El problema que se presenta como crucial para la psicología humana está relacionado con el campo que abre la introspección; este campo, aparentemente, no podía ser encarado por una psicología puramente objetiva, que sólo estudiaba la conducta tal como se da para el observador. A fin de que dicho campo pudiese ser puesto al alcance de la psicología objetiva, los conductistas como VVatson hicieron, lo posible para reducir el campo mismo, para negar ciertos fenómenos que supuestamente residían, sólo en ese campo, tal como la "conciencia" en cuanto distinta de la conducta sin conciencia. El especialista en psicología animal estudiaba la conducta sin responder a la cuestión de sí se trataba de conducta consciente o no 8. Pero cuando llegamos al campo de la conducta humana, nos encontramos, por cierto, en condiciones de distinguir reflejos que ocurren sin conciencia. Parece, pues, haber un campo al que la psicología conductista no puede llegar. El conductista watsoniano hacía, sencillamente, lo posible para menospreciar esta diferencia.
El campo de investigación del conductista ha sido, muy principalmente, el del niño pequeño, con quien los métodos empleados son precisamente los métodos de la psicología animal. El conductista ha tratado de descubrir cuáles son los procesos de la conducta y de ver cómo pueden emplearse las actividades del niño para explicar las del adulto. Y es en este punto donde el psicólogo hace aparecer los reflejos condicionados. Demuestra que, mediante una simple asociación de ciertos estímulos, puede obtener resultados que no se seguirían de dichos estímulos secundarios solamente. Este condicionamiento puede ser trasportado a otros campos, tales como los del terror por parte de un niño. Se puede hacer que éste experimente temor hacía
algo asociando el objeta con otros que producen terror. El mismo proceso puede ser empleado para explicar una conducta más complicada en la que asociamos elementos con ciertos acontecimientos que no están directamente relacionados con ellos, y elaborando este condicionamiento podemos, se cree, explicar los procesos más amplios de razonamiento e inferencia. De esta manera, un proceso que pertenece a la psicología objetiva es llevado al campa que por lo general es estudiado en términos de intraspección. O sea que, en lugar de decir -cuando tenemos ciertas experiencias- que tenemos ciertas ideas, y que dichas ideas involucran alguna otra cosa, decimos que determinada experiencia ha ocurrido al mismo tiempo que la primera experiencia, de modo que esta experiencia secundaria provoca ahora la reacción que pertenece A la experiencia primaría.
8 La psicología comparada libró a la psicología general de limitarse únicamente al campo del sistema nervioso central, que, gracias a los psicólogos fisiólogos, había ocupado el lugar de la conciencia como tal, para campo de investigaciones psicológicas. De tal modo permitió a la psicología en general considerar el acto como un todo, como incluyente de todo el proceso social de conducta u ocurriendo en su interior. En otras palabras, la psicología comparada -y el conductismo como su resultado- ha extendido el campo de la psicología general más allá del sistema nervioso central del organismo individual únicamente, y ha hecho que los psicólogos consideren el acto individual corno parte del más amplio todo social al que el) rigor pertenece y del que, en un sentido definido, obtiene su significación; aunque, naturalmente, no hayan perdido por ello el interés en el sistema nervioso central y en los procesos fisiológicos que se producen en él.
Restan algunos contenidos, como los de la imaginación, que se muestran más resistentes a este análisis. ¿Qué diremos de las reacciones que no responden a ninguna experiencia dada? Podemos decir, por supuesto, que son resultado de experiencias pasadas. Pero tómese los, contenidos mismos, la imaginación visual que uno tiene objetivamente: posee contornos; tiene color; tiene valores, y otras características que son aisladas más dificultosamente. Semejante experiencia desempeña un papel, y un papel muy grande, en nuestra percepción, en nuestra conducta; y, sin embargo, es una experiencia que puede ser revelada solamente por la introspección. El conductista tiene que efectuar un rodeo en torno a este tipo de experiencia, si quiere aferrarse al tipo watsoniano de psicología.
