• No se han encontrado resultados

Paula: contratada doctora, interina y madre

del profesorado Universitario

5. Paula: contratada doctora, interina y madre

Paula vive en pareja, tiene 35 años y dos hijos pequeños, lo que, como veremos, es importante para explicar tanto su situación como los problemas que debe enfrentar para organizarse en el trabajo. Paula destacará que la organización doméstica, “se hace como se puede”, y que se combina con su marido: “Bueno los niños lo hace- mos entre los dos; en el sentido de que, pues por ejemplo él los lleva al cole porque entran a las 9 y entonces los suele llevar él. Y yo me intento venir un poquito antes y los intento recoger yo. Si algún día no puedo pues los recoge él ¿sabes?, que nos turnamos en ese aspecto. Y luego lo que es la casa en sí, bueno, pues sí es verdad que la llevo yo más; pero bueno que él ayuda también. Que cuando quiero contar con él para lo que sea puedo contar con él. Pero, bueno, a lo mejor lo que es ya la visión de la casa, el qué hay que comprar, qué vamos a comer. Que falta esto que falta tal, la gestión la llevo yo en la cabeza”.

Pero podemos anticipar, por la importancia que tiene, que compaginar la materni- dad con la investigación y la docencia, en sus propios términos, “es difícil. O sea, se puede porque al final pues eso, vamos a ver se puede, pero es difícil. Pero, vamos, todos los que sean padres como yo en esta situación, me imagino que les pasará

lo mismo, sobre todo cuando empiezas docencia nueva: duermes poco porque son bebés, duermes poco porque tienes clases ¿sabes? (…). Ahora requiere un tiempo que a lo mejor yo antes estaba aquí en el laboratorio y ahora lo requieren ellos, enton- ces es complicado sacarla, sobre todo las horas experimentales que tengo que estar en laboratorio porque son cosas que no puedes hacer en casa, es más complicado”. No puedes dedicar “tantas horas como antes. Es que a lo mejor estaba aquí el día entero y ahora no puedo, ¡claro! O sea, no es como antes, hay parte de investigación que se ha visto un poco reducida, pero…”.

Las cosas han cambiado mucho, desde los tiempos en que redactaba su tesis, y los primeros años en que fue profesora ayudante doctor.

“Sin problema podía salir a las ocho, fácil, o sea algún día incluso a la nueve, ya exageraría, pero, bueno, es que entre siete y ocho era mi horario normal, y claro ahora es algo que ¡no puedo! O sea que hago cuando tengo clase, pero si no tengo clase evito hacerlo. La investigación me ha costado más sobre todo porque la parte experimental no puedo hacerla de otra manera. Hay veces que sí, que a lo mejor cuando ya estás con algo clave y lo que sea pues dices ‘bueno, pues me quedo en el laboratorio’. Vas compaginando todo como puedes”.

¿Y cuándo te toca trabajar en casa, cómo haces con los niños? “Pues depende. Si tengo la suerte que también está su padre y se puede hacer cargo de ellos pues yo puedo trabajar, o sea nos vamos, entre los dos, nos vamos apañando, cuando uno tiene más trabajo pues el otro se ocupa más de los niños y así. O cuando se duermen”. “Para mí es más duro ahora o más esfuerzo [que cuando hacia la tesis]: el compa- ginar mi casa con esto, con las clases, con… Más cansancio para mí. No más duro de difícil, sino más agotador, de horas de laboratorio haciendo la tesis porque claro era dedicación exclusiva al, al laboratorio. Y luego escribir artículos, leer, y tal…”. Paula tuvo un contrato de Profesor Ayudante Doctor hasta junio de 2015. Y hasta aquí su trayectoria académica ha sido, podríamos decir, canónica, para bien. El último año de su licenciatura, tuvo una beca de colaboración “y ya entré un poquito en contacto con todo el mundo de la investigación, y me quedé haciendo la tesis doctoral”, con una beca de la UCM, equivalente a una beca FPI. Terminó la tesis en 2008, y tras un contrato postdoctoral de unos meses, obtuvo un contrato de Profe- sor Ayudante Doctor, en 2010, en el mismo departamento en el que ahora se halla. Su situación contractual en la UCM hoy en día es de Contratada Doctora Interina. Puesto, el de CD, para el que se acreditó hace un año. Pero es aquí, cuando le pedi- mos que describa su situación, cuando nos narra su decepción: lo que podría haber sido un tránsito de un puesto relativamente fijo, cinco años de contrato, y pasar a contratada doctora, se queda en esta figura, de interina, que, en sus palabras: “Pues tampoco lo sabemos muy bien, sinceramente [lo que es] (…). Se supone que tenemos los mismos [derechos]. ¡Bueno! Se supone no, porque realmente no los tenemos, somos como un contratado doctor, pero no somos permanentes, o sea la seguridad que te daría tener un contrato de profesor contratado doctor no la tene- mos. En algún momento tendremos que volver a concursar otra vez, me imagino que a contratado doctor ¡claro! Y económicamente todavía no estamos como los

contratados doctores. Sí que el sueldo base sí, pero ahora los quinquenios, ya desde rectorado nos han dicho que sí: pero sexenios todavía no, tenemos que esperar un año más”.

