Amazon Odyssey de T-Grace Atkinson incluye ensayos que datan de 1967 a 1972, de los cuales dos
ilustran con sus títulos el estilo provocativo de la autora: "Vaginal Orgasm as a Mass
Hysterical Survival Response y The Institution of Sexual Intercourse".35 Atkinson se coloca en la posición de una "amazona” super militante: "Siempre se me denuncia, incluso dentro del movimiento feminista, por ser tan belicosa”.36
Con frecuencia y sin mencionar abiertamente la heterosexualidad, el análisis de Atkinson, presentado desde la postura de una feminista separatista (no de una lesbiana), empieza a señalar con precisión la creación de la sociedad heterosexual como un acuerdo poco equitativo y culturalmente impuesto. Atkinson dice que "la institución de la relación entre el varón y la mujer tiene una estructura convalidada bastante simple" que incluye clases desiguales definidas por sexo que restringen el desarrollo de las mujeres.37
Polemiza con las feministas liberales de la National Organization for Women, de quienes dice que están aterradas de confrontar temas sexuales controversiales tales como el aborto y el lesbianismo. Los temas sexuales son medulares en la opresión de las mujeres, declara Atkinson, y los ejemplos que proporciona son principalmente heterosexuales.
La "institución de las relaciones sexuales", afirma, impone la función reproductiva de las mujeres, limitando sus opciones.38 Al referirse a "las relaciones sexuales” como una "institución" coercitiva, aseveró su carácter socialmente estructurado: una idea nueva.
Esta feminista radical critica a las lesbianas por aceptar "la premisa misma de la opresión masculina; la dinámica de las relaciones sexuales”. Las lesbianas aceptan la idea de que "los seres humanos son ante todo seres sexuales”.39 Atkinson desafía aquí uno de los principios básicos de la ética sexual moderna: la centralidad y el valor del erotismo.
Sugiere que tanto la heterosexualidad femenina y masculina como el lesbianismo son profundamente problemáticos: "Nuestra sociedad jamás ha conocido una época en que el sexo en todos sus aspectos no fuera explotador y en que las relaciones basadas en el sexo, como la relación varón-mujer, por ejemplo, no fueran extremadamente hostiles". Por lo tanto, le es "difícil entender cómo pueden rescatarse las relaciones sexuales comopráctica", incluso si alguna vez se abolieran como institución.40
La liberación femenina, como ella la ve, es una lucha por una sociedad "en la que el sexo no es fundamental ni personal ni políticamente’’.41 Entonces "las relaciones sexuales se determinarían individualmente y no conllevarían patrones impuestos socialmente’’.42 Atkinson piensa que bajo el orden actual, la sexualidad de todos está sujeta a "un sistema de reclutamiento psicológico".43
Visualiza una sexualidad desinstitucionalizada que "no tiene una función social”, una sociedad en la que la reproducción ya no requiere “el esfuerzo colaborador" de las mujeres y de los hombres. Entonces, las "posibilidades físicas” de la sensación sexual podrían hacerse realidad a plenitud por
sí mismas, separadas completamente de la procreación. Sin embargo, también pregunta si en dicha sociedad, "¿podría existir algo remotamente parecido a lo que hoy en día conocemos como ‘relaciones sexuales’?"44 Después de una revolución así, sugiere, necesitaríamos un nuevo vocabulario y nuevos conceptos para denotar nuestros nuevos placeres.
