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Virtudes éticas y dianoéticas

In document Carpio, Adolfo P - Principios de Filosofia (página 122-126)

EL MUNDO DE LAS SUBSTANCIAS ARISTÓTELES

9. Virtudes éticas y dianoéticas

Según Aristóteles, la felicidad sólo puede encontrarse en la virtud. Virtud -

αρετη

(arete)- significa "excelencia", la perfección de la función propia de algo o alguien. La

función del citarista, v. gr., reside en saber tocar la cítara; y será virtuoso en el arte de tocarla en la medida en que desempeñe tal función de manera excelente. De modo semejante, debemos preguntarnos en qué consiste la función propia del hombre como tal (cf. § 6) para poder determinar en qué estriba su virtud:

el vivir parece también común a las plantas, y se busca lo propio [del hombre). Hay que dejar de lado, por tanto, la vida de nutrición y crecimiento. Vendría después la sensitiva, pero parece que también ésta es común al caballo, al buey y a todos los animales. Queda, por último, cierta vida activa propia del ente que tiene razón, y éste, por una parte, obedece a la razón; por otra parte, la posee y piensa.35

Pero ocurre que el hombre no es solamente racional, sino que en él hay también una parte irracional de su alma: los apetitos, la facultad de desear- que a veces sigue los dictados de la razón (tal como ocurre en quien se domina a sí mismo), pero a veces no (el caso del incontinente). Según lo cual habrá dos tipos de virtudes: las de la razón considerada en sí misma (virtudes dianoéticas) y las de la razón aplicada a la facultad de desear (virtudes éticas).

La virtud del hombre, por lo tanto, consistirá en la perfección en el uso de su función propia, la razón, en el desarrollo completo de su alma (o vida) racional.

36

La virtud es un hábito de elección, consistente en una posición intermedia relativa a nosotros, determinada por la razón y tal como la determinaría el hombre prudente. Posición intermedia entre dos vicios, el uno por exceso y el otro por defecto.

Las virtudes éticas o morales, o virtudes del carácter (

ηθος

[éthos] significa "carácter", "manera de ser", "costumbre"), las define Aristóteles en un pasaje célebre:

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En segundo lugar, se trata de un hábito, porque, en efecto, no basta con que una persona, en un caso dado, haya elegido lo debido para que la consideremos virtuosa. "Una golondrina no hace verano",

Aristóteles dice, en primer lugar, que para que haya valor moral en una persona, sus actos tienen que ser resultado de una elección (es decir, tienen que ser libres, si bien no hay en Aristóteles un planteo expreso del tema de la libertad de la voluntad), porque un acto realizado de otra manera -por ejemplo, el movimiento involuntario de un miembro- no puede calificarse de moralmente bueno ni malo. Sólo se alaba o censura las acciones voluntarias.

38

35

op. cit. I, 7, 1097 b 33 -1098 a 5 (trad. cit)

36

Cf. op. cit. I, 13, 1103 a.

37

op. cit. II, 6, 1106 b 35 - 1107 a 3.

38

op. cit. I, 7, 1098 a -19

es decir que una buena acción por sí sola no revela un individuo virtuoso, sino sólo en cuanto en esa acción se manifiesta un carácter virtuoso. La virtud es cuestión de práctica, de ejercicio, por lo que Aristóteles dice que es un "hábito", esto es, cierta manera de obrar constante, que se ha hecho costumbre en nosotros.

Tal hábito de elección, en tercer lugar, se halla "en una posición intermedia". Porque ocurre que en las acciones puede haber exceso, defecto y término medio, y en elegir el justo término medio reside precisamente la virtud. Respecto del manejo del dinero, por ejemplo, hay un exceso, la prodigalidad o el despilfarro, y un defecto, la avaricia; la virtud consistirá en la liberalidad o generosidad. Respecto de los placeres, el exceso es la incontinencia o desenfreno; el defecto, la insensibilidad; y la virtud reside en la temperancia, vale decir, en el uso moderado y controlado de los placeres. La temeridad es vicio por exceso, la cobardía por defecto; la virtud consiste en la valentía.

Por último dice Aristóteles que ese término medio, que !o establece la razón, se lo debe determinar "tal como lo haría en cada caso el hombre prudente", el hombre dotado de buen sentido moral. Esto significa que no hay una especie de regla o norma matemática, digamos, que nos permita determinar, en general y abstractamente, cuál sea el término medio. Aristóteles tiene una visión muy concreta de las cosas, y sabe que el término medio no puede ser siempre el mismo, sino que depende de las circunstancias y de la persona del caso y de los extremos de que se trata -por eso el término medio es "relativo a nosotros". Hay virtudes diferentes según se trate del varón o de la mujer, del político o del guerrero, del sano o del enfermo. Una persona de organismo débil, por ejemplo, no puede realizar el acto que sería valiente para el caso de otra persona más robusta; la liberalidad de quien posee poco dinero no puede consistir en regalar tanto como quien es muy rico, porque en tal caso incurriría en despilfarro, que es un vicio. A todo esto se refiere Aristóteles al hablar del hombre prudente: éste es el hombre de tino, aquel que mediante larga experiencia ha ejercitado su razón de modo tal que puede discriminar lo que en cada caso concreto corresponde hacer, es el que tiene la mirada capaz de encontrar, en cada situación concreta, el justo término medio.

La virtud ética superior es la justicia;39

Son dos: el arte -"hábito productivo acompañado de razón verdadera"

más todavía, es la virtud misma, así como la injusticia es el vicio, puesto que lo justo señala la debida proporción entre los extremos.

Sin embargo, ni siquiera la justicia representa plena autarquía, puesto que requiere otra persona respecto de la cual podamos ser justos y de la cual por tanto dependemos. Además, las virtudes éticas no son de por sí completas, ya que -según su definición- remiten a la prudencia, que es virtud intelectual.

