Evaluación a través del modelo de Zuckerman.
2.5. CAPACIDADES COGNITIVAS Y DEPORTE.
De forma paralela al creciente interés que experimentado a lo largo de estos años la psicología deportiva, la presente investigación relaciona la práctica deportiva a nivel competitivo con la psicología, intentando encontrar relaciones favorables entre ellas. Para ello, nos adentramos en estudios en los que la práctica deportiva en diferentes disciplinas, tiene asociada el desarrollo de aspectos psicológicos y viceversa.
Originariamente, se puede decir que el nexo de unión entre las Capacidades Cognitivas y el ejercicio físico, se encuentra en la infancia, ya que la exploración del mundo, a menudo, requería una coordinación de movimientos múltiples.
Pero, para responder a la cuestión de si la Actividad física está relacionado con la aparición de altas capacidades cognitivas, hay que adentrarse en estudios recientes, como el elaborado por Bekendam, García, Díaz & Burgos (2012), observando cómo la práctica de natación está relacionado con altas puntuaciones en capacidad espacial y capacidad de razonamiento .
Otros autores, han puesto de manifiesto que el ejercicio aeróbico de moderado a alta intensidad, parecen promover un desarrollo en la cognición y en comportamiento, comúnmente descrita como función ejecutiva. Los efectos han sido detectados tras cumplir sesiones de ejercicio (Budde et al, 2008; Ellemberg & Deschenes, 2010; Hillman et al, 2009; Pesce et al, 2009) y después de un entrenamiento. (Davis et al, 2007, Hinkle, Tuckman & Sampson, 1993).
El sistema de circuitos neural dentro de la corteza cerebral prefrontal (PFC) es importante para los procesos cognitivos; (Luria, 1966; Shimamura, 2000; Los Stuss & Benson, 1984). A diferencia de otras regiones del cerebro, responsables en el procesamiento motor y sensorial, el desarrollo lingüístico, y la atención, la PFC madura hacia finales de la adolescencia (Gogtay et al., 2004). Durante este período de inmadurez, los cambios
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progresivos y regresivos, son conducidos en parte, por las experiencias del niño (O'Hare & Sowell, 2008). Este período prolongado de desarrollo del cerebro es igualado por un período prolongado de desarrollo cognitivo.
Con la edad, los niños y adolescentes, no sólo demuestran más competencia en las tareas que evalúan cada componente cognitivo individualmente, sino que también adelantan tareas que requieren una coordinación de componentes múltiples (Davidson et al. 2006).
Este prolongado desarrollo cognitivo y neural puede ser una pista para entender por qué los procesos cognitivos de los niños, son sensibles a los efectos de ejercicio aeróbico.
Existen numerosos estudios que evalúan los efectos del ejercicio aeróbico en la cognición.
Tomporowski (2003), examinó los efectos inmediatos en el funcionamiento cognitivo, inmediatamente tras sesiones de ejercicio aeróbico.
En un segundo estudio, estudió los efectos del ejercicio aeróbico en niños, aleatoriamente asignados, bien para realizar un programa aeróbico de varias semanas, o para un control de la condición, en el mismo período de tiempo. El propósito del programa aeróbico, era mejorar la función cardiorespiratoria en niños, y como consecuencia, una mejoría en la función cognitiva (Tomporowski et al., 2008),
Estos dos estudios, determinaron los efectos inmediatos del ejercicio aeróbico en la cognición, en contraposición de los efectos a largo plazo, de un programa aeróbico crónico. (Tomporowski, 2003).
En un anterior estudio de ejercicio crónico y cognición, Tuckman & Hinkle (1986) compararon los efectos de un programa aeróbico de 12 semanas en una clase estándar de Educación Física en niños de 4º y 6º de primaria. El programa consistió en realizar diferentes ejercicios de correr, los cuales se convirtieron progresivamente en ejercicios que
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exigían mucho más fisiológicamente. Los resultados determinaron una mejoría notable en el pensamiento creativo de los alumnos.
En un siguiente estudio, Hinkle et al. (1993), examinaron los efectos de un programa aeróbico de ocho semanas, en niños de 8º de primaria. En comparación con el grupo control, los niños que realizaron el programa de ejercicio aeróbico, presentaron una mejoría en el Torrance Test of Creative Thinking, determinando una mejoría en la creatividad.
