4 CONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA
4.4.1 LA ARMADA Y LA INFANTERÍA DE MARINA ANTE EL PERIODO MODERNO Y CONTEMPORÁNEO
Andando el tiempo y durante el reinado de Felipe II (1556-1598) tienen lugar dos acontecimientos navales de primera magnitud aunque de distinto signo: El primero ocurre en 1571, cuando una armada combinada con galeras de países cristianos, al mando de don Juan de Austria, vence en Lepanto y frena el avance del poderío turco sobre el Mediterráneo occidental. Acontecimiento al que después podemos sumar la unión de los reinos peninsulares de España y Portugal, en 1580. El segundo aconte- cimiento de magnitud ocurre en 1588 cuando la Gran Armada intenta invadir Ingla- terra, dando un resultado negativo para España241.
Los reinados de los tres últimos Austrias, Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621- 1665) y Carlos II (1665-1700), se caracterizan por las guerras con los independentis- tas holandeses y franceses, tanto en Europa como en las Indias y Filipinas. Con el primero de estos monarcas comienza el declive; con Felipe IV hay un leve intento de recuperación, pero nuevas guerras contra Inglaterra y Francia en la búsqueda de un equilibrio no lo harán posible. Finalmente con Carlos II, último rey de la dinastía austriaca, la vida pública española se deteriora y la Armada se considerará abandona- da. Sobre el talante de la Infantería de Marina, en el prólogo a la obra de María del Carmen Cózar Navarro242, Octavio Aláez Rodríguez señala lo siguiente:
“La Infantería de Marina es un Cuerpo muy curioso. No es Marina porque está diseñada para combatir en tierra, y no es Ejército de Tierra porque su despliegue inicial de combate se hace en la mar. Esto, que es tan evidente pa- ra un infante de Marina, no lo comprende nadie, o casi nadie. Para el Ejér- cito resulta incomprensible -y en ocasiones intolerable- la existencia de tropas
241
ALMIRANTE, José. Bosquejo de la Historia Militar de España. Cuatro Tomos Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1923, p. 1494.
242 CÓZAR NAVARRO, María del Carmen. La Infantería de Marina durante la Restauración. Cádiz: Ser- vicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1993, p. 110. ISBN 8477861617.
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que, orgánicamente, le son ajenas. En cuanto a la Armada, lo comprende, porque lo necesita... pero a veces no lo quiere comprender, porque lo que el marino desea es navegar por los mares, no empotrarse en tierra. La Infantería de Marina es un mecanismo refinado cuyo destino es proyectar el poder de otra fuerza también refinada, la Fuerza Naval”.
En su creación tiene la finalidad de ser fuerza embarcada, especialista en vivir y com- batir sobre un medio tan peculiar como lo es el mar, al tiempo que servir para custo- dia de las galeras y bajeles que conforman el poder naval; esto en un momento donde tal poder naval aún no está constituido como la Armada que hoy conocemos. Sobre su razón de ser, cuenta María del Carmen Navarro243 “aún no constituido como Arma-
da permanente, puede considerarse fue un instrumento estratégico fundamental al servicio de los vastos intereses de la Casa de Austria. Tal carácter se reflejaba en la organización de los Tercios de Armada, creados en 1566, que confirieron al naciente Poder Marítimo his- pánico la capacidad, entonces singular, de proyectarse sobre costas hostiles, a gran distan- cia de sus bases y en el momento en que las necesidades de la campaña lo hacían oportu- no”.
Debemos observar que el infante naval, el infante aforado a la Armada o el infante de Marina si lo queremos llamar así, no es una combinación de soldado y marinero sino un soldado con diferentes dotes y una fisonomía singular, en cuyo quehacer se inclu- ye hacer guardias en una base naval, participar en la protección de un navío, asaltar a un contrario o internarse en operaciones tierra adentro, tomando como partida la situación de los buques en la mar. No es casualidad que este soldado, de idiosincrasia terrestre en origen, se identifique cada vez más con la Armada y con lo naval; ni que tierra y mar tengan sus instantes de particular interés para recuperarlos o para mante- nerlos, según el peso de la necesidad continental u oceánica de cada conflicto. El inicio orgánico de la Infantería de Marina española es motivado por los intereses imperiales del primer Habsburgo español, quien trata de consolidar una fuerza naval
243 CÓZAR NAVARRO, María del Carmen. La Infantería de Marina durante la Restauración. Cádiz: Ser- vicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1993, p. 110. ISBN 8477861617.
