CAMBIO Y PERMANENCIA
4. Parménides: el ente y sus caracteres
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según afirma el fragmento 3. El pensar no puede ser sino pensar del ente: no hay posibilidad de alcanzar el ser sino mediante la razón. "La posibilidad de concebir algo (concebibilidad) (y, en consecuencia, la posibilidad de expresarlo) es criterio y prueba de la realidad de lo que es concebido (y expresado) porque solamente lo real puede concebirse (y expresarse) y lo irreal no puede concebirse (ni expresarse). Con lo cual Parménides llega a expresar, no sólo que pensar una cosa equivale a pensarla existente, sino también que la pensabilidad de una cosa prueba su existencia; porque si sólo lo real es pensable, lo pensado resulta necesariamente real".
Parménides es el primer filósofo que procede con total rigor racional, convencido de que únicamente con el pensamiento -no con los sentidos- puede alcanzarse la verdad y de que todo lo que se aparte de aquél no puede ser sino error; sólo lo (racionalmente) pensado "es", y, a la inversa, lo que es, responde rigurosamente al pensamiento:
Pues lo mismo es pensar y ser,
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Ahora bien, yo te diré,
Lo repite el frag. 8 (verso 34): "Y lo mismo es pensar y aquello por lo cual hay pensamiento". El pensar sólo es tal pensar para el ser.
Parménides comienza por colocarse ante la alternativa más amplia que pueda uno enfrentar (la filosofía, dijimos, es el saber más amplio, cf. Cap. I, § 3), ante las dos máximas posibilidades pensables: o hay algo, algo es, es decir, hay ente -o bien no hay
nada:
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y tú escucha atentamente mis palabras, qué caminos de investigación son los únicos pensables: uno [que dice] que es y que no puede no aer, es el sendero de la persuasión -pues acompaña la Verdad-; el otro [que dice] que no es y que es necesario que no sea, y he de decirte que éste es un sendero impracticable.19
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Cf. M. HEIDEGGER, ¿Qué es eso de filosofía?, trad. esp. A. P. CARPIO, Buenos Aires, Sur. 1960, p. 28.
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Éste es. al menos, el enfoque tradicional de la cuestión.
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R. MONDOLFO. El pensamiento antiguo, Buenos Aires, Losada, 1942, tomo I, p. 79
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A semejanza de los poemas homéricos, que comienzan invocando a la "diosa", o de Hesíodo que invoca a las musas (cf. Cap. I, § 4). en el poema de Parménides es una diosa quien le comunica a éste la doctrina en forma de "revelación". En muchos otros detalles trasparece este carácter "religioso" del poema, y ello es particularmente notable en quien pasa por ser el primer "racionalista" de la historia de la filosofía. Cf. § 6.
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Es evidente que no puede haber posibilidad de más alcance que la que se plantea en esta disyuntiva: la más amplia porque dentro de ella cae todo absolutamente (la filosofía se ocupa de la totalidad), inclusive la nada, que aparece en el segundo miembro de la alternativa. De manera que
La decisión consiste en esto: o es o no es.20
porque el no-ente no lo puedes pensar -pues no es posible-, ni lo puedes expresar.
O lo uno o lo otro; pero sin que quepa una tercera posibilidad (cf. principio de tercero excluido).
Ahora bien, es asimismo evidente que la segunda posibilidad enunciada -que no sea nada- es un absurdo; porque decir "no hay nada" es como afirmar que "lo que hay es la nada", que "la nada es", o, en otras palabras, que "el no-ente es": esto es claramente contradictorio, y por tanto debe rechazarse (principio de contradicción):
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Es necesario decir y pensar que el ente es: pues le es propio ser, mientras que no le es a la nada; es lo que te ordeno considerar,
Por ende es preciso concluir afirmando decisivamente el primer miembro de la alternativa, es decir, que "es". Pero si hay algo, si algo "es", a ese algo se lo llamará ente (cf. Cap. I, § 1). Entonces el ente es necesario.
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Sólo queda pronunciarse por el camino [de investigación] que dice que es; por éste hay indicios en gran número.
dice la diosa; porque afirmar que "el ente no es" es una evidente contradicción. De manera que
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El ente es único. Porque si no, sería múltiple, o, para suponer el caso más simple, habría dos entes. Ahora bien, si hubiese dos entes, tendría que haber una diferencia entre ambos, puesto que si no se diferenciasen en nada no serían dos, sino uno solo (cf. Cap. I, § 1, principio de los indiscernibles). Pero lo que se diferencia del ente, es lo que no es ente, esto es, el no-ente, la nada. Mas como la nada no es nada, resulta que no puede haber diferencia algún»» y no puede haber en consecuencia sino un solo ente.
Entre estos indicios, signos o caracteres del ente, nos limitamos a señalar que el ente es único, inmutable, inmóvil, inengendrado, imperecedero, intemporal, e indivisible.