Un estudio más reciente por Davis et al.(2007) reafirmaron el hecho de que la cognición es sensible al entrenamiento aeróbico. La prueba fue realizada a niños de edades comprendidas entre los 7 y 11 años y con sobrepeso. Completaron un programa aeróbico de ejercicio, incluyendo ejercicios en grupo; juegos corriendo y juegos modificados de baloncesto y fútbol. Los niños fueron asignados al azar para una de las tres opciones del programa: Ningún control de ejercicio, dosis de ejercicio 20-min o 40-min. Los niños que participaron en el de 20-min y los de 40-min, tuvieron el mismo tiempo en las explicaciones y recibieron la misma atención. Los datos obtenidos revelaron que el ejercicio físico mejora notablemente el rendimiento cognitivo, concretamente en la función ejecutiva y en el rendimiento en matemáticas. El funcionamiento cognitivo, fue evaluado por el Sistema Cognitivo de Valoración (CAS) (Naglieri & Das, 1997). Como resultado, el entrenamiento aeróbico sólo tuvo efecto sobre las tareas que requerían cognición. Además, el entrenamiento aeróbico tuvo un efecto positivo en matemáticas. Estas ganancias cognitivas fueron complementadas por el incremento de la activación del PFC. Tanto para los datos conductuales como para MRI, las comparaciones fueron hechas para controlar a los niños que no recibieron ninguna atención o intervención de cualquier clase. Así, estos resultados, indican que la participación en el entrenamiento aeróbico influye en capacidades cognitivas, pero no descarta que otras formas de ejercicio también puedan influir.
Un interesante diseño experimental, más a menudo usado en estudios de ejercicio agudo, examinó diferencias en el funcionamiento cognitivo al completar diferentes tipos de
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ejercicio. En este estudio (Budde et al., 2008), un grupo de adolescentes (13–16 años) fueron asignados al azar para realizar 10-min de un ejercicio coordinativo bimanual o 10- min de ejercicio poco coordinativo. El monitorizar ritmos cardíacos aseguró que las condiciones en ambos ejercicios fuesen a una intensidad aeróbica moderada; Sin embargo, el ejercicio más complicado, involucró una serie de tareas bimanuales expertas de coordinación, mientras que el ejercicio más simple involucró sólo un movimiento motor repetitivo.
Los adolescentes asignados para realizar ejercicio complicado, presentaron mayor exactitud de tarea como el tiempo de terminación sobre una tarea de atención selectiva frente a los adolescentes asignados al ejercicio más simple.
Pesce et al. (2009), también investigaron los tipos de ejercicio aeróbico de intensidad equivalente al aeróbico. Niños de 11–12 años, completaron 1 h de circuito individual y durante otra sesión, completaron 1 h de juegos aeróbicos. A diferencia de otros estudios, la actividad motora de los niños fue clasificada en categorías para proveer información acerca de las interacciones sociales y cognitivas en cada forma de ejercicio. (Sin embargo, los autores no describen los ejercicios realizados). Mientras que el entrenar en circuito contuvo más oportunidades para aprender habilidades motoras, los juegos en grupo proporcionaron más oportunidades para aplicar esas habilidades motoras en una manera competitiva y estratégica. El circuito constó solamente de actividad individual, y los juegos en grupo constaron tanto de actividades individuales, como actividades en grupo. Después de cada sesión, los niños completaron una lista para evaluar la memorización inmediata y atrasada de una palabra. Los resultados mostraron un incremento en la capacidad de almacenamiento de memoria tanto a corto como a medio plazo. Sugirieron que los procesos de almacenamiento de memoria se pueden facilitar no sólo por los aumentos inducidos por el ejercicio en la activación fisiológica, sino también por la activación cognitiva inducida por el ejercicio.
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Conjuntamente, estos dos estudios amplían la posibilidad de aceptación al decir que el ejercicio requiere un complejo, controlado y adaptable cognición y el movimiento puede determinar el impacto en los procesos cognitivos. Los ejercicios coordinativos, como los empleados por Budde et al. (2008) requieren un control cognitivo sustancial y la habilidad sobre la disposición de un comportamiento automático (Diamond,2009).
Los juegos aeróbicos, como los empleados por Pesce et al. (2009), requirieron un comportamiento estratégico, coordinación de movimientos corporales complicados, y la adaptación de cambiar continuamente de tarea.
Otra investigación experimental reciente, ha comparado el ejercicio aeróbico repetitivo simple (caminar en una cinta). Si las formas complicadas de ejercicio aeróbico facilitan la cognición más que las formas simples, entonces las diferencias entre el entrenamiento de ejercicios simples y los períodos de descanso deberían ser pequeñas.
Tomporowski et al. (2008), probaron una evidencia consistente con esta idea, demostrando que el caminar en cinta no tuvo ningún efecto en cambios, respecto a la cognición en niños con sobrepeso e inactivos de edades entre 7 y 11 años. Los niños completaron una tarea de decisión antes e inmediatamente después de una sesión de 23 minutos, andando en la cinta a una intensidad moderada.
