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La base de superveniencia del discurso

I.4 El discurso como un sistema

I.4.1 La base de superveniencia del discurso

Para describir de manera rigurosa el discurso como un sistema, primero es necesario establecer su base de superveniencia. En cualquier sistema con los niveles A (micro) y B (macro) si las propiedades B –las propiedades inherentes al sistema- sobrevienen en las propiedades A –las propiedades de las partes del sistema, o de algún subconjunto de éste-, entonces las propiedades A son la base de superveniencia de B. Sólo después de establecer cuáles son las partes de un conjunto se puede describir el conjunto mismo, analizando la emergencia de rasgos nuevos (y evaluando si se trata de emergencia débil –es decir sistémica- o de verdadera irreducibilidad –postulando propiedades emergentes) y la submergencia (es decir, la desaparición) o la transformación de rasgos inútiles o inadecuados. A continuación, describiré las partes que postulo como constituyentes del sistema del discurso.

El lenguaje. El primer elemento que forma la base de superveniencia del discurso es el sistema lingüístico (SL de ahora en adelante).Se trata de un sistema computacional con mecanismos específicos de procesamiento, conectados con determinados circuitos neuronales que operan en un dominio específico y consecuentemente con una ontogenia específica y problemas y “rupturas” específicas. Actúa de forma rápida y automática, sus reglas formales son en gran medida inaccesibles a la conciencia y tiene cierto grado de especificación innata. Se adquiere gracias a la existencia de la facultad del lenguaje caracterizada en términos chomskianos, que genera una gramática interna específica para cada lenguaje. En su interior operan principios y reglas internas a la facultad del lenguaje: reconocimiento fonológico, segmentación léxica, asignación de estructura sintáctica y de contenido semántico, etcétera. Existe por separado sólo como un conjunto de reglas abstractas: sintaxis, reglas computacionales asociadas con la sintaxis, reglas asociadas con el contenido semántico (reglas lógica básicas -por ejemplo la negación, la implicación, la disyunción- y significado de procesamiento).

El SL es un mecanismo “vacío”, que opera refiriéndose a conceptos: representaciones mentales lexicalizadas, codificadas en las palabras, que constituyen la semántica. La semántica es un conjunto de información relevante y estable, representada y organizada en función del SL, en el cual las palabras – representaciones fonológicas- se asocian con información cognitiva–dando acceso a conceptos- de una

procesos inferenciales, sino que la inferencia juega un papel también en la derivación del significado codificado del enunciado ( Sperber y Wilson 1986/ 1995 y Carston 2002 y 2008)

forma al mismo tiempo suficientemente estable y suficientemente flexible para permitir la comunicación. La semántica se considera aquí (en línea con Carston 2002, 2008) como información codificada en las palabras independiente del contexto: es entonces propia del nivel de la oración, junto con las reglas sintácticas. Está representada de forma específica dentro de la estructura de los conceptos como (i) una entrada léxica, es decir información sobre la contraparte del concepto en un lenguaje natural: la(s) palabra(s) o la(s) oración(es) que expresa(n) el concepto en una lengua determinada y/o (ii) una entrada lógica: reglas y procesos lógicos, significado de procesamiento (Carston 2002: 376)30. La capacidad de emitir juicios de gramaticalidad o de hacer un análisis metalingüístico es el producto de una interacción específica entre el SL y la semántica: significado léxico mínimo independiente del contexto y significado de procedimiento, más reglas sintácticas.

El hecho de que el lenguaje subdetermina el contenido proposicional de un enunciado es algo ampliamente reconocido por pragmatistas, semanticistas y sintacticistas. La cuestión es dónde trazar la línea de división entre semántica y pragmática: establecer cuántos y cuáles elementos dependen inherentemente del contexto de interpretación. Por ejemplo, hay elementos del lenguaje cuyo significado es inherentemente dependiente del contexto, como los indéxicos31. Semanticistas como Stanley (2000) y Stanley y Szabo (2000) aceptan que estos elementos subdeterminan el contenido proposicional de un enunciado, afectando sus condiciones de verdad; sin embargo, postulan que la sintaxis de estos elementos genera constituyentes no articulados, parecidos a “instrucciones”, que nos permiten procesarlos correctamente y sostienen que, por lo tanto, el contenido explícito de un enunciado no está afectado o subdeterminado por la presencia de indéxicos.

No obstante, la caracterización del discurso como un sistema -que presupone la descodificación del lenguaje pero la rebasa, modificando su resultado de una forma significativa, como veremos más en detalle infra, se coloca naturalmente dentro de una perspectiva minimalista de la semántica como la postulada por Carston (2002, 2008). Según esta visión, la distinción entre semántica y pragmática coincide con la distinción entre un significado léxico mínimo y el significado entendido por quien habla. La distinción entre semántica y pragmática es una distinción natural “entre diferentes tipos de información, procesos mentales diferentes y sistemas cognitivos probablemente diferentes” (Carston 2008: 342): la semántica tiene una estructura encapsulada, algorítmica y deductiva, con respecto al conocimiento enciclopédico general.

30 Se supone que en la entrada de un concepto hay un tercer tipo de información, muy distinta del significado semántico:

información enciclopédica, relacionada con el conocimiento del mundo (Carston 2002: 376) y que, como mostraré más adelante, forma parte del contexto de interpretación de la comunicación ostensiva.

Esta visión tiene fuertes puntos de contacto con la de Stalnaker (1978; 2002) en restar importancia a la determinación de los valores de verdad de la proposición expresada, y al resaltar el papel del contexto de interpretación –que implica la noción de presuposición- compartido por los interlocutores para determinar el significado del hablante y, en general, al subrayar la peculiaridad de la comunicación como un proceso interpersonal, donde el reto es modificar de forma significativa el entorno cognitivo del interlocutor, y no emitir enunciados verdaderos (o falsos) en sí.

