Ejemplo 4. Anuncio comercial
II.2. El contexto de interpretación como un constructo gradual
II.2.1 Invocación y evocación
En un reciente artículo en torno a la interpretación de la metáfora, Robyn Carston (2010) argumenta que “existen dos rutas distintas para entender las metáforas: un proceso de ajuste de significado rápido, local, en línea, y una apreciación más lenta y global del significado literal como un conjunto”86 (Carston 2010: 2), pero esta afirmación no tiene por qué limitarse a las metáforas.
Se puede postular la existencia de dos rutas distintas -que no se excluyen necesariamente entre sí- en la interpretación del discurso: una “regular” o sistémica, que se basa en la invocación de contenido proposicional estable, y otra basada en la evocación de representaciones de vario tipo, distintas de las que se usan en la ruta regular, que típicamente produce propiedades emergentes. Ambas rutas no se excluyen entre sí en el sentido de que también en el discurso más expresivo habrá cierta cantidad de
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“there are two different routes to the understanding of metaphors –a quick, local, on-line meaning-adjustment process and a
información invocada, pero el foco del discurso, su punto, su función, no residen en comunicar información estable, verdadera o falsa, sino en representar un punto de vista sobre algún aspecto del mundo, y tratar de comunicarlo evocando aspectos y propiedades que no importa si son verdaderas o falsas en cuanto declaradamente subjetivas, parte de la experiencia de quien habla, cuyo valor reside en detonar otras representaciones -igualmente subjetivas e idiosincráticas-, con rasgos cuasiperceptuales y emocionales. Es por eso que podemos hablar de un texto cuya calidad es evocativa en general, sin que esto implique una ausencia total de información invocada.
A partir de la invocación de un concepto se detona un proceso genuinamente inferencial, que parte de un conjunto de premisas para llegar a un conjunto de conclusiones, que están garantizadas por estas premisas. Por ejemplo:
6) Ignacia:- ¿Vamos al Zinco?
Clara -Mañana tengo que levantarme temprano. Premisas:
Clara está contestando a la pregunta de Ignacia, quien espera una respuesta afirmativa, negativa o dubitativa.
El Zinco es un antro nocturno.
Ir al Zinco implica pagar la entrada, quedarse para escuchar el concierto, que empieza a las 22:00 horas, desvelarse y probablemente tomarse unas copas.
Si alguien se tiene que levantar temprano no quiere acostarse tarde, y es mejor que no tome alcohol.
Clara trabaja mucho, necesita dormir lo suficiente, no está acostumbrada a desvelarse. Conclusión:
No, Clara no quiere ir al Zinco porque quiere levantarse temprano.
Durante el proceso de interpretación se generan propiedades sistémicas (premisas y conclusiones): inferencias reducibles a la relación entre los elementos del sistema, previsibles a partir del mecanismo de interpretación y regulares dentro del sistema discursivo, en cuanto los supuestos que se toman como premisas se representan como invocados por la emisora.
Cuando la información enciclopédica invocada no se puede rescatar –es decir no es manifiesta (o suficientemente manifiesta), el escucha puede abandonar la expectativa de relevancia o pedir aclaraciones. Un caso típico es el uso de léxico técnico, que invoca un contexto –conocimiento enciclopédico- muy preciso. Por ejemplo:
7) En un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los dos catetos.
Si no se conocen los conceptos invocados de TRIÁNGULO RECTÁNGULO, CATETO e HIPOTENUSA, simplemente no se puede alcanzar una interpretación relevante del enunciado y lo único que se puede hacer es renunciar a interpretar el enunciado, o pedir (o buscar) aclaraciones sobre éstos.
Sin embargo, hay casos donde no se invoca ningún concepto preciso, como mostré en el primer capítulo con el ejemplo de la vida como un río (I.4.3, ej. 13). Considérese por ejemplo el eslogan de la tienda departamental más cara y exclusiva de México, el Palacio de Hierro, que se encuentra -junto con el logo de la tienda- en espectaculares que en general retratan a mujeres muy bellas, elegantes y sofisticadas :
8) Soy totalmente Palacio.