En cambio, Ellemberg & Deschenes (2010), evaluaron la velocidad en los tiempos de respuesta en niños de 7 y 10 años. La mitad de los niños completó 30 minutos de ejercicio aeróbico, mientras la otra mitad miraba la televisión. Cada niño fue evaluado antes e inmediatamente después de la intervención. Comparado al grupo de control, los niños en la condición de ejercicio, mostraron una mejora significativa sobre ambas tareas. Los resultados encontrados conducían a pensar que una mejoría en la atención de los niños podría ser debido a la activación fisiológica originada por períodos de ejercicio ya que positivamente afectan al cerebro, al aumento del flujo sanguíneo cerebral y por tanto, la función cerebral mejora.
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Considerando todos estos estudios, se puede decir que a menudo, se pasa por alto el hecho de que hay muchas formas de ejercicio que son actividades que incluyen un alto componente cognitivo.
Investigaciones ha sugerido que esta cognición inherente en el ejercicio, puede ayudar a explicar cómo afecta el ejercicio en la cognición (Sibley & Etnier, 2003; Tomporowski et al. 2008).
Existen diferentes tipos de ejercicios en el que los niños realizan a través de la participación en actividades de grupo o deportes que requieren una cierta complicación cognitiva para cooperar con compañeros de equipo, anticipar el comportamiento de compañeros de equipo y adversarios, estrategias de la planilla, y se adapta a demandas que cambian alguna vez de tarea.
Así, los juegos aeróbicos y diferentes tipos de ejercicio, requieren una forma de pensar y habilidades cognitivas similares. Las habilidades cognitivas adquiridas durante los juegos aeróbicos, se trasladaron a las funciones ejecutivas.
Si éste es el caso, la participación en cogniciones complejas, los juegos deberían impactar también positivamente en la función ejecutiva de los niños. Varias investigaciones apoyan esta idea, demostrando que los juegos informatizados son efectivos para el desarrollo de la función ejecutiva en niños pequeños (Rueda et al. 2005; Thorell et al. 2008), en niños mayores y adolescentes (Klingberg, Forssberg & Westerberg, 2002; Klingberg et al. 2005), y en adultos (Erickson et al. 2007; Jaeggi, Buschkuehl, Jonides & Perrig, 2008; Olesen, Westerberg & Klingberg, 2004; Persson & Reuter-Lorenz, 2008).
Estas intervenciones de ejercicio aeróbico pueden ser efectivas en varias poblaciones. Los niños con sobrepeso típicamente inactivos, discutiblemente deberían ser la prioridad de intervenciones de ejercicio aeróbico (Vaynman & Gómez–Pinilla, 2006). El sobrepeso
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pediátrico ha aumentado en los últimos años y éste, está relacionado con rendimientos académicos bajos (Dwyer et al., 2001; Taras & Potts- Datema, 2005). Además, la escuela que antiguamente dedicaba más tiempo, ahora ha menguado (Story, Kaphingst & French, 2006) y pocos niños reciben la cantidad recomendable de ejercicio (Query, 2012). Davis et al., (2007), establecieron que el ejercicio aeróbico impactó en la función ejecutiva en matemáticas.
Niños con ADHD (Trastorno por Déficit de atención e Hiperactividad), también presentan beneficios a través del ejercicio aeróbico. Un estudio experimental con niños diagnosticados de ADHD (Tantillo, Kesick, Hynd & Dishman, 2002), demostraron que el ejercicio tiene un efecto beneficioso en los síntomas de ADHD.
Por último, sujetos con otras incapacidades, los cuales tienen un estilo de vida sedentaria, pueden beneficiarse también de la actividad física (Ploughman, 2008). En estudio de 6 meses, se realizó una prueba en la cual los niños completaron diversos ejercicios físicos para evaluar, posteriormente habilidades motoras y coordinación. Realizaron diversas habilidades de idioma, incluyendo lectura , fonética, y memoria verbal, en niños con dificultad en la lectura, la mayoría de ellos con dislexia diagnosticada (Reynolds, Nicolson & Hambly, 2003). Estas ganancias cognitivas persistieron 18 meses después de finalizar la intervención (Reynolds y Nicolson, 2007). En otro estudio, de 8 meses de intervención con diversos ejercicios aeróbicos y anaeróbicos, incluyendo la coordinación de movimientos del cuerpo, influyeron positivamente en el funcionamiento cognitivo de niños con parálisis cerebral (Verschuren et al., 2007). Por tanto, se puede decir que el ejercicio, tiene el potencial para no mejorar sólo a la salud física de niños sino también su salud cognitiva y puede ser efectivo en intervenciones clínicas.
Como conclusión, se podría decir, que los autores, a los que hemos hecho referencia en este apartado, ponen de manifiesto una relación beneficiosa entre el ejercicio y las capacidades cognitivas de los sujetos.
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Habilidades como concentración, memorización o creatividad, han sido unas de las capacidades que mayor beneficio han obtenido a través del ejercicio, es especial de programas de ejercicio aeróbico.
A pesar de ello, no hay que descartar la posibilidad de que otras formas de ejercicio obtengan iguales o incluso mejores beneficios.