3. La construcción mediática de la realidad El documental
4.2. Aspectos relevantes de la transición política
No se puede decir que el concepto de transición sea un invento de mediados de los años setenta del siglo XX. Dice Fuentes (Hernández y Fuentes, 2008: 1173-1183) que, durante el convulso tránsito del régimen absolutista al liberalismo tras la muerte de Fernando VII, ya era de uso frecuente la palabra transición “para describir un proceso evolutivo plagado de incertidumbres” y que Larra hablaba de que el país se encontraba en “una de aquellas transiciones en que suele mudar un gran pueblo de ideas, de usos, de costumbres”, aunque la situación de aquel momento no puede ser equiparable a la transición del franquismo a la democracia. El concepto se repite en otros momentos del siglo XIX sin mayor analogía con la transición del franquismo a la democracia que la del propio término. A partir del final de la Segunda Guerra Mundial, varias figuras del exilio republicano de 1939 (Largo Caballero, Giral, Prieto) comienzan a dar sus opiniones sobre una “hipotética España posfranquista”, empezando por las distintas fórmulas de “transición”, y posteriormente, desde posiciones moderadas, tanto en el interior como en el
exterior, el concepto de transición hace alusión al periodo posterior a la desaparición de Franco y a una idea pactista sobre el mismo que se llevaría a cabo entre sectores “liberalizadores”del régimeny oposición.
Fuentes (2008) soslaya que no toda la oposición, ni todos los partidos y los políticos en el exilio tenían esta concepción pactista con una parte del régimen. Así, el Partido Comunista, aunque fue el primero que preconizó la “reconciliación nacional” en 1956 no tenía en aquellos momentos entre sus objetivos tal pacto sino la remoción del dictador en primer lugar y, posteriormente, la liquidación del régimen en lo que se llamó la ruptura democrática.
Desde los años sesenta y con mayor intensidad en los primeros setenta, en los ambientes cercanos al poder “había plena conciencia del progresivo agotamiento del sistema y de la conveniencia de una reforma política” que evitara el naufragio total del régimen creado por Franco. De ahí los intentos de regular las “asociaciones políticas”, como el de Fraga o el tímido y con marcha atrás “espíritu del 12 de febrero” de Arias Navarro. De esa idea todavía difusa de una necesaria reforma política o transición como una etapa histórica intermedia se va pasando paulatinamente al concepto tal y como ha llegado a consolidarse, desde poco después de la proclamación del Rey (el diario Ya hablaba de esta etapa de transición) y con mayor impulso a partir del nombramiento de Suárez. Este término fue promovido, en gran parte, por la prensa, el denominado “parlamento de papel”, el periódico Ya y, en particular, el grupo “Tácito”, el diario ABC de forma ambigua e incluso publicaciones cercanas a la oposición como Cuadernos para el Diálogo,
Triunfo y Cambio 16.
A partir del nombramiento por parte del Rey de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, a principios de julio de 1976, en sustitución de Arias Navarro, el término ya no se refiere a un periodo sino a una transición política
la Reforma Política, aprobada en referéndum en diciembre de 1976 y promulgada en enero de 1977, con lo que se puede dar por acabada la primera etapa de la transición.
A partir de ese momento y durante el año 1977, los acontecimientos se suceden con rapidez, entro otros, la disolución de la Secretaría General del Movimiento Nacional, la legalización del Partido Comunista (PCE), la legalización de los sindicatos y las elecciones generales. Tras las elecciones de junio de 1977, en las que la UCD, el partido de Suárez, gana sin la amplia mayoría deseada, da comienzo el debate de la Constitución y se empieza a asociar el término transición con el concepto integrador de ruptura pactada y, sobre todo, con el consenso, frente a la dicotomía entre reforma y ruptura que imperaba en los principios de la transición. Esta situación de consenso se mantuvo, según Fuentes (2008), solo durante el periodo constituyente, dos años escasos, porque posteriormente llegó el desencanto asociado al agotamiento de las políticas de transición y, una vez pasado el frustrado golpe de Estado del 23-F de 1981, se instaló el deseo del cambio, que culminó en el triunfo electoral del PSOE en octubre de 1982, hecho que cierra la transición, según opinión mayoritaria, que no unánime, en la literatura sobre la transición.
El comienzo de la transición resulta igualmente controvertido. Fuentes (2008:1179) explica brevemente los motivos de la problemática datación de la transición derivada, sin duda, de la propia complejidad del proceso en estos términos: “Más problemático resulta establecer su punto de partida, que se sitúa a menudo en la muerte de Franco, pero también en el asesinato de Carrero Blanco (20-XII-1973) y en el nombramiento de Adolfo Suárez (7-VII- 1976). La propia complejidad de aquella experiencia histórica, que se vio precedida y posibilitada por una profunda transformación social, económica y cultural, hace muy difícil la datación de su origen. Para decirlo claramente, la transición no podía tener, por su propia naturaleza, ese gran acontecimiento fundacional, expresión de una ruptura simbólica y fuente de legitimidad, que para la II República había sido el 14 de abril de 1931”
Ese es, quizás, el principal motivo de la discrepancia entre distintos autores así como también las posibles etapas y su denominación. Cotarelo (Tezanos, Cotarelo y de Blas, 1989: 40-41) señala la imprecisión de los límites de la transición y afirma que Caciagli distingue entre transición institucional, desde el 18 de noviembre de 1976, con la aprobación por las Cortes de la Ley para la Reforma Política hasta el 6 de diciembre de 1978, fecha del referéndum de la Constitución, y transición política, desde el 3 de julio de 1976, día de la destitución de Arias hasta el 28 de octubre de 1982, cuando el PSOE gana las elecciones generales, con diversas subdivisiones. No obstante, según su propia opinión, habría que conjugar ambas partes y datar el comienzo de la transición el día que muere Franco y el final con la aprobación y promulgación de la constitución, dejando fuera el periodo posterior que denomina “de consolidación”, pues entiende por transición “el cambio de un régimen a otro”.