2.6 INTELIGENCIA EMOCIONAL Y DEPORTE.
2.8. BÚSQUEDA DE SENSACIONES Y DEPORTE.
Cada vez, son más abundantes las investigaciones que relacionan la práctica de actividades arriesgadas con la búsqueda de sensaciones, definida ésta como "la necesidad por la variedad de sensaciones y experiencias nuevas y complejas y la predisposición para asumir riesgos físicos y sociales por el puro placer de sentirlos" (Zuckerman,1979).
De acuerdo con Zuckerman, las personas que muestran una búsqueda de sensaciones alta prefieren mantener una fuente continua de estimulación, les aburre la rutina, y están siempre experimentando nuevas maneras de aumentar la activación mediante actividades excitantes que a nivel conductual tienen su reflejo en el interés por buscar experiencias nuevas, participar en actividades novedosas y poco usuales y tomar y asumir riesgos. Estas conductas están muy relacionadas con una combinación de niveles de activación elevado y experiencia emocional placentera (Kerr, 1997).
Los motivos que llevan a las personas a participar en deportes que implican riesgo es una de las cuestiones más intrigantes en el ámbito de la psicología del deporte. Las personas que los practican soportan, en ocasiones, cierto nivel de dolor y ponen de manifiesto la necesidad de demostrar competencia.
Montañeros y escaladores mencionan, entre los motivos de su práctica, el reto que les supone la dificultad de la tarea, la posibilidad de tener éxito en acciones que otros no pueden realizar, la posibilidad de experimentar sentimientos de autoconfianza y conocer sus propios límites. Afrontar exitosamente las situaciones de estrés que conllevan estas prácticas deportivas puede ser otra de las causas de su práctica, ya que el control de las propias reacciones les permite experimentar sentimientos de competencia.
La gran cantidad de literatura científica relacionada con la materia muestra como los participantes en deportes de riesgo tienden a ser mayores buscadores de sensaciones que
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los practicantes de deportes menos arriesgados y que implican menos tipos de experiencias (Cox, 1994; Tusak & Tusak, 2001; Erjavec, 2002; Hanegah, 2003; Katja, 2004).
Las propias evaluaciones de los deportistas acerca del riesgo, apoyan la sugerencia de que la maximización del riesgo no es el objetivo de la realización de estas actividades. Los deportistas de élite en actividades de riesgo participan en actividades que conllevan solamente un riesgo que ellos perciben como de grado medio, valorando el riesgo objetivo de su deporte como alto, pero no muy alto y piensan que sus amigos les valoran como más arriesgados de lo que realmente son (Breivik, 1995).
Este autor, en 1996 investigó acerca de la Personalidad, la Búsqueda de Sensaciones y el Riesgo entre alpinistas del Everest.
Los resultados mostraron que hay un perfil definido de atleta de alto riesgo que puede ser identificado en pruebas de personalidad generales, pruebas de rasgo más específicas como relevantes y en cuestionarios de toma de riesgos.
Hagenah (2003), habló de la relación existente entre la búsqueda de sensaciones, los motivos de la participación deportiva y las actividades deportivas, ya que uno de los principales motivos en la elección de una actividad deportiva es el referido a la búsqueda de sensaciones, es decir, no son las mismas sensaciones las que se encuentran en una práctica deportiva o en otra. De la misma forma, Katja et al. (2004), investigaron las necesidades de deportistas de riesgo de búsqueda de sensaciones. El objetivo era investigar factores de búsqueda de sensaciones y comparar los resultados con atletas de deportes de riesgo (alpinistas, saltadores nórdicos, kayakistas de aguas bravas y ala delta), atletas de deporte de no riesgo y no atletas. Los resultados fueron puntuaciones elevadas para los deportistas de alto riesgo, sobre los no deportistas y éstos mismos sobre los deportistas sin riesgo.
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Y es que determinar las características psicológicas de practicantes de deporte con riesgo elevado a largo plazo, es relevante al entendimiento de su persistencia con el deporte escogido.
Por último, señalaremos una investigación concreta realizada sobre la búsqueda de sensaciones en atletas masculinos y femeninas de alto riesgo. Varios estudios (Cox, 1994; Tusak & Tusak, 2001; Erjavec, 2002), indican que entre atletas masculinos y femeninas, hay más similitudes que entre los hombres y mujeres de la población general. Los parámetros de estos estudios enfocaron principalmente la personalidad, ansiedad y agresividad, ya que se querían contemplar esos factores en el ámbito “Búsqueda de Sensaciones”. En estos deportistas, se utilizó la Escala IV de Búsqueda de Sensaciones de Zuckerman, el cual analiza la “Búsqueda de Sensaciones” en cinco factores – un factor genérico, factores de aventura y propensión al riesgo, la experiencia en la búsqueda de sensación, falta de inhibición y probabilidad de aburrimiento.