Atkinson señala el proceso histórico por el que el orgasmo vaginal (heterosexual) se presentó a las mujeres como la única forma correcta de alcanzar placer. Dado que el matrimonio se veía amenazado a finales del siglo diecinueve por las críticas feministas y por la creciente independencia económica de las mujeres, Freud fraguó la teoría del orgasmo vaginal para forzar a las mujeres a mantener su participación en el coito y en la reproducción.45
La división de los seres humanos en hembras y machos, arguye Atkinson, está basada en una división del trabajo que es fundamentalmente inequitativa. En ella, las mujeres son quienes reproducen a la especie, los hombres son quienes hacen todo lo demás. ¿Pero por qué debe la sociedad seguir utilizando la diferencia física de los órganos reproductivos femeninos y masculinos como fundamento para las distinciones entre dos sexos, dos clases de trabajadores? Esto tiene tanto sentido, dice, como dividir a los humanos según características físicas como el color de piel, el color del cabello o la estatura.46
La clasificación de los seres humanos en sexos, sostiene Atkinson, es asimétrica: las mujeres quedan definidas y confinadas por la clasificación de su sexo; la "clase de los hombres flota libre, despreocupada de la clasificación sexual".47 Así que las mujeres deben desafiar radicalmente su clasificación "política” por sexo.48 Para "mejorar sus condiciones, a quienes se define como mujeres deben erradicar su propia definición”; esa categorización está reñida con su humanidad y con su individualidad. "Las mujeres", declara , "deben, en cierto sentido, suicidarse".49
En este análisis, las mujeres son una clase oprimida que debe convertirse en la sepulturera no solamente de la clase de los hombres, sino de la suya propia, para así liberarse de la persecución contra su grupo. La liberación femenina requiere la abolición de las mujeres y de los hombres como categorías socialmente significativas; el final, no sólo de los roles sexuales sino de las distinciones sexuales.
Aunque esto suene absurdamente utópico, la sociedad que Atkinson imagina es una en la que el sexo ya no sería un criterio importante para realizar tipos específicos de trabajo. Una sociedad ciega al sexo ya era visualizada tanto por las feministas liberales como por las radicales. Ese ideal también implica el final de la diferencia heterosexual / homosexual, dado que esos términos se basan, en parte, en la distinción varón / mujer. (Todavía ella no realiza una distinción entre el "sexo” determinado biológicamente y el "género” determinado socialmente.)
La deconstrucción del sexo como una categoría social destacada, admite Atkinson, constituiría un cambio revolucionario y concede que "el camino desde la feminidad hasta una sociedad de individuos es arriesgado”.50 De manera similar, yo sugiero que el camino desde la división heterosexual / homosexual es igualmente difícil y que es igualmente importante que lo consideremos. ¿Porqué las mujeres se unen con los hombres que las dominan?, pregunta Atkinson. Las feministas
radicales necesitan una “teoría de la atracción” para explicar el por qué "las mujeres, incluso las feministas, se unen con el enemigo". ¿Lo hacen por el sexo? Lo duda. "Lo que casi todas las mujeres murmuran en respuesta a esto es: por amor”.51
Atkinson enfatiza que puesto que el amor de las mujeres por los hombres implica una relación entre dos que son socialmente desiguales, resulta profundamente problemático para las mujeres. “Tal vez la característica más irrecusable de las mujeres es que, frente a la horripilante evidencia de su situación, afirman con testarudez que, a pesar de todo, ‘aman’ a su opresor."52
El amor, indica Atkinson, “es el pivote psicológico en la persecución de las mujeres”, la cadena que ata a las mujeres oprimidas a los hombres opresores, manteniendo a las mujeres en su sitio”.53 El amor de las mujeres por los hombres es una reacción típica del subordinado, una “respuesta tradicional a la opresión abrumadora” que refleja la identificación de las mujeres con los hombres y la renuncia de las mujeres a su propia autonomía.54 El amor de las mujeres por los hombres es “el intento lastimero e iluso de la mujer por alcanzar lo humano". Al “fusionarse" con un hombre, una mujer “espera desdibujar la dicotomía de roles varón / hembra" y fundirse con lo universal.55
Al no mencionar en sus ensayos de manera explícita a la heterosexualidad ni especificar que se refería a ella, en cierta medida Atkinson inhabilita su análisis. No obstante, su aguda problematización de las relaciones eróticas entre las mujeres y los hombres convierte su texto en una innovadora crítica de la sociedad heterosexual.