3. La construcción mediática de la realidad El documental
3.4. El documental Género y formato para la construcción
3.4.5. Los documentales y la construcción de la historia
El subgénero documental de divulgación histórica, especialmente el de la historia contemporánea, ha experimentado desde la segunda mitad del siglo XX un importante auge, principalmente debido a la gran cantidad de material cinematográfico, televisivo y fotográfico disponible tras más de un siglo y medio de fotografía, un siglo largo de cine y más de sesenta años de memoria efectiva de la televisión, además de una larga trayectoria radiofónica y de diversas industrias del sonido, y todo esto con varias guerras y revoluciones de carácter prácticamente mundial y numerosos acontecimientos grabados y filmados de por medio. A este tipo de documental se le puede considerar, pues, firmemente emparentado con los otros tipos de subgéneros informativos, por las fuentes de las que se nutre, ya que la mayoría recurren, en mayor o menor medida, al material audiovisual de archivo.
Todo este material icónico y sonoro procede casi en exclusiva de programas informativos, en un principio de reportajes cinematográficos aislados o de las actualidades cinematográficas (y en España, del NODO), y más tarde, de los informativos de televisión. Por esto, en el documental histórico, a las complejas cuestiones clásicas sobre el documental hay que añadir las dificultades y particularidades propias de los procesos de construcción de la información, desde el acceso a sus mismas fuentes a los procedimientos de selección, jerarquización y tematización que tratan de conformar una determinada realidad social, o los problemas que plantea la necesidad de inmediatez y su plasmación en el directo, por citar algunas.
Los discursos informativos audiovisuales nacieron, en sentido estricto, con el cinematógrafo. La conciencia de los primeros cineastas respecto de la capacidad del nuevo invento para guardar memoria de acontecimientos o vivencias trascendentes, por tanto, para ser instrumento de la construcción de la historia, fue temprana (filmaciones de coronaciones, batallas). Quizás el más precoz ejemplo de esa conciencia fue un camarógrafo llamado Boleslaw Matuszewski. Es interesante reseñar que ya en 1898, apenas tres años después
de la primera proyección pública del cinematógrafo, Matuszewski escribió y publicó en París Una nueva fuente de la historia, una obrita en la que proponía crear un “museo o depósito cinematográfico” para conservar material “de interés documental”, es decir, “trozos de la vida pública y nacional” (Barnow, 1997:30-31) y defendía que las tomas recogidas por las cámaras ocuparan un lugar junto a la cerámica, la escultura u otros restos arqueológicos para documentar hechos para la historia. De esta forma el audaz camarógrafo se convierte en el primero que reivindica esa función historiográfica para el cine, dándole el papel de documento, de fuente para la historia.
Existen, además, otros aspectos que relacionan al documental con la historiografía y sus principales paradigmas, como ya se comentó al comienzo del capítulo. Los paradigmas historiográficos conforman unos tipos determinados de textos históricos con unas características propias, tanto en su contenido como en su forma, y en el análisis que hacen de los hechos históricos. De la misma forma, pueden existir diferentes modalidades de documental histórico partiendo de cualquiera de los citados paradigmas, cuestión que se debe tener también en cuenta a la hora de analizar la serie documental La Transición.
No obstante, los discursos audiovisuales del documental no son ni pueden ser iguales a la historia académica, sino que entran más bien en el terreno de la divulgación, aunque, como dice Nichols (1997:32): “El cine documental tiene cierto parentesco con esos otros sistemas de no ficción que en conjunto constituyen lo que podemos llamar los discursos de sobriedad. Ciencia, economía, política, asuntos exteriores, educación, religión, bienestar social, todos estos sistemas dan por sentado que tienen poder instrumental; pueden y deben alterar el propio mundo, pueden ejercer acciones y acarrear consecuencias.[...] Son vehículos de dominio y conciencia, poder y conocimiento, deseo y voluntad. El documental, a pasar de su parentesco, nunca ha sido aceptado como igual”.
Y, a pesar de todo, el documental histórico también tiene esa voluntad y ese poder instrumental de alterar el mundo actual, puesto que, como los otros discursos sobre la historia, también tiende a representar el mundo pasado (lejano en el tiempo o no) desde la perspectiva actual y para la sociedad de hoy.
Eso precisamente es lo que hizo Esther Shub al comienzo de los años 20 en la Unión Soviética, con material cinematográfico de archivo de la época anterior a la revolución pero con la perspectiva revolucionaria. Se la considera como la primera directora de documentales históricos por esos films de montaje y por otros que siguió realizando durante años, como Ispanija (1939) sobre la guerra civil española. Tras su huella otros directores de cine y, posteriormente, las principales emisoras de televisión han producido gran cantidad de documentales del subgénero histórico, sea como obras individuales o seriadas, como es el caso de la serie La Transición (1993), producida por Televisión Española, objeto de estudio de esta tesis.
Hernández, en su tesis doctoral La serie de Televisión Española La Transición como documental de divulgación histórica (2004), así como en su libro La historia contada en televisión (2008) hace un exhaustivo repaso a las series documentales históricas que ha producido Televisión Española (TVE). Dado que son antecedentes y referentes de la serie La Transición, conviene recordar siquiera las más representativas, respetando como fecha de la producción la de la primera emisión, tal como lo presenta Hernández.
