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1 1 Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los Tesalonicenses, en

In document irisarri-004 (página 180-183)

Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo. 2Gracia a vosotros

y paz de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo.

El saludo es casi literalmente el de Primera Tesalonicenses, con las añadiduras de «nuestro» en el v. 1 y de las palabras «de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo» en el final del v. 2. Como es obvio, nin- guna de las dos supone una innovación demasiado grande en cuanto al contenido, pues la gracia y la paz que deseaba Pablo en la primera carta sólo pueden proceder de Dios y del Señor Jesucristo.

Ésta es una de las coincidencias señaladas más arriba y que da la impresión de una imitación de un saludo paulino, aunque no se pueda asegurar con certeza total.

Llama la atención el frecuente uso del título “Señor” aplicado a Jesús. Aparece 22 veces en toda la carta, de las cuales aquí hallamos dos.

Acción de gracias y palabras de aliento (1,3-12)

3Tenemos que dar en todo tiempo gracias a Dios por vosotros,

hermanos, como es justo, porque vuestra fe está progresando mucho y se acrecienta el amor mutuo de todos y cada uno de vosotros,

4hasta tal punto que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en

las iglesias de Dios, por la tenacidad y la fe en todas las persecu- ciones y tribulaciones que estáis pasando*.

5Esto es señal del justo juicio de Dios en el que seréis declarados

dignos del Reino de Dios, por cuya causa padecéis. 6Porque es pro-

pio de la justicia de Dios* el pagar con tribulación a los que os atri- bulan, 7y a vosotros, los atribulados, con el descanso junto con

nosotros, cuando el Señor Jesús se revele* desde el cielo con sus poderosos ángeles*, 8en medio de una llama de fuego*, y tome ven-

ganza de los que no conocen a Dios y de los que no obedecen al

Evangelio de nuestro Señor Jesús. 9Éstos sufrirán la pena de una

ruina eterna, alejados de la presencia del Señor y de la gloria de su

poder, 10cuando venga en aquel día a ser glorificado en sus santos y

admirado en todos los que hayan creído –pues nuestro testimonio

ha sido creído por vosotros–.

11Con este objeto rogamos en todo tiempo por vosotros: que

nuestro Dios os haga dignos de la vocación y lleve a término con su poder todo vuestro deseo de hacer el bien y la actividad de la fe*,

12para que así el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en

vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

Vv. 4 y 5 Es preferible, a nuestro juicio, colocar el punto y aparte de división de los párrafos entre los versículos 4 y 5, y no entre el 5 y el 6, como hace el texto de la últi- ma edición de la Nueva Biblia de Jerusalén.

V. 6 Más literalmente «es justo ante Dios». V. 7 (a) Lit. «en la revelación del Señor Jesús».

(b) Lit. «ángeles de poder», semitismo donde un substantivo en genitivo sirve como adjetivo y se puede traducir por «ángeles poderosos, potentes».

V. 8 Lit. «en fuego de llama». Nuevo semitismo por «fuego llameante».

V. 11 Traducción alternativa más literal: «toda complacencia de bondad y obra de fe».

El párrafo está construido de un modo un tanto peculiar. Hay una acción de gracias al principio (vv. 3-4) y una alusión a una cierta ple- garia al final (vv. 11-12); estas frases son de un género literario casi idéntico y tienen un estilo semejante. En el centro (vv. 5-10) se encuen- tra un fragmento muy diferente, más de tipo doctrinal y expositivo, que, por su posición, parece constituir el centro de la perícopa.

Los dos primeros versículos de acción de gracias se parecen mucho al comienzo de Primera Tesalonicenses, en concreto a 1 Ts 1,2, en el que podrían haberse inspirado. En efecto, los temas del crecimiento en la fe y en el amor en medio de tribulaciones son prácticamente los mismos, si bien menos desarrollados que en la Primera carta. El autor

simplemente da gracias por la vida cristiana de los destinatarios, espe- cialmente por la perseverancia a pesar de las tribulaciones.

