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Autoayuda y autoatención: la sutil frontera entre lo profesionalizado y lo profano

4 Precisando conceptos

4.4 Autoayuda y autoatención: la sutil frontera entre lo profesionalizado y lo profano

A pesar de las consideraciones anteriores el término autoayuda permanece en la práctica en un estado difuso. Su carácter polisémico se manifiesta en usos diversos que es deseable diferenciar para conseguir una taxonomía más clara de las relaciones de ayuda y de cuidado. Entre otras cosas, se sobrepone implícitamente con otras formas de atención grupal a la enfermedad, sobre todo con la autoatención doméstico-familiar, pero también con actividades de cuidado que los individuos realizan sobre sí mismos. Conde (1996: 39) distingue entre la “autoayuda tradicional” y el “espacio contemporáneo de las asociaciones de autoayuda”. Traduciendo “autoayuda tradicional” por lo que aquí vengo denominando autoatención doméstico-familiar, la distinción entre ambas formas no resulta banal si entendemos las aplicaciones del término autoayuda mencionadas en el punto anterior como ramificaciones asociativas del sistema de salud profesionalizado. Entre la autoayuda así definida y la autoatención doméstico-familiar estaría la frontera que separa al sistema médico, con sus correspondientes modelos de intervención profesional, de todo lo que queda fuera de él. Una frontera porosa pero una frontera al fin y al cabo, que debe ser explorada con más atención. Los GAM

propiamente dichos quedarían situados en una indefinida tierra de nadie en esa zona fronteriza, con tendencias variables a decantarse hacia uno u otro territorio. Por las formas de reciprocidad que movilizan y por su autonomía en la gestión de la enfermedad estarían más cerca de la autoatención doméstica, pero el uso de categorías clínicas y la apropiación de saberes médico-sanitarios señalan una relación con el sistema médico que también es cierta.

Si se encuentran tantas dificultades para definir a las formas de atención a la salud y la enfermedad que no están claramente encuadradas dentro del sistema médico hegemónico, o que ocupan una posición liminal respecto al mismo, ello es debido en buena parte a la actitud negadora y excluyente hacia esas formas de asistencia que se ha impuesto desde la ideología sanitaria oficial. Aunque los cuidados legos o profanos son un aspecto estructural de cualquier sociedad, los sistemas de salud institucionales mantienen actitudes ambiguas de subestimación, descalificación, exclusión o condena hacia ellos. En el mejor de los casos, se les otorga cierto reconocimiento instrumental, con la finalidad de subordinarlos a la directriz médica profesional (Haro, 2000: 101).51 El poder de definir que ha adquirido el modelo médico hegemónico (MMH) ha dejado en la indefinición todo lo que empieza en su periferia.52

La sacralización de la medicina, insinuada en el tópico de la profesión médica como sacerdocio, define una “tierra de misión” que no en vano es nombrada con los mencionados adjetivos lego y profano, que derivan todo su sentido de un contexto religioso. Como sucede con las creencias paganas, heréticas o simplemente populares para la ortodoxia religiosa, los cuidados profanos aparecen como una “dimensión negada” o una “posibilidad confiscada” (Haro, 2000: 102).53

51 Sobre las descalificaciones médicas de los saberes y prácticas populares en plena etapa de conquista de la hegemonía por parte de la medicina académica, véase Perdiguero, Bernabeu (1997). Sobre el cuidado lego, Dean (1986) y Calnan (1987).

52 He adoptado la denominación Modelo Médico Hegemónico (MMH) propuesta por Menéndez (1978) porque me parece más inclusiva que otras etiquetas al uso como medicina científica, alopática, convencional, académica, occidental, cosmopolita y otras que se utilizan comoequivalentes.Tampoco es raro, sobre todo en los medios de comunicación y en el lenguaje cotidiano, que se hable de medicina tradicional,oponiéndola al carácter alternativo quese atribuye a las otras medicinas. El interés que tiene aquí la denominación MMH radica en que no define a este modelo médico por sus cualidadesinternas sino por su papel político. Hay que matizar que elMMH no es más que un modelo querecubre un ámbito que presenta muchas variedades. Cuando esta denominación es utilizada por autores noeuropeos hay que tener en cuenta que estánpensando en un modelo de sanidad sin Estado del Bienestar que presenta menos contrapesos al poder médico.

53 Sobre el tópico de la medicina como sacerdocio y la metáfora de la tierra de misión, véase Canals, Romaní (1996).

El carácter difuso de la periferia del MMH dificulta el esclarecimiento de la variedad de aspectos que toman tanto el cuidado lego como las formas intermedias que aparecen entre la atención profesionalizada hegemónica, la atención profesionalizada alternativa, la autoayuda constituida en asociaciones formales, los GAM o la autoatención doméstica. Esta variedad objetiva puede haber contribuido a la imprecisión conceptual y a la diversidad de terminologías tanto como la ausencia de consenso teórico (Haro, 2000: 111).54

“Esto se traduce en que se encuentran referencias al cuidado lego de salud con muy variada terminología, en el que se incluyen significados de acuerdo a la afiliación cultural de estas prácticas (“populares”, folks”, “tradicionales”, “rituales”), como a los recursos que en ellas concurren (“sistema lego”, “apoyo social”, “cuidados informales”, “automedicación”, “autoayuda”, “prácticas endógenas”), también en cuanto a los procesos implicados que conlleva la búsqueda de atención (“procesos asistenciales”, “sistemas de referencia”, “modelos episódicos”). Por este motivo, los términos en los que se encuentran referencias a este profuso ámbito no pueden ser considerados ciertamente sinónimos, pero sí conceptos aproximativos, en tanto que todos aluden al campo de los cuidados que no son otorgados por profesionales sanitarios, tanto los procedentes de la medicina como de las formas alternativas” (Haro, 2000:111).

