Capítulo 2. El análisis del discurso escrito
2.4. Aproximación a una caracterización de la carta de opinión
En este epígrafe haremos una sucinta revisión a las tres escuelas del género discursivo, ya que algunas de estas ideas nos van a ayudar a entender el discurso escrito como producto, como proceso y como actividad socialmente mediada.
Entendemos por género discursivo aquella construcción teórica que sirve para designar la actividad humana verbal y que evoluciona en el tiempo. El concepto de género discursivo se refiere a aquellas formas típicas mediante las que nos expresamos (Bajtin, 1982). Se trata de un concepto útil porque permite poner en relación situaciones discursivas, es decir, formas de actividad humana, con formas lingüísticas que le son típicas, de ahí su interés para el análisis del discurso y para la pedagogía del texto escrito.
Atendiendo a la definición del concepto de género discursivo introducido por Bajtin, existen tres enfoques principales sobre el género:
• La escuela norteamericana de la Nueva Retórica (RGS o Rhetorical Genre Studies), que estudia los géneros en tanto producto de una actividad literaria compleja construida mediante acciones tipificadas en contextos situacionales definidos. Sus exponentes son Bazerman (1997); A. Freedman y Medway (1994a y b); Miller (1988); A. Freedman, (1999). Los autores de esta escuela utilizan métodos etnográficos en sus investigaciones.
• La lingüística sistémico–funcional de australiana, desarrollada por Halliday (1973, 1975, 1978), Christie (1999) y Martin (1992 y 1997), preocupada por la didáctica de la escritura en contextos de L1 y L2, y que define el género como un proceso cuya meta es social y posee una estructura verbal convencional escalonada e implica la activa participación de los interactuantes.
• El “Inglés con fines específicos” (English for specific purposes), que considera el género como una clase de acontecimientos comunicativos ligados por metas compartidas y reconocidos por los miembros de una comunidad discursiva, generalmente de ámbito profesional y académico. Sus propiedades o características formales, así como el contenido, dependen de
sus metas e intenciones comunicativas dentro de un contexto social. La mayoría utilizan el análisis estructural para describir la organización de los géneros (Gómez Morón, R. (1988).
Lo que nos aporta la tercera escuela, “Inglés con fines específicos”, es que trabaja con la idea de destinatario y de comunidad discursiva para la que se escribe, o sea que sirve para la integración social de hablantes nuevos, (en principio estudiantes extranjeros en universidades norteamericanas). Dentro de esta corriente, liderada por Swales (1990a), el concepto de comunidad discursiva (speech community) es un concepto clave que desde la pragmática puede ser reelaborado y reinterpretado, como hace Gómez Morón. Según esta autora, el texto, así, es:
[…] considerado como un proceso de negociación entre el hablante/autor y el oyente/lector, en el contexto de su comunidad discursiva, la cual tendrá unos propósitos específicos y estará regida por preferencias personales y profesionales así como culturales (Gómez-Morón, 1988:13).
El género, así entendido, abarca, pues, un tipo de acontecimientos e intenciones comunicativas. Las ventajas de este enfoque de fines específicos es que ayudan a centrar los rasgos pertinentes, tanto a nivel global como a nivel de frase, y consigue limitar el abanico de elecciones lingüísticas posibles:
The purposes are recognized by the expert members of the parent discourse community, and thereby constitute a rationale for the genre. This rationale shapes the schematic nature of the discourse and influences and constrains choice of the content and style (Swales, 1990a:58).
Las características de los géneros, según este autor, son las siguientes:
• Tienen una intención.
• Pertenecen a comunidades discursivas.
• Son hechos comunicativos con características estables.
• Son estructuras de pensamiento y de interacción social.
A la vista de esta caracterización de los géneros discursivos y de las aportaciones de las distintas escuelas se puede concluir que los géneros son conceptos operativos por cuanto nos permiten un acercamiento a los textos desde una perspectiva global (macronivel), en tanto actos comunicativos dentro de una red de relaciones discursivas o de un sistema (Berkenkotter y Huckin, 1995:7, en Trosborg, 1995). Al especificar tanto el comienzo como el final del texto, determinan la estructura del
mismo. En tanto sistema reconocido por los usuarios para conseguir metas sociales por medios lingüísticos, el género se identifica como una serie de procesos sociales escalonados encaminados a una meta mediante los que una cultura se realiza lingüísticamente. La selección del hablante a la hora de elegir el género viene determinada por el contexto de una cultura dada, que sería la que indicaría la estructura óptima del texto.
A continuación haremos una primera caracterización de un ejemplo del género discursivo que analizamos en la parte empírica: la carta de opinión. Más adelante, tras los análisis de las cartas publicadas, en el capítulo 6, iremos refinando esta primera aproximación al análisis de este género discursivo.
Primero señalaremos qué consideramos una opinión y qué función cumple la función de opinar en la sociedad contemporánea. Será una aproximación al género desde una perspectiva amplia. Después describiremos el papel de las cartas de los lectores en un periódico.