Y, además, al no tener un contrato permanente con la Universidad, no pueden soli- citar ser IP, investigador principal, de un proyecto financiado por el Ministerio, porque es una exigencia tener ese contrato permanente durante toda la duración del proyecto. Paula es la única en su departamento con este contrato de interina. Su dedicación académica, tanto ahora como antes, de ayudante doctor, es la máxima: 24 créditos: “Como cualquier contratado doctor, y andamos pues siempre depende del curso, pues un poco más un poco menos, pero vamos, 240 horas, este año un poquito más, creo”.

A esta carga hay que sumar, e incluso multiplicar, la carga que supone el sistema de elección de asignaturas, “por categoría y antigüedad”, se suele decir y hacer, así como los horarios. Y Paula nos dice, “y bueno, pues como soy la última, yo más o menos, lo que queda…”. Y, aunque pueden hacerse cambios, si no le va bien el hora- rio, y hay buena voluntad, para que al final encaje todo, una consecuencia mayor es el que tiene que dar asignaturas muy diferentes. Tanto que cuando le preguntamos cuántas, nos responde: “todas, sí”. “Del departamento, por lo menos partes, o sea enteras pocas, pero trocitos de asignaturas pues a lo mejor dos créditos o algo así ¡de todas!”. Lo que supone una carga de trabajo incrementada, es decir más trabajo, sobre todo cuando no la ha dado antes.

Su salario actual está entre 1.600 y 1.700 euros, bastante menos de lo que cobraría como contratada doctora “normal”, al añadirse antes los quinquenios, y ahora no los sexenios, “todavía” dice ella.

Nosotros le preguntamos por cómo se organiza su semana de trabajo, su “rutina” de trabajo le decimos. Y esta es su respuesta: “Uy, es que no podría decir rutina. Porque no, no es… no hay rutina (…). Depende. Porque además a lo mejor hay meses que tengo muchas horas de prácticas, entonces muchas horas de laboratorio con alumnos; con lo cual las horas de investigación las reduces (…); [depende de] si tengo teoría o no, o sea por ejemplo este curso sí que he tenido las prácticas en el primer cuatrimestre, y ahora en segundo, empiezo con la teoría, entonces me orga- nizo diferente también, las prácticas no requieren tanta preparación quizá previa a laboratorio, si no son horas de laboratorio; y la parte teórica al revés, casi es menos horas en el aula pero más preparación fuera del aula, pues para probar las clases, ejercicios para ellos, seminarios, cosas nuevas, cosas en el campus, tratas de cam- biar cada año un poquito. Bueno, aparte que la asignatura puede ser diferente; este año no, este año tengo la suerte de dar la misma que el año pasado entonces ya tengo una base sobre la que partir, pero sí que preparar cosas nuevas, entonces es más tiempo fuera del aula y menos en el aula”.

La preparación de las clases la hace tanto en la Facultad como en casa. Aunque la adecuación en el hogar no sea muy buena, “siempre encuentras un sitio”, “siem- pre hay una mesa donde te puedes poner”. Y un momento, añadirá poco después. Porque hay que respetar el tiempo de los niños.

Pero, por supuesto, las prácticas y el laboratorio solo se pueden llevar a cabo en la Facultad: “Claro. Y la parte de investigación, sobre todo, o sea la nuestra es muy práctica. A no ser que saliera a la hora de escribir un artículo y demás, lo que es el trabajo experimental como tal, es en el laboratorio que es aquí, o sea no, es inviable pensar en la investigación en casa. Sí que la parte de, pues a lo mejor leer artículos, preparar mis artículos, todo eso sí lo puedo hacer en casa, pero, pero la parte expe- rimental está aquí”.

