expectativas de éxito adaptadas de forma realista a sus auténticas posibilidades, el clima social del aula y de la institución educativa, el ambiente familiar, la cooperación entre alumnos, etc. (Martínez-Otero y Torres, 2005).
En efecto, todas esas dimensiones alejadas de los pensamientos derrotistas o de la falta de reconocimiento del valor del esfuerzo, son variables importantes que determinan la motivación del estudiante y la satisfacción personal en su trabajo,
aunque a veces se obtengan algunos fracasos. Para Montanero y González (2002), con frecuencia el adolescente desarrolla todo un sistema de motivaciones incompatible con las metas escolares. Dicho sistema de motivaciones se caracteriza por contener metas a largo plazo que apenas generan recompensas materiales, de modo que, si el alumno no desarrolla también una satisfacción intrínseca con la realización de las tareas de aprendizaje y con el sentimiento de competencia que pueden proporcionar, es muy difícil que consiga movilizar los recursos personales y el considerable esfuerzo que el éxito académico demanda, lo que significa la imposibilidad de desarrollar hábitos de estudio.
Como se puede entender, la importancia de los hábitos de estudio ha sido entendida por las diferentes propuestas teóricas, sin embargo, se considera importante profundizar en el concepto que se tiene del estudio, ya que en cierta forma, la adquisición de dichos hábitos sólo cobran importancia y significatividad en tanto sean asociados a la actividad de estudiar.
2.2.2.3 El estudio
En la actualidad se dice que un país no progresa si no está constituido por personas con cierto nivel de educación, es más, no basta con asistir a la escuela o saber escribir y leer aunque sea mecánicamente, al contrario, en los momentos actuales se requiere de personas especializadas en diversos campos, tanto técnicos como científicos, por lo que la actividad de estudiar está cobrando cada día mayor importancia en la vida de niños y adolescentes quienes, sin ser concientes de lo que les ocurre, están accediendo a un mundo de informaciones
cada vez más prolífico e interesante. Un ejemplo de ello es el uso del internet, el cual lejos de alejarlos de la lectura, los acerca, en la medida que deben saber leer para entender y utilizar los beneficios que ofrece este instrumento a esta era globalizada.
Por ello, se considera importante analizar el sentido de la palabra estudiar, en la medida que, mínimamente, las personas pasan 10 años de su vida en un sistema que los prepara, a través del estudio, para el proceso de inserción social que iniciarán una vez terminada la educación secundaria, e incluso, muchas personas optarán por continuar en una línea de desarrollo educativo que los prepare como profesionales, por lo cual incrementarán el tiempo de estudio de 3 a 6 años más, sin contar con los años siguientes de perfeccionamiento laboral.
En fin, pareciera que la persona nunca deja de estudiar, por lo que es importante que desarrolle una serie de hábitos a fin de alcanzar logros a este nivel, pero primeramente, antes de conocer cuáles son los hábitos de estudio y cómo se consiguen, sería recomendable que se defina qué se entiende por estudio.
El estudio es entendido por muchos autores como una actividad eficaz para adquirir conocimientos, básicamente académicos o de perfeccionamiento laboral, y por lo tanto, su objetivo central es el aprendizaje (Cuenca, 2000). Como se sabe, cada persona tiene una forma particular y concreta de estudiar, pero en todos los casos, siempre existen formas de mejorar la actividad de estudiar.
Océano Grupo Editorial (1999) refiere que existen tres razones básicas para estudiar:
El estudio tiene aplicación inmediata en la mejora del rendimiento escolar;
Tiene efectos a medio plazo puesto que el alumno podrá terminar el año escolar con éxito; y,
A largo plazo, ayuda al estudiante a ser un buen profesional, ya que muchas de las técnicas aprendidas se transferirán al trabajo fuera del aula.
Como se puede ver, el estudio tiene una importancia tanto a corto como a mediano y largo plazo, sin embargo, existen una serie de razones o factores por los cuales los alumnos no realizan a cabalidad esta actividad. Cuenca (2000) menciona algunas de las razones por los que los alumnos no estudian: a) Falta de estímulos socioambientales o familiares; b) Retraso madurativo durante los primeros niveles escolares; c) Enfermedades prolongadas; d) Dificultades de coordinación en los movimientos corporales, problemas de lateralización u orientación espacio-temporal, etc.; y e) No saber aprender, por desconocer absolutamente las técnicas de estudio.
Cuenca (2000) refiere que el profesor puede colaborar en el aprendizaje de sus alumnos pero deberá evitar siempre hacer o descubrir nada que el alumno esté en condiciones de lograr por sí solo, pues en caso contrario le impedirá aprender.