Según la retórica clásica éste es un ejemplo de metonimia, una figura similar a la metáfora, “una sustitución de un término por otro cuya referencia habitual con el primero se funda en una relación que puede ser: (1) Causal (…) (2) Espacial (…), (3) Espacio/temporal”. (Béristain 2000: 327); “una dislocación de la denominación más allá del plano del contenido conceptual” (Lausberg 1967: 216). Dichos planos “corresponden a una concatenación de un fenómeno con las distintas situaciones que lo rodean” (Lausberg 1967: 216), y se enlistan como sustituciones de “quién, qué cosa, dónde, con qué medios, por qué, cómo, cuándo” (Lausberg 1997: 41) con respecto al referente de la enunciación. Al enunciar “soy totalmente Palacio”, se comunica algo como como “compro en el Palacio ergo soy Palacio”.
El significado comunicado por este enunciado -y su fuerza como eslogan publicitario- no se puede reducir sólo a un conjunto más o menos determinado de proposiciones, como “Esta mujer hace todas sus compras en el Palacio de Hierro”, “Esta mujer es cliente del Palacio de Hierro” y combinarlas con premisas como “El Palacio de Hierro es un lugar caro y exclusivo”. El uso del verbo copulativo “soy”, reforzado por el adverbio “totalmente”, hace que la palabra “Palacio” se interprete automáticamente como un complemento atributo. En la estructura copulativa, se establece automáticamente una relación de identidad entre el sujeto y el complemento, como en el enunciado: “Clara es italiana”. Así como hay un conjunto de propiedades que hacen que alguien sea italiano, esta metonimia comunica que se puede “ser Palacio”: la estructura copulativa sugiere que existe una forma de “ser totalmente Palacio”, sin embargo, no es tan fácil aislar este conjunto de propiedades, como sí lo es en el caso de “Clara es italiana”. Y no se trata sólo de un ejemplo más de comunicación vaga: el éxito de este eslogan reside en sugerir una
imagen de estatus. Este comercial está diseñado para interactuar con los deseos y las emociones de
muchos mexicanos, para hacer que se identifiquen con el Palacio -con la imagen que el Palacio propone de sí- y se sientan parte de ella. El Palacio se vuelve un símbolo de estatus -un símbolo de lujo y riqueza
¿En qué sentido alguien puede ser totalmente Palacio? Seguramente no en el de ser totalmente una tienda departamental. El contexto de interpretación necesario para interpretar este comercial no se basa únicamente en información enciclopédica racional, donde “Palacio” invoca la tienda departamental más cara de México, cuyas sedes se encuentran en tal y tal lugar de la Ciudad de México, donde se vende tal o cual marca de ropa, zapatos o vajilla, etcétera. Probablemente para “ser totalmente Palacio” no es necesario hacer efectivamente todas las compras en el Palacio, y seguramente se puede pensar en un tipo de mujer que, a pesar de hacer todas o la mayoría de sus
compras en el Palacio, nunca podría describirse como “totalmente Palacio”, o en otra que podría describirse como “totalmente Palacio” aunque en efecto la ropa que traiga puesta no haya sido comprada en el Palacio. La fuerza de este eslogan reside en evocar una imagen mental de lujo, belleza, elegancia, refinación, estatus, exclusividad, que por ende puede sugerir asociaciones totalmente irracionales como: “si compro en el Palacio me veré tan ‘totalmente Palacio’ como la mujer de la foto” y deseos como “yo también quiero ser totalmente Palacio”, que de nuevo no implica sólo comprar en el Palacio sino ser Palacio. Un símbolo de este tipo se rellena de significados profundamente distintos según quien lo interprete: una sirvienta que viene de un pueblo oaxaqueño a trabajar al DF y su patrona clasemediera tienen dos representaciones muy distintas entre sí de qué significa “ser totalmente Palacio”, asumiendo de que ambas lo deseen. Si se les pregunta qué significa ser totalmente Palacio, probablemente ambas desglosarían el eslogan de forma