En todo caso su jornada laboral se desarrolla principalmente en la Facultad. “Y en picos, pues sí que es verdad que, en corrección de exámenes, cuando estoy a tope con clases sí que eso en casa también ¡claro! Porque no me da tiempo aquí…”. Con todo, sus horarios nos dan indicaciones de la “dedicación” horaria docente e investigadora de Paula, que ella resume así: llega, “pues entre las ocho y las nueve. A las ocho y diez, ocho y cuarto estoy aquí, si no pues entre ocho y nueve bailo un poco (…); y normalmente hasta las cuatro o cuatro y media porque ya tengo que coger a los niños, que es otro plus; que hay veces que a lo mejor tendría que volver. Ya me quedo en casa; si tengo más cosas que hacer porque al día siguiente tengo clase y me queda algo por preparar pues luego saco un rato en casa (…), y también depende pues si tengo algo experimental en el laboratorio que requiere más tiempo o tengo clases por la tarde… Es que también nuestros horarios cambian mucho (…) y a lo mejor una semana tengo clases hasta las ocho y media y otros días hasta las tres, es que depende…”.

Paula está, y ha estado, en varios proyectos de investigación. Uno de ellos recién terminado, y ha solicitado, con su grupo de investigación, uno nuevo del Ministerio. También ha hecho dos estancias de investigación en dos países europeos. Y actual- mente no se plantea irse al extranjero, como no sea para una estancia corta, porque –dice– “ya no me muevo yo sola, también cuento con la familia, entonces movernos los cuatro es muy complicado”. “A lo mejor en un año, cuando [los niños] sean un poquito más mayorcitos, no sé, no lo descarto todavía”.

Por otro lado, Paula tiene que seguir investigando, pensando en la posible acredi- tación a Profesor Titular. Y, por otro, está la pasión por la investigación: “o sea ya no piensas en la acreditación, yo creo que todos los que estamos en investigación es por vocación también y el gusanillo te puede, pero sí es verdad que luego vas, o sea a lo mejor más en frío pues vas diciendo ‘Pues ahora estoy de ayudante, tengo que volver a concursar entonces ¡tengo que sacar más!’. O sea, te ves un poco también en la obligación. ¡Esto no sale y no me puedo rendir porque es que esto tiene que ir para adelante!”.

Y también tiene que estar atenta a escoger para publicación revistas que estén indexadas, y con alto índice de impacto, porque es lo que exige la ANECA. Y, a la vez, es muy crítica con la orientación productivista y de rápida publicación que no contribuye a mejorar la calidad de la investigación. “Hemos entrado ya en un juego de ir demasiado buscando ese impacto (…); y ya es un juego, o sea que no es tan objetivo tampoco, o sea, vamos demasiado a si hace impacto, al número de citas, o sea lo que sabemos que nos van a evaluar después”.

Sin embargo, Paula valora positivamente la existencia de la ANECA, aunque a su juicio no se contempla adecuadamente “el peso de la docencia”: “Habiendo hecho docencia, creo que está poco valorada, porque yo por lo menos le dedico mucho tiempo a la docencia, a la preparación de las clases y mucho tiempo al alumno tam- bién. Que ya no solamente el tiempo del aula si no el tiempo de después, que pues te viene un alumno o sea las tutorías: ¡aquí hablamos de grupos de 100 alumnos por grupo! ¿Sabes? Que es mucha dedicación a los alumnos y es mucho tiempo que dejas de dedicar a la investigación también, y por mucho que me guste la investiga- ción, ¡la docencia es la docencia! Y la tengo que hacer y me gusta y, o sea que la hago también porque me gusta pero que tienes que compaginar las dos cosas, y ya no es lo mismo cuando te dedicas exclusivamente a la investigación. Pues es más fácil sacar resultados en investigación que cuando le dedicas también tiempo a la docen- cia, si quieres hacer una buena docencia requiere su tiempo también, y dedicarles mucho tiempo a los alumnos. Entonces ahí yo creo que dan por hecho como que la docencia son 18 créditos, 24 créditos, pero que no son 240 horas reales ¡es mucho más! O sea, no es así. Hay mucho más allá detrás de una clase. Y eso yo creo que no se termina de reflejar tampoco”.

¿Y el futuro a partir de ahora? “Mi situación laboral es la misma del año pasado, la docencia y la investigación no ha cambiado nada, 240 horas”.

Pero sí ha pensado en algún momento que podía quedarse sin trabajo. “Pues, no sé… Siempre tienes como la incertidumbre, y aparte como vamos cerrando cada vez más nuestro perfil, es más complicado. (…) Bueno en algún sitio trabajaré, pero ya sé que a esto va ser muy complicado que me dedique. Tendré que abrir más opcio- nes en mi mundo laboral. (…) Sí lo he pensado, claro. Pero mientras no era algo obligatorio, algo que tuviese que mirar buscando de verdad, tampoco miraba, o sea como no tenía ¡ni tengo ganas de cambiar! ¿Sabes? que… que esto es lo que me gusta, o sea que no, que no miraba”.