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que ayude a mantener la posición española y europea frente al empuje francés y del Imperio Turco244.
Carlos I crea en 1534 las Compañías Viejas del Mar de Nápoles, esenciales para eje- cutar el abordaje y embarcar a la Infantería. Esto último no se considera tanto una proyección sobre tierra como una simple plataforma por la que transportar a las tro- pas terrestres de un lugar a otro, atravesando el mar; realizable también a través de naos, carracas y galeones.
Por la misma época la Armada de Galeones se encuentra cubriendo la Carrera de In- dias, en una tarea menos preocupante que la que ocupa al Mediterráneo245
El siguiente jalón de la evolución orgánica de la Infantería de Marina es el reinado de Felipe II, por el que se eleva la presencia naval cuando al eje mediterráneo se suma un segundo eje estratégico: Atlántico y Mar del Norte. Este segundo foco es consecuen- cia del nacimiento de Inglaterra como potencia marítima y de la presencia de España en los Países Bajos246
“consecuencia del nacimiento de Inglaterra como potencia marítima y de la presencia de España en los Países Bajos. (…) El peligro turco se hacía más patente en el Mediterráneo Central, manifestándose en ataques contra puntos costeros del Norte de África e islas del Mediterráneo y en el establecimiento de bases, que serán puntos de apoyo para alcanzar sus objetivos de expansión. (…) Es así como Felipe II comprendió la necesidad que existía de disponer de equipos de fuerzas navales y terrestres, permanentemente organizadas, que es- tuviesen en condiciones de combatir a bordo o en tierra y mantuvieran cons- tantemente su disponibilidad. De esta manera, las unidades de Infantería de
244 El Mediterráneo es el centro de gravedad estratégico para el nacimiento de esta estrategia; pues la línea atlántica, en la que pueden influir Inglaterra, Holanda y Francia, considerada menos urgente y también menos peligrosa.
245 RIVAS FABAL, Enrique. Historia de la Infantería de Marina española (Dos Tomos). Madrid; Editorial Naval, 1985. ISBN 8473410270.
246 O´DONELL y DUQUE DE ESTRADA, Hugo. La Infantería de Marina española, historia y fuentes.
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Armada se transformaron o multiplicaron para convertirse en fuerza de des- embarco, como su nueva misión demandaba247”.
La Infantería de Armada se articula entonces en diversas unidades orgánicas, deno- minadas Tercios, de los que Cózar indica:
“El Tercio de Armada y Flota de Indias, que había nacido en 1528, fue re- formado en 1552. Tomó el nombre de Tercio de Galeones y fue destinado a proteger nuestros dominios de América. En 1535 se creó el Tercio de Sicilia, que desde un principio tuvo condición naval, pero más tarde pasó al Ejército de Tierra con el nombre de África (El Valeroso). El 27 de Febrero de 1566 se creó el Tercio de Armada de la Mar Océano. Se formó en Cartagena por su primer Maestre de Campo y fundador, Lope de Figueroa. El Tercio Nuevo de la Mar de Nápoles se organizó también el 27 de Febrero de 1566 bajo su primer Maestre de Campo y fundador, Pedro Padilla. Más tarde, en 1572, se creó el Tercio de Armada de Infantería Napolitana, que prestó servicio na- val hasta 1705, año en que pasó al Ejército de Tierra248”.
