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CAPÍTULO III: MARCO METODOLÓGICO

3.2. Análisis e interpretación de los datos

3.2.1. Impactos psico-sociales de la violencia intra-familiar

3.2.1.2. Emociones: miedo, culpa, rabia, aislamiento, soledad

Las emociones son fundamentales y omnipresentes en las personas, éstas necesitan un campo social para su desarrollo y según sea éste, incidirá en toda la persona, tanto en su salud física como en su salud mental y social. El cerebro también precisa estimulación afectiva para desarrollarse.

En la entrevista, Rocío manifiesta las emociones que se generaron en ella al momento de sentirse ignorada en su relación con su esposo. Ella manifiesta:

“Lo primero que siento es un dolor, perdida completamente, vivía sin sentido, entré en una depresión total, me costó mucho encontrar el camino, pero siempre me refugié en Dios, tal vez no con la claridad con la que lo hago hoy día, pero lo hacía, no me quería, me costó mucho, mucho, el quererme a mí misma.” (E # 2).

La víctima experimenta un dolor emocional, hay una pérdida de sentido, se produce una baja estima al no quererse a sí misma, llega a una depresión total y de alguna manera se refugia en Dios.

Richard, S. (2000), afirma que:

“Debemos generar un escenario para cada una de las emociones, un escenario que pueda ser considerado como un prototipo de cada emoción. Aunque cada instancia particular de una emoción varía en los detalles, dependiendo de las características de la persona tales como: diferentes objetivos, jerarquías de objetivos, sistemas de creencias y recursos personales, y de las condiciones ambientales físicas y sociales a las que se enfrenta.” (p. 214).

Las razones por las que una persona establece relaciones con el maltratador son varias, sobre todo cuando se refiere a la relación entre esposos. Una de esas razones es la falta de conocimiento acerca de su propia pareja y su situación particular dado en un momento de su vida, en este caso su esposo ya estaba interesado en otra mujer, y eso hacía que no se deje cautivar por nada de lo que su esposa hacía, y una relación no correspondida, agota, pues Rocío siente angustia, tristeza, impotencia, agotamiento del corazón. Sobre esto, ella dice:

“Agotada, porque la verdad es que yo hacía mucho por llamar la atención sin saber en lo que estaba viviendo, eso era lo que yo sentía angustia, me angustiaba mucho, ver que él estaba disgustado todo el tiempo, y yo sin poder he, descubrir, que ya tenía una relación, y yo buscaba de todas las formas, y me da tristeza porque dejaba de lado incluso a los niños, como para darle la atención a él, entonces eso es agotador, es interminable, es cansador, no se conformaba con nada, todo estaba mal.” (E #12).

Mañas, C. (2005) hace referencia al descontrol emocional que produce el maltratador sobre la víctima. “El maltrato es un proceso que provoca un estado, en el cual el descontrol emocional juega un papel relevante, por ello resaltamos aquellos factores que facilitan la regulación emocional: la edad, el género y el contexto socializador” (p. 15). Si bien es cierto que no hay una personalidad exclusiva para el maltratador y su víctima, sí es cierto que el sufrimiento del maltrato altera la personalidad de la víctima y que a la vez el ejercicio de la violencia produce cierto tipo de adicción.

En otro ámbito, la comunicación no es directa, el que maltrata no utiliza un lenguaje claro. Por el contrario es sinuoso e indirecto. No responde ante preguntas o lo hace con gestos reprobadores, rechaza el diálogo, niega la existencia de conflicto, y es por eso que en muchas ocasiones evade la comunicación, y se refugia en el activismo, es decir tiene tiempo para todas las cosas, menos para entablar diálogo con su pareja, tal como lo manifiesta Rocío al preguntarle cómo era la comunicación con su esposo:

“No, no había comunicación, primero que él salía mucho, él llegaba a casa y yo llegaba más tarde,… la preocupación de los niños, que las comidas, que los colegios, o sea era mucho lo que tenía que abarcar y aparte trabajar, entonces el tiempo era que llegaba, era salamero,...y de ahí era no más pues, nunca compartió un paseo con nosotros, ya salíamos solos los tres porque ya nada le agradaba, debe haber estado completamente consumido pues,…yo salía sólo con mis hijos a los paseos, a los cumpleaños, por tanto la comunicación era muy superficial, como que él era muy macho, muy llevado a su idea, muy dueño de su verdad, y todavía sigue así lamentablemente, ya ahí.” (E # 18).

La falta de comunicación hace que la víctima se sienta confusa e inquieta por los discursos contradictorios que presenta el esposo, pues todo gira en torno a él mismo y no es capaz de sentir o expresar emociones hacia su pareja y por eso mismo es casi imposible que la relación perdure en paz o que al menos sea equilibrada. Existe silencio de la pareja que daña a cada uno.