Las cartas de opinión también llamadas “cartas al director” o “cartas al editor”, son, como su nombre indica, cartas escritas por los lectores de un periódico o revista mediante las cuales tienen la oportunidad de expresarse sobre temas relacionados con la actualidad. Todos los periódicos y muchas revistas suelen dedicar una sección más o menos larga a la opinión de sus lectores. Al expresar las opiniones sobre acontecimien- tos de actualidad, los lectores pueden conseguir que un problema relativamente ignorado pase a primer plano y sea luego tratado más a fondo por el periódico o revista. Del mismo modo, una carta puede desencadenar otras de réplica o que la apoyen o completen. La sección de cartas al director es una sección muy leída (Gomis, 1989).13
Malén Aznárez, defensora del lector (El País, 4-05-04), contestando a numerosos lectores que se quejan de la falta de espacio que el diario le dedica a esta sección de cartas, señala como uno de los principales requisitos para la publicación “el interés general sobre temas de actualidad”. Según Jesús Ceberio, el director del periódico en esa fecha, las que “polemizan con el diario sobre temas de interés general” son las que tienen más probabilidades de ser publicadas, porque presentan puntos de vista discrepantes.
13 No hemos realizado un estudio de pragmática contrastiva entre lenguas y culturas distintas. Partiremos
de la base de que el género de las cartas al director tiene una variación muy grande dentro de un mismo periódico y más aún si se trata de periódicos o revistas distintos. Las diferencias entre lenguas no nos han parecido pertinentes para nuestro propósito.
Por regla general las buenas cartas han de ser breves (no más de 30 líneas mecanografiadas o unas 300 palabras) y, en consecuencia, de redacción bastante condensada (véase El País, Libro de estilo). Además de breves y condensadas, las cartas han de ser claras y naturales, y, por supuesto, tener fuerza. Si son polémicas e ingeniosas, mejor. La fuerza es la síntesis del buen estilo: un estilo claro, conciso, denso, sencillo, original, exacto y correcto (véase Gonzalo Martin, 1981:37). Frecuentemente, la fuerza depende de la personalidad del escritor y, psicológicamente, del vigor de las ideas, de su claridad y profundidad, así como de la sinceridad de sentimientos y de la ineludible necesidad íntima, interna de decir lo que se piensa o siente. Por eso, según Gonzalo Martín, el estilo pierde fuerza cuando la carta carece de algunas de estas cualidades arriba mencionadas.
Los temas más frecuentes según la citada defensora del lector son “racismo, inmigración, educación, sanidad (listas de espera, maltrato en los hospitales), quejas sobre el funcionamiento de la Administración (obras públicas y transportes: RENFE o Iberia), problemas ecológicos, críticas al gobierno, quejas sobre la programación de televisión, y sobre publicidad ofensiva en televisión y carteles. Y por supuesto, sobre temas de actualidad de política internacional.”
En cuanto a los problemas generales de la redacción de las cartas de opinión, se puede decir que son los mismos del lenguaje periodístico en su conjunto: oscuridad de pensamiento y de expresión, verborrea poco significante, inexactitud y vaguedad en la expresión; la imprecisión en la estructura de la frase; la torpeza expresiva, el tono gris o incoloro, la incorrección gramatical, etc. (véase Gonzalo Martín, 1981:38).
Seguiremos a Gomis (1981) para distinguir entre la opinión que interpreta unos hechos y el comentario de los mismos. Esta distinción está presente en la SD, como se puede comprobar en el anexo correspondiente. El que opina, a menudo, aconseja o promueve una acción, intenta producir un efecto en el destinatario de la carta. Cuando el que escribe es un intérprete voluntario de la sociedad y de sus intereses, por ejemplo, puede llegar a aconsejar una conducta al gobierno, o sugerir a la administración qué debe hacer. En este caso, el hablante interpreta que aquella acción que sugiere es la que conviene al país o la que sería buena en el futuro, pues, a diferencia de la interpretación (que se refiere al pasado), la opinión se refiere al futuro. Otras veces, la opinión puede tener la forma de una crítica. En esos casos, el deseo puede formularse en términos de exigencia de responsabilidades o de acción.
La opinión es, muchas veces, la respuesta a las noticias. Al expresar en público una actitud interna o privada, el escritor de una carta al periódico la externaliza, pudiendo hacer partícipes a otras personas, a los lectores, e incluso llegar a mover a la acción a una serie de gentes. Por ejemplo, Malén Aznárez señala cómo cuando la guerra de Irak o el hundimiento del Prestige llegaban al periódico una media de 120 cartas diarias. A continuación surgieron movimientos activistas de ayuda a las costas gallegas. ¿Es posible establecer una conexión entre el movimiento de expresar una actitud interna de indignación y la acción colectiva, masiva de la ayuda desinteresada de miles de jóvenes y no tan jóvenes?