Citando a Olesa Muñido y sus trabajos sobre la organización naval del Mediterráneo, Cózar señala:
“Estas unidades llevaron a cabo numerosas y eficaces acciones en el Medite- rráneo y en el Atlántico. Sin embargo, su organización se fue debilitando re- inando los últimos Austrias. La causa hay que buscarla en el duro golpe que sufrió el poder naval español en el desastre de la Invencible, que va a marcar para España su pérdida de vigor como potencia naval249”
Con esta situación acaba un periodo brillante para la Infantería naval, cuyas unidades siguen repartidas por tierra y mar durante todo el siglo XVII.
247 CÓZAR NAVARRO, María del Carmen. La Infantería de Marina durante la Restauración. Cádiz: Ser- vicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1993, p. 110. ISBN 8477861617.
248 Ibídem. 249 Ibídem.
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Figura 25.- Copia ilustrada del Real Decreto fundacional del Cuerpo de Infantería de Marina, con firma original manuscrita de Su Majestad el Rey Juan Carlos I de España. (Fuente: Cámara de oficiales del Ter- cio de Levante).
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En el periodo contemporáneo se abre en el año de1700. Muerto el rey Carlos II sin descendencia, pugnan por el trono español el archiduque Carlos de Austria y Felipe de Anjou, dando lugar a la denominada “Guerra de Sucesión,” que finaliza con la firma del Tratado de Utrecht. Este acuerdo consolida a Felipe V como Rey de Espa- ña, dando inicio a la dinastía borbónica y estableciendo, con ciertos términos, la ce- sión de las posesiones españolas en Italia y los Países Bajos, Menorca y Gibraltar. El nuevo Rey de España hace cambiar el estado de precariedad de la Armada y sus estructuras orgánicas, rodeándose de personas muy preparadas que impulsarán la creación de una nueva Armada.
Figura 26.- Ilustración en grabado del Tomo Primero de la Ordenanza naval de 1793. (Fuente: Colección del autor)
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La primera gran reforma es aplicada por José Patiño, quien impulsa la construcción de los astilleros de Cádiz y Ferrol y sus arsenales. El marqués de la Ensenada prosigue esta política de reconstrucción y de preparación de la Armada, desarrollando los nue- vos planes de expansión de la Armada y mejoras en la administración del nuevo Esta- do250.
Figura xx.- Marqués de la Ensenada (Fuente: Copia retrato existente en el Museo del Prado).
250 En 1741 se destaca la defensa de Cartagena de Indias por Blas de Lezo, y en el Mediterráneo la activi- dad de Barceló.
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La segunda época de historia de la Infantería de Marina comienza con la Guerra de Sucesión; es el inicio del Cuerpo de Batallones y de la Armada Real borbónica. La Armada Real se crea como instrumento de poder al servicio de la política exterior, a la que Patiño da forma militar y administrativa cuando se une bajo una sola direc- ción todos los medios a flote y las tropas marítimas del Reino. Esto conlleva incre- mentar y renovar el material que utilizan, impulsar la construcción naval y realizar mejoras en todos los órdenes.
Patiño se encuentra junto a oficiales de mar y oficiales de guerra, esto es, con marinos hechos a manejar los buques y soldados preparados para luchar en la guerra; la racio- nalización borbónica aconseja refundirlos y con este objetivo crea la Real Compañía de Caballeros Guardias Marinas empleando cuadros procedentes del viejo Tercio de Nápoles, que tendrán la consideración de Guardias de Corps y el privilegio de ser Tropa de Casa Real 251.
Desde1717 los oficiales del Cuerpo General de la Armada se forman como oficiales de mar y guerra en la Compañía de Guardias Marinas, sirviendo indistintamente en destinos de a bordo, del Cuerpo de Batallones u otros que se les encomienden.
El Cuerpo de Batallones de Marina sucede a los extintos Tercios de Infantería espa- ñola y se alimenta del “pie de tropa” que forma el 2º Batallón del Regimiento de la Corona, antiguo Tercio de la Mar de Nápoles, junto a otras agregaciones del resto de unidades. Aunque se desconoce la razón por la que la Infantería de Marina elige co- mo emblema distintivo el de las dos anclas cruzadas, entendemos que lo más sencillo es que el Nápoles conservara el suyo: las dos anclas cruzadas.