Mañas, C. (2005), afirma que:

“Desde mi experiencia profesional puedo corroborar que los maltratadores suelen ser lábiles emocionalmente, evitativos, poco comunicativos, lo que nos pone sobre la pista de una mala vinculación; impulsivos, con baja tolerancia a la frustración; controladores, celosos y con escasa o nula capacidad de empatía.” (p. 63).

Estos rasgos de personalidad unido al bagaje cultural terminan por configurar una forma constante de sentir, pensar y en definitiva una forma de construir la relación desde el ambiente de maltrato.

En esta entrevista se evidencia no sólo la mala comunicación, sino que además su esposo vive la masculinidad hegemónica, aquella que es definida como la práctica que promueve la posición social dominante de los hombres y la posición social subordinada de la mujer, en este caso era su esposo quien se restaba del compartir de la familia, y se dejaba percibir como una persona dueña de la verdad.

En la entrevista también se expresan las emociones y sentimientos que surgen en la persona al momento de vivir la separación; es sabido que el divorcio es un proceso largo, que no termina en el momento en que la pareja se separa o en el momento en el que se firman los papeles. El divorcio acaba, cuando se logra recuperar y deja atrás la relación de pareja, con sus aspectos positivos y negativos. Cuando se deja de sufrir por lo que implica el fin de la relación y el dolor de la separación. En el momento en que se mira hacia delante, tranquilo y confiado.

Mientras los sentimientos provocados por el divorcio, (la culpa, coraje, tristeza, etc.,) sigan presentes en la vida de la acompañada, seguirá atada a su ex-pareja aunque haya firmado los papeles hace muchos años. Eso es lo que experimenta Rocío al momento de situarle en lo que significó la separación con su esposo:

“Una nube gris muy larga, una depresión, un no tener sentido la vida, levantarme por los niños, pero, hacer las cosas en forma innata, como mamá, pero por mí hubiese caído en un sueño profundo y no haber despertado más, es evidente porque viví con dolor del alma durante 4 años y un poquito más, en el que yo abría los ojos, y yo solamente pensaba en él, y me dormía pensando en él, y vivía todo el día pensando en él, entonces era un dolor entre pecho y espalda que era el dolor del alma que si existe, el mismo que me llevaba a tener una mirada perdida, fija, sin tener sentido de que iba a hacer de mi vida, no le encontraba qué rumbo tomar,… y eso fue muy largo, muy largo; yo doy gracias a Dios, eh, porque ya parecía que no me quedaba aliento, y no iba a poder salir de eso, perdí el sentido, la noción del tiempo.” (E # 30).

El divorcio es una ruptura del contrato matrimonial en que habían decidido compartir sus vida sexuales, afectiva, económica y establecer lazos de filiación y de descendencia. Es un fracaso psíquico respecto a sus objetivos. Fracaso en el plano psíquico y afectivo respecto al ideal aportado por el matrimonio, la búsqueda de una inclinación amorosa estable y la constitución de una familia unida.

Rocío expresa:

“Angustia, pena, rabia, todo mezclado, tristeza muy profunda, desolación, soledad, mucha soledad, resentimiento, rabia, culpa, temor y preocupación por el futuro, baja autoestima, incapaz de tomar decisiones, confusión, enojo conmigo misma y con mi pareja.” (E # 68).

Según lo expresado por Rocío, podemos decir que se hace duelo a lo no vivido, es evidente que al ser esposos se plantean realizar muchos sueños juntos, como tener y criar a sus hijos, viajar juntos, comprar su casa, su auto, en fin, ya no se plantean vivir solos, y al momento de la separación, se da también la finalización de los sueños, es por eso que ella sigue pensando en él. Sin embargo surge la pregunta: ¿Por qué se separan los matrimonios? Según Feldman, R. (2007) hay muchas causas:

“Una es que las personas en la adultez intermedia pasan menos tiempo juntas que en los años anteriores. En las culturas individualistas occidentales a muchos les preocupa su felicidad personal y si su matrimonio no les trae satisfacción personal sienten que el divorcio es la respuesta a sentirse más felices.” (p.570).

Además, el divorcio es socialmente más aceptable que en el pasado y hay menos impedimentos legales, más todavía si es en defensa de sí misma.

La soledad es un sentimiento muy presente en los casos de divorcio. Al inicio de la separación ésta se vive desde un estado negativo, duro, pues experimenta la falta de la pareja. La acompañada manifiesta que desde que inicia el proceso de acompañamiento experimenta la soledad de manera positiva y constructiva, es decir, disfruta de estar consigo misma.

