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Capítulo 2. El análisis del discurso escrito

2.2. El análisis del discurso escrito.

Hasta ahora hemos podido constatar algunos aspectos del discurso escrito como la coherencia, el registro o la adecuación. También hemos podido señalar algunos patrones recurrentes en los textos escritos. La existencia de estos patrones nos hace

plantearnos si los textos están estructurados siguiendo algún patrón predeterminado, o si hay una jerarquía de unidades comparables a las del análisis de la conversación, donde por ejemplo, hay formas de abrir y cerrar el discurso bastante convencionaliza- das.

Si fuera posible dar cuenta de todas las estructuras retóricas que encontramos en los textos es probable que la pedagogía del texto escrito encontrara aplicaciones prácticas a partir de estos referentes teóricos, como señala McCarthy (1991:25), por ejemplo, con la estructura problema-solución, o general-particular. Una de estas aplicaciones prácticas en la clase de composición escrita es la de Björk y Raïsanen (1996) al que hemos aludido antes. Este trabajo, que parte de la base de que identificar e internalizar las características de los tipos de texto y patrones estructurales en la prosa discursiva o expositiva es fundamental para escribir bien, incluye los tipos de texto siguientes: causa-consecuencia, problema-solución, argumentación y resumen.

Pero dejando de lado las implicaciones pedagógicas de la perspectiva didáctica que contempla la lectura y escritura de manera interactiva mutuamente enriquecedora (véase Belcher y Hirvela (eds.), 2001 y Sánchez Miguel, 1998), pasaremos a señalar de qué modo podemos abordar de manera empírica el análisis del discurso escrito, siguiendo el ejemplo sentado por el análisis de la conversación.

A continuación profundizaremos en algunos modelos de análisis empíricos, pero antes contemplaremos una serie de supuestos, de acuerdo con Coulthard.

Coulthard (1994, xi y ss.) señala cuatro supuestos que guían el análisis del texto escrito en una serie de autores que se han especializado en este tipo de análisis empírico.

1. El análisis de textos ha de situarse en una perspectiva sistémica de la lengua.

2. El texto escrito es esencialmente interactivo.

3. Al analizar textos escritos hay que tener en cuenta tanto el proceso de producción como la intención.

4. Cualquier texto es tan sólo una de las posibles textualizaciones y por ello su significado lo adquiere precisamente por aquello que no dice.

La perspectiva sistémica nos lleva a contemplar los elementos del discurso escrito, ya sean enunciados o grupos de enunciados, en una relación funcional de interdependencia de acuerdo con una serie de reglas. Para cada texto hemos de

descubrir cuáles son esas reglas. Los patrones textuales son guías para averiguar las reglas que rigen los textos, pero no son las únicas. Hoey (1994 y 2001), tras examinar una serie de textos, concluye que hay tres tipos de secuencias: marcadas, no marcadas e incoherentes y que cada oración perteneciente a un texto tiene una función en el conjunto del mismo, bien como parte de una unidad mayor o por sí misma. Algunas oraciones o partes de oraciones tienen como función clarificar la estructura discursiva del texto y, finalmente, que las funciones estructurales de las partes se pueden aislar mediante una proyección de preguntas y respuestas (Hoey, 1994:44) (véase 8.2.2. para comprobar cómo se puede llevar a cabo está proyección empíricamente).

Como el texto es por esencia interactivo y el que escribe no tiene muchas veces elementos para saber cómo será su lector, Coulthard (1994) propone crear mentalmente uno, y escribir el texto para él, ya que:

[…] without a clear sense of audience, it is impossible to make the right decisions about what of the ideational to textualize (Coulthard, 1994:4).

Además de crear un lector “ideal”, que ayude a representarse la dimensión dialógica del texto escrito y que guie al escritor en la planificación y revisión del texto, otra de las responsabilidades del escritor es señalar su texto convenientemente para que este lector pueda procesarlo sin costes extra. Para este autor, el problema del análisis de los textos no reside en qué constituye el elemento nuevo y qué constituye el elemento conocido, algo que preocupaba a Halliday y Hasan (1976) cuando explicaban cómo están construidos los textos, sino qué exactamente de lo que es conocido y qué de lo que es nuevo resulta relevante en una situación de comunicación concreta, interactiva. Estas son las decisiones realmente difíciles para el escritor.

Otro aspecto de la interactividad del texto escrito es observable en los segmentos evaluativos de algunos tipos de texto. La evaluación es la opinión que tenemos sobre algo, particularmente en términos de bueno o malo. Forma parte del eje axiológico. Las expresiones evaluativas del lenguaje constituyen un componente pri- mordial del lenguaje en general y de las cartas de opinión en particular, como veremos en el epígrafe siguiente cuando tratemos “El eje de la subjetividad-objetividad o el eje axiológico”.