El mencionado conductista desea analizar el acto, ya sea individual o social, sin ninguna referencia específica a conciencia alguna y sin ningún intento de descubrirlo dentro del campo de la conducta orgánica o del campo más extenso de la realidad en general. Desea, en pocas palabras, negar por completo su existencia como tal. Watson insiste en que el comportamiento objetivamente observable constituye; completa y exclusivamente, el campo de la psicología científica, individual y social. Deja a un lado, como errónea, la idea de "espíritu" o "conciencia", e intenta reducir todos los fenómenos "mentales" a reflejos condicionados y similares mecanismos psicológicos -en resumen, a términos puramente conductistas. Tal intento, claro está, es desencaminado e infructuoso, porque es preciso admitir la existencia del espíritu o conciencia
como taI, en algún sentido- su negación conduce inevitablemente a evidentes absurdos: Pero aun cuando es imposible reducir el espíritu o la conciencia a términos puramente conductistas -en el sentido de anularlo así con una explicación y negar absolutamente su existencia como tal-, no lo es, por lo menos, explicarlo en dichos términos, ni lo es hacerlo sin suprimirlo con la explicación o negando su existencia como tal. Aparentemente, Watson supone que negar la existencia del espíritu o la conciencia como-una materia, sustancia w entidad psíquica equivale a negar absolutamente su existencia, y que una explicación naturalista o conductista del espíritu como tal está fuera de cuestión. Pero, por el contrario, podemos negar su existencia como entidad psíquica sin negar su existencia en algún otro sentido; y, entonces, sí lo concebimos funcionalmente, se hace posible encararlo en términos conductistas. En pocas palabras, no es posible negar la existencia del espíritu o la-conciencia o los fenómenos mentales, ni resulta deseable hacerlo; pero es posible explicarlos en términos conductistas que son, precisamente, similares a los que emplea Watson cuando trata con fenómenos psicológicos no mentales (fenómenos que, según su definición del campo de la psicología, son los únicos fenómenos psicológicos que existen). La conducta mental no es reductible a conducta no mental. Pero la conducta o los fenómenos mentales pueden ser explicados en términos de conducta o fenómenos no mentales, en cuanto surgidos de complicaciones de estos últimos y resultantes de dichas complicaciones.
Si queremos usar la psicología conductista para explicar la conducta consciente, tenemos que ser mucho más minuciosos que Watson en nuestra explicación del acto. Tenemos que tener en cuenta, no sólo el acto completo o social, sino también lo que ocurre en el sistema nervioso central como comienzo del acto del individuo y como organización del acto. Naturalmente, ello nos lleva más allá del campo de nuestra observación directa. Nos lleva más allá de ese campo porque no podemos llegar al proceso mismo. Se trata de un campo más o menas cerrado, en apariencia debido a la dificultad que el país mismo presenta para ser investigado. El sistema nervioso central está sólo parcialmente explorado. Los resultados actuales, sin embargo, sugieren la organización del acto en términos de actitudes. Existe una organización de las distintas partes del sistema nervioso, que será responsable de los actos, una organización que representa, no sólo lo que está ocurriendo inmediatamente, sino también las etapas posteriores que ocurrirán. Si uno se aproxima a un objeto distante, se acerca él con referencia a lo que hará cuando llegue. Sí se acerca a un martillo, está muscularmente preparado para tomar el mango del mismo. Las etapas posteriores del acto están presentes en las primeras etapas, no simplemente en el sentido de que están preparadas para ponerse en funcionamiento, sino en el de que sirven para controlar el proceso mismo. Ellas determinan cómo nos acercaremos al objeto, y los pasos de nuestra primera manipulación del mismo. Podemos reconocer, pues, que la inervación de ciertos grupos de células del sistema nervioso central puede iniciar, de antemano, las etapas posteriores del acto. El acto, como conjunto, puede estar presente determinando el proceso.
También podemos reconocer en tal actitud general hacia un objeto una actitud que representa reacciones alternativas, como las que están involucradas
cuando hablamos de nuestras ideas acerca de un objeto. Una persona familiarizada con un caballo se acerca a éste como una persona que montará en él. Se acerca por el lado adecuado y está preparada para treparse a la silla. Su forma de aproximación determina el éxito de todo el proceso. Pero el caballo no es simplemente algo que tiene que ser montado. Es un animal que debe comer, que pertenece a alguien. Tiene ciertos valores económicos. El individuo está dispuesto a hacer toda una serie de cosas en relación con el caballo, y esa disposición está involucrada en cualquiera de las muchas fases de los distintos actos. Es un caballo que él montará; es un animal biológico; es un animal económico. Estas características están involucradas en las ideas que tiene del caballo. Sí buscamos este carácter ideal del caballo en el sistema nervioso central, tendríamos que encontrarlo en todas esas distintas partes de los actos iniciados. Habría que pensar en cada uno de ellos considerándolos relacionados con tos otros procesos en que emplea al caballo, de manera que, no importa cuál sea el acto específico, existe una disposición a actuar de esos distintos modos con referencia al caballo. En ese sentido podemos encontrar, en el comienzo del acto, precisamente esos caracteres que asignamos al "caballo" como una idea, o, si se-prefiere, como un concepto.
