arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios*. 2Aspirad
a las cosas de arriba, no a las de la tierra. 3Porque habéis muerto,
y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios. 4Cuando aparezca
Cristo, vida vuestra*, entonces también vosotros apareceréis glo- riosos con él.
V. 1 (a) Lit. «conresucitado».
(b) Fórmula tradicional usada en la iglesia primitiva para hablar de la exalta- ción de Cristo.
Se puede discutir si este breve párrafo es final de la sección ante- rior o introducción de la siguiente. Probablemente funciona de las dos maneras: resume lo dicho acerca de la incorporación y unión con el Señor y prepara lo que viene: la ética y conducta del cristiano, exponiendo su fundamento teológico.
Al tratarse de una introducción, la exhortación es muy general. En los párrafos siguientes se concretará. Pero en este momento se trata de motivar a un tipo de vida conforme a la situación que realmente tienen los cristianos.
El argumento básico es recordar esa situación. El “si” del versícu- lo primero no es tanto una condicional ni expresa una cierta duda, sino una forma discreta de indicar la motivación, y podría traducirse por “ya que”. El bautizado, habiéndose unido con Cristo tan fuerte- mente que se puede hablar de una muerte y una resurrección, en la línea de lo que se afirmaba más arriba, vive coherentemente con tal unión; vive a la manera de Jesucristo muerto y resucitado. Es más, puesto que el punto final de la existencia de Cristo participada por los cristianos es glorioso, exaltado, celeste, el cristiano habrá de preten- der vivir de ese modo. De ahí la insistencia en buscar «las cosas de arriba». Tal es el fundamento de la conducta que se propone en cuan- to sigue. Se trata, pues, de una fundamentación apoyada en Cristo o en la vida que de él procede, puesto que se dice en el v. 4 «Cristo, vida vuestra». De ahí que la motivación para un determinado modo de proceder no es un mandato ni una imposición por justificada que sea, sino algo más ontológico, derivado del mismo ser íntimo del cre- yente. Se vive, se procede, porque uno es de una manera concreta que en sí misma lleva a tales modos de proceder.
Lo que no se explicita aquí es cuáles son exactamente las cosas de arriba y cómo y por qué las conductas que se van a proponer a conti- nuación pueden considerarse cosas de arriba. Puede suponerse razo- nablemente, teniendo presente todo lo que decía el himno cristológi- co del cap. 1, que el autor piensa que una conducta según la realidad humana cristificada es vivir según el plan de Dios realizado en Cristo. Por otra parte, la existencia humana todavía está sujeta a los límites presentes y ha de ajustarse a ellos, aun cuando haya resucitado con Cristo. Eso podría significar, entre otras cosas, la enigmática frase acerca de que la vida está oculta con Cristo.
Hay, pues, un claro recuerdo de lo que el cristiano ya es, idea a la que se había aludido p.e. en 2, 9-13, y de las consecuencias reales que ello conlleva; pero sin olvidar lo que aún no está realizado. Este aspecto se expresa diciendo que esa vida se ha de manifestar en el futuro. La forma de existir y comportarse actual no lo es todo, y aún queda mucho por manifestar. Pero se puede ir viviendo en la medida de las posibilidades presentes. Como dijimos más arriba, esta exhor- tación a un proceder evidentemente futuro y a la futura desvelación de la actual vida cristiana también en el futuro definitivo, constituye uno de los motivos que nos impiden hablar de que el autor de Colosenses sea un partidario de la escatología realizada sin ninguna matización.
Llama la atención que en la sección exhortativa de la carta el tema eclesial ha desaparecido casi del todo y el interés se centra en los comportamientos personales, aunque no se excluyan enteramente los aspectos colectivos.
III. Exhortación (3,5-4,17)
Preceptos generales (3,5-17)
5Por tanto, mortificad cuanto en vosotros es terreno*: fornica-
ción*, impureza, pasiones, malos deseos* y la codicia, que es una idolatría; 6todo ello atrae la ira de Dios sobre los rebeldes*, 7y que
también vosotros practicasteis en otro tiempo, cuando vivíais de ese modo*. 8Mas ahora, desechad también vosotros todo esto: cóle-
ra, ira, maldad, maledicencia y obscenidades, lejos de vuestra boca.
