del profesorado Universitario
4. Arturo: joven doctor en busca de empleo
Trayectoria: una supuesta “sobrecualificación” que no permite la inserción laboral
Arturo, que tiene 35 años, es ingeniero y doctor desde 2012, trabaja actualmente en la UCM con un contrato de apoyo a la investigación (PAI) con cargo a proyectos de empresas privadas. Por tanto, su puesto está definido como Personal de Servicios y Administración (PAS) a pesar de no serlo en realidad, pues su categoría laboral está fuera de todo convenio, en un vacío legal y administrativo.
Cuando en 2008 Arturo terminó una ingeniería se propuso hacer el doctorado en un tema relacionado con las ciencias experimentales. Para ello tuvo que hacer un máster de dos años y consiguió una beca de una fundación para un año. Cuando terminó esta beca intentó algunas becas predoctorales, pero sin lograr ninguna porque como él dice, en las ingenierías “sacar nota es bastante más complicado” y la competencia con gente con notas superiores hizo que se quedara sin beca. Por tanto, entre el trabajo fuera de la universidad que le permitiera mantenerse y las clases del máster que estaba obligado a hacer para poder matricular la tesis, que iba haciendo en paralelo, hicieron que pasara cuatro años de ritmo de trabajo enloquecido: “Por las mañanas laboratorio, por las tardes el máster y luego dos días a la semana por las noches descargando los camiones de Zara. (…) tres horas, tres,
cuatro horas... ¡pero lo mismo te llamaban a las tres de la mañana! (...) Yo abría el laboratorio a las siete y media-ocho menos algo. A las dos comía y a las tres tenía, empezaba el máster hasta las nueve y media. ¡Así durante dos años!”.
A pesar de estar trabajando de manera paralela, en un campo que nada tenía que ver, trabajo nocturno y cansado, consiguió terminar la tesis cuatro años después, en 2012 y ahí comenzó a buscar trabajo: “Empecé a buscar trabajo. Pero como era lo de la crisis justo ahí, pues nada, hacía entrevistas y lo que me decían era que no tenía experiencia en el sector privado. Y yo les decía ‘¡Sí! Yo no tengo experiencia, obviamente, pero yo quiero que alguien me dé para poder, no sé... ¡empezar!’ (…) ¡Te dicen que tú no tienes experiencia! O sea, te encuentras con las puertas un poco... cerradas”. En este sentido, Arturo considera que tal vez el currículum que ha ido haciendo en estos años le penalizaba en lugar de ayudarle: “te ven como sobrecualificado para diversos puestos. Vas a empresas que solo tienes que hacer análisis rutinarios de, no sé, materias primas, o de cualquier cosa, que eso lo hace hasta un chaval que tenga FP. ¡No por menospreciar!, pero, vamos, que son cosas muy sencillas. Entonces tener ¡Máster! ¡Ingeniería! ¡Doctorado!, dicen ‘¡Puf! Este no sé’”.
Entonces, a pesar de que había terminado con éxito el máster y la tesis y de contar con varias publicaciones, Arturo se encontró con que las puertas estaban cerradas, tanto en la empresa privada, por estar sobrecualificado, como en la universidad, porque no había presupuesto para nueva contratación: tuvo que comenzar a tra- bajar en lo que pudo, primero en un supermercado, como frutero, después en un almacén, ordenando pedidos, y, por último, como comercial.
Al margen de estos trabajos, seguía buscando un empleo mejor, no tanto becas de investigación, porque se fue haciendo a la idea de que cuanto más tiempo fuera pasando fuera de la universidad una vez terminado el doctorado, menos posibilida- des tenía de volver. Es decir, se fue desmotivando ante la idea de estar “descolgán- dose” de la carrera académica. Mantenía el contacto con su grupo de investigación, pero no le podían meter en proyectos porque “es que es muy complicado, no tienen ellos dinero casi ni para, como aquel que dice, ¡para nada!”.
La situación laboral bajo los acuerdos de la universidad y la empresa privada
A pesar de sus escasas expectativas, finalmente Arturo consiguió encontrar un tra- bajo en la Universidad, en este caso, en la UCM, a través de los contratos de personal de apoyo a la investigación (PAI) con cargo a proyectos de investigación. A través de un grupo de investigación cercano al suyo le ofrecieron presentarse a una con- vocatoria para un contrato PAI y se dijo: “Voy a intentarlo. Voy a estar el tiempo que esté. Si son dos años, si al menos tengo capacidad, puedo publicar, currícu- lum...”. Sin embargo, ahora que se acerca el final del contrato afirma: “me queda poco tiempo y no veo un futuro”.
En su trabajo actual, como personal de apoyo a la investigación a través de un pro- yecto de una empresa privada, tal y como permite el artículo 83 de la LOU. Un con- trato para tareas investigadoras, como personal de la UCM, pero que no le reconoce
los mismos derechos que a los investigadores PAI de proyectos del Ministerio, o que a la plantilla de PAS: “o sea la empresa paga a la Complutense y se quedan un 20%, ¿vale? Sin embargo, tú aquí en la universidad no tienes derechos ni a dar clase. Solo puedes investigar, ¿vale? Entonces luego aparte, pides a lo mejor... no tiene nada que ver, pero... ¡Es que estoy indignado con esto!, es que pides el abono transporte y tam- poco tienes derecho al abono transporte. Aunque tú estés aquí trabajando, pero como eres del artículo 83 no te dan la ayuda al abono de transporte como se la dan a todo el mundo. (…) ¡Ya! Pero si entonces no me la dan y no me dejan dar clase, ¡que no se queden con el 20%!”.
