fue estéril, 2sino que, después de haber pasado sufrimientos e
injurias en Filipos, como sabéis, confiados* en nuestro Dios, tuvi- mos la valentía de predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas*. 3Nuestra exhortación no procede del error, ni de intencio-
nes dudosas*, 4sino que, así como hemos sido juzgados aptos por
Dios para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos, no buscando agradar a los hombres, sino a Dios, que examina nuestros corazo-
doras, ni con pretextos de codicia, Dios es testigo; 6ni buscando glo-
ria humana, ni de vosotros ni de nadie. 7Aunque pudimos imponer
nuestra autoridad* por ser apóstoles de Cristo, nos mostramos amables* con vosotros, como una madre cuida con cariño* de sus hijos. 8Tanto os queríamos, que estábamos dispuestos a daros no
sólo el Evangelio de Dios, sino nuestras propias vidas. ¡Habéis lle- gado a sernos entrañables!* 9Pues recordáis, hermanos, nuestros
trabajos y fatigas. Trabajando día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os proclamamos el Evangelio de Dios.
10Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irre-
prochablemente nos comportamos con vosotros, los creyentes.
11Como un padre a sus hijos, así también a cada uno de vosotros 12os exhortábamos y animábamos, exigiéndoos vivieseis* de una
manera digna de Dios, que os ha llamado a su Reino y gloria.
V. 2 (a) Esta traducción explicita el original, que dice simplemente «en nuestro Dios». (b) Traducción alternativa: «con mucho esfuerzo».
V. 3 Lit. «de impureza ni de engaño».
V. 7 (a) Traducción alternativa más literal: «hacer sentir nuestro peso», moral y aun material.
(b) Traducción con una variante del griego: «fuimos pequeños».
(c) Lit. «nodriza (o madre que cría) que acaricia en su regazo a sus hijos». V. 8 Traducción alternativa: «porque llegasteis a sernos queridos».
V. 12 Traducción alternativa más literal: «os conjurábamos a proceder».
Este párrafo es una especie de comentario autobiográfico de Pablo sobre su estancia en Tesalónica. Se refiere principalmente a él mismo, pero está en plural, por lo que también podría incluir a los otros remitentes de la carta, que podrían haber estado con él duran- te la misión en la ciudad macedónica. Hace un recuerdo de la activi- dad, bastante reciente, que han llevado a cabo en Tesalónica, lo cual es un buen modo de acercarse a los destinatarios y preparar el terre- no para el resto de la comunicación epistolar que viene a continua- ción. En ese contexto Pablo quiere destacar algún rasgo de su modo de proceder. Pablo querría defenderse de una posible acusación de ser como los filósofos itinerantes griegos, “profesionales” de la pala- bra, faltos de interés personal por sus oyentes, y quizás interesados en los frutos materiales de su actividad. En ese sentido la finalidad del párrafo es un tanto apologética. Es otro modo de conquistar la atención de los tesalonicenses para sus ideas.
Para hablar de su predicación Pablo puede haberse inspirado en modelos clásicos, como Dión Crisóstomo, cuando habla del orador, pues algunas expresiones de ambos autores coinciden en ciertos ras- gos. Pero es evidente que el Apóstol se está refiriendo, sobre todo, a las circunstancias de su llegada a Tesalónica. Las alusiones a las difi- cultades en Filipos coinciden con alguna alusión de la carta a los fili- penses (cf. Flp 1,29-30) y con los datos de Hch 16,19-40, que podrían asumirse como fundamentalmente históricos en cuanto a tales difi- cultades. Él y sus compañeros no se han amilanado ante ellas, sino que han pasado a Tesalónica anunciando el mensaje del Evangelio. Destaca a continuación su actitud personal en tal predicación. Actitud sincera, desinteresada, independiente, sin búsquedas de aceptación humana, sino con fidelidad a la palabra. Para dar más énfasis a sus afirmaciones, Pablo emplea dos juramentos (vv. 5 y10), que muestran que lo que dice Pablo sobre su forma de proceder no es mera retórica, sino realidad. Además, los datos que tenemos sobre la actividad misionera del Apóstol coinciden con cuanto leemos aquí. Pablo insiste en las relaciones afectivas y de cariño que tiene con los destinatarios de la carta. Para ello, además de frases directas, usa las típicas comparaciones de la madre o nodriza que está criando, que cuida y mima a sus hijos pequeños (v. 7), y del padre que anima, exhorta y hasta plantea exigencias a su prole (vv. 11-12). Son pape- les característicos y hasta tópicos de ambos progenitores, sobre todo en la antigüedad. El Apóstol los asume como propios para describir sus relaciones con sus cristianos, que llegan hasta la entrega de su vida; entrega, obviamente, en la dedicación total a la tarea evangeli- zadora en pro de sus cristianos. Usa estas imágenes también en otras cartas y con respecto a otros cristianos (cf. Ga 4,19; 1 Co 4,14-15; 2 Co 6,13).
