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Sergio: estabilidad laboral pero carga docente que desborda

del profesorado Universitario

3. Sergio: estabilidad laboral pero carga docente que desborda

Sergio tiene ahora 51 años y comenzó trabajando como investigador en un orga- nismo público mientras hacía la tesis doctoral en Ciencias Naturales en los años noventa. Una vez leída la tesis en el departamento de la Complutense donde ahora trabaja se fue a trabajar dos años como investigador postdoctoral a un país europeo. Después regresó a España, por motivos familiares, y encadenó con otro postdoc en la UCM donde realizó también tareas docentes como colaborador honorífico hasta que en 2005 sacó una plaza de Profesor Ayudante Doctor y desde 2009 una de Pro- fesor Contratado Doctor en el mismo departamento.

Desde 2012 está habilitado como Profesor Titular de Universidad, un peso que se ha quitado de encima pero que recuerda fue muy engorroso: “Es el jaleo de la burocra- cia interminable, y además que tienes que preparar currículum y cada uno te lo pide en un formato distinto, y te lo ponen con una aplicación informática en la cual tú no puedes coger de un sitio (…) Número de citas de cada publicación; ¡ponte a buscar tú quién te ha citado no sé cuántas veces en tal sitio! Y empiezas a buscar y pierdes ¡montones de tiempo! Yo cuando hice la de titular perdí casi ¡4 meses!”.

A pesar del esfuerzo que le costó, Sergio es muy escéptico con sus posibilidades de promocionar y no le falta sarcasmo cuando afirma: “La habilitación para titular de universidad, supongo yo que la tengo para decorar la habitación”.

La situación laboral estable y la investigación

Para Sergio la docencia y la investigación van de la mano y no se puede enten- der una parte de su trabajo sin la otra. Por eso él lleva participando en proyectos de investigación y publicando sus resultados desde que comenzó su carrera. Sin embargo, afirma que ha habido un cambio en los últimos años: “Luego también hay que reconocer que yo ya una vez, yo ya he llegado [a su situación laboral actual], las publicaciones de impacto siguen puntuando porque sexenio que tienes más que cobras, que es digamos la única forma de promoción que tienes aquí en la universi- dad. Y luego porque esperas, dices si un día sale la titularidad más vale que tenga el currículum detrás. Pero es muy distinto a cuando estás con el culo al aire, que estás como ayudante que sabes que tienes un contrato que es de 4 años y o te consigues la acreditación y entras como contratado, y entonces sí dependes de las publicaciones de impacto. Pero es muy, muy distinto, la presión que tienes”.

Por ello, desde que se estabilizó Sergio ha cambiado la forma que tiene de relacionarse con su trabajo, aunque luego veremos que no tanto, pues afirma que: “digamos que… he pisado un poquito el freno”. Cuando le preguntamos en qué consiste eso de “pisar el freno” nos contesta que: “Ya me tomo vacaciones en verano”. Y continúa explicando: “Mis primeras vacaciones fueron en el ¡2010! Vacaciones que no fueran un congreso, o sea de decir nos vamos a ir a un hotel en tal sitio y vamos a pasar allí una semana o 10 días. (…) Vacaciones o eran a la zona de trabajo o a la zona de proyecto, o vamos a aprovechar que hay un congreso en no sé dónde y ya te vas de congreso y el congreso son las vacaciones. Cosas de este estilo”. Es decir, hasta que no sacó la plaza de Con- tratado Doctor se sentía tan presionado por la necesidad de aumentar su currículum que no se permitía unas vacaciones que no fueran “para trabajar”.

Por otra parte, insiste en que el trabajo que hacen está muy poco valorado en térmi- nos económicos con relación a lo que se cobra por el mismo trabajo en otros países europeos: “Cuando dices el número de clases que estás dando aquí te dicen: ‘¿Y cuánto te pagan? ¡Ni locos lo hacemos nosotros!’ A mí en Alemania, en el Reino Unido y tal me dicen: ‘Oye, ¿vosotros estáis locos?’. Así de sencillo. ‘¿Y cuándo inves- tigáis?’. Y dices: ‘Cuando podemos’”. Su salario asciende a unos 2.000 euros netos “¡Y eso contando los trienios más los sexenios más los quinquenios! Si no, quítale de ahí y bajas ya a… a estar, sobre los 1.500 estarías, o incluso un poco menos puede”.

La docencia es mucho más que las horas de clase

Ha pasado por 17 asignaturas en el departamento por eso de que “el último que entra, coge lo que dejen” pero su situación ha ido mejorando a medida que pasaban los años y “ya en los últimos 4 años lo tengo todo concentrado en el 2º cuatrimes- tre”. Actualmente imparte el máximo de docencia permitida, que son 24 créditos. Algunas clases de máster puede tener entre 10-20 alumnos, pero en las de grado los grupos ascienden a unos 40-50 estudiantes, por lo que afirma que las ratios fijadas por el Plan Bolonia no se cumplen.