El salario que percibe Arturo ronda los 1.000 euros netos, que considera está lejos de ser un “sueldo digno” para su cualificación: “¡Yo estaba preparando pedidos en un almacén y cobraba más!”. Su horario de trabajo está entre las nueve de la mañana y las tardes puede variar entre las cinco y las siete, dependiendo del día. Pero eso sí, a esto hay que sumarle las dos horas y media de camino, ida y vuelta, desde Ciudad Universitaria hasta una localidad de la periferia donde vive, en casa de un pariente, para no tener que pagar alquiler, pues en su caso, ya tiene un alqui- ler en su casa de su ciudad natal, donde vivía con su esposa y a donde viaja cada fin de semana. Ante esta situación, su sensación es de frustración y la desmotivación: “¿Que por qué estoy tan quemado?... ¡Pues por eso! Porque ves que te preparas, eh... haces un doctorado, un máster, un tal y luego te dan patadas por todos los laos”. Cuando le entrevistamos, Arturo no se ha acreditado todavía a ninguna de las figu- ras de personal docente: “Yo empecé a la acreditación cuando acabé el doctorado. Lo dejé y como empiezas a trabajar en cosas que no tienen nada que ver, ya lo dejas. Luego llegas aquí y claro, ya he empezado otra vez, pero es que... Pero, bueno, sí, me quiero acreditar obviamente”. Sin embargo, lo ve: “¡Muy complicado! Te piden mucha cosa, muy lioso. (…) Y luego aparte es eso, es que tienes que hacer otras cosas, ¡que no puedes estar solo pendiente! Tienes cultivos, tienes experimentos, tienes artículos, tienes emails... Es que no puedes estar todo el rato ‘¡Aggg!’”. ¿Cómo conciliar el futuro laboral con la vida personal?
Ante la pregunta de cómo ve el panorama de su futuro “casi presente” laboral es tajante: “Mal, muy mal ¡Fatal! Yo de hecho voy a acabar ahora en julio. Si me renuevan hasta final de año bien, pero es que después no sé qué voy a hacer porque vamos... o sea, sinceramente yo no veo. Y mira que buscas, hablas con gente, pre- guntas... Pero claro, yo lo que no quiero es estar pa’ arriba y pa’ abajo, no, es que no. No me apetece ni tengo ya edad y que no. Me he casado hace poco y no estoy pudiendo disfrutar de mi matrimonio, ni de mi mujer, ni nada porque ella está allí (en Valencia) y yo estoy aquí. Yo voy todos los fines de semana. Es una situación complicada que al final, pues te cansa, ¿sabes? Yo no digo que: ‘Mira, vamos a estar una estancia de 6 meses en Inglaterra o en Alemania o en EE. UU. Vale’, pero sabes lo que... Pero ir pa’ arriba y pa’ abajo sin tener un futuro, yo no. ¡Yo no! A lo mejor hay otra gente que no le importa, pero yo ahora mismo no”.
Arturo no buscaría trabajo en el extranjero: “Yo soy de las personas que piensa que hay que valorar primero la calidad de vida, ¿vale? Mi criterio para tener una buena
calidad de vida es eso, no es otro. Entonces hay otras personas a las que le da igual, pero a mí no. A mí si me pillan a lo mejor con 23-24 años, pues no te digo que no. Pero ya recién casado y tal, no”.
Nos cuenta Arturo que la situación en la que está no puede prolongarse mucho tiempo, cobrando 1.000 euros, separado de su familia, sin posibilidades de con- tinuidad ni de planificar un futuro: “No quiero alargarlo en el tiempo porque yo quiero tener un futuro. Quiero tener una certidumbre de lo que, más o menos... Yo no puedo estar ‘Ahora un contrato de tal, pero luego no sabemos...’. No puedes. Yo por lo menos no. ¡Es que no quiero estar así!”. Planificar un futuro no solo en lo laboral, sino también en la vida familiar, en las posibilidades de poder elegir formar una familia o no, sin que esta opción venga impuesta por la precariedad laboral: “Es que yo no puedo. ¿Yo cómo formo una familia? No puedo. (…) Si ella se queda embarazada, ¿qué? Que me llame un día a las 3 de la mañana que se encuen- tra mal. ¿Y yo aquí en Madrid? Pues no, es que son cosas que no. Luego tienes que elegir. Es lo que te decía de la calidad de vida: tienes que elegir. Entonces yo cuando llegue el momento ya me plantearé. A mí no me importa trabajar... en lo que sea, ya lo has visto. Pero, claro, obviamente yo me he preparado para lo que me he pre- parado y quiero trabajar en lo que quiero trabajar. Pero, bueno, hay circunstancias que no te dejan”. En definitiva, piensa Arturo que tal vez dentro de poco tenga que renunciar otra vez a su carrera para dedicarse a un trabajo que poco tenga que ver, que esté menos cualificado y que le guste menos, pero que le permita poder enfocar su vida, que le dé la estabilidad que la universidad y el mundo de la investigación le han negado.
5. David: un investigador confirmado sin expectativas de ser profesor