“También yo iba como a la cola, ¿sabes? que yo estaba viendo que los de delante iban saliendo, o sea aquí tenía dos compañeros que se les acabó el contrato de ayu- dante doctor, uno de ellos sí pasó por [ser profesor] visitante, el otro yo creo que no, el primero de ellos no, y los contratos iban saliendo, yo sabía que bueno, tenía el colchoncito de las bajas maternales para tenerlos ahí, si veía también que el que se le acababa le hacían visitante, que bueno, que a la calle a la calle, nadie se estaba yendo, entonces era un consuelo ver a los de delante ¿sabes? pero siempre te queda la incertidumbre y la incertidumbre ¡de que esto es un concurso!”.

Y, de hecho, en sus comentarios posteriores, no dejará de subrayar, con los dos últi- mos años de la UCM en mente, “que ha sido una situación, o sea ha habido un año de situación muy caótica para los que estábamos ahí entre el ayudante doctor, el qué pasará… Este año, bueno y si me apuras casi el año anterior también porque hubo un momento ahí que, que no sabíamos qué iba a pasar, que decían: ‘No hay dinero y no hay dinero y no, y no hay plazas’”.

Y, desde luego, una plaza a la que pudiera concursar en su propio departamento, no se ve en el horizonte inmediato. “Pues, no sé si van a salir inmediatamente, si

van a tardar, o sea por lo que se dice van a tardar unos cuantos años en salir, o sea no creo que sea tan inmediato”. Pero no por ello Paula piensa pararse: seguirá trabajando igual, afirma, aunque este ahí siempre la incertidumbre, “pues no eres permanente”. O sea, en sus propias palabras, “seguir tu carrera hasta el final ¡claro! Entonces pararte no te vas a parar, o sea que yo seguiré trabajando igual ¡claro!”. 6. Javier: una promoción laboral frustrada que llega en el peor momento Javier tiene 40 años, es doctor desde 2008 y desde marzo de 2015 Profesor Con- tratado Doctor interino (CDI) en una facultad de Ciencias de la UCM. Antes de esto, Javier hizo el doctorado con un contrato asociado a un proyecto del Minis- terio entre 2004 y 2008, siendo desde 2006 profesor Ayudante. Después ha sido ayudante doctor 2010-2014. Pocos meses después solicita una prórroga de contrato porque obtiene una beca postdoctoral del Ministerio para estar un año en un centro de investigación extranjero y regresa a España a mediados de 2011. Afirma que tuvo suerte de poder aprovechar esta oportunidad de trabajar en un país europeo porque: “Fui la penúltima generación que pudo acceder a las ayudas postdoctora- les, porque se convocaron un año más y desde 2011 no se han vuelto a convocar”. La experiencia en el extranjero fue dura, pero al mismo tiempo tentadora pues en algún momento pensó en quedarse allí y reflexionando ahora piensa que “A nivel laboral, eh… yo hubiera salido ganando seguramente”.

Una promoción laboral frustrada

Según se fue acercando el fin de su contrato de AD se encontró con que era posible que no tuviera opción de presentarse a una plaza de CD: “Hasta el año pasado pues parecía que no había ningún problema, por las razonas que fueran en marzo se publica la nueva versión digamos del plan de estabilización de la UCM y en lugar de pasar a Contratado Doctor se pasa a Contratado Doctor Interino”.

En algún momento pensó que cuando terminase su contrato de AD podría quedarse en la calle, pero lo llevaba con resignación: “Sí, pero… pero ya te digo, como tantas otras personas ¡qué vas a hacer! Cuando te quedes buscarás soluciones, ya llega un punto que los que estábamos en esta situación que en este caso éramos 4 o 5 personas en el departamento, decidimos o pensamos que… que cuando llegara el pinchazo pondríamos el parche”.

Pero cuando llegó el momento de la promoción y se encontró con que le hacían un contrato de interino el golpe fue tan duro que no pudo afrontar el decírselo a su pareja: “Eh…, bueno, tres días después me casaba y a mi mujer no le dije nada porque el mosqueo que hubiera podido pillar era bastante grande, así que me lo guardé y esperé ya a después del permiso de matrimonio para… contarle un poco cómo estaba la cosa”.

Los motivos por los que Javier no quería darle ese “disgusto” a su mujer se refieren no solo a que el contrato de interino suponía un nuevo obstáculo en el desarrollo de su carrera profesional, sino a que esto implicaba un perjuicio económico para su familia: “Y bueno ya sabes que los regímenes de interinidad, aparte de no ser una

contratación permanente que no requiere renovación y no tiene fecha de fin, pero por ejemplo este año los sexenios no los van a dar, en mi caso creo que supondrían dos sexenios, entonces pues… era un dinero con el que más o menos contaba, que es más o menos grande ya lo sabes, porque tengo una niña pequeña y lo había con- tado para pagar la guardería, así de sencillo te lo puedo decir; con lo cual me altera

Outline

Documento similar