251 O´DONELL y DUQUE DE ESTRADA, Hugo. La Infantería de Marina española, historia y fuentes.
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Los primeros Batallones de Marina se crean bajo los nombres de Armada, Marina, Bajeles, Océano y Mediterráneo, asimismo acordes denominativamente con los de los Regimientos de Ejército de los que proceden252.
En 1726 se crean tres Departamentos Marítimos: Ferrol en el Departamento del Norte, Cartagena en el Levante y Cádiz en el Sur.
Fernando VI (1746-1759) ingresa en una política general de neutralidad, que el nue- vo rey Carlos III (1759-1788), encuentra difícil de mantener. En 1762 estalla la gue- rra con Inglaterra. España pierde parte de sus posesiones en Florida, Pensacola y la
252 O´DONELL y DUQUE DE ESTRADA, Hugo. La Infantería de Marina española, historia y fuentes.
Madrid: Empresa Nacional Bazán, 1999, p. 321. DL B48381999.
Figura 27.- Detalle del emblema del Regimiento de Infantería Nápoles 22 (Fuente: Sala Tercio de Levante)
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colonia de Sacramento en Uruguay, aunque esta última se recupera un año más tar- de. En 1779 España se encuentra inmersa en nuevos conflictos contra Inglaterra, a quien declara de nuevo la guerra, al tiempo que apoya a los nuevos Estados Unidos de América en su guerra de independencia, finalizada en 1783. Tras estos sucesos se recupera Menorca y la Florida.
En el ámbito científico se reanudan las expediciones náuticas de Jorge Juan y Ulloa para la medida del arco de meridiano, comprobación de la forma del globo terrestre, etcétera. Tofiño elabora su atlas con numerosas cartas náuticas de España, norte de África y de la costa oriental de América del Sur. Malaspina cartografía la costa del Pa- cífico y Bustamante inicia su viaje científico por los océanos Atlántico y Pacífico, en- tre 1789 y 1794. En el noroeste de América se explora la costa de Alaska; en América del Sur la Patagonia, etcétera.
El siglo XIX comienza con el combate de Trafalgar, en 1805, donde la escuadra fran- co-española es derrotada por la inglesa. España declina como potencia naval y mun- dial. La invasión napoleónica y los sucesos de 1808 dan comienzo a una guerra por el interior nacional que se prolonga durante seis años. A mediados del XIX se incorpora a la Armada el primer buque vapor de ruedas253, multiplicando su esfuerzo en la lu- cha contra la piratería en Filipinas y en la guerra del Pacífico contra Perú, Chile y Bo- livia.
En general, la trayectoria de la Armada durante este siglo no puede sustraerse de los acontecimientos y convulsiones políticas que sufre España, marcadas por las guerras carlistas y las revoluciones iberoamericanas.
Se construyen nuevos buques como el acorazado Pelayo y los cruceros Reina Regente, Lepanto y Alfonso XII, se modernizan los arsenales de La Carraca, Ferrol y Cartagena y se ponen en quilla los cruceros acorazados Infanta María Teresa, Almirante Oquendo y Vizcaya. Casi en vísperas del conflicto con los Estados Unidos, se bota el acorazado Carlos V y se realizan pruebas de guerra submarina con el torpedero sub- marino de Isaac Peral, cuyo proyecto y prototipo queda abandonado.
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El siglo XIX acabará con la guerra Hispano-Americana de 1898, por la que España pierde las provincias ultramarinas de Cuba y Filipinas.
Con el estallido en 1808 de la Guerra de la Independencia, la Infantería de Marina cambia nuevamente en su funcionamiento y regulación orgánica. El Cuerpo de Bata- llones es apartado de su misión para guarnecer buques y pasa a ser utilizado como tropas para el Ejército254; las necesidades bélicas se orientan ahora hacia la guerra te- rrestre contra las tropas francesas del ejército napoleónico. Con este objetivo la Junta Central organiza cuatro grandes fuerzas contra los franceses: el ejército de la Izquier- da, el de Cataluña, el del Centro y el de Reserva; fuerzas en las que se integran tam- bién los soldados de Marina.