Rocío pierde el miedo a la soledad y le pide a Dios que le acompañe para salir adelante. Ella expresa:

“Hoy no, no hay soledad, pero en el tiempo que vivía con la soledad era obscuro, pero aprendí a dialogar con la soledad, yo lloraba, lloraba y le pedía a Dios que me diera la luz, y tal como le conté antes, abrí la puerta y le dije bienvenida soledad y desde ese día, no sentí ningún temor porque a mí ya me ha tocado dormir sola acá, si los niños van con su papá, bueno yo duermo toda la noche y lo único que digo es, Señor te invito a dormir conmigo, Señor te invito a mi casa.” (E # 102).

Las peleas entre los padres dejan huella en los hijos, la agresión que se presenta entre ellos moldea negativamente la respuesta emocional de cada uno de sus hijos. La exposición a la agresión verbal y física entre los padres altera la facultad del niño de identificar y controlar sus

emociones. De ahí que no sólo se trata de hacerles pasar un mal rato, o de hacerles daño al verlos pelear y decirse cosas feas.

Probablemente todos los padres han discutido alguna vez, es normal. Y aunque intenten controlarse o hacerlo en privado por no herir a los hijos, muchas veces son incapaces de frenar el impulso. Las peleas entre los padres afectan mucho a los niños, lo que para los padres puede ser apenas un fuerte intercambio de opiniones, ellos pueden verlo como una catástrofe.

La acompañada manifiesta incomodidad por la falta de comunicación que existe con el papá de sus hijos. Ella busca explicar a su ex-marido las diversas actividades y gastos que realiza con la pensión que recibe de él. Le resulta difícil dialogar con su ex-marido para buscar el bien de los hijos, lo que le produce tristeza y frustración, los cuales se los expresa Dios en su oración personal. Al respecto, ella afirma:

“Yo creo que la conducta de él, que no pueda entender que nosotros como papás tenemos una deuda muy grande con los niños, y no puede entender ese camino, eso me molesta, eso me lastima, me da tristeza porque yo se lo he planteado, y no lo quiere entender, o no lo puede entender que nosotros podemos ser happy, happy, ¿cómo te va?, cuida a los niños, pásenlo increíble que se yo, o no, no puedo llevar a los niños en esta semana, oye por favor compremos esto, yo soy súper, súper, súper correcta con él, le doy cuenta hasta del último peso que dio en el colegio y cómo no va al paseo mi hijo, le digo que con eso podríamos comprar un par de zapatillas, y por eso digo, si él está viendo conductas así, cómo no abre su mente, yo soy la mamá de sus niños y lo que estoy manejando es a sus hijos, estoy criando a sus hijos, si ya él tiene su mujer, bueno tenga su mujer, pero tiene una rabia tan contenida con la vida de porquería que lleva que se desquita conmigo; entonces yo digo: “Dios mío por favor”, ¿cuál es la idea?.” (E # 106).

Frente a este episodio que Rocío vive, se abre la problemática de lo importante que es la aceptación de la sombra ante el problema de la contradicción. Sobre este tema, Anselm Grün (2007) cita a Jung quien:

Considera el todo de la vida humana como un conjunto de contradicciones, no llega el hombre a su plenitud, es decir no se desarrolla hasta el “sí mismo”, si no consigue integrar las contradicciones en lugar de eliminarlas, aquí no se trata de una conversión a lo contrario sino del mantenimiento de los valores antiguos, a la vez que se reconocen sus contrarios. (p. 92).

De esta forma Jung expone el proceso de individuación, espacio que le permite a la persona integrar las fortalezas y debilidades, de tal manera que pueda actuar desde la coherencia, entre lo que siente y actúa.

3.2.1.3. Autoestima (corporal, social, capacidad laboral)

El maltrato psicológico suele manifestarse en un proceso largo en que la víctima no logra apreciar la forma en que el agresor vulnera sus derechos con la falta de respeto y humillación. De tal manera que la víctima va progresivamente perdiendo autoestima y seguridad en sí misma.

Rocío deja entrever los factores de riesgo a los que se ve expuesta debido a la naturaleza del maltrato físico y psicológico al que es sometida por su esposo. Según lo manifestado por la acompañada, se puede evidenciar que recibe un maltrato psicológico fuerte de parte de su esposo, de tal forma que logra tener el control absoluto sobre la víctima, en este caso sobre su esposa. Por otra parte, la víctima se convence de que su vida no tiene valor, y evidentemente su autoestima se ve afectada, se resigna e incluso acepta los insultos que recibe y en todo le da la razón al victimario. Ella dice:

“Sentía que todos los insultos que él decía me los merecía, realmente me autocastigaba a mí misma, en todo le encontraba la razón, que él me basureara, todo era como merecido para mí, como algo normal.” (E # 4).