La opinión se estimula con la opinión, pues si sabemos lo que pasa, sabremos qué podemos hacer, por eso mediante la opinión interpretamos la realidad social. La noticia es el estímulo, la opinión es la respuesta. El periódico ofrece ambas. En tanto que foro de opinión, la sección de cartas de los lectores cumple, según Gomis (1989), los siguientes objetivos:
• Es una válvula de seguridad de las reacciones del lector.
• Mantiene al director en contacto con sus lectores y le permite apreciar los temas que más le interesan.
• Sirve para rectificar errores. Siempre hay un lector que sabe más sobre un tema que los expertos de la redacción.
A pesar de que las funciones de las cartas al director son propias del comentario, la sección de cartas se incluye en las páginas de opinión de un periódico. Hay muchas cartas que además de opinar o comentar aportan información o explican casos que han sucedido a los firmantes. En estos casos, la responsabilidad de la información no es tan grande como si aparece en las páginas informativas, pues se entiende que el firmante aporta la información o el relato personal como base o supuesto para una posible opinión que, a veces, va implícita en el caso que se presenta.
A continuación incluimos algunos consejos que surgen de una síntesis que hemos hecho a partir de diversos materiales procedentes de algunas instituciones, como Amnistía Internacional. Estas directrices resultan bastante claras para escribir cartas de opinión:
• Trate una sola cuestión y hágalo claramente. Vaya al grano desde el principio, preferentemente en la primera frase.
• No insulte y no utilice términos sea ofensivos.
• Organice la carta de modo lógico. Primero el argumento al cual se opone, después su propio argumento seguido de las explicaciones necesarias. Termine parafraseando su posición o con algún comentario ingenioso.
• Intente considerar la carta desde la perspectiva de su lector. ¿Tiene sentido para alguien no muy introducido en el tema? (Rider, 2002).
La carta de opinión como discurso periodístico es un marco ideal para dar forma a las ideas y pensamientos, para adoptar una postura ante las cosas y para la acción social. Las cartas expresan las ideologías tal como son vividas cotidianamente por los ciudadanos. Constituyen manifestaciones discursivas de las prácticas sociales. Mediante las cartas de opinión los ciudadanos, en tanto actores sociales miembros de grupos y culturas, actúan en la esfera pública. Para tener acceso a esa esfera pública de la prensa escrita o en red, los ciudadanos han de conocer las reglas y normas del discurso socialmente compartidas. Estas competencias se adquieren socialmente.
Cuando evocamos un género como este, no sólo invocamos unos temas de actualidad, apelamos también al papel del comentario sociopolítico en la vida social y en la construcción de la identidad individual y de grupo. Los fenómenos mentales y sociales se plasman en las cartas a modo de proposiciones, que son las encargadas de la representación lingüística de aquellos (véase Van Dijk, 1999:163).
Recapitulación
En este capítulo 2 hemos examinado el concepto de texto, sus principios constituyentes y las estructuras principales que han servido para caracterizarlo. Hemos constatado la utilidad del concepto de coherencia, así como del de adecuación, cohesión, enunciado y enunciación, y hemos señalado la conveniencia del modelo estructural de van Dijk sobre la acción verbal (macro-acción). Hemos distinguido entre tres tipos de coherencia: la coherencia pragmática del texto, que regula la interacción, de la coherencia del contenido semántico, y de la coherencia de la forma, a nivel microlingüístico, llamada cohesión y que opera mediante diversos recursos cuyo objetivo es mantener el referente mediante la progresión temática, la sustitución y la elipsis. Hemos visto que cada género y tipo de texto tienden a organizar la información según una pauta o patrón específico.
También hemos comprobado la necesidad de manejar un modelo de descripción de la arquitectura del texto que, como el de Bronckart, dé cuenta de los mecanismos enunciativos como una dimensión crucial de los discursos. Así pues hemos reconocido el eje de la subjetividad-objetividad de los enunciados como una de las dimensiones de este nivel de descripción y anunciado el carácter performativo de los verbos modales ingleses como algo a tener muy en cuenta en algunos tipos de texto. Por último, hemos revisado las ideas que nos hacen elegir el género discusivo y el tipo de texto como objeto de enseñanza y aprendizaje. Dentro de los modelos empíricos de análisis del texto hemos encontrado varios autores que muestran modelos de análisis convincentes, tanto del macronivel como del micronivel. Dentro de la diversidad discursiva, hemos seleccionado la carta de opinión al periódico como uno de los géneros apropiados sobre el que focalizar la enseñanza y aprendizaje de la composición escrita en alumnos de L3 de nivel post intermedio y avanzado, ya que este género periodístico resulta relevante en el contexto de las EEOOII (alumnado adulto). A continuación, en el capítulo 3: El aprendizaje pragmático, comprobaremos algunas de las implicaciones didácticas de la enseñanza pragmática en su dimensión aplicada a los textos escritos, implicaciones que se pueden considerar pertinentes en nuestro contexto, como constataremos a continua- ción.