• No se han encontrado resultados

Aspectos conceptuales de la evaluación de políticas

CAPÍTULO 2. LA GESTIÓN DE LAS SEQUÍAS Y SU EVALUACIÓN

2.6. La evaluacion de la gestión de la sequía

2.6.1. Aspectos conceptuales de la evaluación de políticas

La evaluación, en general, se refiere al proceso de determinar el mérito o valor de

algo, según Scriven (1991). Se trata de un proceso analítico clave en todas las

disciplinas intelectuales y prácticas (Vedung, 1997) y, por tanto, trasciende a cualquier

dominio o campo de conocimiento.

Desde la perspectiva del ciclo de la política (‘policy cycle framework’), la evaluación se

concibe como una etapa del diseño e implementación. De acuerdo Jann & Wegrich

(2006) el proceso de evaluación es una de las cuatro fases constitutivas de una política:

(i) Establecimiento de la agenda: reconocimiento del problema y selección de temas

importantes; (ii) Formulación de la política y toma de decisiones; (iii) Implementación;

(iv) Evaluación y terminación (Figura 6).

Figura 6. La evaluación y el ciclo de la política

Fuente: Elaboración propia, adaptado de Vedung (1997) y Jann & Wegrich (2006).

En este contexto y, como sucede en otros campos, el término evaluación es utilizado

con distintos significados y matices, reflejando diferentes enfoques y concepciones

que afectan desde el plano más conceptual, a aspectos prácticos o tácticos de cómo

aborar el proceso. Sin embargo, existe cierto consenso acerca de que el proceso de

evaluación implica determinar el valor, en este caso de la política o de cualquiera de

sus componentes (proyectos, planes, programas…), de acuerdo a unos criterios

explícitos o implícitos.

Los objetivos de la evaluación de una política van desde el interés por la mejora de los

resultados concretos de la política o proceso político hasta la rendición de cuentas

ante la sociedad o los órganos de supervisión. También puede ser un fin el querer

establecer la evaluación como una parte central de la política, a través de decisiones

basadas en la evidencia racional (Jann & Wegrich, 2006). La evaluación está

relacionada con procesos de aprendizaje que pretende tener implicaciones para los

siguientes pasos del proceso político en cuestión. También se puede utilizar para

reforzar o dar por terminada la política aunque, en este último caso, pueden mediar

otros factores externos que van más allá de los propios resultados de la evaluación

(Jann & Wegrich, 2006).

Los diseños y enfoques de evaluación varían de forma notable, dependiendo de la

aproximación conceptual y metodológica, las características del proceso y el tipo de

política objeto de estudio. Sin embargo, y tal y como reconocen varios autores, “a

pesar de la inclinación hacia el uso de herramientas cuantitativas y diseños

experimentales o quasi-experimentales, el problema general de aislar la influencia y los

impactos de una determinada medida implementada como resultado de una

determinada política, todavía no ha sido resuelto, dadas las numerosas variables que

afectan a los resultados de dicha política” (Jann & Wegrich 2006, p. 54).

Vedung (1997) presenta algunas características del proceso de evaluación de una

política que deben ser tenidas en cuenta desde un punto de vista metodológico:

Perspectiva sistémica: la política, la administración pública y el resto de agentes

relacionados conforman un sistema cuyos componentes están

interrelacionados y dependen unos de otros. Así, la lógica general de su

funcionamiento (en su formato más simplificado) se concibe como la utilización

de unos recursos que la administración convierte o transforma en unos

productos (outputs) y resultados (outcomes) inmediatos, intermedios o últimos

(también llamados impactos).

Sistema dinámico: el alcance, objetivos, medidas y recursos de la política

cambian a lo largo del tiempo (Hanberger, 2001). En un momento dado, las

acciones objeto de evaluación pueden encontrarse en proceso de diseño, de

ejecución o terminadas (Vedung, 1997).

El análisis del problema es un elemento central que proporciona la estructura y

dirección de la evaluación de la política (Hanberger, 2001).

La evaluación de políticas va más allá de la evaluación del impacto, ya que en

ocasiones no es posible su medición, dado el carácter complejo y sistémico de

la sociedad. Otros aspectos como el análisis de la eficacia de las intervenciones,

el nivel de consecución de los objetivos o el nivel de eficiencia en el uso de los

recursos movilizados son igualmente relevantes.

Los objetivos de la intervención no son los únicos criterios de valor adecuados y

el análisis de dichos criterios requiere de unos niveles mínimos de calidad que

vienen determinados por la recolección sistemática de la información y su

análisis.

Tiene que ser útil, ya que la evaluación se presupone una actividad con

implicaciones prácticas (Patton, 1986). Sin embargo, Huitema et al. (2011)

alertan que demostrar que una evaluación dada tiene (o no tiene) un impacto

directo sobre la política es una tarea muy difícil.

Tiene carácter retrospectivo cuando se centra en el análisis de cómo se ha

actuado y cómo se han implementado las acciones o medidas. Esto afecta tanto

a las actuaciones planificadas inicialmente, sus modificaciones y a aquellas no

previstas que han aparecido con posterioridad. En definitiva es necesario tener

en cuenta el carácter dinámico de las políticas así como ser consciente de que

el proceso de decisión – implementación – evaluación no es secuencial ni

continuo, si no que tiene lugar simultáneamente y a diferentes niveles de

gobierno y administración.

La evaluación de políticas difiere de la evaluación de programas. La evaluación de

políticas se puede caracterizar por ser más compleja y tener un alcance más amplio, ya

que puede abarcar la evaluación de varios programas a la vez. Los programas suelen

ser más fáciles de abordar ya que se trata de objetos de evaluación cuyos límites

suelen ser mejor conocidos. También suelen estar más estructurados o ser más

explícitos si los comparamos con una política. Sin embargo, en la literatura se utilizan

frecuentemente como sinónimos ya que a veces la evaluación de una política puede

reducirse a la suma de la evaluación independiente de varios programas o

simplemente se simplifica su complejidad y se aborda como si fuera un programa. La

evaluación de políticas tiene una importancia considerable a pesar de la menor

atención que recibe este tema en la literatura sobre evaluación (Mark et al., 2009).

Esta situación contrasta con la amplia atención que recibe la evaluación de programas,

no solo a nivel teórico sino también en la práctica profesional.