SUBALTERNIDAD HACIA LA RADICALIDAD DE LAS ALTERNATIVAS
31Durante la trágica Guerra del Pacífico, los ingleses empezaron a saquear el guano y el salitre
del desierto de Tarapacá para cubrir la falta de nutrientes de estas tierras sometidas a este proceso de explotación capitalista/agrícola de esas tierras. Esa extracción de guano y salitre
desencadenó la Guerra del Pacífico. Es decir, Chile usado por los capitales británicos le arre-
bata parte del desierto de Tarapacá a Perú, le quita la salida al mar a Bolivia, simplemente para proveerle los salitres a un impuesto menor del que estaban sacando del territorio, antes peruano/antes boliviano. Hoy todavía estamos viviendo esto. La presidenta de Chile, lamenta- blemente está desperdiciando una oportunidad histórica de hacer una reparación emblemá- tica, humanitaria, de ese supremo acto de violencia, de ese acto colonial y servil como fue el del imperio británico del siglo XIX. Está renegando de esa posibilidad, diciendo que Chile no tiene nada que conversar con Bolivia.
Entonces, lo que quiero decir en definitiva es que esta fractura epistémica, esta fractura colonial, esta fractura metabólica no son cosas apenas del pasado, sino que son huellas estructuradoras y estructurantes que configuran el presente que nosotros estamos viendo, viviendo y sufriendo. Vivimos un territorio de violencia, esta geografía de la modernidad es una geografía que esta colonizada por ese animus domini, nos ha llevado al umbral en donde estamos, al umbral de la extinción, ha hecho de la violencia un mal endémico, crónico.
Pienso que la única salida, de este régimen de violencia, es dar la vuelta de una vez por toda la página de esa geografía moderna. Creo que necesitamos crear una nueva geografía. Tene- mos en todo caso que actualizar la invitación, el desafío que lanzara Milton Santos, allá por los ochenta, cuando él escribió “Por una nueva geografía”. Entonces cuando él invitaba a ha- blar de una nueva geografía, decía, tenemos que salir de esta geografía abstracta para pensar en el espacio. En el espacio como formación social, en el espacio siempre como producto de ese proceso del trabajo social que va produciendo territorialización y humanización. Dejar la geografía abstracta, del individuo abstracto, del ciudadano abstracto, de la razón imperial para empezar a pensar el espacio como el espacio habitado.
Hoy tenemos que radicalizar y profundizar esa invitación de Milton Santos, tenemos que de- jar de pensar en el espacio y pasar a pensar, se me ocurre, en los territorios y en los cuerpos. Estos son dos vectores claves para pensar la nueva geografía. Y diría, por una indicación de una conversación que teníamos anoche con el profesor Carlos Walter Porto-Gonçalves, habría que decir geagrafía. Porque, gea, la Tierra, es femenino y era femenino también para los grie- gos. No es un detalle menor. La masculinización del sustantivo Tierra, hace parte del proceso de objetualización, desacralización y mercantilización de la Tierra.
La Tierra, era gea, femenina, diosa, ser viviente. Entonces, tendríamos que pensar en una nueva geagrafía, para tratar a la Tierra como Madre Tierra. Y no lo estamos diciendo en un sentido romántico, no lo estamos diciendo en un sentido poético. Lo estamos diciendo en el
más estricto sentido científico, tendremos que hablar de, no solo apenas “Tierra” sino “Ma-
dre Tierra”, porque como especie, somos enteramente hijos de la Tierra. Esta historia de la vida en la Tierra, de la que nos ha engendrado. La Madre Tierra como un gran útero a lo largo del proceso de la historia de la vida y por tanto, de la historia de la materia ha dado lugar a este proceso de hominización del cuál somos parte.
V Congreso Nacional de Geografía de Universidades Públicas ‘Geografías por venir’
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Yo en el año 2006, estábamos en una Asamblea de Lucha, Asambleas anti-mineras que está- bamos reunidos en Tucumán; gente de Catamarca, de los Valles Calchaquíes, de Salta, y ahí escuche por primera vez la palabra de un gran sabio de nuestra tierra, un integrante de la comunidad Diaguita Calchaquí, Don Marcos Pastrana. Y él me decía, cuando se presenta: yo soy tierra, yo soy un pedazo de mi territorio que está hoy hablando frente a ustedes. Pero yo lo escuché, dije que hermosa imagen, que poético. En realidad ahí me di cuenta que no había entendido absolutamente nada. Porque no hay que tomarlo en un sentido metafórico, estaba todavía razonando con esa racionalidad colonial de la geografía y de la ciencia política moderna. No entendía, que él estaba diciendo en el más estricto sentido científico y en el más profundo sentido filosófico, somos Tierra. Y por eso, tenemos que hablar de Madre Tierra, porque no somos sin el agua que bebemos, el aire que respiramos y la tierra en forma de nutrientes que vamos literalmente incorporando. Es decir, nacemos cuerpo, nuestros cuerpos se constituyen de los cerros, del agua que corre por los ríos, eso no es poesía, tómenlo. No lo tomen metafóricamente, tómenlo literalmente; somos territorio.
Entonces, pensar el territorio y pensar los cuerpos como dos cosas inseparables, como unidos por una trama de relaciones a través de la cual circula la vida, es una clave para pensar la nue- va geografía. Para dejar atrás esa geografía moderna, esa vieja geografía colonial del capital. Por eso hoy estamos hablando de territorios y de cuerpos.
Y esto, déjenmelo decirlo y aclararlo no es ninguna invención teórico de ningún geógrafo, de ninguna geógrafa, ningún científico, mucho menos científicos del norte, ni científicos del centro. Estamos hablando hoy de territorio no por Edward Soja, no por Saskia Sassen, no por David Harvey, etc. Estamos hablando de cuerpo no por Foucault, no por Judith Butler, no por David Le Breton, no por Spivak, estamos hablando de Territorio porque son los pueblos ori- ginarios, las culturas agro, las agro cultura, los pueblos agro culturales, los viejos y los nuevos pueblos agro culturales los que nos están forzando casi a hablar del territorio.
Estamos hablando de cuerpo, porque es el movimiento feminista el que nos ha enseñado que el cuerpo es también un territorio íntimo y personal donde se disputan la lucha por la domi- nación y por la emancipación. Pensar el cuerpo como territorio es un fuerte legado de las lu- chas feministas, y pensar el territorio como el espacio de emancipación es un fuerte legado de estos pueblos agroculturales que han resistido la colonización de la geografía moderna. Son sujetos en reexistencia, como nos enseña el profesor Carlos Walter, forzados a reestructurar sus modos de vida a partir de la resistencia a esta razón geografía imperial.
Repensar los cuerpos y los territorios como vectores claves para pensar una nueva geografía, entonces, no es algo que nos viene a decir ningún científico ni ningún teórico, sino que son saberes que nos vienen a proporcionar orientaciones/iluminaciones, que nos vienen a propor- cionar los sujetos en lucha y los conocimientos que nacen de esas luchas. De las luchas que no han perdido su vínculo con la Madre Tierra.
Ahora bien, que significaría ser una nueva geagrafía pensada desde los territorios y los cuer-
pos. Básicamente significaría invertir las invenciones de las personas coloniales. Es decir, ha-
blamos de fractura metabólica y tendríamos que hablar entonces de giro agrocultural o de una mudanza socio-metabólica. Hablamos de fractura colonial entonces tendríamos que
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