Por el contrario, la sección central, la más larga del párrafo, trata un tema nuevo, no sólo respecto a la Primera Tesalonicenses, sino a casi todo el corpus paulino. Se trata de una concepción sobre el “justo juicio de Dios” que se aparta mucho de lo que sobre este tema aparece en el resto de la literatura paulina. Este juicio es, evi- dentemente, un ejercicio de la “justicia divina”. Aquí se entiende este concepto como justicia retributiva en un sentido bastante ele- mental. Se menciona aquí una retribución divina por las tribula- ciones. De un lado, las que padece la comunidad son un elemento del juicio mencionado que acabará en el descanso de los buenos. Por el otro lado, Dios pagará con tribulaciones a quienes atribulan a la comunidad. El pasaje parece influido por las concepciones del AT en cuanto a retribución, quizás con resonancias de la ley del talión. Estamos muy lejos de la justicia divina cercana a la fidelidad y misericordia, tan central en la concepción de la justificación de Gálatas y Romanos, y es, como decíamos en la introducción, uno de los puntos que más militan por negar la autenticidad paulina a este escrito. En efecto, es muy difícil que Pablo cambiase tan radical- mente el contenido de uno de los conceptos más claves en su pen- samiento en un espacio de tiempo relativamente breve, como sería el que habría transcurrido –siempre en la hipótesis de la autentici- dad paulina– entre Segunda Tesalonicenses y Gálatas, primera carta en que ya vemos bastantes rasgos de la concepción de Pablo sobre la justicia y justificación.

Lo esencial de esta sección central es el final feliz de los que pade- cen dificultades por el Reino de Dios. No tiene esta última expresión exactamente el mismo sentido que en la predicación de Jesús refleja- da en los Sinópticos, pero tampoco está demasiado lejos del mismo; se trata de la definitiva presencia victoriosa y dominio de Dios en el universo, que tendrá lugar en la escatología o momentos finales. No queda muy claro cuándo sucede o sucederá este juicio con tan dis- tinto final, pero da la impresión de que el autor piensa en un futuro más bien distante, refiriéndose a la Segunda Venida. La imaginería es claramente apocalíptica (“ángeles, fuego llameante, tomar venganza, ruina eterna”). Tanto la idea del juicio futuro retributivo como estos elementos apocalípticos quizás estén inspirados en el Tercer Isaías (Is

65-66). La idea en conjunto es sencilla, aunque expresada en el v. 10 de forma bastante incorrecta y confusa: los “buenos” serán recom- pensados en el momento final por los padecimientos habidos en este mundo, mientras que los no creyentes serán entonces alejados de la presencia del Señor.

Aunque sea a propósito de otro contexto, el de las tribulaciones y consiguientes retribuciones, aparece aquí una primera alusión al tema central del escrito, la Segunda Venida del Señor. Es como una especie de introducción, más o menos consciente, al mismo. Probablemente el autor tenía en la mente tratarlo más adelante y le viene espontáneamente a la pluma.

Finalmente encontramos una oración de súplica para que el Señor ayude a los cristianos que lean la carta a proseguir en el cami- no comenzado. Es un parrafito estrechamente ligado por tono y vocabulario con 3-4. La existencia cristiana es designada como una vocación y se utilizan expresiones un tanto particulares y poco fre- cuentes, como la del v. 11 en su doble posible traducción: “deseo de hacer y actividad de la fe” o “toda complacencia de bondad y obra de fe”, aunque el contenido básico es suficientemente patente en cuan- to referido a la realización vital de las actitudes básicas cristianas. El pedir la ayuda de Dios para ello es una clara indicación de que no basta la buena voluntad o el esfuerzo, sino que es necesaria la gracia divina, especialmente cuando se tiene presente que el punto final de tal realización es nada menos que la glorificación del Señor Jesucristo.

La Venida del Señor y sus señales (2,1-12)

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