Winter relaciona la estructura de hechos comentario (situación-evaluación- razones para la evaluación) con la de problema-solución, de modo que una estructura simple se convertiría en otra compleja con esta otra estructura añadida a ella: situación- problema-solución-evaluación. Este patrón es básicamente evaluativo. Si desarrollamos

este patrón tal como hace Winter (1994:57) podemos proyectar una serie de preguntas sobre él. Por ejemplo:

• What/who am I talking about?

• What do I think/feel about it?

• How do I see/interpret it?

• How do I know I am right?/Why do I think this?

La primera pregunta haría referencia al tema. La segunda al comentario. La tercera explicaría el comentario y la última proporcionaría la evaluación. La calidad de la evaluación está en función de la base o las razones para afirmar lo que afirmamos, ante un destinatario definido previamente, que es el que establece las restricciones léxicas y semánticas.

Este patrón es comparable al del modelo triádico de Bolivar (Bolivar, 1986, en Bolivar, 1994). Es un modelo fundamentalmente interactivo inspirado en modelos de análisis de la conversación que tienen en cuenta los movimientos o moves de los interlocutores. Bolivar (1994:276) utiliza este modelo para estudiar las editoriales de los periódicos. La tríada comparte con el intercambio oral los elementos mínimos de la unidad, de la estructura mínima. Siguiendo a Sinclair y Coulthard (1975, en Bolivar, 1994), esta autora distingue tres movimientos básicos: iniciar, que consiste en introducir el tema y la modalidad, el segundo, que responde a la iniciación, mante- niendo el tema y evaluándolo, y el tercer elemento de la estructura, que evalúa todo lo anterior cerrando la toma de posición.

Hay que tener en cuenta que la concepción del texto, en esta autora, es dinámica, producto de una interacción entre escritor y lector, por lo que el énfasis de la estructura se coloca en términos de secuencias de actos de habla que se piensa que realiza el hablante (emisor) teniendo en cuenta al destinatario. El plano interactivo, según esta perspectiva, determina en última instancia el significado de las elecciones lingüísticas que forman parte del contenido expresado. Dentro de las elecciones determinadas por la interacción se encuentra, como hemos anticipado antes, la evaluación, cuya función es, de acuerdo con Hunston (1994:207) la de señalar la relevancia del texto al lector. La evaluación está determinada por la cultura en la que el texto aparece. La evaluación así tiene la función de relacionar lo que se está afirmando con los intereses del lector, intereses que están determinados socioculturalmente.

El tercer supuesto que mencionaba Coulthard (1994) para analizar los textos escritos era el de tener en cuenta tanto el proceso de producción como la intención. Este

aspecto es especialmente relevante en la enseñanza de la composición escrita en L3, donde el análisis de los textos de alumnos es un fenómeno frecuente. Coulthard (1994) propone señala que cualquier texto que analizamos constituye una de sus posible versiones, por lo que tan importante como lo que se dice, es aquello que no se dice textualmente (Coulthard, 1994ix). Sugiere analizar los textos con problemas de adecuación, para averiguar por qué unas textualizaciones son mejores que otras a la hora de expresar significados. En su trabajo de análisis del discurso de textos escritos, los productos de los aprendices de lengua escrita son propuestos para entender cómo están formados los textos y en qué consiste una buena textualización del plano del contenido (ideacional) (véase 1.5. La perspectiva funcionalista).

De este modo, tras una textualización alternativa (de textos problemáticos), que mantenga tanto como sea posible las palabras del original, y que intente tener en cuenta un único lector modelo, para presentarle la información necesaria en una secuencia clara que incluya las señalizaciones textuales más convenientes, este autor revela de qué modo las textualizaciones inadecuadas pueden ayudarnos a entender la naturaleza de los textos adecuados (Coulthard, 1987:10, citado en Coulthard, 1994). Su propuesta consiste en intuir el nivel ideacional (el que tiene que ver con la experiencia representada o construida por el lenguaje), derivándolo del texto del alumno o hablando con él (conferencing), para, después, proponerle una textualización alternativa más adecuada, de modo que el alumno acceda, mediante la ayuda del profesor, a las expresiones que necesita para vehicular sus ideas. Este era precisamente el cuarto supuesto: cualquier texto es sólo una de las posibles textualizaciones.

A continuación tendremos en cuenta otra tradición que se ocupa del texto escrito: la tradición francesa que distingue entre enunciado y enunciación. Esta tradición tiene una manera muy peculiar de explicar los fenómenos pragmáticos que resulta especialmente relevante para hablar de los fenómenos corteses en el lenguaje escrito, por eso incluimos una breve descripción.