Frente a esta situación, Mañas, C. (2005, p. 65) afirma que: “la explosión del maltrato sobreviene ante cualquier estímulo, y tiene más que ver con la situación interior del agresivo que con los acontecimientos externos, y en consecuencia las víctimas quedan confundidas, indefensas.”

Cada persona sigue su propio y único camino en la vida y, a través del mismo, va formándose su autoestima. Con las emociones positivas respecto a uno mismo es como se genera el desarrollo de una buena autoestima, esto a la vez ayuda para ser conscientes de lo que hacemos o recibimos de los demás y así poder actuar adecuadamente. El proceso suele ser gradual. Sin embargo, la persona puede no darse cuenta de que está formando un pozo de creencias negativas sobre sí misma.

En esa construcción, la naturaleza innata de la persona juega un papel importante, pero las experiencias que atraviesa y las personas con quienes se relaciona influyen decisivamente. Por tanto, al atravesar experiencias dolorosas como el maltrato físico y psicológico, la persona puede ir formándose esa opinión negativa sobre su apariencia, su inteligencia o sus

capacidades. Eso es lo que refleja Rocío cuando nos comparte su experiencia. Al preguntarle si recuerda algún insulto fuerte que ha recibido, expresa:

“A ver de la que más tristeza me da a mí, cuando en la intimidad me decía… contigo sólo he tenido sexo, con ella hago el amor, no sirves para nada.” (E # 6).

La persona que vive este tipo de maltrato psicológico adopta una actitud negativa a la hora de enfrentarse a las nuevas experiencias, en vista de que este espacio lleva a que la víctima crea que realmente no sirve para nada, vive la comparación, la humillación, es considerada objeto, se siente desvalorizada, incluso llega a perder su propia identidad, ya no sabe definirse quién es. Por eso llega a decir:

“Me comparaba y me decía no servís para nada, eres una inútil, y yo creía que así era.” (E # 8).

Por otra parte, Cabarrús, C. (2000), afirma que:

El nivel de estima es un indicador de la herida. Entre más grande es la herida, más baja es la estima, pues es efecto de la herida y de los temores. La baja estima es un fenómeno auditivo; tiene mucho que ver con un sistema de voces que hablan dentro de la misma persona: las voces que están grabadas y que le quitan su valor. (p. 97).

Dentro de esta realidad la víctima está expuesta al ciclo de la violencia. En muchas relaciones que se vuelven violentas es frecuente que el primer ataque aparezca como un hecho aislado.

Respecto al ciclo del maltrato, Mañas, C. (2005, pp. 64-66) cita a Leonore Walker (1979), psicóloga norteamericana, quien describe el maltrato como:

Acumulación de tensión. Alguna tensión (por ejemplo: el trabajo, el dinero o las cuentas por pagar) inician esta parte del ciclo. La tensión causa que el abusador se sienta impotente. El abusador elige reaccionar contra la esposa o compañera con el abuso verbal, insultos y acusaciones.

Explosión de la violencia. La tensión acumulada causa abusos verbales graves, ataques físicos o sexuales violentos.

Arrepentimiento y ternura. En esta fase el abusador usa mecanismos de defensa como culpar a los demás o minimizar la violencia.

Calma, luego regresa a lo mismo. Cuando se ha establecido el paso de racionalización/justificación, ambos miembros de la pareja intentan continuar la relación

normalmente fingiendo que todo está bien. Sin embargo, el ciclo de abuso continuará si no se tratan los problemas que tiene la pareja.

En la entrevista Rocío narra su experiencia y con eso se evidencia lo expuesto anteriormente. La entrevistada dice:

“En ese momento mucha rabia, pero después como que venía la disculpa y yo decía: Ya, sí, sí, en realidad me lo merecía, eso era lamentable pero terminaba dándole la razón, y me dejaba golpear, pasaba tan rápido que ni me daba cuenta que eso sucedía, y como le daba la razón hacía que vuelva a una segunda y tercera vez, las más fuertes, y grandes, además siempre me decía que era mi genio, mi carácter, y hoy día veo mi genio, mi carácter y ni siquiera era eso. Y yo me fui convenciendo de una vida que me mostraba y que tanto que me repetía, ya me lo creía, ahhhh, me pedía perdón y luego pasaba un tiempo medio tranquilo, y después volvía la misma pelea y golpes.” (E # 36).

Por otra parte, Rocío manifiesta tener una identidad prestada, en vista de que su esposo era su seguridad, su respaldo, su todo, tenía miedo de estar sola, no conocía otro modo de hacerse presente en la sociedad, no cree en sí misma, se siente desvalorizada, no cree en sus propias