Sergio explica que en su departamento se respeta bastante el reparto de docencia para que no haya cambios sustanciales de un curso a otro. Pero a pesar de ello, Sergio insiste en que la preparación de las asignaturas le lleva mucho tiempo: “una relación de dos horas de preparación por cada hora de clase”. Este esfuerzo docente considera que es parte inherente al propio sistema universitario: “Aquí no tenemos un libro de texto, aquí cada año tú vas explicando, vas aumentando el temario, vas poniendo nuevos, nuevas referencias, vas cambiando los ejercicios, vas adaptán- dolo al tiempo que tienes o al material que tienes en la universidad. O sea que… esto nuestro es prepararlo día a día”.

Además de la preparación de las clases las cuestiones burocráticas: “Por eso te digo, es que muchas veces dices es que, claro, no sé si en rectorado se enteran de que hay distintas idiosincrasias dentro de la universidad, y que no se puede hacer todo con la misma norma. Porque es, o sea nosotros ha habido años que ha sido una locura las justificaciones de salidas: ‘Perdone, mire, es que nosotros tenemos unas prácti- cas que son en campo, y es una cosa sistemática, no son salidas puntuales ¡en que hay que pedir una comisión de servicio especial! Perdón ¡que son mis clases!’. O sea a mí el año pasado me hicieron hacer una memoria justificando que por qué iba a hacer unas clases al campo, no ¡que por qué me salía al campo! ‘Oiga, porque hay un examen del calendario académico ¡que es examen de campo!’. Pues tuve que hacer una memoria explicativa ¡y pedir una comisión de servicio! Porque claro eso no es calendario oficial de clases, es un examen”.

Y compara esta situación “kafkiana” con su experiencia laboral en el extranjero: “¡Yo no tenía que pedir los viajes! Yo iba a la secretaria del departamento, le decía: ‘Oye, que tengo que irme a tal sitio a tal’, ‘Vale de acuerdo, dime las fechas y tal’ ¡Y a mí me lo gestionaban todo! ¡El currículum me lo tenían al día!”.

Por no hablar de las condiciones materiales en las que se realiza el trabajo en la Com- plutense: “es que muchas veces acabas con la sensación de que la Complutense ¡le importa un rábano! O sea ellos van a unos números ‘¡Tenemos tantos matriculados!’ perdone, pero no es cuestión de tantos matriculados, es cuestión ¡de qué estamos haciendo! Estamos enseñando lo que toca o no, estamos ofreciendo lo que hay que hacer ¡dennos medios para esto! Ese ordenador con el que estoy trabajando, el portátil es mío particular, y el ordenador es mío particular también y me lo hice con piezas. (…) Y yo estoy ¡con una tendinitis de tres pares de narices! Que voy con la muñequera, porque estas mesas son mesas recicladas ¡todas! Entonces no cumple el..., viene seguridad laboral y te dice ‘Es que no puedes estar con esa silla y con esa mesa’ (…)

Y esta grieta [en la pared de su despacho] de aquí que va hasta el exterior ‘Oye ¿se puede sellar?’ ‘Sí, sí. Tú trae el material, porque la Complutense nos ha dicho que no, que no paga el material. Entonces nosotros te lo ponemos pero si traes tú el material’, entonces he dicho ¡pero bueno! ¿Yo aquí de qué estoy? O sea que esto no… Entonces tienes esa sensación…”.

Carga docente y problemas de salud

A pesar de haber conseguido una estabilidad que le ha dado sosiego en su carrera, la estructura del propio departamento está teniendo una incidencia negativa en su forma de trabajar en los últimos años. El motivo es el aumento de la carga docente por la falta de reposición de plazas de las y los profesores que se van jubilando: “nosotros no nos podemos quitar el PDA320, porque no tenemos ¡quien lo dé! En este departa-

mento tenemos la peculiaridad de que se nos va jubilando la gente, y no se reponen plazas… entonces claro, dejan asignaturas que hay que hacerse cargo porque son asig- naturas fundamentales del departamento, con lo cual alguien ha de cogerlo”. Enton- ces, “en estos momentos estamos desbordados, estamos desbordados. (…) Yo estoy dando los 24, y porque me planté, dije yo no doy más, pero hay gente que está dando más de 24 ¡28 y 30! O sea que eso. Y luego a parte por ejemplo nosotros el mecanismo de suplencias nuestro es: cualquiera de aquí del departamento, si alguien por lo que sea se pone malo, que dé las clases del otro. Y esa no está reconocida. O sea que…”. Esto hace que Sergio tenga una carga docente que considera por encima de sus posi- bilidades y su cuerpo pague las consecuencias: “Cuando llegué a la docencia ¡para pegarme un tiro! Cuando llegué a la docencia y de hecho, hasta con problemas médicos, yo tengo un colon irritable gracias a la docencia. Este cuatrimestre que me dedico a investigación y demás, pues más o menos vas bien, en el momento que eso, claro tú sales de aquí de tus horas de clase te vas a casa y empiezas a preparar las del día siguiente, con lo cual la jornada laboral no acaba aquí, o sea, te llevas el trabajo a casa ¡entonces es un sinvivir! Los fines de semana preparando porque además no es que digas ‘Es que tengo una hora el lunes y esto’ ¡no! yo el lunes empiezo a dar clase a las doce del mediodía y acabo a la ocho de la tarde. Con lo cual son jornadas bastante maratonianas lo que nos toca”.

