SISTEMA DE ENGANCHE DEL MALTRATADOR
2.7. Propuesta de acompañamiento psico-espiritual
2.7.2. Propuesta de acompañamiento, planteado por Carlos Rafael Cabarrús, s.j.
El padre Carlos R. Cabarrús es sacerdote Jesuita, en su profesión es doctor en Antropología Cultural y Licenciado en Filosofía y Teología, plantea un acompañamiento en el campo psicoespiritual en el que está presente la relación con el cuerpo y la experiencia de Dios en el ámbito de una justicia que brota de la fe.
Por tanto el acompañamiento que propone es a manera de taller, ya que toma elementos de la psicología, para ponerlos al servicio de la liberación integral del ser humano, para que de esta manera sea posible acoger y vivir de forma sana y libre la propuesta del Evangelio, este proceso sin ser explícitamente cristiano, está impregnado del mensaje de Jesús quien vivo: “Para darnos vida y vida en abundancia” (Jn10,10); por otra parte Cabarrús, C. (1998) dice: “Desde mi ser cristiano he podido verificar no sólo la intrínseca relación de lo psicológico con la experiencia religiosa, sino también, por una parte, lo nefasto, de la contaminación de lo religioso con lo psíquico, (y viceversa); pero por otra, el potencial de liberación que tiene la verdadera experiencia de fe” (p. 17).
De hecho la fundamentación teórica que está presente en todo el taller es la compilación de varias propuestas terapéuticas, tales como:
Dr. Kuri Cano, desde la introducción a la bioenergética y otras técnicas propias, (algunas importadas de culturas orientales)
El PRH – Personalité et Relations Humaines, aporta los instrumentos para el autoconocimiento y la relación de ayuda.
André Rochais, fundador del RPH, aporta desde la herramienta terapéutica del “¿Qué me habita?”, y los ejercicios de la búsqueda de la herida y de lo que se denomina en este taller como “pozo”.
Carlos Alemany, quien fue que le introdujo hacia el trabajo con el focusing y la obra de E.Gendlin, ya que desde esta dimensión se toma el focusing y algunos de sus aportes a la interpretación de los sueños.
De Jean Monburquette, desde su libro: ¿Cómo perdonar?, desde ahí se toma algunas aportaciones terapéuticas de armonización e integración: hacer una nube, acoger a mi niño herido, y el proceso del perdón.
Tal como se lo menciona antes, esta propuesta es un taller, y propicia espacios de conocimiento profundo, el mismo que permite reconocer y trabajar el proceso vulnerado y acoger y potenciar el pozo de la positividad, para adquirir herramientas que capaciten y ayuden a desarrollar plenamente la dimensión humana, como la base de cualquier opción de vida, de hecho esto no es un proceso terminado porque cada taller le abre a nuevos ejercicios o a reinterpretaciones de los antiguos; Cabarrús, C. (1998), “Solamente haciendo la experiencia vital de cada instrumento propuesto, es posible asimilar la densidad de su efecto, y despertar e introyectar el camino del conocimiento y crecimiento personal que brota del manantial, abre a la fuente de agua viva, y lleva a volcarnos en servicio a las personas necesitadas” (p. 21).
La armonía espiritual es la experiencia personal de reconocer el modo cómo Dios nos lleva para dejarnos llevar por Él. Vivir y obrar al modo de la Ruah, en su brisa musical. Cinco aspectos principales: saber guiado por Ruah, habilidad para limpiar y reconstruir la experiencia de Dios, encuentro con Dios, formación teológica fundamental y discernimiento espiritual.
Por tanto la propuesta de acompañamiento propuesto por Cabarrús, es desde lo psico- histórico-espiritual, ya que de esta manera es verificable en las historias personales, en las relaciones de los grupos, y en la vivencia de los grupos.
Apoyarse solo en lo espiritual sin alusión a lo psicológico, implica, por principio, una ingenuidad que olvida el papel de lo inconsciente. Quedarse sólo en el binario, psicología y espiritualidad, es la veta tan apoyada por la nueva era, y las “religiones civiles”, que pueden encerrar a las personas en una cápsula de autorrealización, y religión que
deshistoriza. Por el contrario, la espiritualidad en la que se apoya este esquema, es la que se nos revela en la experiencia de Jesús que sana y levanta, perdona e invita a su seguimiento, compromete y lanza al servicio del Reino. (Cabarrús, C. 2000, p. 31).
Por tanto la persona acompañada tiene derecho a sentirse diferente en las tres dimensiones como por ejemplo: lo psicológico: a estar herido, a ser libre, gozar de su cuerpo, aprovechar lo que ha vivido, a ser fiel a su manantial. Lo espiritual: a ser pecador, a tener miedo, a ser consolado, a sentirse amado sin condición. Lo histórico: a ser individualista y a soñar y buscar soluciones, cambia el rostro del mundo.
El método propuesto es potenciar la sensibilidad más que la racionalidad como camino de conocimiento profundo, además se apoya sustancialmente en la corporalidad como acceso más directo a la fuente de los problemas, y como camino terapéutico más seguro; cómo lugar en donde Dios se nos revela y como instrumento para ir haciendo este mundo más humano.
El oficio de acompañar es el de ayudar a prestar atención a las comunicaciones para vivir en congruencia con ellas, esto parece abstracto aún, sin embargo no hay que olvidar que la primera preocupación que debe tener un acompañamiento “es hacer existir a la persona”. Es decir, resaltar la humanidad, hacer que primero haya el sustrato personal sano, para que allí pueda obrar la gracia, esto concretiza en significado de acompañamiento psicoespiritual.(Cabarrús, C. 2000, p. 39-40).
Por tanto el acompañamiento psico-espiritual pretende ayudar a otra persona para que esté más atenta a las comunicaciones que Dios establece con ella; para responder personalmente a ese Dios y para vivir en consecuencia con esa relación.
Ahora bien es necesario recordar que este acompañamiento se enriquece de una psicología que toma en cuenta el cuerpo, el género, la ecología, el inconsciente, la cognición, la voluntad, las relaciones, los sentimientos, y sobre todo los aspectos positivos y sanos de la persona, pero no es una mera terapia, tal como lo señala Cabarrús, C. (2000), al mencionar a Jones, (1998), “reside en que el acompañamiento espiritual está explícitamente referido a la mutualidad, a la gracia y al culto; y la persona para ello, debe estar suficientemente sana”.
El acompañamiento espiritual trata con el orden de la gracia, mientras la terapia-como tal- no lo hace. El acompañamiento espiritual está presente en la búsqueda del sentido de la vida – cosa que todas las personas añoramos -, en cambio la terapia no lo hace necesariamente. En el acompañamiento espiritual son tres los agentes: quien acompaña, quien es acompañado(a) y Dios – la Espíritu -. En el acompañamiento espiritual lo fundamental es que la persona se disponga a que Dios acontezca en ella, en la terapia lo primordial es que la persona sane. El acompañamiento espiritual busca que se descubra el
“ser yo para las otras personas” – ser persona para los demás, - en tanto la terapia pretende desarrollar el “yo estoy bien. (Cabarrús, C. 2000, p.43-44).
Ahora bien, después de descubrir la riqueza que proporciona el acompañamiento psico- espiritual, se percibe la necesidad de añadir la dimensión histórica, ya que el compromiso con la historia como premisa de todo acompañamiento, es un factor importante y decisivo a la hora de tener un compromiso con la vida.