Dentro de este debate, hay también quienes distinguen entre (i) procesos pragmáticos primarios, que sirven para determinar el valor de verdad de un enunciado y no son inferenciales, sino que operan directamente, de forma análoga a la percepción, que se basa en mecanismos asociativos directos, y (ii) procesos pragmáticos secundarios, estos sí indirectos e inferenciales (Recanati 2002).

A pesar de las diferencias entre estas teorías, nadie pone en duda la idea de que existe una separación tajante entre el significado codificado por el lenguaje (el campo de la semántica) –a partir del cual se pueden derivar únicamente implicaciones lógicas, analíticas, no cancelables- y las inferencias sintéticas (o implicaturas) que se pueden derivar a partir de dicho significado (el campo de la pragmática), integrando información enciclopédica que está representada de una forma distinta de la información semántica. En términos emergentistas, los procesos pragmáticos son absolutamente irreducibles a los procesos semánticos, en cuanto se trata de procesos inferenciales que se detonan a partir de la representación de la intención informativa de un hablante en un contexto determinado.

Volviendo al lenguaje (L), éste es un producto de la interacción del SL (el sistema lingüístico, que codifica significado de procedimiento) con la semántica: en L operan reglas morfológicas y sintácticas y reglas lógicas básicas que permiten emitir juicios de gramaticalidad y aceptabilidad sobre una oración y derivar inferencias analíticas. Es a partir de L que se constituye una unidad mínima: la oración. Una oración pronunciada en un contexto de comunicación determinado es un enunciado, que constituye el insumo del procesamiento del discurso.

La oración y el enunciado son –cada uno en su nivel, respectivamente el del lenguaje y el del discurso- mecanismos que detonan procesos cognitivos. Éstos, a su vez, surgen a partir de disposiciones32 generales y/o de capacidades específicas –concebidas como una “especialización” de

las disposiciones generales al aplicarse a estímulos y tareas específicas, como mostraré a continuación.

Disposiciones cognitivas generales

32 Estructuras cognitivas generales, aptitudes que pueden generar tendencias o hábitos específicos –capacidades- según el

Los otros elementos que forman la base de superveniencia para la interpretación del discurso son disposiciones cognitivas generales:

D1) Disposición a la maximización de la cognición, basada en el Principio Cognitivo de Relevancia. La cognición tiene lugar en el tiempo, un factor que limita la cantidad de información a la que un ser humano puede prestar atención en un momento dado. Además, existen presiones cognitivas, determinadas por las tareas o actividades a realizar en una situación dada. Los procesos cognitivos de corto plazo necesitan operar de forma eficiente, enfocando la atención en la información que parezca más útil (en el sentido de que puede modificar de forma significativa el entorno cognitivo del individuo) para los objetivos cognitivos actuales, con el menor esfuerzo de procesamiento posible. Esta noción, que describe una tendencia general de la cognición humana en el procesamiento de la información, ha sido formulada como el Principio Cognitivo de Relevancia (Sperber y Wilson 1986- 1995:47-48, Sperber y Wilson: 2002): los seres humanos dirigimos nuestra atención, naturalmente y de manera automática, a la información que nos parece (más) relevante en un contexto dado.

D2) Teoría de la Mente. La capacidad de un individuo de atribuir a otros creencias y estados mentales, especialmente aquéllos que son distintos de los propios, conocida como Teoría de la Mente (de ahora en adelante, ToM. Cfr. Leslie 1987, entre otros). Se trata de una disposición cognitiva general de lectura de la mente, que parece estar desarrollada de una forma menos compleja también en otros mamíferos, y cuyo desarrollo e importancia se basan en razones evolutivas, en particular en el instinto de conservación de la especie (Sperber 2000). Esta habilidad genera procesos de interpretación del comportamiento de los demás que pueden ser detonados por mecanismos específicos, como por ejemplo sus movimientos corporales, la expresión de su rostro, el movimiento de sus ojos etcétera. D3) Trazo de semejanzas y analogías. La disposición a establecer semejanzas/analogías entre dos objetos, conceptos, representaciones, estructuras, con una finalidad específica, que ha sido descrita como integración conceptual (Fauconnier y Turner 2002). La semejanza no es a priori sino que se establece en función de un objetivo. Si estoy explicando la dinámica de un incidente de bicicleta en el que estuve involucrada, puedo utilizar un encendedor para describir la postura y orientación de mi bicicleta y tomar una cajetilla de cigarros para representar el coche que me orilló y me hizo caer. Este tipo de habilidad es la que se explota en la construcción de representaciones ad hoc como los mapas o

croquis. Se trata de una herramienta muy poderosa al poderse manejar recursivamente “de forma opaca”, permitiendo un uso metarrepresentacional de las representaciones que produce, incrustando una representación dentro de otra33.

Estas disposiciones generan procesos que se detonan a partir de mecanismos específicos, que a su vez dependen de la situación de procesamiento y de la actividad cognitiva que se está realizando. Se trata de disposiciones generales, que pueden generar procesos muy distintos entre sí y, crucialmente, con funciones muy distintas.

Mi tarea es ahora la de mostrar que en la interpretación del discurso estas disposiciones generales se especializan, detonando procesos específicos, que pueden dar lugar a rasgos nuevos (sistémicos o emergentes) y producir propiedades nuevas (sistémicas o emergentes) y pierden o modifican rasgos inútiles o inadecuados al nivel al cual se aplican. Dichos procesos son detonados por mecanismos específicos del discurso (estímulos ostensivos) e interactúan crucialmente entre sí y con un factor externo: el contexto de interpretación.