Las virtudes dianoéticas o intelectuales atañen al conocimiento. Unas, las de la "razón práctica", se refieren a las cosas contingentes, es decir, a las que, en cuanto caen bajo el poder del hombre, pueden ser o no ser o ser de otra manera.

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- y la

prudencia -"arte práctico verdadero, acompañado de razón, sobre las cosas buenas y

malas para el hombre"41. -Las otras virtudes intelectuales, las de la "razón teórica", conciernen al puro conocimiento contemplativo, y se refieren a la realidad y sus principios, a lo que es y no puede ser de otro modo, por tanto, a lo necesario. Éstas son la ciencia (

εηιστηµη

) -"hábito demostrativo"42-, la intuición (intelectual) o intelecto (

νους

) -"hábito de los principios".43-, que capta las formas, o el principio de contradicción, que constituye la base de toda demostración, y la sabiduría (

σοϕια

), que no sólo conoce las conclusiones de los principios, sino también la verdad de éstos, vale decir que reúne en sí la intuición de los principios y lo que se desprende necesariamente de ellos.44

39

op. cit. V, I, 1129 b 25 ss.

40

op. cit.. 1140 a II (tr. Gómez Robledo).

41

op. cit.. 1140 b 7 (id.).

42 op. cit., 1139 b 32. 43 op. cit. 1141 a 8 44 Cf.. op. cit., 1141 a 16-20.

En estas virtudes del pensamiento, de la pura actividad contemplativa de la verdad por el puro gozo de contemplarla, en la pura teoría (

θεωρια

), se encuentra la felicidad perfecta, pues, en efecto, la vida teorética se basta a sí misma, y llena entonces la condición que debe tener el fin último:

la autosuficiencia o independencia de que hemos hablado puede decirse que se encuentra sobre todo en la vida contemplativa. Sin duda que tanto el filósofo como el justo, no menos que los demás hombres, han menester de las cosas necesarias para la vida; pero supuesto que estén ya suficientemente provistos de ellas, el justo necesita además de otros hombres para ejercitar en ellos y con ellos la justicia, y lo mismo el temperante y el valiente y cada uno de los representantes de las demás virtudes morales, mientras que el filósofo, aun a solas consigo mismo, es capaz de contemplar, y tanto más cuanto más sabio sea.45

El filósofo, pues, es el que más o mejor se basta a sí mismo, y la vida de razón, la vida contemplativa, es la más feliz,46

Una vida semejante, sin embargo, podría estar quizá por encima de la condición humana, porque en ella no viviría el hombre en cuanto hombre, sino en cuanto que hay en él algo divino.

y la sabiduría la virtud más alta.

Pero Aristóteles tiene perfecta conciencia de que ningún hombre puede vivir una vida pura y exclusivamente contemplativa -hay siempre en el hombre otras necesidades que lo requieren. Por ello una vida puramente teorética es superior a la humana, y sólo un ideal para el hombre:

47

Mas no por ello hay que dar oídos a quienes nos aconsejan, con pretexto de que somos hombres y mortales, que pensemos en las cosas humanas y mortales, sino que en cuanto nos sea posible hemos de inmortalizarnos y hacer todo lo que en nosotros esté para vivir según lo mejor que hay en nosotros [...]

Pero el que sea más que humana no implica que se abandone ese ideal, sino todo lo contrario:

48 45 op. cit., X, 7, 1177 a 28 ss. 46 op. cit. 1178 a. 47 op. cit., 1177 b 27 ss. 48 op. cit. 1177 b 31 ss.

BIBLIOGRAFÍA

Las únicas traducciones de Aristóteles al español recomendables son: Metafísica, trad. García Yebra, Madrid, Gredos, 1970 (texto griego, trad. latina, y trad. española); trad. H. Zucchi, Buenos Aires, Sudamericana, 1978. Tratada del alma, trad. Ennis, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1944. Ética nicomaquea, trad. A. Gómez Robledo, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1954 (bilingüe) y Ética a Nicómaco, trad. M. Araujo y J. Marías, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1960 (bilingüe). Política, trad. J. Marías y M. Araujo, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1951 (bilingüe). Constitución de

Atenas, trad. A. Tovar, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1948 (bilingüe). Retórica,

trad. A. Tovar, Madrid, Instituto de Estudios Políticos (bilingüe). Poética, trad. J. D. García Bacca. México, Univ. Nacional Autónoma de México, 1945 (bilingüe); trad, E. Schlesinger, Buenos Aires, Emecé, 1947. En J. Gaos, Antología filosófica. La filosofía griega (México, La Casa de España en México, 1940), se encuentra una traducción, con comentario, de la

Metafísica, libro I, Caps. 1, 2 y 3, y libro XII; y de los caps. 5-9 del libro II de la Ética nicomaquea.

Obras de consulta:

D. ROSS, Aristóteles, trad. esp., Buenos Aires, Charcas, 1981.

J. MOREAU, Aristóteles y su escuela, trad. esp., Buenos Aires. Eudeba, 1971. O. HAMELIN, El sistema de Aristóteles, trad. esp., Buenos Aires. Estuario, 1945. W. BRÖCKHR, Aristóteles, trad. esp., Santiago de Chile, Universidad de Chile. G. R. G. MURE, Aristotle, New York, Oxford University Press, 1964.

G. E. R. LLOYD, Aristotle: the Growth and Structure of his Thought, Cambridge, At the University Press, 1968. G. R. G. Mure, An Introduction to Hegel, Oxford. At the Clarendon Press, 1 948 (los primeros seis capítulos se ocupan de Aristóteles).

CAPÍTULO VII

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