Si buscamos esa idea en un sistema nervioso central, tendremos que buscarla en las neuronas, especialmente en la conexión entre las neuronas. Existen series completas de conexiones, de tal carácter, que podemos actuar de muchas formas distintas, y esas acciones posibles tienen su efecto sobre la forma en que actuamos. Por ejemplo, si el caballo pertenece al jinete, éste actúa en distinta forma que si pertenece a otra persona. Estos otros procesos involucrados determinan la acción inmediata misma y. especialmente, las últimas etapas del acto, de modo que la organización temporal del acto pueda estar presente en el proceso inmediato. No sabemos cómo se lleva a cabo la organización temporal en el sistema nervioso central. En cierto sentido, estos últimos procesos que van a ocurrir, y -que en algún sentido son iniciados, penetran en el proceso inmediato. Un tratamiento conductista, si se lo hace lo bastante amplio, si utiliza las complejidades casi indefinidas que existen en el sistema nervioso, puede adaptarse a muchos campos que se suponía- limitados a un enfoque introspectivo. Por supuesto, gran parte de esto tiene que ser hipotético. Día a día vamos aprendiendo más en cuanto a qué son las conexiones, pero se trata de conocimientos mayormente hipotéticos. Empero, por lo menos pueden ser presentados en forma conductista. Por lo tanto podemos, en principio, formular conductísticamente qué entendemos por idea. 3. LA SIGNIFICACIÓN CONDUCTISTA DE LOS GESTOS
El conductista del tipo watsoniano ha mostrado tendencia a trasportar su principio de condicionamiento al campo del lenguaje. Gracias a un condicionamiento de reflejos, el caballo ha quedado asociado con la palabra "caballo", y esto a su vez pone en marcha el juego de reacciones. Empleamos la palabra, y la reacción puede ser la de montar, comprar, vender o trocar. Estamos preparados para hacer cualesquiera de estas cosas. Esta afirmación, empero, omite el reconocimiento de que esos distintos procesos que el conductista dice estar identificados con la palabra "caballo" deben ser introducidos en el acto mismo, o en el grupo de actos, que se reúne en torno
del caballo. Ellos componen ese objeto en nuestra experiencia, y la función de la palabra es una función que tiene su lugar en esa organización; pero, sin embargo, no es todo el proceso. Encontramos esa misma clase de organización aparentemente extendida a la conducta de animales inferiores al hombre: los procesos que componen nuestros objetos tienen que estar presentes en los animales que no emplean el lenguaje. Por supuesto que el gran valor, o uno de los grandes valores, del lenguaje es que nos permite controlar esa organización del acto. Es éste un punto que tendremos que considerar, en detalle más adelante, pero resulta importante reconocer que aquello a lo que se refiere la palabra es algo que puede residir en la experiencia del individuo sin el empleo del lenguaje mismo. El lenguaje recoge y organiza este contenido en la experiencia. Es un instrumento para ese fin. El lenguaje es parte de la conducta social9. Hay una indefinida cantidad de signos o símbolos que pueden servir para el propósito de lo que llamamos "lenguaje". Estamos leyendo la significación de la conducta de otras personas cuando, quizá, éstas no tienen conciencia de ello. Hay algo que nos revela cuál es el propósito -una mirada, la Actitud del cuerpo que lleva a la reacción. La comunicación establecida de tal modo entre los individuos, puede ser perle, ¡a, Puede efectuarse una conversación por medio de gestos, que no el posible traducir en lenguaje articulado. Y esto rige también para los animales inferiores. Los perros que se aproximan uno a otro en actitud hostil, sostienen tal conversación de gestos. Caminan uno en torno del otro, gruñendo y haciendo chasquear las mandíbulas, esperando la oportunidad para atacar. Ahí hay un proceso del mal podría surgir el lenguaje; es decir: cierta actitud de un individuo que provocase una reacción diferente, y así indefinidamente. En rigor, como lo veremos, el lenguaje, efectivamente, surge como tal en semejante proceso. Sin embargo, nos mostramos demasiado dispuestos a encarar el lenguaje tal como lo hace el filólogo, desde el punto de vista del símbolo empleado 10. Analizamos ese símbolo y descubrimos cuál es la intención que existe en el espíritu del individuo al utilizar dicho símbolo, y luego tratamos de averiguar si el símbolo evoca tal intención en el espíritu del otro. Suponemos que en el espíritu de las personas existen series de ideas, y que estos individuos emplean ciertos símbolos arbitrarios que responden a la intención que los individuos tenían. Pero si queremos ampliar el concepto del lenguaje en el sentido de que he hablado, a