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Aportes y giros conceptuales en la tradición vindicativa de Hughes

Las valiosas generalizaciones sobre el desarrollo de la tecnología que Hughes logró presen- tar en su esquema conceptual, abrió las puertas al tratamiento sociológico completo de los grandes sistemas tecnológicos (Aibar, 1996). Los novedosos aportes de Networks... provoca- ron fascinación en investigadores de la técnica de diversas disciplinas; algunos de los cuales se inclinaron hacia el enfoque de la construcción social de los sistemas tecnológicos, mientras que otros se concentraron en el objeto específico, el gran sistema tecnológico, y su rol en la sociedad moderna (Mayntz y Hughes, ibíd.). Repasaremos, ahora, algunas contribuciones efectuadas por autores que recibieron el influjo de Hughes y se sumaron al campo de estudios de los GST.

El sociólogo alemán Bernward Joerges definió a los grandes sistemas tecnológicos como “sis-

temas de maquinarias y estructuras independientes que realizan complejas operaciones de estandarización, más o menos fiable y predeciblemente, por el hecho de estar integrados con otros procesos sociales y que son gestionados y legitimados mediante una racionalidad for- mal, intensiva en conocimiento e impersonal” (Joerges, 1988, p. 23-24). Y agrega que: “[son] sistemas complejos y heterogéneos de estructuras físicas y maquinarias complejas que están materialmente integrados, o “acoplados”, a través de grandes extensiones de espacio y tiem- po; independientemente de las particularidades culturales, políticas, económicas y corpora- tivas; y que sostienen el funcionamiento de un gran número de otros sistemas técnicos, cuya organización, de esa forma, queda ligada” (p. 24).6 Afinando la visión, este autor propondrá una tipología en la que separa “grandes programas tecnológicos” –en la línea de la Big Tech- nology– y “grandes redes tecnológicas”, que conectan a operadores-controladores y usuarios, siendo éstos últimos sistemas análogos a los de Hughes (Joerges, 1996).

Linares coincide en calificar a los grandes sistemas tecnológicos por su gran alcance espacial y temporal, inclusive global, y arguye que mediante su describirlos es posible encontrar cualida- des isomórficas con el mundo tecnológico en su totalidad (integración y encadenamiento de sus componentes, extensión espaciotemporal, imprevisibilidad y ambivalencia de sus efectos, etc.) (Linares, 2008, p. 393-394). La “gran escala” no es una mera cualidad física del tamaño de los artefactos, sino también un criterio a partir del cual se pueden inferir, tal como hace Mayntz, relaciones inherentes a su inserción en el medio técnico, ya que a medida que se descentraliza la estructura de producción de los grandes sistemas técnicos y que se expanden

geográficamente a un nivel casi global, se exigen una coordinación creciente y una concen-

tración de la estructura regulatoria (Mayntz, op. cit.).

Valorizando la concepción de Hughes, el francés Alain Gras propuso la noción afín de “ma- crosistema técnico” (macro-système technique) para destacar el trasfondo político de las tec-

nologías de suministro de servicios a gran escala. La composición de los elementos que defi-

nen un macrosistema técnico es similar a las antes vistas: a) un fundamento industrial, una máquina u objeto técnico determinado (la locomotora, la central eléctrica, etc.); b) un medio de distribución de flujos (red ferroviaria, red eléctrica, etc.) y c) una empresa para la gestión

6. El hecho de “sostener el funcionamiento de otros sistemas técnicos” es la característica que Milton Santos (2000) considera decisiva en su uso de la noción de gran sistema tecnológico.

Eje temático: Perspectivas teóricas y metodológicas

71 comercial de la oferta y de la demanda (prestador del servicio) (en Fari, 2006). Desde el punto

de vista del rol que cumplen en la sociedad, los macrosistemas técnicos son estructuras que: i) transportan personas, señales o energía en todos los puntos de su espacio; ii) forman parte de un juego político a la vez externo (de enorme amplitud social, dado que crean un nuevo nicho y conectan usuarios suscitando nuevos comportamientos) e interno (incentivando la competencia entre grupos en el marco de la gestión del servicio) y iii) unen la red informacio- nal con la red articulada en torno a un objeto técnico que constituye su razón de ser (en Sfez, 2005). Pero, sobre todo, los macrosistema técnicos son redes que tienen una historicidad que hace de ellos “verdaderos instrumentos de conquista social” (Gras et al., 1990), que “contro- lan, dominan y supervisan” (en Sfez, 2005, p. 57) y que “forman parte de un nuevo sistema de poder” (Gras, 2001). Gras et al. (op. cit.) ponen el acento en la modalidad centralizada del control de los flujos, más que en el control en sí mismo, como rasgo que diferencia a este tipo de conjuntos técnicos.7 Para que ese control centralizado pueda ser ejercido, es necesaria una transmisión inmediata de la información: el macrosistema técnico sólo llega a existir gracias a una comunicación, si no instantánea, muy rápida entre las partes que lo componen (en Sfez, 1994). Por último, entre las propiedades que interpelan el sentido político de los macrosiste- mas técnicos, sobresale que: i) son transparentes, permiten visualizar lo que hay en la red; ii) lo que está conectado a la red se asocia con lo moderno; lo desconectado, a lo anticuado, que tiende a desaparecer como realidad histórica; iii) la inmediatez en la comunicación significa

relaciones codificadas entre los actores al interior del sistema, iv) la estandarización y la nor-

malización son la contraparte político-tecnológica de la creación de ese espacio artificial de poder; v) la regulación de los flujos significa una vigilancia generalizada, de forma que nos acostumbramos a comportarnos como «ciudadanos del macrosistema»; y vi) la seguridad de- viene en una necesidad y un principio de precaución para justificar violaciones de privacidad (Gras, 2001). El macrosistema técnico de Gras diluye la neutralidad del gran sistema tecnológi- co de Hughes, desde una postura teórica en la que la tecnología se inscribe ella misma en una intencionalidad política. Por ello, no es la política la que ordena el control centralizado de los flujos, la centralización del control es un requerimiento inherente a esa tecnología que, tal como sostendría Langdon Winner (1988), posee cualidades políticas.8

