LA RAZÓN Y LA FE SANTO TOMÁS
6. La armonía entre la razón y la fe
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Aquellas verdades que la fe enseña y que pueden alcanzarse también mediante la sola razón, las llama Santo Tomás praeambula fidei, "preámbulos o pórticos de la fe": que Dios existe, que es uno, incorpóreo, etc.
El planteo de Santo Tomás está determinado históricamente por la introducción en su época de la doctrina de la doble verdad (cf. § 4, c). Pero si bien Tomás reconoce que la fe y el conocimiento racional son diferentes, no admite que sean opuestos, sino perfectamente armónicos. Es imposible que razón y revelación se contradigan porque ambas proceden de Dios, que es la Verdad misma. Filosofía y teología tienen un mismo objeto: Dios; allá considerado como causa primera de todo ente y estudiado mediante la luz natural (la razón); acá como fin hacia el que se orienta la salvación del hombre y conocido mediante la luz sobrenatural de la revelación. O, dicho de otra manera, allá se trata de verdades naturales, aquí de las sobrenaturales. Y la prueba de que se trata de dos dominios armoniosamente relacionados entre sí la encuentra Santo Tomás en el hecho de que la filosofía -Aristóteles, un filósofo pagano, a quien Santo Tomás llama siempre "el" filósofo, por antonomasia- haya podido alcanzar verdades coincidentes con las de la fe, como, por ejemplo, la existencia de Dios; ello es muestra evidente del indiscutible poder de la razón sin ayuda de la fe (contra la tesis agustiniana, cf. § 4, d). Razón y fe, pues, contra lo que sostenían los averroístas, no son dos campos incomunicados ni opuestos. La metafísica y la física aristotélicas proporcionan los principios racionales con cuya ayuda puede construirse una explicación de la realidad coherente y, a la vez, abierta a la fe.
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fue necesario que el hombre fuese instruido por revelación divina sobre las mismas verdades que la razón humana puede descubrir acerca de Dios, porque las verdades acerca de Dios investigadas por la razón humana llegarían a los hombres por intermedio de pocos, tras de mucho tiempo y mezcladas con muchos errores, y, sin embargo, de su conocimiento depende que el hombre se salve, y su salvación está en
Y si Dios nos las ha revelado, en lugar de dejar que la razón las descubriera por sí sola, ello se debe a que son precisas para nuestra salvación, y a que con el conocimiento intelectual sólo difícilmente se logran; si bien en principio todos pueden conocerlas, de hecho las conocen racionalmente sólo muy pocos, y para los demás son prima credibilia, "las primeras cosas creíbles":
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E. GILSON, op. cit., p. 39.
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loc. cit.
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Dios. Luego para que con más prontitud y seguridad llegase la salvación a los hombres fue necesario que acerca de lo divino se les instruyese por revelación divina.25
el hombre está ordenado a Dios como a un fin que excede la capacidad de comprensión de nuestro entendimiento [...]. Ahora bien, los hombres que han de ordenar sus actos e intenciones a un fin deben conocerlo. Por tanto, para salvarse necesitó el hombre que se le diesen a conocer por revelación divina algunas verdades que exceden la capacidad de la razón humana.
Pero la razón no puede alcanzar totalmente a Dios, ni mucho menos. Y sin embargo para la salvación son precisas también verdades que superan todo el poder de la razón y sólo pueden conocerse mediante la revelación; se trata de los misterios o verdades sobrenaturales, como la Trinidad, la Encarnación, la resurrección de la carne, que no son demostrables en modo alguno, y se llaman articuli fidei, "artículos de la fe":
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Sin duda, el conocimiento racional es más claro que el de la fe, y por ello, hasta donde aquél llegue, ha de preferírselo. Pero si por su modo de conocimiento la razón es superior, la fe la excede por su objeto: la infinitud de Dios supera cuanto la razón pueda alcanzar, porque lo finito no puede comprender adecuadamente lo infinito. Mas ello no quiere decir que los misterios sean antirracionales, sino suprarracionales, esto es, no opuestos a la razón, sino que son superiores a ella y la sobrepasan. Por tanto, la filosofía -la razón- no debe negar la revelación; al contrario, puede cumplir respecto de los misterios una función propia, haciendo ver justamente que lo suprarracional no es antirracional. En efecto, por una parte defiende los contenidos de la fe, rechazando las objeciones que le dirijan sus adversarios, mostrando que esos contenidos no son contradictorios, sino posibles;27 y de otra parte, busca analogías entre lo natural y lo sobrenatural, y así esclarece la fe (por ejemplo, a la manera como la diversidad de operaciones de nuestra alma no impide que ésta sea una, puede vislumbrarse por analogía que Dios es a la vez uno y trino). Las supuestas contradicciones entre razón y fe no son más que aparentes, y así como para el ojo vulgar la tierra parece mayor que el sol, pero no al astrónomo, de nodo análogo en la Sabiduría infinita desaparecen las incompatibilidades entre razón y fe: "las cosas que la fe conoce por revelación divina, pues, no pueden ser contrarias al conocimiento natural".28
Sin embargo, si a pesar de todo se produjese un verdadero conflicto entre el saber natural y el sobrenatural, ello no podría significar sino una sola cosa: que la razón es víctima del error, que ha sido mal empleada y debe por tanto corregirse: "en efecto, sea lo que fuere lo que se encontrase en las otras ciencias de contrario a la verdad de esta ciencia [la teología], todo ello se lo condena como falso".29 Pues ya se ha dicho que la verdad es una, y una verdadera contradicción significaría una contradicción en Dios mismo. En tal caso, por tanto, la razón debe subordinarse a la fe, la filosofía y la ciencia a la teología: "Como, pues, la gracia no elimina a la naturaleza, sino que la perfecciona, es necesario que la razón natural obedezca a [o sea esclava de] la fe".30
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S. theol. I q.1 a. I resp. (trad. R. Suárez, en la ed. citada en nota 2, pp. 260-261).
26
loc. cit. (trad. cit., p. 260).
27
S.theol. I q.32 a.l resp. ad sec.
28
De tirinitate q.2 a.3 (cit. por J. M. VERWEYEN. Historia de la filosofía medieval, trad. esp., Buenos Aires. Nova, 1957, p. 119, n. 164).
29
S. theol. I q. 1 a.6 ad secundum.
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op. cit. I q. I a.8 utitur tamen.
La filosofía se convierte pues, según la usual fórmula escolástica, en sirvienta de la fe (philosophia
ancilla theologiae). En consecuencia, así como la razón ayuda a la fe, también ésta debe
donde debe dirigirse. Santo Tomás puede entonces establecer, a modo de principio general, las relaciones entre razón y fe de la siguiente manera:
Los dones de la gracia se añaden a la naturaleza de modo lal que no la suprimen, sino que más bien la perfeccionan; de donde resulta que la luz de la fe, que nos es infundida por gracia, no destruye la luz del conocimiento natural, que nos es puesto por naturaleza.31
Por lo que se refiere a la existencia de Dios, Santo Tomás propone cinco demostraciones o vías (quinqué viae). Todas ellas tienen la misma estructura, que puede esquematizarse de la siguiente manera: 1) Un punto de partida en el mundo sensible, un hecho de experiencia, "porque una existencia no podría inducirse sino a partir de otra existencia",
Véase entonces cómo procede la razón cuando se ocupa de Dios.