fin de que incorpore las actitudes subyacentes, podremos ver que la Ilamada intención, la idea de que estamos hablando, está involucrada, en el gesto o las actitudes que empleamos. El ofrecimiento de una silla a una persona que entra en una habitación es, en sí, un acto de cortesía. No tenemos por qué suponer que la persona que ofrece se ha afirmado a sí misma que la otra quiere una silla. El ofrecimiento de una silla, por parte de una persona de buenos modales, es algo casi instintivo. Y ésa es precisamente la actitud del individuo. Desde el punto de vista del observador, se trata de un gesto. Semejantes primeras etapas del acto social preceden al símbolo propiamente dicho, y a la comunicación deliberada. Uno de los importantes documentos de la historia de la psicología moderna especialmente de la psicología del lenguaje, es Expression of the Emotions in Man and Animals de Darwin. En esta obra Darwin llevó su teoría de la evolución al campo de lo que denominamos "experiencia consciente". Lo que Darwin hizo fué demostrar que existía toda una serie de actos o comienzos de actos que provocaban ciertas
reacciones que no expresan emociones. Si un animal ataca a otro, o está a punto de atacarlo, o de arrebatar el hueso a otro perro, dicha -acción provoca violentas reacciones que expresan la ira del segundo perro. Ahí tenemos una serie de actitudes que expresan la actitud emocional del perro; y podemos trasportar este análisis a la expresión humana de la emoción.
9 ¿Cuál es el mecanismo básico mediante el cual se lleva a cabo el proceso social? Es el mecanismo del gesto, que- hace posibles las reacciones adecuadas para la conducta mutua, por parte de los distintos organismos individuales involucrados en el proceso social. Dentro, de cualquier acto social dado se efectúa una adaptación, por medio de gestos, de las acciones de uno de los organismos involucrados a las acciones de otro; los gestos son movimientos del primer organismo, y actúan coma estímulos específicos, provocando las reacciones (socialmente) adecuadas del segundo organismo. El campo de operación de los gestas es el campo dentro del cual el surgimiento y desarrolla de la inteligencia humana se ha llevado a cabo durante el proceso de simbolización de la experiencia que los gestos -especialmente los gestos vocales- han posibilitado. La especialización del animal humano dentro de este campo del gesto ha sido responsable, en definitiva, del origen y desarrollo de la actual sociedad humana y de sus conocimientos, con todo el dominio sobre la naturaleza y sobre el medio humano posibilitado por la ciencia.
10 ["The Relations of Psychology and Philology", Psychological Bulletin, I (1904), 375 y ss.]
La parte de nuestro organismo que más vívida y fácilmente expresa las emociones es el rostro y Darwin estudió el rostro desde ese punto de vista. Naturalmente, escogió al actor, el hombre cuyo oficio es expresar las emociones por medio de los movimientos de las facciones, y estudió los músculos mismos; y al estudiarlos se propuso demostrar qué valor podían tener estos cambios del rostro en el acto. Hablamos de expresiones tales como la de cólera, y advertimos la forma en qué la sangre puede inundar el rostro en una etapa y abandonarlo en otra. Darwin estudió la afluencia de sangre que se producía, en el temor y en el terror. En esas emociones puede verse que ocurren cambios en la propia afluencia de sangre. Estos cambios tienen su valor: Representan, es claro, cambios en la circulación de la sangre durante los actos. Estas acciones son generalmente acciones rápidas y que sólo pueden ocurrir si la sangre fluye rápidamente. Es preciso que se produzca un cambio en el ritmo de la circulación, y esto por lo general se registra en el semblante. Muchos de nuestros actos de hostilidad se exhiben en actitudes del rostro similares a las de los animales que atacan con los dientes. La actitud, o, en un término más generalizado, el gesto, ha sido conservada aún después de que desapareció el valor del acto. El título de la obra de Darwin indica su ángulo de enfoque. Estudiaba esos gestos, esas actitudes, como expresivos de las emociones, y suponía, al mismo tiempo, que el gesto tiene la función de expresar las emociones. Esa actitud se ha conservado, según dicho punto de vista, después de que el valor del acto desapareció. El gesto parece subsistir para los fines de expresar emociones. Naturalmente, uno suponía ahí una actitud, en la experiencia de los animales, que responde en cierto sentido a las
del animal humano. También ahí se podía aplicar la doctrina de la supervivencia del más apto. La inferencia, en ese caso particular, era que esos gestos o actitudes habían perdido el valor que tenían en los actos originales y,