PARTE II ESPÍRITU
31. LA BASE DE LA SOCIEDAD HUMANA: EL HOMBRE Y LOS VERTEBRADOS
Hemos visto que la sociedad humana está organizada sobre un principio distinto del de las sociedades de insectos, que se basan sobre la diferenciación fisiológica. Los individuos humanos son idénticos entre sí, en muchos sentidos, y están muy levemente diferenciados fisiológicamente. El individuo consciente de sí que entra en la composición de tal saciedad no depende de las diferenciaciones fisiológicas, aun cuando ellas existan, en tanto que en las comunidades de insectos la existencia misma de dichas comunidades depende
de tal diferenciación fisiológica. La organización de las actitudes sociales que constituyen la estructura y el contenido de la persona humana individual se lleva a cabo en términos de la organización de los elementos neurales y de sus interconexiones en el sistema nervioso central del individuo, y en términos de la pauta general ordenada de la conducta social o de grupo en que el individuo -como miembro de la sociedad o grupo de individuos que ponen en práctica tal conducta- está involucrado.
Es también cierto que muchas formas vertebradas entre las que se observa un comienzo de sociedad, no dependen de la diferenciación fisiológica. Tales sociedades inferiores a la del hombre son relativa mente insignificantes. La familia, por supuesto, es significante, y podemos decir que la familia existe antes que el hombre. Hay, no sólo la necesaria relación de padre e hijo que se debe al período de la infancia, sino también la relación entre los sexos, que puede ser relativamente permanente y que conduce a la organización de la familia. Pero no encontramos que la organización de algún grupo mayor se base sólo sobre la organización de la familia. El rebaño, el banco de peces, la bandada de pájaros, en la medida en que forman agrupaciones sueltas, no surgen del desarrollo de una función fisiológica que corresponde a la familia. Tal rebaño exhibe lo que podemos llamar "relaciones instintivas”, en el sentido de que las formas se mantienen unidas y parecen encontrar, unas en otras, un estímulo para llevar a cabo sus propias actividades. Los animales en grupo efectúan sus funciones de pastaje mejor que cuando están solos. Parecen existir tendencias instintivas, por parte de esas formas, a moverse en la dirección en que se mueven los otros animales, como se advierte en cualquier grupo de ganado que se desplaza a una en la pradera, mientras pasta. El movimiento de una forma es un estímulo para que la otra forma se mueva en la dirección en que lo hace la primera. Ése parece ser aproximadamente el límite de esa fase del rebaño, Hay también formas agrupadas para la defensa o el ataque, como el rebaño que se defiende contra el ataque de los lobos, o los lobos corriendo juntos para atacar al rebaño. Pero tales mecanismos proporcionan bases relativamente leves para la organización, y no entran en la vida del animal al punto de determinar completamente esa vida. El individuo no está determinado por su relación con el rebaño. El rebaño aparece como una nueva clase de organización y posibilita la vida del individuo desde el punto de vista de la defensa de un ataque, pero los procesos de alimentación y reproducción no dependen del rebaño mismo.
Éste no representa una organización de todos los miembros que determine la vida de los miembros separados. Más fundamentalmente aún, la familia, en la medida en que existe entre las formas inferiores, no aparece como lo que hace posible la estructura del rebaño en cuanto tal. Es cierto que en ese agrupamiento del ganado contra el ataque de afuera, la forma joven es puesta en el interior del círculo, y tal es el desarrollo de la relación de familia, de esa actitud general de cuidado paternal de los hijos. Pero no se trata del círculo, y tal es el -desarrollo de la relación familiar, de ese proceso de defensa o de ataque.
Por otra parte, en el caso del grupo humano hay un desarrollo en el que las fases complejas de la sociedad han surgido de la organización posibilitada por
la aparición de la persona. Uno encuentra quizás, en la relación de los distintos miembros de las agrupaciones más primitivas, actitudes de defensa y ataque mutuos. Es probable que tales actitudes cooperativas, combinadas con las actitudes de la familia, proporcionen las situaciones de las que surge la persona. Dada la persona, existe entonces la posibilidad de un desarrollo posterior de la sociedad sobre esa base de la conciencia de sí, distinta de la floja organización del rebaño o de la compleja sociedad de los insectos. La persona, en cuanto tal; es lo que hace posible la sociedad distintivamente humana. Es verdad que cierta clase de actividad cooperativa precede a la persona. Es preciso que haya alguna organización indefinida en que los distintos organismos trabajen juntos, y que exista esa clase de cooperación en la que el gesto del individuo pueda convertirse para él en un estímulo de la misma clase que el estímulo para la otra forma, a fin de que la conversación de gestos pueda incorporarse a la conducta del individuo. Tales condiciones están presupuestas en el desarrollo de la persona. Pero cuando la persona se ha desarrollado, entonces se obtiene una base para la evolución de una sociedad distinta en su carácter de esas otras sociedades a las que me he referido. La relación familiar, podría decirse, nos proporciona cierto indicio de la clase de organización que corresponde al insecto, porque en ella tenemos la diferenciación fisiológica entre los distintos miembros, los padres y el hijo. Y en el populacho tenemos una vuelta de la sociedad a un rebaño de ganado. Un grupo de individuos pueden ser ahuyentados como ganado. Pero en esas dos expresiones, tomadas en sí y aparte de la persona, no se encuentra la estructura de la sociedad humana; no se podría componer una sociedad humana por medio de la familia tal como existe en formas inferiores al hombre; no se puede componer la sociedad humana a partir del rebaño. Sugerir tal cosa sería no tener en cuenta la organización fundamental de la sociedad humana en torno a una persona o personas.
