PARTE II ESPÍRITU
15. CONDUCTISIRO Y PARALELISMO PSICOLÓGICO
Podría parecer que el conductismo llega a lo que se llamaría un paralelismo en relación con la neurología y la psicología, esto es, en la relación entre lo que ocurre en el sistema nervioso central y la experiencia que le es paralela o corresponde a ello.
Cabría argumentar, por ejemplo, que existe en la retina una excitación debida a la perturbación que ocurre afuera, y que una sensación de color, o una experiencia de un objeto coloreado, sólo aparece cuando la excitación llega a determinado punto del sistema nervioso central. Creemos ver el objeto en el punto en que esa perturbación ocurre afuera. Es decir que vemos, pongamos por caso, una luz eléctrica. Pero se nos dice que la luz representa cambios físicos que se producen a enormes velocidades y que de alguna manera son trasferidos, por las ondas luminosas, a la retina y luego al sistema nervioso central, de modo que vemos la luz en el punto en que suponemos que tienen lugar esas vibraciones. Por supuesto, esa trasmisión exige cierto tiempo, y en el trascurso de esa acción puede tener lugar un cambio físico en el objeto. No sólo existe esa posibilidad de error en la percepción, sino que podemos equivocarnos incluso en el objeto que vemos ante nosotros, puesto que la luz es temporalmente posterior a la perturbación que parece revelar. La luz tiene una velocidad finita, y el proceso que se lleva a cabo entre la retina y el punto del sistema nervioso central es un proceso mucho más largo que el de la luz. La situación es convenientemente ampliada para nosotros en el ejemplo de la luz de las estrellas. Vemos la luz que partió del sol hace unos ocho segundos; el sol que vemos tiene ocho segundos de antigüedad, y existen estrellas tan lejanas, que consumen muchos años-luz para llegar a nosotros. Así, nuestras percepciones tienen condiciones que ubicamos en cierto momento en el sistema nervioso central; si algo obstaculiza el proceso nervioso, entonces no se produce esa experiencia particular. De un modo semejante obtenemos la explicación de lo que está detrás de la explicación paralelista; si relacionamos el hecho neurológico con lo que ocurre en nuestra experiencia, tenernos, aparentemente, dos cosas completamente distintas. La perturbación producida en el sistema nervioso central es un proceso eléctrico, químico o mecánico que se lleva a cabo en los elementos nerviosos, en tanto que lo que vemos es una
luz coloreada, y lo más que podemos decir es que lo uno es aparentemente paralelo a lo otro, puesto que no podemos decir que los dos sean idénticos. Ahora bien, la psicología conductista, en lugar de establecer estos sucesos en el sistema nervioso central como uña serie causal que es, por lo menos, condicional a la experiencia sensorial, toma toda la reacción al ambiente considerándola como lo que responde al objeto coloreado que vemos, la luz en este caso. No ubica la experiencia en punto alguno del sistema nervioso; no la pone, en los términos de Mr. Russell, dentro de una cabeza. Russell considera la experiencia como el efecto de lo que ocurre en el punto en que el procesa causal se lleva a cabo en la cabeza. Señala que desde su punto de vista, la cabeza dentro de la cual puede ubicarse esa experiencia existe empíricamente sólo en la cabeza de otras personas. El fisiólogo le explica a uno dónde se lleva a cabo esa excitación. Uno ve la cabeza en cuestión y ve además con la imaginación qué hay dentro de esa cabeza, pero, según esta tesis, lo que ve tiene que estar dentro de su propia cabeza. Russell sale de todo este embrollo diciendo que la cabeza a que se refiere no es la cabeza que vemos, sino la involucrada en el análisis fisiológico. Y bien, en lugar de suponer que el mundo experimentado, como tal, se encuentra en el interior de una cabeza, ubicado en el punto en que se llevan a cabo ciertas perturbaciones nerviosas, el conductista relaciona el mundo de la experiencia con todo el acto del organismo. Es cierto, como acabamos de decir, que ese mundo experimentado no aparece, salvo cuando las distintas excitaciones llegan a ciertos puntos del sistema nervioso central; es también cierto que si se corta cualquiera de esas vías, se elimina otro tanto de ese mundo. Lo que el conductista hace, o debería hacer, es tomar el acto completo, todo el proceso de la conducta, como' la unidad para su explicación. Al así hacer, tiene que tener en cuenta no simplemente el sistema nervioso, sino también el resto del organismo, porque el sistema nervioso no es más que una parte especializada de todo el organismo.
