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CAPITULO V DIAGNOSTICO SITUACIONAL

VI. B.2 Motivaciones e intereses

En este apartado es posible determinar el grado de compromiso que estas diez mujeres mantienen en relación a la vida en el medio rural y más precisamente a su trabajo hortícola. Ocho de las mujeres entrevistadas son oriundas en espacios rurales

de Argentina o Bolivia y las dos restantes son nacidas en Bahía Blanca, es decir del medio urbano. Si bien -como se expresó anteriormente- no todas conocen el medio rural, ni forman parte de aquellas espacialidades como medio de vida, resulta ser el matrimonio que las vincula a las labores rurales. Al respecto, algunas de las entrevistadas explayan sobre su compromiso y relación con el medio rural:

“Yo soy del Chaco, con mi marido nos conocimos en la zona de Ascasubi, y después de un tiempo a él lo mandan llamar de acá unos parientes y nos vinimos”

(Gloria)

“Yo nací en Choique, un paraje cerca de acá sobre la ruta 35. Siempre viví en el campo y desde chiquita trabajando a la par de mis hermanos. A mi marido lo conocí en un baile de pueblo, y el siempre vivió acá en Colonia La Merced, entonces me vine pará acá con él, viste es lindo acá…”

(Francisca)

“Nací en Bahía Blanca, en el barrio La Falda y lo conocí a Gustavo porque yo trabajaba en una verdulería, el era de acá de Colonia, y llevaba verduras a donde yo trabajaba, y bueno nos pusimos de novios… y a mí siempre me gustó el campo, yo de chiquita decía que me iba a ir a vivir al campo, y cuando nos casamos nos vinimos para acá”

(Betiana)

“En mi caso, soy nacida acá mismo en este campo, de chiquita nunca trabajé en el campo, mi mamá sí, siempre al lado de mi viejo, la posición económica de mi papá me permitía quedarme en la casa, no necesitaban mi ayuda. Empecé de grande a trabajar, cuando el emprendimiento familiar creció y necesitaban mi ayuda, además mi marido se enganchó con las ventas en el mercado, yo lo conocí en un baile en Cerri, era vendedor de autos, y con el tiempo se enganchó con esto y ya no quiso seguir con los autos, pero claro en aquel momento el campo daba mucho más, así que nos casamos

y nos quedamos a vivir acá” (Herminia) Entre las motivaciones que estas mujeres describen acerca de su instalación en la explotación resaltan la tranquilidad y seguridad que brinda la vida en el medio

rural, la posibilidad de ayudar a sus cónyuges en las tareas hortícolas, el contacto con la naturaleza alejados del ruido de la ciudad, la posibilidad de comer productos hechos por ellos mismos y no tener los gastos de la vida citadina.

A su vez también detallan la existencia de ciertos inconvenientes como son las distancias, la falta de movilidad y transporte propio que les afecta sobre todo para poder llevar a la escuela los niños o la sala médica cuando se les presentaban urgencias sanitarias:

“Yo extraño un poco cuando viví en Bahía, que trabajé en una verdulería, y ahí me juntaba con amigas a charlar y tomar mate, eso lo extraño, acá no es tan fácil reunirte, pero por otro lado acá la calidad de vida es mejor, la tranquilidad, la seguridad, yo no tengo miedo, mis nenes juegan todo el día afuera, en cambio allá en Bahía eso ahora no se puede hacer”

(Ana)

“A mí me gusta mucho estar en la quinta y ayudar a mi esposo, lo tomo como un hobby, en la quinta te desenchufas…Me encanta poder criar a mis hijas en el campo, además, mis hijas saben lo que es la inseguridad de la ciudad, mis padres viven en Bahía y siempre nos cuentan cómo está de difícil”

(Betiana)

“En la ciudad hay mucha inseguridad, ojo que acá también ha habido robos, pero nada que ver con lo que pasa en Bahía, además, acá uno se las tiene que arreglar siempre, en la ciudad todo es dinero, en cambio acá te acostumbras a sustituir si no tenés algo en la heladera, te la arreglas con algo”

(Carmen)

“Y vivir en el campo a mí me gusta, no es fácil, el trabajo es duro, yo lo ayudo mucho a mi esposo, cargando para el mercado, cosechando, hago de todo, bueno lo ayudo…pero ves a mi hija ya no le gusta tanto, ella se pasa casi toda la semana en Bahía en la casa de mis cuñados, nosotros estamos haciendo una casa en Vista Alegre, que es para los chicos, yo creo que con Haroldo vamos a seguir viviendo acá siempre”

“El mayor problema hoy es el transporte escolar, desde hace ya mucho tiempo la combi no pasa, no sé si es problema del Consejo Escolar, o de quién, pero siempre lo mismo, y se me complica mucho para llevar al nene al colegio, siempre tratando de arreglar con algún vecino”

(Carmen)

“Los caminos no son buenos, y cuando llueve esto es imposible, ahí es cuando te das cuenta lo difícil que es vivir en el campo, más de una vez nos hemos quedado con la camioneta esperando que nos remolquen”

(Betiana)

“Y…nosotros que no tenemos vehículo se nos hace difícil, mirá cuando mi marido tuvo ese problemita del corazón, pasamos un susto grande, casi no llegamos a tiempo a la salita, decí que esa vez no fue tan grave y mi otro hijo llegó y nos fuimos enseguida para Cerri”

(Francisca)

Se puede concluir que la llegada de estas mujeres al medio rural y el contacto con las labores hortícolas está determinada por el matrimonio y su compromiso con el esposo o cónyuge para ayudar en las tareas productivas. En la mayoría de los casos son las mujeres quienes se instalan en las explotaciones de sus esposos, es decir son ellas quienes siguen a sus maridos. Una vez instalados, y con el paso del tiempo el hecho de colaborar -en palabras de las entrevistadas- las motiva e incentiva para permanecer en la explotación.