De esta forma, analizando y encontrando numerosos estudios que relacionan favorablemente la práctica deportiva en diferentes disciplinas con la psicología, el presente estudio pretende hallar una relación positiva entre ésta y la práctica de la natación a nivel competitivo.
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2.9. LA NATACIÓN.
La relación del ser humano con el agua, se remonta varios siglos atrás, evolucionando hasta nuestros días de diferentes formas y con finalidades diversas.
Ya en la antigüedad, las actividades acuáticas se utilizaban como forma de defensa. “ En torno al 3000 a.C, con los asentamientos de las primeras civilizaciones alrededor de puntos de agua: ríos, mares, lagos, se convierten en habituales los desplazamientos de manera variada y original en el medio acuático, así lo atestiguan los restos arqueológicos y los escritos” (Navarro, 1995).
Posteriormente en Grecia, la importancia de saber nadar era una clara distinción entre clases sociales, cultas, por lo que un alto cargo, siempre debía ser capaz de desplazarse por el medio acuático.
En Roma, según Navarro (1995), “Los romanos tenían claras las innegables propiedades beneficiosas del medio acuático, ya no solo el área utilitaria sino también de bienestar o higiene, atestiguando así las frases de las paredes de sus baños:”In aque sana est”, el agua es saludable.
Con la llegada de la Edad Media, las actividades acuáticas apenas se practicaban, pero fue ya con el Renacimiento, cuando aparece el nuevo surgir de estas actividades, en el que comienzan a aparecer las actividades acuáticas de forma educativa, con sus respectivos procesos de enseñanza y por consiguiente, las primeras competiciones.
Posteriormente, en los años 70 se habló de “ deporte para todos”, en la que no era sólo la clase alta la que tendría este disfrute, sino todas las clases sociales.
Según el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española (2012), la natación es la “Práctica y deporte consistentes en nadar”. Profundizando en este término, el término
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nadar es “Dicho de una persona o de un animal: trasladarse en el agua, ayudándose de los movimientos necesarios, y sin tocar el suelo ni otro apoyo”.
Este concepto de natación, hoy en día, podríamos considerarlo un poco simple, ya que desde hace años, el creciente interés por la natación y las actividades en el medio acuático, ha hecho que autores como Navarro (1998) o Moreno& Gutiérrez (1998), amplíen la terminología, incluyendo conceptos más técnicos como la fuerza, propulsión, salud o resistencia entre otros, en definiciones tales como la de Navarro (1998), el cuál cita la natación como “un deporte acuático que consiste en desplazarse por la superficie del agua utilizando para ello los estilo crol, braza, mariposa y espalda” y la de Moreno & Gutiérrez (1998) “Con las definiciones de natación, nos queda claro que la natación no debe confundirse de ninguna manera con el resto de actividades que se desarrollan en las instalaciones acuáticas y medios acuáticos” y agrega, “No se trata de tan solo un deporte competitivo y organizado sino de toda actividad física efectuada de modo no obligatorio y con finalidades diversas, como mantener la salud, estar en forma, divertirse”.
Es gracias a estos autores y al auge de la práctica de esta disciplina, que la natación cobra un significado más amplio y no sólo como originariamente se entendía por natación, la cual nació de la necesidad que el ser humano tenía de adaptarse al medio acuático, aprendiendo habilidades como el movimiento de los brazos y piernas, cuya evolución ha hecho posible la formación de los estilos y por ende, la creación de la natación competitiva.
A la par de la evolución de la natación en sí, los objetivos perseguidos con su práctica, han ido ampliándose en función de las necesidades de cada persona. Siguiendo a LLoret (1994), la natación varía desde un planteamiento utilitario que cubra las necesidades básicas del ser humano como puede ser el conservar la vida (Rosell,1991), hasta un planteamiento educativo que permita además del aprendizaje de la natación, contribuir a la formación integral de la persona desde el punto de vista motor, cognitivo y afectivo (Pérez et al. 2003).