La conciencia como materia, como experiencia, desde el punto de vista de la psicología conductista o dinámica, es meramente el ambiente del grupo humano individual o social en cuanto constituido por ese grupo individual o social, o dependiente de él o existencialmente relativo a él. (Otra significación del término "conciencia" surge en relación con la inteligencia reflexiva, y otra aun, en relación con los aspectos personales o subjetivos de la experiencia contrastados con los aspectos comunes o sociales.)
Todo nuestro mundo experiencial -la naturaleza tal como la experimentamos- está básicamente relacionado con el proceso social de la conducta, un proceso -en que los actos son iniciados por gestos que funcionan como tales porque, a su vez, provocan reacciones adaptativas de otros organismos, indicadoras de la completación de los actos que ellas inician, o referentes a esta completación, o resultantes de ella. O sea que el contenido del mundo objetivo, tal como lo experimentamos, está constituido, en gran medida, por las relaciones del proceso social con él, y, especialmente, por la relación triádica de la significación, que es creada dentro de ese proceso. Todo el contenido del espíritu y de la naturaleza, en la medida en que adquiere el carácter de una significación, depende de esa relación tríádica, dentro del proceso social y
entre las fases componentes del acto social, que la existencia de -la significación presupone.
La conciencia o experiencia, de tal modo explicada en términos del proceso social, no puede, sin embargo, ser ubicada en el cerebro, no sólo porque tal ubicación involucra una concepción espacial del espíritu (concepción que por lo menos es injustificada en cuanto suposición nada críticamente aceptada) , sino también porque semejante ubicación conduce al solipsismo fisiológico de Russell y a las insuperables dificultades del interaccionismo. La conciencia es funcional, no sustantiva; y en cualquiera de los principales sentidos del término debe ser ubicada en el mundo objetivo, antes que en el cerebro; pertenece al medio en que nos encontramos, o es característica de él. No obstante, lo que está ubicado en el cerebro, lo, que se lleva a cabo en él, es el proceso fisiológico por el cual perdemos y recuperamos la conciencia: un proceso en cierto moda análogo al de bajar y subir una cortinilla de ventana.
Ahora bien, como hemos visto antes, si queremos controlar el proceso de la experiencia o la conciencia, podemos recurrir a los distintos procesos del cuerpo, especialmente a los del sistema nervioso. Cuando establecemos un paralelismo, lo que tratamos de hacer es explicar los elementos del mundo que nos permiten controlar los procesos de la experiencia. El paralelismo reside entre el punto en que tiene lugar la conducta y la reacción experiencial, y tenemos que determinar los elementos que nos permitirán controlar la reacción misma. Por lo general, controlamos esa reacción por medio de objetos situados fuera del organismo, antes que dirigiendo la atención al organismo mismo. Si queremos mejor luz, ponemos una bombilla eléctrica de más potencia. Nuestra fiscalización, por lo común, consiste en una reacción hacia los objetos mismos, y desde ese punto de vista el paralelismo está establecido entre el objeto y la percepción, entre la luz eléctrica y la visibilidad. Ésa es la clase de paralelismo que establece el individuo corriente; estableciendo un paralelismo entre las cosas que le rodean y su experiencia, escoge los caracteres de la cosa que le permitirán controlar la experiencia. Su experiencia es la de mantenerse a sí mismo viendo cosas que le ayudan, y, en consecuencia, escoge en los objetos los caracteres que se expresarán en esa clase de experiencia; pero si la dificultad que experimenta se debe a alguna perturbación de su sistema nervioso central, entonces tendrá que recurrir a éste. En este caso el paralelismo será entre su experiencia y las excitaciones del sistema nervioso central. Si descubre que no ve bien, es posible que encuentre alguna perturbación en el nervio óptico, y el paralelismo será entre su visión y el funcionamiento del nervio óptico. Sí le interesan ciertas imágenes mentales que tiene, recurre a las experiencias que en el pasado afectaron al sistema nervioso central. Ciertos efectos de tales experiencias en el sistema nervioso central están aún presentes, de modo que si se establece un paralelismo descubrirá que éste reside entre el acontecimiento pasado y la condición presente de su sistema nervioso central. Semejante relación se convierte en cuestión de máxima importancia para toda nuestra percepción. Los rastros de las experiencias pasadas intervienen continuamente en el mundo percibido. Pues bien, para aprehender aquello que en el organismo responde a esta etapa de nuestra conducta, a nuestra recordación, a nuestra respuesta inteligente al presente en términos del pasado, establecemos un paralelismo entre lo que
ocurre en el sistema nervioso central y la experiencia inmediata. Nuestra memoria depende de la condición de ciertas vías de comunicación de nuestra cabeza, y estas condiciones tienen que ser descubiertas para dominar los procesos de esta clase.