9No os mintáis unos a otros, pues, despojados del hombre viejo con
sus obras, 10os habéis revestido del hombre nuevo, que se va reno-
vando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador, 11donde no hay griego ni judío, circuncisión e incir-
cuncisión*, bárbaro*, escita*, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos.
12Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de
entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia*, 13soportándoos unos a otros y perdonándoos mutua-
nó, perdonaos también vosotros. 14Y por encima de todo esto, reves-
tíos del amor, que es el broche* de la perfección. 15Y que la paz de
Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo cuerpo. Y sed agradecidos.
16La palabra de Cristo* habite en vosotros con toda su riqueza;
instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantando a Dios, de corazón y agradecidos, salmos, himnos y cánticos inspirados. 17Todo
cuanto hagáis, de palabra y obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
V. 5 (a) Traducción más literal: «mortificad los miembros terrenos».
(b) Lit. «prostitución» (pornê). Pero ya en ambientes rabínicos y helenísticos se usaba este término con referencia a las relaciones sexuales ilícitas.
(c) Traducción alternativa más literal: «concupiscencia mala».
V. 6 Lit. «hijos de la desobediencia», semitismo con el sentido que se da en la tra- ducción. Palabras omitidas en algunos manuscritos. No es claro si son originales. Pero el sentido no cambia demasiado con ellas o sin ellas.
V. 7 Traducción alternativa más literal: «en las cuales (cosas) también vosotros anduvisteis en otro tiempo, cuando vivíais en ellas».
V. 11 (a) Lit. «prepucio».
(b) «Bárbaro» en su sentido antiguo, equivalente a “no griego”.
(c) «Escita», habitante de la costa norte del Mar Negro. Bárbaros especialmente salvajes.
V. 12 Traducción alternativa: «grandeza de ánimo». V. 14 Traducción alternativa: «vínculo».
V. 16 Variantes textuales: «del Señor» o «de Dios». Quizás el texto original era sólo «la Palabra». Pero, dado que en el original griego no se usa la distinción entre mayús- culas y minúsculas en el mismo manuscrito, algunos copistas pretendieron explicar más el sentido del término.
El autor comienza a exponer, generalmente en tono parenético o de exhortación, algunas de las secuelas prácticas de sus afirmaciones anteriores sobre el cambio de vida que han experimentado los desti- natarios mediante su incorporación a Cristo en el bautismo. En este primer párrafo exhortativo mezcla recomendaciones de conductas más o menos concretas con otras relativas a actitudes más genéricas, aunque en general no desciende a muchos detalles, como ocurre en cambio en la sección siguiente.
Contrapone el autor el tipo de vida y de conductas anteriores a la conversión con el estilo de vida que sobrevino después. Al primero lo llama “hombre viejo”, y “hombre nuevo” al segundo, como es natural.
Quizás cabe decir que los colosenses, cuando no eran cristianos, viví- an sumergidos en los vicios mencionados en el v. 5; pero puede tra- tarse de una artificiosa exageración retórica para acentuar el con- traste de formas de vida.
Repite el autor, aunque esta vez en tono exhortativo, el tema de la unión con el Señor mediante la metáfora del revestimiento del hombre nuevo, que se recoge en Ef 4,24. Es la razón por la que han de vivir de otra manera. Retomando lo que ha dicho en el corto párrafo anterior, vemos que el hombre nuevo es bien Cristo mismo bien el ser humano unido con Cristo, su vida (cf. 3,3-4), lo que viene a ser lo mismo. El con- tenido es, obviamente, el llevar a la práctica la unión con el Señor, unión que tiene un dinamismo hasta lograr el “conocimiento perfecto”, es decir, la perfecta relación con Él. Evidentemente esta motivación es algo propio del mensaje cristiano, pero hunde sus raíces también en la misma creación (Col 1,15-16); hay una profunda relación entre lo que el Señor Jesús ha aportado y el plan inicial de Dios, tal como decía el himno inicial de la carta. Puede decirse que esta sección es una espe- cie de aplicación práctica de la concepción cristológica global, en la que el Señor es modelo de todo el mundo ya desde la creación, y punto final de la misma. No se trata sólo de un recuerdo de esta concepción subyacente en el pensamiento del autor de Colosenses. De hecho, encontramos una alusión a la imagen del Creador en el v. 10 que remi- te al relato creacional y al escatológico, porque el punto final es que se realice perfectamente esa imagen que es Cristo.