Le cuesta hasta poner una cifra a esas jornadas que él llama maratonianas. “¡Uf! Sería incalculable si te digo la verdad”. Unas 10 horas de clase a la semana más otras tantas de prácticas en las salidas al campo y unas 20 horas de preparación de las clases, a lo que se añaden la organización de los materiales, las salidas al campo y las labores de investigación y distintas gestiones burocráticas. Así que a fin de cuentas la jornada laboral se extiende y es difícil saber cómo cortar: “Yo me levanto a las seis, seis y media todos los días, entonces ya lo que cambia es la hora a la que me acuesto, pero vamos, muchas noches durante el 2º cuatrimestre cuando tengo clase, me puedo acostar a las dos o tres de la mañana”.

20. PDA son las siglas del “Plan de Dedicación Académica” de cada profesora o profesor. El PDA3 era una parte de la dedicación que podría cubrirse con méritos como publicaciones, dirección de tesis, etc. Siem- pre que se cubra, en primer lugar toda la docencia... Y por eso nuestro interlocutor razona en términos de muy escaso personal en cada departamento.

Esto ha provocado en Sergio una tendencia a la falta de sueño y a pensar constan- temente en el trabajo que ha tenido consecuencias en su salud: “Te crea un estrés brutal, entonces, por ejemplo, yo que siempre he tenido problemas, desde peque- ñito, con el estómago cuando me ponía nervioso, pues cuando estás atacado de tra- bajo ya…, viene a ser colon irritable, empezar a sangrar y cosas por el estilo. (…) desde hace cinco o seis años [coincidiendo con] docencia a montones y llevar varias asignaturas como profesor único”.

Tiempo libre y organización doméstica

Sergio vive con su mujer, que también es investigadora, y su hija adolescente, en un piso cerca de la universidad, con lo cual se puede permitir ir y volver a casa andando para que al menos le dé un poco el aire. Por las tardes, intenta dedicarle un poco de tiempo a su hija: “procuro estar con ella un rato charlando de cómo ha estado el día, si hay algún problema con las clases”. Siempre se han organizado entre él y su mujer para que el trabajo de campo de ambos no se solapase y al menos uno de los dos pudiera estar en casa. Ahora es más sencillo, pero nos cuenta que en otras épocas la organización doméstica ha sido más complicada: “Mi hija está acostumbrada, desde pequeñita ha sido así, o sea nosotros, con cuatro meses se fue directamente a la guardería, o sea no la podíamos dejar con nadie así que la plan- tamos en la sillita con unos potitos y dijimos ‘Mira, aquí la tienen’ o sea que ahí…, te apañas como puedes”.

Ahora, la mayor parte de las tareas domésticas las hacen el fin de semana: “¿Fines de semana? Pues los fines de semana es cuando haces la compra, la limpieza de la casa, (…) yo generalmente el viernes por la tarde me voy a hacer la compra; sábado por la mañana, es el horario de limpieza, por la mañana aprovechando que la hija se va por ahí y la mujer va a hacer otras compras y demás, yo cojo y limpio la casa. (…) Y cocinas para toda la semana, entonces preparas tres o cuatro cosas que metes en tuppers y ya vas sacándolos”.

Y entre tantas obligaciones intenta sacar algo de tiempo libre para relajarse y des- cansar: “Nos forzamos a tener tiempo para eso, porque es que si no ¡al final te pega- rías un tiro! O sea si no al final es que te pegas un tiro, o sea si no tienes un rato para poder ir al cine o eso, a dar aunque sea un paseo a que te dé un poco el aire, porque si no…”. Aunque estos ratos de ocio son cortos y se aprovechan menos de lo que desearía: “Pero vamos, que los fines de semana, además es que generalmente llegas ¡reventado! Y si ya tienes clases, el domingo por la tarde, yo por ejemplo, mi hija y mi señora lo saben muy bien, el domingo por la tarde ¡no se me puede ni hablar! Porque estoy atacado preparando las clases del lunes”.

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