Esta clase de correlación es cada vez más advertible a medida que vamos de las imágenes en cuanto tales al proceso del pensamiento. La inteligencia involucrada en la percepción resulta complicada enormemente en lo que llamamos "pensamiento". Uno percibe un objeto en términos de su reacción hacía él. Si advierte su conducta, con frecuencia descubre que vuelve la cabeza a un costado para ver algo, debido a los rayos luminosos que han llegado a la periferia de su retina. Vuelve la cabeza para ver de qué se trata. Llega a usar el término "consciente de que hay algo ahí". Podemos tener la impresión de que alguien, en medio de un gentío, nos está mirando, y nos sorprendemos volviendo la cabeza para ver quién nos mira, y nuestra tendencia a volvernos nos revela el hecho de que hay rayos que salen 'de los ojos de otras personas. Es cierto, en relación con toda nuestra experiencia, que es la reacción la que nos da la interpretación de lo que nos llega en el estímulo, y dicha atención es lo que convierte en percepción lo que llamamos "sensación". La interpretación de la reacción es lo que proporciona el contenido de ésta. Nuestro pensamiento es simplemente una elaboración de dicha interpretación en términos de nuestra propia reacción. El sonido es algo que provoca un respingo; la luz es algo que tenemos que mirar., Cuando el peligro es algo que quizás está muy lejos, la probabilidad de pérdida de fondos por efecto de una mala inversión, la posibilidad de pérdida de algunos de nuestros órganos por culpa de un daño físico, la interpretación involucra un complicadísimo proceso de pensamiento. En lugar de saltar simplemente a un costado, cambiamos nuestra dieta, hacemos más ejercicios o modificamos nuestras inversiones. Este proceso de pensamiento, que es la elaboración de nuestras reacciones al estímulo, es un proceso que también, necesariamente, se ejecuta en el organismo. Y, sin embargo, es un error suponer que lo que llamamos pensamiento pueda estar ubicado en el organismo o dentro de la cabeza. La bondad o maldad de la inversión reside en la inversión, y la característica valiosa o. peligrosa de la comida está en la comida, no en nuestra cabeza. La relación existente entre esto y el organismo depende de la clase de reacción que adoptemos, y es una relación que está planificada en el sistema nervioso central. La forma en que reaccionaremos se encuentra allí, y en las posibles conexiones tiene que haber conexiones de experiencias pasadas con reacciones presentes, a fin de que pueda producirse el pensamiento. Conectamos toda una serie de cosas de afuera, especialmente las que han pasado, con nuestra situación presente, a fin de poder hacer frente inteligentemente a algún peligro distante. En el caso de una mala inversión o una perturbación orgánica, el peligro está lejos aún, pero, sin embargo, tenemos que reaccionar a él de modo de evitarlo. Y el proceso involucra una complicada conexión, que debe ser encontrada en el sistema nervioso central, especialmente en la medida en que representa el pasado. Y así, pues, consideramos lo que ocurre en el sistema nervioso central como paralelo de lo que reside en la experiencia. Si nos viésemos obligados a efectuar algún cambio en el sistema nervioso central, en la medida en que pudiese ser efectuado dentro de los conocimientos actuales, podríamos asistir a lo que
ocurre en los procesos de ese sistema. Tendríamos que aplicar nuestros supuestos remedios al sistema nervioso central mismo, en tanto que en los casos previos deberíamos haber cambiado los objetos que lo afectan. En la actualidad podemos hacer muy poco en forma directa pero nos es-factible concebir las reacciones que nos permitirían afectar nuestra memoria y nuestro pensamiento. Por supuesto, tratamos de seleccionar el momento del día y las condiciones en que tenemos la cabeza más despejada, si nos es preciso hacer algún trabajo difícil. Ésa es una forma indirecta de tratar de conseguir una reacción favorable de los elementos nerviosos del cerebro a fin de que produzcan cierta cantidad de pensamiento. Es la misma clase de paralelismo que reside entre los sistemas de iluminación de nuestras casas y la experiencia que tenemos de la visibilidad. En un caso tenemos que prestar atención a condiciones exteriores y en el otro a condiciones interiores del sistema nervioso central, a fin de dominar nuestras reacciones. No existe paralelismo en general entre el mundo y el cerebro. Lo que la psicología conductista trata de hacer es encontrar en las reacciones, en todo nuestro grupo de reacciones, lo que responde a las condiciones del mundo que queremos cambiar, mejorar, a fin de que nuestra conducta resulte exitosa.