Y añade algo más real y práctico: su trabajo manual para mante- nerse y no ser gravoso a nadie. Muy probablemente se está refirien- do a lo que sabemos sobre su oficio de tejedor de lona para tiendas, de que nos informa Hch 18,3. Para Pablo parece ser importante no resultar carga para nadie, sino ser autosuficiente, pues esto mismo lo repite en 1 Co 4,12 (cf. 1 Co 9,9-15). No es por orgullo o sentimiento de superioridad respecto a otros predicadores, sino por conservar su independencia para predicar más libremente. Cuando no hay peligro de perderla, acepta ayudas y subvenciones (cf. Flp 4,10-20).
Fe y paciencia de los tesalonicenses (2,13-16)
13De ahí que también por nuestra parte no cesemos de dar gra-
cias a Dios porque, al recibir la palabra de Dios que os predica- mos*, la acogisteis, no como palabra de hombre, sino cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece activa* en vosotros, los creyentes. 14Porque vosotros, hermanos, habéis seguido el ejem-
plo de las iglesias de Dios que están en Judea, en Cristo Jesús, pues también vosotros habéis sufrido de vuestros compatriotas las mis- mas cosas que ellos de parte de los judíos; 15éstos son los que die-
ron muerte al Señor* y a los profetas y los que nos han perseguido a nosotros; no agradan a Dios y son enemigos de todos los hom- bres, 16impidiéndonos predicar a los gentiles para que se salven; así
van colmando constantemente la medida de sus pecados; pero la ira
descargó sobre ellos con vehemencia.
V. 13 (a) Lit. «recibiendo palabra de audición de parte de nosotros de Dios». (b) Traducción alternativa: «se hace activa».
V. 14 Algunos códices añaden «a Jesús».
Hay quienes afirman que estas líneas son una interpolación pos- terior al texto paulino. Se basan, para ello, en razones estilísticas y, sobre todo, en el fuerte tono antijudío de los vv. 15-16, que contrasta con otras afirmaciones de Pablo, sobre todo en Rm 9-11. Pero no hay el más mínimo apoyo textual para esta suposición y, aun percibiendo las dificultades de interpretación y sin eliminar enteramente la posi- bilidad de una interpolación, parece más probable que el texto origi- nal de la carta contuviera estas líneas. En todo caso, habrá que inten- tar comprender su sentido.
Pablo vuelve a dar gracias de que los tesalonicenses acogieran la predicación apostólica transmitida por tradición como palabra de Dios. Lo hace con una frase que en alguna medida es un eco del comienzo de la carta. Sin embargo, alude aquí un poco más a un tema mencio- nado de pasada en 1,6: la fidelidad y perseverancia de los destinatarios en medio de las dificultades que han encontrado por parte de sus pai- sanos. Pero, dice él, no es algo único en Tesalónica, sino que también otros cristianos, sobre todo en Palestina, han sufrido algo similar.
A este propósito aparecen las duras frases de los vv. 15-16 sobre los judíos, probablemente las más fuertes en todo el NT, frases que
han constituido una de las fuentes del antisemitismo entre los cris- tianos, al achacar a “los judíos” en general la muerte del Señor Jesús y de los profetas (v. 15). El autor emplea además una expresión («no agradan a Dios y son enemigos de todos los hombres») que refleja la polémica antijudía contemporánea, pues resulta paralela a alguna posterior de Tácito (Anales V,5). Sin embargo, la mayor insistencia del reproche paulino va dirigida a los impedimentos que los judíos ponen a la misión, lo cual, si los datos de algunos textos de Hechos (13,45-50; 14,2.19; 17,5-9.13;18,12) son básicamente correctos desde el punto de vista histórico, tenía un fundamento real. Además Pablo fue perseguido por algunos de sus compatriotas, como se desprende de Ga 5,11 y, sobre todo, de 2 Co 11,24-25. Termina tal reproche con una afirmación con un cierto sabor apocalíptico, sobre que la ira de Dios ya los ha alcanzado, lo cual podría ser una anticipación de un final seguro para Pablo y no una alusión a un suceso concreto.