Las primeras series históricas de TVE son Testimonio (1964), Biografías
(1967), integrada después como sección de Ahora y siempre como preludio a un debate; La víspera de nuestro tiempo (1967), idea de Jesús Fernández Santos que presenta más de treinta biografías; Lo que va de siglo (1968) escrita por Octavio Cabezas; Treinta años de historia (1968) y El mundo de la posguerra (1969), sobre el periodo entre la primera y la segunda guerras
mundiales y la posguerra de la segunda y La Huella del hombre (1969), de Octavio Cabezas y Rafael de Panagós. Otras, de carácter más temático son
Medio siglo de imagen (1968), sobre la historia del cine español; Recuerdos del Teatro Real (1969), dirigida por Pío Caro Baroja o Historias del balompié
(1969), con directores afines a los equipos (Antonio Mercero, Mario Camus, etc...).
En los años setenta se consolida el subgénero en TVE con nuevos formatos y recursos y fragmentos grabados ex profeso. Casi todos los documentales se realizan en los primeros años de la década (hasta la muerte de Franco), después hubo un parón hasta los ochenta. En 1970 comienza la más famosa de la época, España Siglo XX, con 150 capítulos (hasta julio 1973), con guiones de José Mª Pemán y Eugenio Montes, muy ideologizada. En 1971, La noche de los tiempos, con realizadores como Jesús Fernández Santos, Juan García Atienza o José Antonio Páramo. A partir de 1973, quizás por influencia de series dramatizadas como Si las piedras hablaran, de Antonio Gala las series documentales comenzaron a utilizar las reconstrucciones, como en Así fue, de 1974 o Real Academia, del mismo año. Otros documentales (casi siempre de cortometraje) se incluyeron en programas de debate, especialmente ya a finales de la década, como La tribuna de la historia (1978), ya en plena Transición.
Ya en los ochenta el género revive y se consolida, especialmente con series sobre la historia contemporánea de España: La víspera de nuestro tiempo (1981-1985, homónima de la de 1967), en formato corto y con debate posterior; Memoria de España. Medio siglo de crisis (1983), con voluntad de legitimación democrática y asesorada por historiadores como Tuñón de Lara, Josep Benet, Alfons Cucó, trata la época desde el 98 a la guerra civil. Como novedades se consiguen imágenes de archivos americanos y europeos, periódicos y músicas de la época y es presentada por el actor Fernando Rey;
España, historia inmediata (1984), comienza donde acaba la anterior, y hasta 1948, dirigida por José Luis Guarner pretende dar una visión “progresista”,
con guionistas como Bernardo Díaz-Nosty, Miguel Platón, Guillermo de la Cueva o el propio Guarner y con la presencia de expertos como Aranguren, Ruiz Jiménez, Fuentes Quintana, Solé Tura o Javier Tussell; España en guerra, de 1987, dirigida por Pascual Cervera, con varios de los asesores de la producción anterior. Sin intervenciones de testigos pero sí de historiadores y con importantes aportaciones de archivos internacionales; Ayer (1988) de Fernández Cormenzana, desde 1948 hasta la muerte de Franco, con abundantes testimonios, y algunas producciones externas como El legado científico del mundo árabe, Europa en sus siglos oscuros y La armada invencible.
Los noventa, ya en plena desregulación se produjeron Testigos del siglo XX (1990), de Fernández Cormenzana, biográfica; Los años vividos (1992), sobre la vida cotidiana, de Mercedes Odina y Pere Joan Ventura; Lo que el siglo nos dejó (1999), serie resumen del siglo; Memoria de la guerra (1995) sobre la segunda guerra mundial, de Manuel Leguineche; Conmemoración del 98 (1998) en el centenario del “desastre del 98”, que consta de tres series y, del mismo año, Mujeres en la historia y Felipe II.
Ya en el siglo XXI, Carlos V, un monarca, un imperio (2000); la mini serie El exilio (2002), con numerosos testimonios de exiliados de la guerra civil; y por último Memoria de España (2004, homónima de la de 1983), con un enfoque más conservador.
Hernández (2004: 195-197), tras presentar algunas de las características de los documentales arriba enumerados expone algunas particularidades nacionales en el modo de divulgar la historia por parte del ente público, que, según dice, también se mantienen en La Transición, y que se pueden resumir, en lo que interesa a esta tesis, en que los contenidos se centran en la historia contemporánea de España, que predomina el montaje de archivo con testimonios de protagonistas y expertos y que en la mayoría de los programas se ha buscado la colaboración o asesoramiento de historiadores. Este último
punto, sin embargo, no se da en la serie La Transición, aunque Hernández no dice nada al respecto.
El documental de divulgación histórica en España está viviendo una etapa sobresaliente en los últimos años, tanto en producciones independientes de pequeñas o medianas productoras como en las de algunas televisiones autonómicas públicas, que han sentido el interés de dar a conocer su propia historia. Documentales sobre algunos aspectos de la guerra civil, la posguerra y, en menor medida, la transición. Generalmente, éstas últimas son pequeñas producciones más o menos “independientes” como Del roig al blau (2004), de Llorenç Soler, producida por la Universitat de València, o están coproducidas por alguna televisión autonómica pública. Así se pueden enumerar
Extranjeros de sí mismos (2000) de Javier Rioyo y José Luis López Linares;
Los niños de Rusia (2001), de Jaime Camino; Los niños perdidos del franquismo (2002), de Montse Armengoa y Ricard Belis y Les fosses del silenci (2003), de Armengoa, Belis y Joan Salvat, ambas para la televisión autonómica catalana TV3 o, más recientemente, Bucarest (2008), de Albert Solé.