CAPITULO V DIAGNOSTICO SITUACIONAL
VI. B.3 La transmisión y el futuro de la explotación
Las mujeres ejercen influencia determinante en la educación y la continuidad de los hijos en la explotación. Se detallan a continuación los aspectos relacionados a la vinculación de los hijos con la actividad hortícola y a la permanencia de la familia en este medio rural. Cuando los hijos son pequeños y al vivir la familia en el mismo
espacio donde se trabaja, los niños conviven cotidianamente con las labores de sus padres en la quinta. Las madres detallan que los llevan con ellas cuando les dan de comer a las gallinas, o cuando riegan e incluso en el momento de preparación de la carga para trasladar al mercado la producción.
Es decir, la relación de los niños con la actividad hortícola se construye naturalmente por la cercanía entre la casa y la quinta, lo que se denomina unidad familia-explotación:
“Ni bien se levantan, el más grande ya va a la escuela pero cuando vuelve, se viene con el chiquito mío y siempre conmigo, andan atrás mío, al grande le encantan las gallinas y me ayuda a darles de comer, y los fines de semana cuando vuelve Diego le ayuda un montón, también le gusta envasar conmigo cuando preparo las salsas de tomate”
(Ana)
“Mis hijos todos de chiquitos ayudaron en la quinta, y no quedaba otra, tengo 10 hijos, y entre ellos se iban cuidando, y venían atrás nuestro, ahora que algunos ya se casaron siguen con quinta, una de mis hijas, acá cerca y otros dos se fueron para Ascasubi, eso sí siempre los mandé a la escuela”
(Juana)
“Mis hijos desde bebé que los llevo conmigo, nosotros teníamos mucha necesidad y los teníamos que llevar con nosotros al campo…a los varones les gusta el campo, a mi hija no, prefiere la ciudad…no terminaron la secundaria, tuvimos problema con la directora, acá es doble escolaridad y no podíamos así, entonces solamente tienen hecho la primaria; ellos saben lo que es trabajar y ganarse la vida, y son chicos que respetan, no toman, no andan ahí por la calle, son trabajadores”
(Gloria)
En el caso de las familias con hijos mayores entre doce y diecisiete años, se destaca el interés de las madres para que sus hijos estudien en el nivel secundario. Por lo tanto, esos hijos colaboran en las labores de la quinta básicamente los fines de semana. Como explicaba Daniela:
“Nosotros nunca los obligamos a trabajar, a ellos les gusta acompañarnos, y como van al colegio, tengo unos en la primaria, otros en el secundario y el más grande ya estudia
agronomía en la universidad, y el segundo empieza el año próximo Profesorado en Educación Física. Cuando tienen tiempo vienen y nos dan una mano, viste siempre hay alguno por acá ayudándome a mí acá en el invernadero; pero yoquiero que ellos estudien, que por lo menos terminen la secundaria y después elijan, si podemos los vamos a ayudar para seguir en la universidad”. Daniela afirma que su deseo era que sus hijos estudien:
“yo quiero que ellos tengan un título, igualmente a cada uno le vamos a dejar un pedacito de terreno, para que si así lo desean puedan producir”.
Se observa que a medida que los hijos crecen y al haber compartido y colaborado en las tareas hortícolas, ellos mismos son quienes eligen el camino a seguir. Los padres les brindan en la medida de lo posible las oportunidades para continuar con estudios superiores y se destaca en el discurso de las mujeres su deseo para que los hijos obtengan un título, pero quienes toman esa decisión son los mismos hijos.
Otro aspecto importante que se percibe en las entrevistas es el valor que las mujeres le otorgan al trabajo y colaboración de sus hijos en la producción, ellas destacan que sus hijos al ver el esfuerzo y tiempo que lleva el trabajo en el campo. Aprenden a valorar lo que tienen, saben de dónde provienen los ingresos del hogar, ya que comparten el trabajo cotidiano:
“Mis hijos siempre estuvieron y están con nosotros, nos ven que casi no paramos, acá en el campo es así, ellos saben de donde sale la plata cuando piden para fotocopias o para llevarse algo al colegio” (Juana)
“Mirá, acá todo lo que ves es trabajo familiar, para poder comprar el camión fueron tres años de puro ahorro, sin gastar en nada, muchísimo esfuerzo de todos y mis pibes eso lo vieron”
(Gloria)
“Yo creo que está bien que ellos vean el esfuerzo y el trabajo que es la vida en el campo, hoy el que maneja todo es Marcelo, viste, el se crió a la par del padre en el
campo, y eso sí siempre le gustó andar por ahí con el caballo, y los zapallitos, bueno todo todo, pero hoy es su trabajo, el sigue acá y podemos seguir con la quinta” (Francisca) La mayoría de las mujeres entrevistadas con hijos anhelan que ellos continúen estudiando, aunque simultáneamente se percibe la satisfacción y el interés que sus hijos permanezcan en la explotación:
“En nuestro caso, tenemos dos nenas, no sé qué va a pasar a futuro, a mí me encantaría que elijan el campo para vivir, es más tranquilo, tenés otra libertad, pero es duro, yo a ellas las veo felices, les gusta pasar tiempo con nosotros en la quinta, sobre todo los fines de semana, pero siempre les digo tienen que estudiar y después que elijan, saben que esto lo heredan ellas”
(Betiana)
“Yo no sé si todos van a seguir con esto, quizás el mayor que está estudiando agronomía, los otros todavía son chicos, igual ellos saben que cada uno tiene un pedacito de tierra para trabajar”
(Daniela)
En la mayoría de las entrevistas se advierte cierto grado de preocupación por el futuro de la explotación. El cinturón hortícola del periurbano bahiense -como se expuso en páginas anteriores- presenta un despoblamiento cada vez más notable y en gran medida eso se debe al éxodo de jóvenes a la ciudad en busca de otras/mejores oportunidades. Las mujeres entrevistadas lo manifiestan en sus discursos y a su vez destacan la falta de proyectos o programas por parte del Estado para brindar alternativas a los jóvenes y que ellos puedan permanecer en la explotación.