Naturalmente, existe, en cierto sentido, una base fisiológica para 1a sociedad humana, a saber: en el desarrollo del sistema nervioso central, tal como corresponde a los vertebrados y que alcanza su más alto desarrollo en el hombre. Mediante la organización del sistema nervioso central, las distintas reacciones de la forma pueden ser combinadas en toda clase de órdenes, espaciales y temporales, en los que la columna vertebral representa toda una serie de distintas reacciones posibles que, cuando son excitadas, se producen por sí mismas, en tanto que los planos corticales del sistema nervioso central proporcionan toda clase de combinaciones de -esas diferentes reacciones posibles. Esos planos superiores del cerebro posibilitan la variedad de actividades de los vertebrados superiores. Tal es la materia prima, expresada en términos fisiológicos, de la que surge la inteligencia del ser humano social. El ser humano es social en forma distintiva. Fisiológicamente, es social en relativamente pocas reacciones. Existen, por supuesto, procesos fundamentales de reproducción y del cuidado de los hijos, que han sido reconocidos como parte del desarrollo social de la inteligencia humana: No sólo hay un período fisiológico de la infancia, sino que ésta se extiende de tal modo, que representa aproximadamente un tercio del término medio de vida del individuo. Correspondiente a ese período, la relación paterna con el individuo
ha sido prolongada mucho más allá de la familia; el surgimiento "de escuelas, y de instituciones tales como las implicadas por la iglesia y el gobierno, es una extensión de la relación paterna. Esto constituye una ilustración externa de la complicación infinita de procesos fisiológicos sencillos. Cuidamos a la forma niño y la contemplamos desde el punto de vista de la madre; cuidamos de que se preste atención a la madre antes del nacimiento del riño, de que se le proporcione alimentos adecuados; atendemos a la manera en que se organiza la escuela a fin de que el comienzo de la educación del niño empiece, en el; primer año de su vida, con la formación de hábitos de importancia primaria; tenemos en cuenta la educación en su aspecto de recreación, que de uno u otro modo cae bajo la fiscalización pública; en todos esos detalles podemos ver qué complejización sufre el cuidado inmediato que los padres proporcionan a los hijos en las condiciones más primitivas, y sin embargo no se trata de otra cosa que una complicación continuada de series de procesos que pertenecen al cuidado original del niño.
Digo que esto es un cuadro externo de la clase de desarrollo que tiene lugar en el sistema nervioso central. Existen grupos de reacciones relativamente simples que pueden ser convertidas en infinitamente complejas uniéndolas entre sí en toda clase de órdenes, quebrando una reacción compleja, reconstruyéndola de distinto modo y uniéndola con otros procesos. Considérese la acción de tocar instrumentos musicales. Hay una tendencia inmediata a los procesos rítmicos, a emplear el ritmo del cuerpo para acentuar ciertos sonidos, movimientos que pueden encontrarse entre los gorilas. Entonces aparece la posibilidad de dividir en partes la acción de todo el cuerpo, de construir complicadas danzas, de relacionar la danza con el sonido que aparece en la canción, fenómenos que alcanzan su expresión en los grandes dramas griegos. Estos resultados son luego externalizados en los instrumentos musicales, que son, en cierto modo, remedos de distintos órganos del cuerpo. Todas estas complicaciones externas no son otra cosa que externalización, en una sociedad, de la clase de complicación que existe en los planos superiores del sistema nervioso central. Tomamos las reacciones primitivas, las analizamos y las reconstruimos en distintas condiciones. Esa clase de reconstrucción se lleva a cabo por medio del desarrollo del tipo de inteligencia que se identifica con la emergencia de la persona. Las instituciones de la sociedad, tales como bibliotecas, sistemas de trasporte, las complejas interrelaciones de los individuos logradas en las organizaciones políticas, no son más que formas de proyectar sobre la pantalla social, por así decirlo, ampliadas, las complejidades que existen dentro del sistema nervioso central, y, por supuesto, tienen que expresar funcionalmente la marcha de ese sistema. La posibilidad de llevar esa complicación al grado en que ha aparecido en el animal humano y en la correspondiente sociedad humana, se encuentra en el desarrollo de la comunicación en la conducta de la persona. La provocación de la actitud que conduciría a la misma clase de acción que es provocada en el otro individuo, posibilita el proceso de análisis, la división del acto mismo. En el caso del esgrimista o el pugilista, en que un hombre hace determinada finta para provocar cierta reacción por parte de su oponente, dicho hombre provoca al mismo tiempo -en la medida en que tiene conciencia de lo que hace- el comienzo de dicha reacción en sí mismo. Cuando hace tal cosa, estimula cierta