El pasado que existe en nuestra experiencia presente está allí debido al sistema nervioso central, que se encuentra en relación con el resto del organismo. Si uno ha adquirido cierta facilidad para tocar el violín, esa experiencia pasada queda registrada en los nervios y en los músculos mismos, pero principalmente en conexiones que se encuentran en el sistema nervioso central, en toda la serie de vías de comunicación que son mantenidas abiertas de modo que, cuando llegue e] estímulo, sea liberada una compleja serie de complicadas reacciones. Nuestro pasado permanece con nosotros en términos de esos cambios que han resultado de nuestra experiencia y que, en algún sentido, están registrados en ella. La peculiar inteligencia de la forma humana reside en ese complicado dominio logrado gracias al pasado. El pasado del animal humano está constantemente presente en la facilidad con que actúa, pero decir que ese pasado está simplemente ubicado en el sistema nervioso central no es una afirmación correcta. Es cierto que semejante mecanismo tiene que existir a fin de que el pasado pueda aparecer en nuestra experiencia, pero ésta es una parte de las condiciones, no la única condición. Si uno reconoce a alguien, tiene, que ser gracias al hecho de que ha visto a ese individuo en el pasado, y cuando se le ve nuevamente, se presentan las tendencias a reaccionar como se hizo en el pasado; pero el individuo tiene que estar presente, o tiene que haber alguien parecido a él, a fin de que ello pueda ocurrir. El pasado debe ser encontrado en el mundo presente 27. Desde el punto de vista de la psicología conductista, escogemos el sistema nervioso central sólo porque él es el mecanismo, inmediato por medio del cual opera nuestro organismo para hacer que el pasado actúe sobre el presente. Si queremos entender la forma en que el organismo reacciona a cierta situación que tiene un pasado, tenemos que estudiar los efectos producidos sobre el organismo por las acciones pasadas que han quedado en el sistema nervioso central. No hay duda en cuanto a ese hecho. En consecuencia, estos efectos se tornan especialmente importantes, pero el "paralelismo" no es distinto, para una psicología conductista, del que existe entre la tibieza de una casa y el aparato de calefacción instalado en ella.
27 (Para la teoría da pasado, véase The Philosophy of the Present, páginas 1- 31.]
16. EL ESPÍRITU Y El. SÍMBOLO
He intentado señalar que las significaciones de las cosas, nuestras ideas de ellas, responden a la estructura del organismo en su conducta con referencia a ellas. La estructura que hace que esto sea posible fue encontrada primariamente en el sistema nervioso central. Una de las peculiaridades de este sistema es que tiene, en un sentido, una dimensión temporal: las cosas que vamos a hacer pueden ser dispuestas en orden temporal, de modo que los procesos posteriores, en su iniciación, puedan estar presentes para determinar los procesos anteriores; lo que vamos a hacer puede determinar nuestra forma inmediata de encarar el objeto.
El mecanismo del sistema nervioso central nos permite tener presentes, en términos de actitudes o reacciones implícitas, las posibles completaciones, manifestaciones y alternativas de cualquier acto determinado en que estemos involucrados; y este hecho debe ser advertido y reconocido, en virtud del evidente control que las fases posteriores de cualquier acto dado ejercen sobre sus primeras fases. Más específicamente, el sistema nervioso central proporciona un mecanismo de reacción implícita que permite al individuo poner a prueba implícitamente varias completaciones posibles para un acto ya iniciado, anticipándose a la completación real del acto -y de tal manera escoger para sí, sobre la base de esa prueba, la que resulte más deseable para ejecutarla explícitamente o ponerla abiertamente en efecto. El sistema nervioso central, en resumen, permite al individuo ejercer dominio consciente sobre su conducta. La posibilidad de la reacción demorada es lo que diferencia principalmente la conducta reflexiva de la conducta no reflexiva, en la que la reacción es siempre inmediata. Los centros superiores del sistema nervioso central están involucrados en el primer tipo de conducta, al hacer posible la interposición, entre el estímulo y la reacción, en el sencillo arco estímulo- reacción, de un proceso de selección de una u otra reacción posible -de entre toda una serie- y de combinaciones de reacciones al estímulo dado.
Los procesos mentales tienen lugar en este campo de actitudes expresado por el sistema nervioso central; y este campo es, por lo tanto el campo de las ideas: el campo del control del comporta miento actual en términos de sus consecuencias futuras, o en términos de la conducta futura; el campo de ese