La explicación –una explicación parcial, no completa y un tanto insatisfactoria– podría ser que Pablo se deja llevar por la polémica con los judíos que obstaculizan la difusión del mensaje evangélico, y que lo hace de forma retórica y exagerada, muy propia de su tempe- ramento y del estilo apasionado que suele emplear, algo corriente en la oratoria de la época. Comparadas estas expresiones con otras del propio Pablo en otros contextos, en especial con las de Rm 9-11, pare- ce que no representan el fondo de su pensamiento sobre su propio pueblo. Hablar de una evolución en sus concepciones en el tiempo transcurrido entre Tesalonicenses y Romanos –unos siete u ocho años a lo sumo– no parece demasiado convincente cuando nos refe- rimos a un adulto como el Apóstol.
A propósito de este texto, se puede hacer la consideración más general de que, cuando un lugar bíblico plantea serias dificultades, hay que recordar algunos principios interpretativos importantes. Uno de ellos es que hay que considerar el texto concreto a la luz de toda la línea de pensamiento bíblico acerca del tema en cuestión; otro, el de que la inspiración no consagra automáticamente todos y cada uno de los sentimientos del autor, como no lo hace con su idio- ma ni con su cultura, tal como se veía al tratar del machismo pre- sente en algunos textos (p.e. Ef 5,21-6,9).
En el caso que nos ocupa aquí, vemos que las consideraciones negativas sobre los judíos no se corresponden con el resto de la visión bíblica, ni siquiera con la del mismo Pablo. Por tanto, no deben
tomarse como definitivas ni definitorias. Además, apelar a los senti- mientos polémicos de Pablo, como hemos hecho arriba, podría ser una posibilidad para explicar el texto. Pero ello no lo aclara del todo. En resumen, se trata de uno de los lugares en que es necesario reconocer nuestras limitaciones de comprensión y explicación, pen- sando en la necesidad de esperar a ulteriores clarificaciones.
Inquietudes del Apóstol (2,17-20)
17Más nosotros, hermanos, separados* de vosotros por breve
tiempo (físicamente, mas no con el corazón) ansiábamos ardiente- mente ver vuestro rostro. 18Por eso quisimos ir a vosotros (yo mismo,
Pablo, lo intenté una y otra vez), pero Satanás nos lo impidió. 19Pues,
¿quién, sino vosotros, puede ser nuestra esperanza, la corona de la que nos sentiremos orgullosos*, ante nuestro Señor Jesús en su Venida*? 20Sí, vosotros sois nuestra gloria y nuestro gozo.
V. 17 Lit. «huérfanos», «privados».
V. 19 (a) Traducción alternativa literal: «la corona de orgullo». (b) Lit. «parusía».
Este corto párrafo no presenta especiales problemas de compren- sión. En el tono familiar y concreto propio de esta carta, sobre todo en la primera parte, Pablo comunica a los destinatarios sus intencio- nes de haber ido a hacerles una visita y cómo ello no le ha sido posi- ble. Esta comunicación va envuelta en afirmaciones muy afectuosas de los sentimientos que el Apóstol alberga hacia los tesalonicenses, al igual que para con otras comunidades (cf. p.e. Flp 4,1, donde emplea la misma imagen de la corona que aparece aquí en el v. 19).
Dos detalles: el “Satanás” del v. 18 es, como en el resto del NT, una designación personal del poder adversario de Dios y del evangelio. Pablo, de hecho, nunca usa en ese sentido los términos “demonio” o “diablo”. No entraremos aquí en especulaciones sobre la justificación de cómo, por qué y en qué sentido usa Pablo en general esa designa- ción. Se puede apuntar al ambiente apocalíptico contemporáneo, con su tendencia a personificar las realidades abstractas. Aquí concreta- mente puede entenderse como alusión a dificultades generales, sim- bolizadas en el término, y no necesariamente a poderes demoníacos y mucho menos a espíritus malignos.
El término “venida” (parusía) del mismo versículo aparece por vez primera en esta carta; las otras recurrencias son 3,13; 4,15; 5,23. Fuera de este escrito, sólo lo encontramos en 1 Co 15,2. El término está tomado, probablemente, del griego profano, donde indica la venida o entrada solemne del emperador en una ciudad, con toda pompa y circunstancia. Aquí indica el convencimiento de Pablo y de los primeros cristianos de una pronta venida –en realidad una vuel- ta– gloriosa del Señor Jesús al final de los tiempos, aunque en este párrafo tal sentido no tiene especial significado. Simplemente orien- ta nuestra atención hacia los otros lugares más importantes para comprender el pensamiento escatológico de la primera generación, y que veremos después en esta misma carta.
Nótese la insistencia del Apóstol en epítetos y expresiones afec- tuosos respecto a sus cristianos, que nos muestran una vez más las relaciones entre ellos. Son relaciones humanas, pero también y prin- cipalmente se alude a razones “espirituales”, es decir, motivadas y fundadas en el Evangelio y cuanto ello significa.
Timoteo enviado a Tesalónica (3,1-5)