El español Miguel Ángel Quintanilla ayudó a ampliar la potencialidad del concepto y a abrir nuevos interrogantes construyendo una propuesta teórica centrada en el análisis de la inten- cionalidad en la organización sistémica.9 En principio, este autor va a compartir los rasgos

7. Sin detenerse a discutir la idea macrosistema técnico, Pascal Robert (2004) elabora una tipología en la que, contra- riando a Gras, divide a los macrosistemas técnicos entre centralizados y descentralizados.

8. Nos referimos al clásico artículo de Langdon Winner intitulado “¿Tienen política los artefactos?” (“Do artifacts have politics?”), publicado originalmente en 1983, en el que plantea que los artefactos y los sistemas tecnológicos

pueden ser juzgados “por el modo en que pueden encarnar ciertas formas de poder y autoridad específicas” (Win- ner, 1988, p. 19), dado que algunas tecnologías son “fenómenos políticos en sí mismas” (p. 22).

9. En 1989, Miguel Ángel Quintanilla publicó su obra Tecnología: un enfoque filosófico. La pieza fue reeditada en 2005, con la incorporación de nuevos aportes, bajo el nombre Tecnología: un enfoque filosófico y otros ensayos de filosofía de la tecnología. Nuestra caracterización se basa en el contenido de esta segunda versión ampliada y en el de su artículo de 1998, Técnica y Cultura. Por otra parte, vale agregar que Quintanilla crea una noción universal del sistema técnico, independiente de los niveles de complejidad y de la escala. Este segundo atributo de la propuesta, no obstante, excede nuestros requerimientos conceptuales.

V Congreso Nacional de Geografía de Universidades Públicas ‘Geografías por venir’

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básicos de la arquitectura del sistema tecnológico de Hughes (híbridos, socio-técnicos, com- plejos, heterogéneos, etc.), pero invertirá el orden de los términos involucrados en la proposi- ción (instrumental) de la tecnología que aquél toma como un punto de partida, al describirlo como un sistema intencional de acciones en el que, además del subconjunto de agentes in- tencionales del sistema que conciben los objetivos y actúan para conseguirlos, existe al menos un subconjunto de componentes materiales que son objetos concretos y cuya transformación o manipulación forma parte de los objetivos intencionales del sistema (2005, p. 89). Para que exista un “sistema intencional de acciones” es suficiente la presencia de un subconjunto formado por “agentes responsables” que conciben globalmente el sistema, comparten un objetivo común como parte de los resultados del sistema y actúan de forma intencional y coo- perativa para conseguir cada uno al menos una parte del objetivo común (p. 88). Por lo tanto, el hecho de que el resto de las acciones sean no intencionales o acciones intencionales con objetivos diferentes de los objetivos de los agentes responsables no perjudica la existencia del

sistema intencional. En esta perspectiva del sistema técnico se identifican los siguientes ele-

mentos: a) componentes materiales (materias primas, energía, artefactos); b) agentes (usua- rios, operadores, controladores, gestores, etc.); c) estructura de relaciones de transformación (procesos físicos) y de gestión; d) objetivos o funciones y e) resultados, sopesados en relación a los objetivos (1998, p. 4-5).

La importancia de esta orientación teórica radica en el giro hacia las finalidades como centro

epistemológico del sistema técnico. A pesar de la inclinación de Quintanilla a unificar la ac-

ción y el fin, y explicarlas a través de la intencionalidad, y de la desconsideración de lógicas estructurales extra-tecnológicas de funcionamiento y de desarrollo, inducida por la preten- sión de universalidad de su concepto –lo cual, sin dudas, constituyen dos limitaciones críticas–, hay una grieta, ahora, para i) valorar los resultados de la acción compuesta como un medio analítico del desempeño y el acontecer social del sistema técnico y ii) comenzar a explorar lo que los actores hacen en y con el sistema técnico del que son sus animadores a partir de una pluralidad de opciones dada por la persecución de unos objetivos no siempre compartidos, así se abre una parábola hacia la posibilidad de conflicto mediado por la técnica.

Para sintetizar: al pensar en un gran sistema técnico, hemos de admitir que se trata de una en-

tidad de naturaleza heterogénea (sociotécnica) y compleja, que cumple una función específi-

ca indispensable para sostener el normal funcionamiento del orden técnico de las sociedades modernas, que es esencialmente una estructura en red duradera y extensa, que operan en él fuerzas sociales y técnicas que gobiernan su dinámica y su evolución, que reúne una multipli- cidad de actores y que, por todo lo reseñado, se ha convertido en un verdadero instrumento político. Por otra parte, si las propiedades y la delimitación del objeto concreto delineada por Hughes son validadas por los referentes de este campo de estudios, no sucede lo mismo a nivel del análisis de la vida social de los grandes sistemas tecnológicos, que ha dado lugar a posturas diferentes, virando desde la concepción de medio para un fin, a la de una finalidad

predeterminada y contenida en el medio o a la de un sistema de finalidades para el cual se

dispone de un mismo medio. Estas últimas divergencias teóricas enriquecen la discusión de la naturaleza de los grandes sistemas técnicos y habilitan construcciones diversas del objeto de estudio y la problematización acerca del mismo.

Eje temático: Perspectivas teóricas y metodológicas

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