II.2. Marco teórico
II.2.1. Enfoques teóricos conceptuales
II.2.1.4. Espacio, identidad y cultura: dimensión espacial en la construcción
El género, el sexo y los aspectos sociales y culturales no son abstracciones que se desarrollen fuera de un soporte espacial. Muy por el contrario, los conceptos se vinculan y se desarrollan en una espacialidad. Siendo la realidad espacial compleja, para un cabal abordaje de los aspectos que guían la investigación, se privilegia la noción -que sobre el espacio- postula la Geografía Cultural, donde intenta mantener unido su objeto de estudio: ‘el espacio’, sin separar los componentes sociales de los naturales. En primer lugar, debe comprenderse al espacio, como una de las dos dimensiones de la realidad; la otra es el tiempo. Ahora bien, “el espacio tiene nombres precisos: se llama región, territorio12, lugar, ciudad, municipio, país, frontera, área, planicie, montaña, etc” (Soja, 2001:224 en Fernández Christlieb, 2006:230). Si consideramos que el objeto de estudio central de la Geografía es la dimensión espacial, la cual hace referencia a espacios concretos que tienen nombres propios (la región andina, el municipio de Bahía Blanca, la frontera chileno-argentina). El espacio es una dimensión genérica, no una porción de la superficie terrestre.
La Geografía Cultural estudia frecuentemente el espacio mediante la definición de unidades llamadas “paisajes”. El paisaje es la representación de un espacio preciso, o bien -como tal espacio preciso- analizado por un observador. Esta doble acepción se entiende en función de la producción de un paisaje y cómo se estudia el mismo; y es en relación a la producción de un paisaje como “se advierten rasgos impresos por los humanos y metáforas de las fuerzas naturales llevadas al terreno de la explicación ontológica del propio grupo” (Harvey, 2003: 532-543 en Fernández
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Al respecto sobre las escalas de espacio y tiempo Calvino Velasco, M (2012: 298) señala que: “En primer lugar, hay que reconocer que el género es, además de un fenómeno, una teoría y una perspectiva de la realidad y, en segundo lugar, que el territorio no es solamente un espacio físico delimitado. Ciertamente, el territorio supone un conjunto de elementos físicos, pero también, y esto es lo más importante, es una construcción social que involucra acciones (comportamientos, dirán algunos autores) y relaciones sociales. Visto de esta manera, el territorio adquiere una connotación política, histórica y social que se expresa como territorialidad, es decir, como sentido de pertenencia e identidad”.
Christlieb, 2006: 230). Paul Claval (1995) afirma que, para que se produzca un paisaje, el grupo social que allí se establece tiene que “reconocerse en él”, “orientarse a partir de él”, “marcar su territorio”, “nombrarlo”, e “institucionalizarlo”.
El espacio adquiere significado y significación según la impronta que sobre ellos esgrimen los grupos sociales y es donde entra a jugar su lugar central la ‘identidad’. Reconocerse en un lugar es comenzar a tejer una identidad entre la sociedad y el espacio.
El geógrafo Roberto Bustos Cara define el concepto de identidad, como “el conjunto de significaciones (variable según los actores de una situación). Es un sentido percibido y dado por cada actor sobre sí mismo y sobre los otros actores. La identidad es un concepto que permite articular como real una unidad que carece de existencia concreta pero a partir de la cual los hombres están en condiciones de ordenar su propio universo cognitivo. Se resuelve en lo socio-cognitivo y socio- comunicacional”. El sentido que se otorgue sobre identidad a un espacio es también una construcción social que involucra al género, tornándose como ‘identidad de género’.
“La identidad, entendida como una construcción social13, da lugar a investigaciones sobre el rol del cuerpo en la construcción de la identidad, la asociación entre la ruralidad y la identidad de género14 (se supone que en el medio rural se
desarrollan unas determinadas relaciones de género que son parte de las relaciones sociales y culturales de estas áreas), la hibridez y la fluidez en la identidad de género, la importancia del sexo en la construcción de la identidad, construcciones de la masculinidad y la feminidad, uso del espacio rural por parte de hombres y de mujeres,
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La noción de identidad de género, es atravesada por esferas sociales y culturales y la territorialidad –como unidad espacial individualizada de un espacio mayor como el territorio- también es una construcción. En palabras de Lindon, A. (2006: 384) plantea que “…la territorialidad también se construye y es atravesada real y simbólicamente por la experiencia y la idea de género, por cuanto también es una construcción social que implica particulares modos de comportamientoy se define como “el conjunto de relaciones tejidas por el individuo, en tanto… miembro de una sociedad, con su entorno”.
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Entre los temas de interés relacionados a la temática de identidad y lugar en geografía del género se destacan: “cómo las mujeres se identifican con el lugar, qué valoran en el entorno, cómo expresan sus sentimientos con respecto al lugar, qué tipos de lugar crean las mujeres y cómo pueden configurarse los lugares para tomar en cuenta a las mujeres” (Monk y Hanson, 1989: 35).
ejercicio de la sexualidad en las comunidades rurales, etc. El estudio de las identidades de género pone de manifiesto que el estudio del género debe ir más allá de las categorías de ‘hombre’ y ‘mujer’ ya que estas categorías son representadas y experimentadas en forma de múltiples y cambiantes identidades” (Little, 2001 citado por Baylina Ferré y Salamaña Serra, 2006: 104).
La cultura como concepto permite entender mejor la construcción del espacio. Peter Jackson (1989) sostiene que la cultura no sólo es socialmente construida sino geográficamente expresada. Siguiendo a Cosgrove y Jackson, William Norton subraya cómo “la cultura es ahora vista como el medio a través del cual la gente transforma el mundo material en un mundo de símbolos a los que da sentido y a los que se le atribuye un valor” (Norton, 2000: 14 en Fernández Christlieb, 2006: 228). La noción de cultura es inherente a la conducta humana y la condición central para su desarrollo radica en la capacidad del trabajo. El concepto de cultura del trabajo, planteado por el antropólogo español Pablo Palenzuela (1995) refiere a los conocimientos, comportamientos, percepciones, actitudes y valores que los productores adquieren y construyen a partir de su inserción en los procesos concretos de trabajo, situados en un espacio marcado por las relaciones de poder (Figura 6).
FIGURA 6. El género entre el espacio, la identidad y la cultura
SOCIEDAD + ESPACIO = IDENTIDAD
COMPONENTES SOCIALES + COMPONENTES CULTURALES GENERO SEXO SOCIEDAD CULTURA Geografía Cultural CULTURA + TRABAJO = CULTURA DEL TRABAJO ESPACIALIDAD PAISAJE ESPACIALIDAD PAISAJE SOPORTE ESPACIAL Transformación material en símbolos con valor
Fuente: Elaboración propia, Nieto M. Belén, 2016.
La capacidad del desarrollo de procesos de domesticación, las herramientas de labranza (de tipo rudimentario en inicios hasta ser más precisas) permitieron el desarrollo de la conducta propiamente humana –la cultura-, por lo tanto, ambos conceptos –trabajo y cultura- se cruzan y enriquecen no existiendo uno sin el otro.