distinta. Conozco a mujeres que -a pesar de comprar su ropa en el Palacio- no quisieran ser descritas como mujeres “totalmente Palacio”, y otras que ponen cualquier compra en una bolsa amarilla y café del Palacio porque “así me veo más distinguida, en lugar de cargar la bolsa del Chedraui”. Hay quienes asocian el Palacio a la pretenciosidad, al derroche, a valores materialistas que privilegian el parecer sobre el ser, que dan demasiada importancia al estatus social y al dinero que puede comprarlo, etcétera. El mensaje de quienes diseñaron este comercial puede interactuar de forma negativa con nuestro imaginario, ideología, valores y deseos, y hasta con nuestros conceptos estéticos. Esto probablemente no implica que jamás compraremos una prenda en el Palacio de Hierro: implica que rechazamos identificarnos con la imagen que evoca. En este caso las propiedades que se derivan en la interpretación parecen depender de la integración de un contexto de interpretación evocado, que se basa más en imágenes mentales y asociaciones idiosincráticas que en la representación de una tienda -o de un producto- en sí.
Cuando en la interpretación se recurre a la evocación, cada intérprete construye una representación mental con rasgos personales, idiosincráticos, a partir de sus propias asociaciones, imágenes mentales, valores y deseos. En la evocación se producen propiedades distintas al proceso de interpretación sistémico, inferencial, basado en la invocación (i) en cuanto al contenido de la interpretación, que se construye a partir de la evocación del contexto de interpretación (versus su invocación) e implica, como veremos, procesos de interpretación heterogéneos y no estrictamente inferenciales y (ii) en cuanto a la representación de la intención informativa de la emisora como una intención expresiva87, que implica la integración de representaciones no mutuamente manifiestas en el contexto de interpretación, que se asumen como (parcialmente) idiosincráticas. Estas dos modalidades de referirse a contenido conceptual -por medio de la invocación o de la evocación- no se excluyen entre sí, pero normalmente una prevalece sobre la otra.
Si en el proceso de interpretación los conceptos invocados como mutuamente manifiestos parecen inadecuados o insuficientes para interpretar la enunciación porque no hay rutas inferenciales obvias o
claras a seguir a partir de la invocación racional de conocimiento mutuamente manifiesto, y/o porque estas rutas inferenciales no llegan a satisfacer (totalmente) la expectativa de relevancia del escucha; y si el costo de operar ajustes pragmáticos en cada concepto parece demasiado elevado o improductivo, el significado codificado lingüísticamente se puede tomar “de forma opaca” (cfr. Carston 2010) como el punto de partida para enfocar campos de evocación en la memoria activa y pasiva, a partir de los cuales se puede reconstruir la información faltante.
Dichos campos se exploran por medio de procesos evocativos, asociativos, no inferenciales, interconectados de diferentes maneras por medio de asociaciones libres. Crucialmente, se evocan también propiedades sin contenido proposicional: percepciones, sensaciones, emociones. Se puede evocar tanto información mutuamente manifiesta (sobre el concepto evocado y sobre estados mentales del hablante mismo sobre dicho concepto) como información (sobre el hablante y/o sobre el concepto evocado) que es manifiesta y relevante sólo para el sujeto que interpreta, y que por lo tanto no se puede representar como comunicada intencionalmente por el hablante de forma directa.
Para distinguir la interpretación del discurso expresivo –como un fenómeno de la comunicación verbal ostensiva- de interpretaciones casuales, accidentales, arbitrarias, absolutamente “egocéntricas”, es necesario que el proceso de evocación se base en la atribución –implícita o explícita- a la emisora de una intención informativa peculiar: la intención expresiva.