Esta diversidad terminológica, y los diferentes ángulos desde los cuales es construida, evidencia la enorme complejidad que existe en la atención a la salud en las sociedades contemporáneas, “que no constituyen modelos de atención mutuamente excluyentes, sino que admiten formas híbridas o intermedias” (Ibid.: 105).

Ahí es necesario recordar que todos los sistemas médicos necesitan de la autoatención y el autocuidado, dado que estos son elementos estructurales en cualquier sociedad y establecen el marco donde se deciden realmente las opciones terapéuticas a seguir y donde se concretan los procesos y prácticas de atención y cuidado (Kleinman, 1980: 71). Pero la autoatención y el autocuidado coexisten, de manera más o menos autónoma o subordinada, con uno o con varios sistemas médicos.55 Dicho de otro modo, si bien ningún sistema médico puede ignorar esas dimensiones estructurales, la autoatención y el autocuidado pueden funcionar, en última instancia, al margen de los sistemas médicos (Menéndez, 1984b). De esto se infiere que para el asentamiento de un sistema médico, y

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Considero a las llamadas medicinas alternativas como modelos profesionalizados que tienen un estatuto subordinado respecto al MMH. Menéndez (1984b) las engloba en lo que denomina modelo alternativo subordinado, que presenta límites poco precisos tanto con la medicina oficial, con la que pueden constituir prácticas mixtas, como, en el otro extremo, con formas de sanación rituales o religiosas.

55 Del mismo modo que los modelos subalternos pueden tener cierta compenetración con el modelo hegemónico (Menéndez, 1990).

mucho más para alcanzar el predominio sobre otros, es necesario que se apropie en la mayor medida posible del control sobre la autoatención y el autocuidado, tratando de ejercer una influencia decisiva sobre ellos. De ahí que en nuestras sociedades no pueda hablarse de libre competencia entre diferentes modelos de atención habida cuenta del papel hegemónico del sistema médico oficial (Menéndez, 1978). Sin embargo, en sectores cada vez más amplios de nuestra sociedad se tiende a desmitificar el poder médico, a ejercer el derecho a decidir entre opciones terapéuticas o a elaborar significados propios sobre el estar sano o enfermo, precisamente en el momento que se ha conseguido una prolongación de la vida sin precedentes.56 Al mismo tiempo y relacionado con todo ello, la salud se ha convertido en objeto de un discurso extremadamente técnico que es percibido como ajeno y hasta peligroso por un número creciente de ciudadanos (Haro, 2000: 102). Por otra parte, es también un tema politizado por la centralidad que ha tomado el debate sobre la responsabilidad del Estado en la atención a la salud y el bienestar de los individuos y colectivos (Ibid.). En este contexto, cuando ciertos sectores sociales demandan mayor autonomía en la gestión de su salud, y cuando el Estado opta por no ampliar la cobertura pública directa de numerosas problemáticas, se dan condiciones propicias para el desarrollo de fórmulas asociativas que potencialmente podrían poner en entredicho la capacidad de la medicina para mantener su hegemonía en esta franja de servicios. Sin embargo, se constata que la mayor parte de AS se organizan aplicando criterios y modelos de atención que reproducen el MMH. El ámbito organizativo no es, por tanto, el factor decisivo para que unas prácticas caigan dentro o fuera del espacio controlado por el MMH o por modelos profesionales similares como los de la psicología.57 Tal como ha sido apuntado, esto implica extender las fronteras del sistema médico hegemónico más allá del conjunto de instituciones públicas o privadas que identificamos habitualmente como sistema médico-sanitario. También supone, en algunos casos, desligar las prácticas hegemónicas de atención de la intervención directa de los profesionales, sin que ello entre en contradicción con las directrices de estos últimos. Lo que en última instancia autoriza a

56 Esto no es tan contradictorio como pudiera parecer. Una vez más la libertad aparece relacionada con la superación de la necesidad.

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El papel de los psicólogos es muy importante en las AS y tiene que ver con las confusiones conceptuales cuando se difuminan las diferencias entre GAM y grupos terapéuticos en el lenguaje de las AS.

incluir a la mayoría de las formas asociativas llamadas de autoayuda dentro del territorio del sistema médico es su adscripción a los conceptos y prácticas del MMH.

También es cierto que en la autoatención doméstica se puede verificar una subordinación mayoritaria al MMH, pero el grado de autonomía potencial de este ámbito marca una diferencia sustancial con el caso de las AS, que se han constituido en un lugar de trabajo reconocido para los profesionales.

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