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En cuanto a la mejoría en las capacidades cognitivas, encontramos el estudio de Burgos & García (2003) quiene hallaron un desarrollo de capacidades cognitivas como la capacidad espacial y la capacidad de razonamiento, gracias a la intervención de actividades deportivas.
Otro objetivo es el planteamiento higiénico-sanitario como mejora de la condición física y profiláctica. En este caso, autores como Díaz et al. (2010), encontraron una relación favorable entre la práctica de actividades acuáticas y una notable mejoría tanto en la calidad de vida de mujeres osteopénicas como postmenopáusicas, así como diferentes impactos sobre el índice de rigidez ósea. El objetivo recreativo, el cuál aporta placer, bienestar y diversión a quien lo realice, siendo el objetivo principal, conseguir de la persona la práctica continua de la natación, (González & Sebastiani, 2000) y por último el planteamiento competitivo, cuyo objetivo es la preparación de deportistas y su finalidad se orienta hacia la obtención del rendimiento por medio de diferentes intervenciones (Costa,2012).
Este último objetivo es el que se trata en el presente estudio, el análisis de variables psicológicas en nadadores a nivel competitivo.
La natación de competición tiene como fin mejorar marcas propias y establecidas por otros, en el que el rendimiento está determinado fundamentalmente por el tiempo realizado por el nadador. Es por eso, que en las últimas décadas, entrenadores y nadadores se han concentrado en un único propósito: batir récords.
Es desde aquí, desde donde se empieza a hacer hincapié en la importancia de combinar rendimiento físico y psicológico. Y es que en la natación, ambos deben ir aunados si se persigue conseguir grandes logros.
Por tanto, con el fin de establecer una estrategia para lograr un elevado rendimiento en una prueba de natación y también poder tomar decisiones sobre el entrenamiento, es
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necesario conocer cuáles son las condiciones necesarias de cada nadador, por qué se producen ciertos resultados y qué las causa. Estas condiciones deben tratarse de forma sistematizada.
Para ello es oportuna la distinción entre las variables de las condiciones de tipo personal e impersonal (Martin, Carl, & Lehnertz, 1997).
Las condiciones impersonales, son aquellas condiciones atribuidas al entorno. Entre ellas, se pueden distinguir las condiciones materiales y sociales. Las materiales influyen directamente sobre el rendimiento deportivo alcanzable, no pueden ser influenciadas por el entrenamiento pero pueden ser voluntariamente modificadas o utilizadas. Las condiciones sociales también influyen indirectamente sobre el rendimiento deportivo, como puede ser la disponibilidad de los padres o la aceptación por la sociedad de un apoyo financiero.
A diferencia de las impersonales, las condiciones personales del rendimiento, vienen determinados por el talento y la influencia ambiental.
Las condiciones del rendimiento son independientes y estos a su vez interactúan con el estado psíquico, que fija la disponibilidad para el rendimiento.
En muchas ocasiones, el factor psicológico aparece como determinante ante un rendimiento inferior al esperado. Incluso, cuando el rendimiento es el esperado, se atribuye al factor psicológico una parte de responsabilidad frente a las demás variables (físicas, técnicas o tácticas).
Sin embargo, el entrenamiento de habilidades psicológicas no siempre existe dentro de la planificación deportiva (Weinberg & Gould, 1996) y en algunos casos, a pesar de estar recogida en la planificación, no siempre refleja la importancia necesaria para que tenga un efecto positivo sobre el rendimiento de los nadadores.
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Según Buceta (1996), se debería realizar una evaluación psicológica del deportista a través de las cuales, obtendremos la información necesaria para llevar a cabo cualquier otro tipo de intervención necesaria. Bien puntualmente dentro de la planificación, o bien la inclusión de un programa de entrenamiento de destrezas psicológicas, o también otro tipo de intervención relacionada con el aspecto psicológico (recuperación de lesiones, aprendizaje de habilidades técnicas, sobre entrenamiento, adherencia, detección de talentos, etc.).
Lorenzo (1992) comentó que estos programas, deben crearse de acuerdo a la planificación deportiva de la temporada, es decir, considerarlos como un factor más de entrenamiento con el fin de optimizar el rendimiento de los deportistas.
A modo de conclusión, y coincidiendo con Costa et al. (2012), quienes defienden una necesaria intervención biomecánica y energética para favorecer el rendimiento en el nadador, el presente estudio hace hincapié en la necesidad del estudio de otras variables, en este caso psicológicas, como son la Inteligencia, la Inteligencia Emocional y la Personalidad.