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CAPÍTULO III: MARCO METODOLÓGICO

3.2. Análisis e interpretación de los datos

3.2.1. Impactos psico-sociales de la violencia intra-familiar

3.2.1.1. Aspectos biofísicos (autoestima), falta de referente de un adulto

Los niños tienen derecho y necesidad de vivir en un ámbito familiar de seguridad y protección. Cuando ocurren situaciones de violencia doméstica se vulnera este derecho y en la intervención no hay que perder de vista este aspecto. El niño cuando vive espacios de maltrato cree que esas actitudes son normales y puede repetirlas cuando sea adulto. Hay que tener en

cuenta que el adolescente a futuro se convierte en adulto referente, es decir, que a futuro formará una familia y tendrá que ser ejemplo para sus hijos.

Entendemos al adulto referente como la persona que está en condiciones de cuidar y proteger al niño, que representa una referencia afectiva, principalmente en la búsqueda de soluciones. Tal es el caso de Rocío quien no encontró protección, cariño y apoyo de su madre cuando era pequeña y que hoy experimenta frustración:

“Bueno, cuando niña, eh, a ver, yo sí, en ese entonces, sí tenía la autoestima baja, por lo que yo veo en las fotos que salía hasta la mitad, y no me gustaba jugar, eh, porqué razón puede haber sido, yo pienso que faltó carácter a mi mamá, sí le faltó carácter porque yo conversé una vez con ella, y yo creo que le faltó moldearnos a nosotros, entonces yo era como la ultimita del curso, como que no me gustaba jugar a eso, porque me daba miedo que yo iba a perder, entonces ahí nos faltó empuje y yo no voy a culpar sólo a mi mamá, si mi papá también.

En cuanto a la frustración con mi esposo, fue que yo no era como él quería que fuera, y yo agoté todos los recursos, y no se dio por satisfecho.” (E # 52).

La acompañada es consciente que desde niña tenía una baja autoestima, cuando menciona que no le gustaba jugar sencillamente porque no quería perder, no se sentía bien, cada vez que era invitada a competir, asume que esto le incomodaba y quería evitarse este dolor emocional; lo evidente es que no estaba segura de sus propios valores, cualidades, ponía mucha atención al qué dirán los demás, por esa razón no quería equivocarse ante los demás, porque tenía miedo a ser cuestionada y no ser aceptada por sus pares. (Diálogo personal mantenido el 17 de febrero del 2016).

De alguna manera culpa a sus padres del poco respaldo que le dieron. Expresa que su madre era una excelente persona, muy preocupada por el bienestar de todos sus hijos, atenta, cariñosa y cercana. Rocío también manifiesta que ahora se da cuenta que su mamá en ese momento no contaba con las herramientas necesarias para colocar parámetros de formación para sus hijos; por otra parte su padre era el que trabajaba y mantenía el hogar, compartía poco con sus hijos, lo considera un hombre machista, pero jamás presenció alguna discusión entre sus padres. De alguna manera asume que aunque sus padres le dieron todo el amor, sin su vínculo afectivo no era muy fuerte, pues su padre no era muy cercano.

Evidentemente las relaciones amorosas que los adultos establecen son, en buena medida, el fruto de los vínculos afectivos que tempranamente han desarrollado con sus progenitores o figuras de apego. En esta línea, Bowlby, J. (1986) sostiene que:

“El apego como una necesidad primaria, no aprendida de establecer vínculos afectivos con los progenitores o quienes les sustituyan. Naturalmente, no es la vinculación afectiva aprendida la única explicación de las conductas amorosas, se unirá a ella la personalidad, el contexto, las experiencias y las atribuciones que a lo largo de la biografía las personas han ido construyendo.” (p. 65).

El proceso de acompañamiento le permitió a Rocío crecer y aceptarse a sí misma, es decir, a encontrarse con su propia herida y emprender un camino de sanación, dando nombre a todo aquello que ha dejado huellas negativas en su vida.

En el proceso de acompañamiento Rocío es consciente de la sensibilidad que tenía frente a palabras o gestos hirientes de otras personas. Cae en la cuenta que su imagen estaba deteriorada. Le costaba aceptar las sugerencias de los demás y pensaba que para ser aceptada debía ser perfecta. Con el proceso de acompañamiento gana en seguridad y confianza en sí misma.

Ella lo menciona:

“Ah, la poca seguridad que tenía en ese momento, que si alguien me miraba feo, me decía ah; que si alguien me miraba feo, y me decía algo que no le pareció, o me decía sabís que no me gusta esta actitud tuya, yo le daba vuelta una semana, trataba de buscar, trataba de rogar, qué sé yo, y eso es porque uno no se quiere; si una persona me dice, sabís que no me gusta tu actitud, pues, sí cometí un error o te ofendí, pues disculpa pero ya y ahí quedó.” (E # 74).

De acuerdo a lo expresado por Rocío en el párrafo anterior, se ve que logra tomar conciencia de aquello en lo que necesita trabajar a nivel personal, buscando adquirir su autoestima y autoimagen positiva, como un paso para la conquista de sí misma como persona, y el equilibrio en el desarrollo. La autoestima positiva es la capacidad de quererse a uno mismo y de querer a los demás, de saber que se es valioso, digno, de que se es capaz y de que cada persona vale la pena. Suárez Ojeda (1997), refiriéndose a la autoestima dice que “es la base de los demás pilares y es el fruto del cuidado afectivo” (p. 6).