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3 1 Por lo cual yo, Pablo, el prisionero de Cristo por vosotros los

In document irisarri-004 (página 36-41)

gentiles…* 2si es que conocéis* la misión* de la gracia que Dios

me concedió en provecho vuestro: 3cómo me fue comunicado por

una revelación el conocimiento del misterio, tal como brevemente acabo de exponeros. 4Según esto, por la lectura de la carta, podéis

entender mi conocimiento del misterio de Cristo; 5misterio que en

ha sido ahora revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6que los gentiles son coherederos, miembros del mismo

cuerpo* y partícipes* de la misma promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio, 7del cual he llegado a ser ministro, conforme

al don de la gracia de Dios a mí concedida por la fuerza de su poder. 8A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida esta

gracia: la de anunciar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo

9y esclarecer cómo se ha dispensado* el misterio escondido desde

siglos en Dios, creador del universo*, 10para que la multiforme sabi-

duría de Dios sea ahora manifestada a los principados y a las potes- tades* en los cielos, mediante la Iglesia, 11conforme al designio

eterno* realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, 12quien, mediante

la fe en él, nos da valor para llegarnos confiadamente a Dios. 13Por

lo cual os ruego no os desaniméis* a causa de las tribulaciones que por vosotros padezco, pues ellas son vuestra gloria.

V. 1 Anacoluto en el original griego, señalado aquí con puntos suspensivos como en 2,2.

V. 6 (a) La imposible traducción literal del original syssôma sería “con-cuerpo”. (b) Lit. «copartícipes». En el griego original los tres vocablos de este versículo, para hablar de los gentiles hechos cristianos, llevan la partículo syn, o sea, “con”.

V. 9 (a) Lit. «la dispensación (oikonomia) del misterio». (b) Lit. «que creó todo».

V. 10 Cf. nota y comentario a Ef 1,21 V. 11 Lit. «designio de los siglos».

V. 13 Posible traducción alternativa: «yo ruego a fin de no desanimarme en mis tri- bulaciones por vosotros».

En 3,1 comienza una plegaria que se interrumpe inmediatamen- te, para proseguir en 3,14. Los vv. 2-13 son una digresión que versa sobre el misterio de Cristo y el ministerio consagrado a él, expresada en términos que recuerdan mucho a Col 1,23-28.

Todo este capítulo 3 de la carta está escrito en términos muy per- sonales. Da la impresión de que el autor, tras haber expuesto de forma más abstracta el misterio de Cristo insistiendo en la acción divina que lo ha concebido y realizado, pasa a indicar la relación entre ese misterio y los predicadores humanos. Ello pone de relieve algún aspecto del mismo misterio, si se quiere secundario al compa- rarlo con los fundamentales, pero también interesante.

El párrafo está escrito en primera persona, y, si suponemos que la carta es deuteropaulina, tal hecho significa que el autor está aprove- chando la autoridad apostólica de Pablo, ministro del misterio reve- lado en estos últimos tiempos. Evidentemente se pone en el lugar del Apóstol auténtico y afirma algunas cosas que, a primera vista, se podrían atribuir al propio Pablo. Sin embargo, vistas esas afirmacio- nes con algún mayor detenimiento, producen otra impresión. En efecto, no se dan datos nuevos respecto al resto de la corresponden- cia paulina, sino que cuanto se dice aparece ya en las demás cartas. Así la autodesignación de “prisionero” puede inspirarse en Col 4,18 y hasta en Flp 1,13.17, si es que el autor de Efesios conoció esta última carta. En el v. 3 dice que el conocimiento del misterio lo ha recibido mediante una revelación (cf. Ga 1,12) y en el v. 8 habla de sí mismo como del “menor de todos los santos” (cfr. 1 Co 15,9). Ambas expre- siones podrían ser imitación de las frases de Pablo en esos lugares.

Hay una cierta repetición de temas mencionados más arriba, como la revelación del misterio en estos últimos tiempos, la participación humana, la gratuidad, la iniciativa y sabiduría divina…, pero muy personalizados.

Por otra parte, lo más importante es lo que se afirma tanto del mis- terio como del ministerio, independientemente del protagonista de este último, pues lo esencial es la acción de Dios revelador (vv. 7-8). El contenido básico de este misterio ya ha sido mencionado en 2,11-22: la universalidad del plan salvífico divino y la consiguiente superación de las distinciones veterotestamentarias, muy extendidas éstas entre los judíos. Tal es la riqueza de Cristo (v. 8) y la manifestación de la sabiduría de Dios a todo el universo (v. 10). Es un recuerdo más de los conceptos expresados en el himno del comienzo del escrito.

Ahora bien, la presencia del ministro en el primer plano retórico, además de hacer más cercano todo el argumento, muestra cómo el plan de Dios se realiza mediante seres humanos concretos, que tra- bajan, actúan y, a veces, padecen. Han recibido la llamada y la gracia, como aquí se dice, y han respondido a ella.