Como ya hemos visto, y todavía veremos, esta coincidencia entre el plano de la creación y el de la salvación es la razón profunda por la que, en el nivel de conductas prácticas, no haya diferencias entre la ética no cristiana y la cristiana en cuanto a los contenidos, y que se puedan utilizar en contextos típicamente cristianos las exhortaciones morales de la ética helenística, tal como hemos podido ver en algu- nas ocasiones y volveremos todavía a ver.
Sin embargo, en comparación con otras secciones éticas de las cartas del corpus paulino, la motivación específicamente cristiana aparece con gran fuerza en estos versículos, con frecuentes alusiones a Dios creador en Cristo, a Cristo mismo y a su palabra.
Esta nueva situación profunda del cristiano es del todo real, o sea, no se trata de algo meramente interno o teórico, sino que se realiza en la vida concreta. Para ello se requiere interés y esfuerzo cotidiano
en lo referente a aspectos inmediatos de la vida. En orden a especifi- car esta conducta, se mencionan vicios y virtudes conocidos por la ética judía y helenística, y reconocidos como rechazables y acepta- bles respectivamente, muy en la línea de lo que había hecho Pablo p.e. en Rm 1,24.26 29-31 13,13; 1 Co 5,10.11; 2 Co 6,6-7; Ga 5,19- 21.22-23; Flp 4,8. Son formas de conducta, vicios, que han de evitar- se, actividades relacionadas con lo sexual (fornicación, impureza, concupiscencia), lo económico (codicia), lo afectivo (cólera, ira), la comunicación hablada (maledicencia, obscenidades, mentira) o aspectos más genéricos (malos deseos, maldad). Es dudoso que los vicios mencionados aquí tengan una importancia especial; parece tratarse más bien de ejemplos que pueden ser paralelos o semejantes a otros de los que no se habla. En esta conducta cristiana entra, como es lógico, el perdón y, sobre todo y en primer término, el amor y su obvia consecuencia, la paz (vv. 13-15).
El autor del escrito anima a sus lectores a unas actitudes cohe- rentes con el modelo del Señor (v. 13) y su propia condición de “san- tidad” y de amados de Dios, elegidos por Él: misericordia, bondad, mansedumbre, humildad, grandeza de espíritu, acogimiento mutuo, perdón... Son actitudes básicas que no se concretan, dejando así a la conciencia y buen sentido común cristiano la forma concreta e inme- diata de ponerlas en práctica. Hay que respetar esta sana autonomía de las personas.
Se señalan de forma especial actitudes como el amor, centro de la vida cristiana, cuyo resultado, evidentemente será la paz a todos los niveles. Y el agradecimiento. La motivación de estas actitudes es la Palabra de Dios, o sea Cristo, aceptada, vivida y compartida unos con otros en distintos tipos de oración (cf. Ef 4,19-20). Sin esa vivencia, la práctica o no es posible o se queda en algo más parecido al ansia de autojustificación. Es el “nombre del Señor Jesús” (v. 17), su pre- sencia, su aceptación total por parte de los cristianos, lo que hace que éstos vivan así.
Como un corolario bautismal en consonancia con Ga 3,27-28, se ha mencionado la unidad entre todos los bautizados, con expresiones análogas a las allí empleadas (v. 11), una exhortación a la oración comunitaria (v. 16) y la acción de gracias (v. 15), y se hace una exhor- tación breve a algo tan fundamental como proceder en nombre del Señor Jesús, es decir, por él y para él (v. 17).
Moral familiar (3,18 – 4,1)
18Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el
Señor. 19Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con
ellas. 20Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es
grato a Dios en el Señor. 21Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no
sea que se vuelvan apocados*.
22Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos de este mundo*,
no porque os ven, como quien busca agradar a los hombres, sino con sencillez de corazón, temiendo al Señor. 23Todo cuanto hagáis,
hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres,
24conscientes de que el Señor os dará la herencia en recompensa. El
Amo a quien servís es Cristo. 25Al que obre la injusticia se le devol-
verá conforme a esa injusticia; que no hay favoritismos.