La misma Junta Suprema determina que con los seis Batallones de Cádiz se formen tres Regimientos y con el batallón que les queda atiende la guarnición de los buques e instalaciones en tierra. Los cuatro batallones de Cartagena se suman al Cuarto y al Quinto Regimiento; los de Ferrol van al Sexto255. Bajo el mando de un oficial general del Ejército y formando una entidad cercana a las catorce mil plazas, los infantes de Marina combaten ahora tierra adentro, en frentes tan inusuales para ellos como el de Zaragoza, Tolosa, Ocaña o Rioseco.
Finalizada la Guerra de la Independencia, Infantería de Marina vuelve a la guarnición naval, pero la mera guarnición de buques y bases navales no precisa tener unidades con tantos efectivos como los reclutados para la guerra. Las fuerzas de Infantería de Marina se mueven desde ese momento en un panorama que muchos llaman de saine- te, viviendo glorias pasadas y participando en alguna que otra asonada256.
Durante los dos períodos absolutistas de Fernando VII, el ministro de Marina inicia las primeras reorganizaciones de ese siglo; la más importante unir las tropas de Mari- na a las de la Brigada Real, con oficiales propios (1823-1832). En el Ejército de Tie-
254 RIVAS FABAL, Enrique. Historia de la Infantería de Marina española (Dos Tomos). Madrid; Editorial Naval, 1985. ISBN 8473410270
255 RIVAS FABAL, Enrique. Historia de la Infantería de Marina española (Dos Tomos). Madrid; Editorial Naval, 1985. ISBN 8473410270
256 CÓZAR NAVARRO, María del Carmen. La Infantería de Marina durante la Restauración. Cádiz: Ser- vicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1993, p. 110. ISBN 8477861617.
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rra, en cambio, la Infantería y la Artillería se separan, dándoles misiones distintas aunque complementarias257.
En 1833 comienza la Guerra Carlista, donde la Infantería de Marina, bajo la deno- minación de “Artillería e Infantería de Marina” se vuelve a unir al Ejército, dándole una entidad de tres batallones de Infantería, ordenados al modo del mismo Ejército de Tierra y pagados por el ministerio de la Guerra. Pese a este cambio práctico en la misión, el desarrollo teórico de sus funciones no es modificado: servir a la guarnición de buques y bases navales.
Terminadas las Guerras Carlistas estos batallones pasan al Regimiento Asturias del Ejército de Tierra258, permitiéndose que algunos de sus miembros sean recuperados para las necesidades de la Armada y sus antiguas funciones de guarnición, sin que la
257 Esta y otras diferencias son debidas a los cambios y la evolución propia de la guerra, donde por ejemplo los enfrentamientos al abordaje son cada vez menos frecuentes. Se llega asimismo a la conclusión de que pudiéndose adiestrar a la marinería para manejar el artillado de los barcos se pueden ahorrar en aquellos destinos a los individuos de Artillería.
258 RIVAS FABAL, Enrique. Historia de la Infantería de Marina española (Dos Tomos). Madrid; Editorial Naval, 1985. ISBN 8473410270.
Figura 28.- Emblema de tropas durante la Tercera Guerra Carlista (Fuen- te: Sala Tercio de Levante)
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varíen la reformas de 1848 de Roca Togores ni la reforma de 1850, aunque esta últi- ma añade la función de cubrir las guardias de recinto de los arsenales, con las recién creadas Compañías de Guardias de Arsenales.
La siguiente organización tiene lugar en 1859, con las reformas de Lersundi y Mac Crohon, que reagrupan los batallones para formar tres medias brigadas.
Corriendo el tiempo se inician los primeros enfrentamientos entre los más altos mandos navales y los de Infantería de marina, que en 1865 los órganos judiciales aca- ban resolviendo haciendo que los respectivos capitanes generales de Departamento manden en el servicio y comisiones de los batallones, pero no en su administración y gobierno, al estar reservada al director del Cuerpo259.