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En búsqueda de una reforma agraria domesticada durante los cincuenta 55

Capítulo 2. Estados Unidos y las reformas agrarias en la década de los cincuenta 35

2.2 La confección estadounidense de la reforma agraria para Latinoamérica durante los cincuenta

2.2.5. En búsqueda de una reforma agraria domesticada durante los cincuenta 55

Durante todos los eventos de las Naciones Unidas, los representantes de los EE.UU tenían la orden expresa de adelantarse a la contraparte soviética, y así evitar que el liderazgo sobre la reforma agraria cayera al otro lado de la cortina de hierro. Durante toda la década de los cincuenta, las delegaciones estadounidenses emplearon varios recursos para ganar el pulso por una reforma agraria domesticada, encontrando apoyo en algunos gobiernos latinoamericanos y en otros una oposición silenciosa. El primer recurso fue insistir en no abrir las conclusiones de sesiones anteriores, y en particular defender a ultranza la idea de una reforma agraria como vehículo para el mejoramiento de la calidad de vida de la población rural, y evitar el énfasis en la distribución de propiedades. Para la sesión XXIII del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, la delegación estadounidense evitó la apertura de anteriores resoluciones, y blindó las posiciones logradas en el encuentro de 1951150. El mismo representante alterno de

los Estados Unidos James P. Nash ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 16 de noviembre de 1954, así lo afirmó

Muchas personas tienden a pensar que la reforma agraria es principalmente un problema de redistribución de tierras asociado a la ruptura de las grandes propiedades en pequeñas áreas. Mientras esta distribución puede hacer parte del programa de reforma en algunos países, en otros es la parte central de su programa. De hecho, el cultivo y las condiciones de la tierra en muchas áreas

148 Ibid.

149 El control de los Estados Unidos sobre la reforma agraria consistió en evitar modelos confiscatorios de la

organización de la estructura de propiedad rural. Todo sobre la reforma agraria en la Alianza dependió del respeto inquebrantable de los derechos de propiedad y la ambigüedad de las caracterizaciones nacionales del problema agrario. Un terreno lo suficientemente flácido para permitir la transacción entre las élites nacionales y las agencias de los Estados Unidos. Sobre este asunto se tratará más adelante cuando se haga mención a la AID y las alianzas que frustraron la Alianza.

150 Informe de la posición que posteriormente defendería la delegación estadounidense sobre la XXIII Sesión del

Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, presentado el 8 de abril de 1957; Decimal Files, Records of the Bureau of Inter-american Affairs Relating to the Organization of American States 1949-1961. International Stability to Land Reform. Box 35, Lot 60D665, Entry 742; RG 43; NAB.

pueden requerir amplias escalas de producción agrícola como método eficiente, por lo que la política de tierras entendida como mera distribución y fraccionamiento de la propiedad puede ser contraproducente si se desconoce estas condiciones técnicas. La confiscación no puede ser la base de un programa de reforma agraria151

El segundo recurso fue agrupar la reforma agraria, la cuestión campesina, las cooperativas, la educación técnica y la asistencia rural en un solo paquete de políticas, evitando con ello liderazgos parciales152. Esta propuesta no fue presentada directamente por los EE.UU sino

que fue puesta por sus aliados, coordinados previamente por la gestión diplomática. Era fundamental que los EE.UU no aparecieran como autoritarios, intransigentes y molestos. Se evitaron desgastes innecesarios y participaciones extensas, aunque en los momentos decisivos los votos siempre señalaron la dirección a la que apuntó las delegaciones norteamericanas. Con la creación de un solo paquete de políticas agrarias en torno a la reforma, se evitaron los sesgos políticos a favor de un movimiento campesino nacional como lo insinuaron las delegaciones mexicanas, costarricenses y bolivianas153. Por lo que el fortalecimiento de las

organizaciones campesinas debía estar limitada a los acontecimientos técnicos de la reforma, como apoyo para la difusión de nuevas tecnologías y acceso a créditos. Como decía Nash, representante de EE.UU:

La reforma agraria debe mejorar las instituciones sociales y económicas de las que dependa el bienestar de quienes trabajan la tierra. Esta debería considerar el tamaño eficiente de producción, garantías a los derechos de propiedad, y mejores condiciones laborales para los trabajadores agrícolas. No hay reforma agraria sin la clarificación de los derechos de propiedad sobre la tierra y el agua, facilidades para el acceso al crédito a términos razonables, y una activa promoción de la investigación y capacitación, entre otros servicios de extensión. Las cooperativas pueden voluntariamente servir como un medio para facilitar la labor de venta, mercadeo y financiación de las operaciones 154

El tercer recurso fue encarcelar la reforma agraria como un asunto exclusivamente nacional, sin que el éxito o fracaso de otras experiencias tuviera un efecto de vecindad sobre los demás países. El apoyo económico estuvo circunscrito a los intereses de los gobiernos nacionales. De

151 Discurso del representante alterno de los Estados Unidos James P. Nash ante la Asamblea General de las

Naciones Unidas el 16 de noviembre de 1954; Decimal Files, Records of the Bureau of Inter-american Affairs Relating to the Organization of American States 1949-1961. International Stability to Land Reform. Box 35, Lot 60D665, Entry 742; RG 43; NAB.

152 Ibid 153 Ibid

154 Discurso del representante alterno de los Estados Unidos James P. Nash ante la Asamblea General de las

Naciones Unidas el 16 de noviembre de 1954; Decimal Files, Records of the Bureau of Inter-american Affairs Relating to the Organization of American States 1949-1961. International Stability to Land Reform. Box 35, Lot 60D665, Entry 742; RG 43; NAB.

allí que se movilizaran todos los recursos diplomáticos para evitar la creación de fondos o bancos para la reforma agraria e institutos regionales de reforma agraria como el RARI.

Los EE.UU no tienen competencia especial alguna en la solución de los problemas agrícolas de otros países. Nuestro apoyo está mediado por el apoyo directo que las agencias especializadas de las Naciones Unidas puedan ofrecer […] Los principios fundamentales para la reforma agraria son: ayudar al agricultor a ayudarse a sí mismo; cada reforma agraria es responsabilidad de cada país, si así lo desea; la ayuda externa auxiliará a los países que así lo quieran; no hay una fórmula universal para aplicar la reforma agraria, y la reforma sólo será realmente efectiva si esta es complementada con los demás programas de desarrollo económico155

Por esta razón, el gobierno de los Estados Unidos se negó a que la Secretaría de la ECOSOC presentara el balance de las reformas agrarias de cada uno de los países o regiones. Era demasiado peligroso exponer los éxitos de las reformas agrarias en oriente y los países de la órbita soviética. Con la excusa de evitar torpedear las soberanías nacionales, se lanzó la idea de una reforma agraria imposible de generalizar. Una reforma agraria respetuosa con los derechos de propiedad que siempre debió ajustarse a las pretensiones de cada gobierno, y las características únicas de cada economía y sociedad. Los aspectos más controversiales como el de la financiación fueron debatidos en los círculos políticos favorables para los EE.UU. como la Secretaría de las Naciones Unidas. De hecho, si la financiación viene de la ayuda norteamericana, el espacio idóneo es el de las relaciones bilaterales. Este rasgo de multilateralizar lo técnico de la reforma, y bilateralizar lo político se extendió igualmente ha sta la década de los sesenta como se demuestra en posteriores secciones de este trabajo.

El cuarto recurso para favorecer una reforma agraria domesticada, fue el uso de las tierras más baratas al otro lado de la frontera agrícola. Para 1957, EE.UU promovió abiertamente la colonización como salida a la presión social y económica sobre la tierra. Los nuevos cinco puntos defendidos en los espacios de las Naciones Unidas fueron: 1) ampliación de la propiedad sobre las granjas agrícolas, 2) desarrollar e incorporar nuevas tierras para el cultivo, 3) mejorar la seguridad y otras condiciones de tenencia sobre los operadores agrícolas, 4) ampliar la provisión de créditos agrícolas, y finalmente 5) incrementar los esfuerzos por consolidar propiedades de tamaño económicamente eficientes.

