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Una aproximación para pensar las relaciones de género en el marco de la crisis civilizatoria

UNA MIRADA EXPLORATORIA A LA CRISIS CIVILIZATORIA DESDE UN

II. Una aproximación para pensar las relaciones de género en el marco de la crisis civilizatoria

En mayo de 1996, la revista El viejo topo publicó en España, el artículo “El final del patriarcado: ha ocurrido y no por casualidad” del co- lectivo Sottosopra de la Librería de Mujeres de Milán, que conmocionó a las pensadoras feministas. Allí se declaraba sin ambages: “El patriarcado ha terminado. Ha perdido su crédito entre las mujeres y ha terminado. Ha durado tanto como su capacidad de significar algo para la mente fe- menina…ha llegado a su fin…ya no pone en orden la mente femenina, ha caducado principalmente en tanto dominio dador de identidad. Ella ha dejado de pertenecerle…”. Suscitó las más diversas reacciones y pro- vocó todo tipo de respuestas, desde las que iban de la casi absoluta nega- ción, dijo Celia Amorós: “…los muertos que ustedes matan…gozan de no de muy buena salud, al menos de una mala salud de hierro. No sólo el patriarcado está de enhorabuena, la derecha también.”9, hasta los de

quienes intentaron situar el sentido de la proposición en el marco del enorme conjunto de cambios sociales del siglo XX y como parte central de ellos los cambios en la situación de las mujeres.10

Como se ve el debate entre feministas al analizar los cambios que hemos impulsado durante todo el Siglo XX alcanzó hasta para que algu- nas decretaran el ‘final del patriarcado’. Sin hacer de ello mayor problema, es importante relevar que tal fue la certeza y la confianza en que el con- junto de los cambios, los avances y los logros obtenidos respecto a la con- dición femenina eran mayores a los obstáculos y desafíos persistentes. Y no sólo mayores sino intensos y profundos. Menos de diez años después,

9 Sottosopra Librería de las Mujeres de Milán “Ha ocurrido y no por casualidad”.

Revista Otra Mirada/Debate sobre el fin del Patriarcado Año 1, # 4, San José, 1997.

Ibídem. Celia Amorós. “La política, las mujeres y lo iniciático.”. En Otra mirada, Pag.38.

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en la 49ava Sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) del Consejo Económico (ECOSOC) de las Naciones Unidas (NN UU) en la que los Estados debían informar de sus avances a diez años del acuerdo de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, Beijing 1995, en marzo del año 2005 en New York DAWM, una organi- zación internacional no gubernamental feminista declaraba, respecto a los obstáculos presentes ante el “Consenso de Beijing 95”:

“La creciente militarización desde septiembre del 2001 y la exacer- bación de la violencia regional y comunitaria, han aumentado el número de los refugiados y de las personas desplazadas, así como han puesto en peligro el acceso de las mujeres a los servicios y a las protecciones básicas. • La predominancia de los marcos económicos neoliberales y de las políticas dictadas por el mercado conllevaron cambios en las re- glas comerciales y financieras, tanto como a la desregulación y a la privatización, que han aumentado la pobreza y ahondado las desigualdades entre las naciones y dentro de las naciones mismas, para las mujeres en particular.

• La subida de los movimientos fundamentalistas busca revertir las ganancias de las mujeres y limitar sus libertades y oportunidades en todas las esferas de la vida, inclusive en la salud reproductiva. “11

Es decir que aun antes del momento más crucial de la crisis finan- ciera (2008) ya era evidente el tenue compromiso de los Estados con las políticas del Post Beijing. Es complicado, para decirlo con levedad, ima- ginarse dicho compromiso en el momento actual cuando la crisis civili- zatoria comienza a mostrar toda su magnitud y sentido. En el otro ángulo es evidente que los derechos humanos más amenazados se relacionan casi siempre con la condición de las mujeres: la feroz negación a la autonomía y soberanía del cuerpo femenino, el control que es evidente se desea mantener sobre la libertad y la capacidad de decisión, a su vez todo ello situado en condiciones de ralentí del movimiento social de las mujeres y de imperantes visiones contradictorias en el escenario social. Todo ello ahora en las condiciones configuradas por ese proceso global-general que es la crisis civilizatoria. Sería posible conjeturar mucho.

Sin embargo es indudable, que a pesar de todo ello, estos cambios culturales nuestros existen. Estos cambios que hemos logrado producir por nuestra acción han puesto en cuestión la diferencia y la desigualdad y el referente antropológico desde el cual es justificada la desigualdad. A partir de ello, podría una preguntarse cuál es la consistencia o la fra- gilidad de estos cambios culturales progresivos respecto a la condición femenina. Resistirán los embates provenientes de los fundamentalismos? De la reacción patriarcal? Resistirán la extrema agudización de las des- igualdades, las que no pocas veces parecen conducir a la sociedad hacia nuevas formas de barbarie?

Pero la pregunta no es sólo pertinente respecto a las mujeres. Re- sulta importante respecto no sólo a toda la cotidianeidad actual como la conocemos, aún su transición y relatividad y en el centro de ello, también respecto de la condición de los más débiles no portadores de la agresión y la fuerza: la niñez, las y los jóvenes, las y los ancianos…La envergadura de la actual crisis civilizatoria no solo pone en cuestión nuestros logros de más de 40 años de feminismo en el mundo, los fragiliza y puede evaporarlos, pero pone en cuestión toda la armazón social sin que sea visible un nuevo proyecto.

El desmoronamiento de la confianza en la institucionalidad es ya preocupante. Ello aunque sabemos que los cambios más importantes son aquellos que se asientan en la conciencia humana como bien dijese, en su momento, Kate Millet, puesto que la conciencia no es una ley que pueda ser abolida ni una institución que pueda ser desmantelada. Pero es también cierto que los retrocesos en la configuración de la vida social no augu- ran beneficios para los derechos y la vida. Tampoco para una autocon- ciencia y autonomía femenina, en términos históricos, muy reciente. En todo caso debemos ser tercas y continuar, por nosotras y por aquellas que como bien dijo Virginia Woolf “…no están aquí esta noche por qué están lavando los platos y poniendo a los niños en la cama… y porque aun en la pobreza y en la oscuridad, ese trabajo merece la pena.”12

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Referencias bibliográficas

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DE CÓMO LAS MUJERES REDEFINEN