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El ente es inmutable, es decir, no está sometido al cambio, en ninguna de sus formas (cf. Cap. VI, § 5) -"permaneciendo el mismo en el mismo estado, reposa en sí mismo" (frag. 8, vers. 29)-, porque cualquier tipo de cambio supondría que el ente se
20 Frag. 8, vers. 15-16. 21 Frag. 2, vers. 7-8. 22 Frag. 6, vers. 1-2. 23 Frag. 8, vers. 1-3. 24
Los eruditos discuten sobre si Parménides afirmó que el ente es "uno" o no. Aquí se sigue la interpretación de Teofrasto y la demostración que éste aduce (según Simplicio, Phys. 115, II, en Diels-Kranz A 28). Respecto de las argumentaciones siguientes, en parte se las simplifica, en parte se completa lo que Parménides explícitamente dice.
transformase en algo diferente; pero como lo diferente del ente es el no-ente, y el no-ente es la nada, y la nada no es nada, el ente no puede cambiar.
Tómese la forma más simple de cambio, lo que se llama cambio de lugar o movimiento local, el traslado de un sitio a otro. Para moverse, el ente necesitaría un espacio donde desplazarse. Este espacio o lugar debiera ser diferente del ente; pero como lo diferente del ente es el no-ente, la nada, no puede haber espacio ninguno donde el ente se mueva. El ente, pues, es inmóvil.25
En efecto, ¿qué origen le buscarás? ¿Cómo y de dónde su crecimiento? Del no ente no te permitiré que digas ni que pienses, pues no se puede ni decir ni pensar que no es.
De la inmutabilidad resulta también que el ente carece de origen, que es
inengendrado.
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inmóvil en el límite de poderosas ligaduras, es sin principio ni fin, desde que generación y destrucción han sido lanzadas bien lejos y las ha expulsado la verdadera creencia.
El razonamiento es en esencia siempre el mismo. Si el ente hubiera tenido origen, hubiese tenido que ser engendrado o producido, o bien por lo que es, por el ente, lo cual es imposible, puesto que ya es; o bien por algo diferente del ente. Pero como lo diferente del ente es el no-ente, la nada, no hay nada que pueda haberlo originado; por consiguiente, es ingenerado.
Y encarando la cuestión por el otro lado -ahora no respecto del origen, sino - de su fin-, es preciso sostener que el ente nunca puede dejar de ser, que el ente es
imperecedero: "así como es ingenerado es también imperecedero" (frag. 8, vers. 3).
Porque si el ente se destruyese, si dejase de ser, entonces sería el no-ente, la nada; y como esto, según ya se sabe, es absurdo, es necesario eliminar la posibilidad de la desaparición del ente, tanto como la de su generación:
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El ente es además intemporal. En tanto que Heráclito pensaba la eternidad como infinita duración a través del tiempo (cf. p. 21), Parménides piensa la eternidad del ente como eternidad supratemporal, como constante presencia, como eterno presente,28
Jamás era ni será, puesto que es ahora todo a la vez.
o, quizás más exactamente, como in-temporalidad.
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Carece de significado hablar de pasado o de futuro respecto del ente; decir "fue" o "será" implica duración a través del tiempo. "Sólo puede usarse el presente 'es', porque no hay proceso ninguno de devenir que comience en un tiempo y termine en otro, durante el cual pudiésemos decir que todavía no es por completo, pero que habrá de serlo en el futuro".30 25 Cf. Platón, Teétetos 180 e. 26 Frag. 8, vers. 6-9. 27
Frag. 8. vers. 26-28. Esas "ligaduras" no son sino los principios ontológicos.
28
CF. R. MONDOLFO, Heráclito cit., p. 225.
29
Frag. 8, vers. 5.
30
F.M.CORNFORD, Plato and Parménides (London, Routledge & Kegan Paul, 1951), p. 38.
Decir "fue" o "será", y, en general, hablar del tiempo, supone un proceso de devenir a través del cual el ente dura; pero el ente es pleno y completo, y por tanto no tiene sentido aplicarle determinaciones temporales: simplemente "es", como constante presencia más allá o independientemente de todo tiempo posible, en una especie de presente sin duración ninguna.
El ente, por último, es indivisible.
Ni siquiera es divisible, pues es todo del mismo modo.
No hay en parte alguna un algo más de ente que pueda impedir (la continuidad, ni un algo menos, sino que es todo lleno de ente.31
todos los que los mortales han establecido, convencidos de su verdad: generación y perecer, ser y no ser, cambio de lugar y mutación del brillante color.
En el ente, en efecto, no hay "diferencias" -porque lo diferente del ente, repitamos, es el no-ente-, sino que es todo y simplemente ente, de modo perfectamente "continuo", sin "interrupciones" entre algo que fuera menos y algo que fuera más. Y si no hay diferencias, no es posible dividirlo, puesto que toda división se la hace según partes diferentes.