Para 1959, los argumentos a favor de la colonización crecieron, mientras se crearon más dudas y sombras sobre la efectividad de la reforma agraria. Ante la posibilidad que 18 países llevaran reformas agrarias en el mediano plazo, Estados Unidos decidió enviar un representante al II Seminario Internacional sobre Reforma Agraria, el mismo que ocho años antes había sido

155 Discurso del representante alterno de los Estados Unidos James P. Nash ante la Asamblea General de las

Naciones Unidas el 16 de noviembre de 1954; Decimal Files, Records of the Bureau of Inter-american Affairs Relating to the Organization of American States 1949-1961. International Stability to Land Reform. Box 35, Lot 60D665, Entry 742; RG 43; NAB.

tomado por izquierdistas, sindicalistas y académicos socialistas. De acuerdo con el reporte del representante estadounidense Harry Steele que participó en dicho encuentro156, una de las

razones para evitar una reforma agraria fueron los requisitos educativos básicos. Antes debió reducirse la brecha educativa entre los trabajadores rurales y los propietarios rurales, tal que una distribución del ingreso no redundara en una pérdida de productividad. Existió un peligro real sobre la productividad agrícola, si se le quitan las tierras a quienes tienen conocimiento, (dueños de grandes propiedades), mientras se entregan tierras a quienes no han estudiado (trabajadores rurales y campesinos). Steele señaló la necesidad de que las Universidades norteamericanas ofrezcan cursos especializados de agricultura latinoamericana, administración de la tierra y campos similares. De igual manera fue clave crear bancos de desarrollo agrícola nacionales que otorgaran créditos baratos a los pequeños agricultores. Bancos que pudieran ser alimentados con la ayuda de las agencias norteamericanas o con créditos baratos de las agencias multilaterales. Esta ayuda sería clave para desvirtuar a la delegación cubana cuando afirmó ―que los Estados Unidos hablan mucho y ayudan poco.‖157

El quinto y definitivo recurso que Estados Unidos empleó para detener una reforma agraria ―salvaje‖ y confiscatoria fue la intervención militar directa. La reforma agraria guatemalteca llevada a cabo por Jacobo Arbenz afectó a extranjeros y nacionales a partir del mes de marzo de 1953. Hasta el mismo momento de su renuncia en junio de 1954, se expropió medio millón de hectáreas ociosas, y benefició a 500 mil campesinos. Las expropiaciones a extranjeros iban a ser compensadas, sin embargo esto no fue suficiente para evitar la embestida diplomática y militar norteamericana. En marzo de 1954, en Caracas se aprobó una ―Declaración de Solidaridad para la Preservación Política de los Estados Americanos contra la Intervención del Comunismo Internacional‖, lo que entregó una llave para la intervención militar en Guatemala158. En palabras de Edmundo Flores, esta intervención buscó defender a los

propietarios nacionales y extranjeros (incluyendo la United Fruit Company), restaurando el poder a la vieja aristocracia terrateniente, y de paso, se las arregló para imponer uno de los gobiernos más incompetentes, vergonzosos e irresponsables que haya padecido Hispanoamérica159.

156 II Latin American Seminar on Land Problems, November 23 to December 9 at Montevideo 1959; Decimal

Files, Bureau of Interamerican Affairs, Office of Inter-American Regional Economic Affairs, Country and Subject Files. Box 13, ARC ID 2321376, Entry A1 3178; RG 59; NAB.

157 Ibid

158 Kinzer, Stephen; Schlesinger, Stephen. Bitter Fruit: The Story of the American Coup in Guatemala.

Cambridge, MA: Harvard University Press. 1999.

159 Flores, Edmundo. La reforma agraria y la Alianza para el Progreso. El Trimestre Económico, Vol. 30, No.