La revelación nos ha colocado en la época escatológica o última, dato este importante a la hora de no esperar nuevas revelaciones. El contenido destacado aquí, en coherencia con lo dicho anteriormente, es la universalidad del ofrecimiento divino de salvación y su profun- didad, tal como se ha expuesto anteriormente.

“Pablo” no es único servidor del mensaje. Además de otros indivi- duos, toda la Iglesia está comprometida en ese anuncio, no por su simple decisión, sino por designio de Dios. La misión personal y comunitaria es su don. De ahí que podamos y debamos tener con- fianza y valentía, pese a las dificultades.

Súplica de Pablo (3,14-21)

14Por eso doblo mis rodillas ante el Padre*, 15de quien toma nom-

bre toda familia* en el cielo y en la tierra, 16para que os conceda,

por la riqueza de su gloria, fortaleceros interiormente*, mediante la acción de su Espíritu*; 17que Cristo habite por la fe en vuestros

corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, 18podáis

comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altu- ra y la profundidad, 19y conocer el amor de Cristo, que excede a

todo conocimiento, y os llenéis de toda la plenitud de Dios.

20A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incom-

parablemente mejor* de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros, 21a él la gloria en la Iglesia y en

Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.

V. 14 Algunos manuscritos añaden «de Nuestro Señor Jesucristo», pero es impro- bable como lectura original.

V. 15 En sentido amplio: grupo social procedente de un mismo antepasado. V. 16 (a) Lit. «hombre interior».

(b) Lit. «por su Espíritu».

V. 18 Enumeración que, en la filosofía estoica, solía designar todo el universo. Aquí puede referirse al amor de Cristo o, según algunos, a la Iglesia.

V. 19 Lit. «para que seáis llenos hasta la plenitud (plêrôma) de Dios».

V. 20 Traducción alternativa: «sobre todas las cosas para hacer incomparablemen- te más».

De 3,14 a 3,19 tenemos la oración anunciada en 3,1 y luego inte- rrumpida. Los vv. 3,20-21, que son una doxología típica del final de una plegaria, sirven además aquí de cierre de la primera parte de la carta.

El autor ora en forma de intercesión por los cristianos al Padre, calificado aquí de una forma un tanto peculiar como origen de todo grupo de seres humanos que forman comunidad. Quizás se quiera hacer una referencia a la Iglesia, cuya presencia en esta primera parte

de Efesios es bastante importante, si bien no tanto como organización o estructura cuanto como comunidad de paz y unión entre todos los seres humanos. El motivo de la oración es ayudar a caer en la cuenta de que el misterio que se ha presentado es algo que no se puede lograr por las meras fuerzas humanas, puesto que no se trata de un conoci- miento intelectual o teórico, sino de algo mucho más profundo, que excede todo saber (cfr. v. 19). Por ello Dios ha de conceder su com- prensión y por ello intercede el autor en favor de sus lectores.

Solicita tres cosas: fortalecimiento interno, experiencia existencial de Cristo e integración en el misterio. Lo primero se logrará por medio del Espíritu, y equivale a que Cristo habite por la fe en noso- tros, quienes, por ese mismo hecho, estaremos fundados y enraizados en el amor. Como en otros lugares de la tradición paulina, la delimi- tación entre “Espíritu” e “inhabitación de Cristo” no es del todo pre- cisa. La segunda petición es “conocer” el amor de Cristo. Siguiendo la tradición bíblica, este conocimiento es algo experimental y rela- cional. Se trata en definitiva de sentirse amado por Cristo y respon- der en la misma línea. La última petición es nada menos que llenar- se de la plenitud del misterio divino, que constituye el punto final de todo el misterio, como se decía al comienzo de la carta (cf. 1,10.20- 23). No conviene engañarse por expresiones de corte intelectual como “comprender”, “conocer” o “conocimiento”. Hay que tomarlos, como se acaba de decir, en un sentido más semítico que helenístico; es decir, se trata realmente de que los lectores del escrito, lo que equi- vale a decir, todos los creyentes, interioricen en la medida de lo posi- ble el plan de Dios, el misterio de Cristo y se integren en él.

Una vez que en estos tres primeros capítulos se ha expuesto este misterio en toda su profundidad, se comprende que el autor se vea de alguna manera obligado a recurrir a la ayuda divina para que sus lec- tores lleguen a percibir de qué se trata realmente.

La doxología es un cierre natural de todas las consideraciones de la primera parte del escrito y de la oración que lo concluye. Es una reacción de alabanza y adoración ante el grandioso plan de Dios dirigido a los seres humanos. Hacia el final de la doxología hay un rasgo no tan frecuente en esta forma literaria: la mención de la Iglesia, algo que, por otra parte, no resulta tan extraño en una carta en la que la comunidad tiene un papel importante en la realización del plan divino.

II. EXHORTACIÓN(4,1 – 6,20)

Llamamiento a la unidad (4,1-16)

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