CAPÍTULO III. HACIA UNA CARACTERIZACIÓN DEL DISCURSO EXPRESIVO: IMAGINACIÓN E INTEGRACIÓN CONCEPTUAL
III.2 Enfoques conexionistas Los conceptos multimodales: de las imágenes mentales a la imaginación
III.2.1 Integración conceptual y pensamiento creativo
Un aspecto fundamental del pensamiento humano es la capacidad de integración conceptual, que consiste en la aplicación recursiva de formas (esquemas: algoritmos, procesos, dinámicas) a contenidos (información conceptual, discursiva y no discursiva) para derivar significados nuevos, por medio de modelos de conceptualización y categorización que pueden ser muy complejos, como el lenguaje o las matemáticas (Fauconnier y Turner 2002 y 2008).
Los seres humanos tenemos la capacidad de reconocer y manipular formas para obtener contenidos nuevos: por ejemplo, una estructura argumentativa como el silogismo aristotélico es un patrón
lingüístico (una forma: una estructura organizada en premisas y conclusiones, sensible a distinciones ontológicas como universal/particular) que, aplicado mecánicamente a un contenido, permite manipularlo, preservando sus condiciones de verdad (Fauconnier y Turner 2002: 9).
Asimismo, la explicación de la percepción -o la de la interpretación del discurso- como el resultado de una actividad dinámica -que interconecta varios sistemas cognitivos- con un fin determinado dentro de contextos físicos y cognitivos, guiada por esquemas de búsqueda y retroalimentación en paralelo- son ejemplos de una aplicación eficaz y poderosa de formas (algoritmos, esquemas) a contenidos para derivar efectos cognitivos nuevos.
La integración conceptual es considerada una habilidad mental básica y fundamental del ser humano que opera en los campos más distintos –el lenguaje, el arte, la planeación, el razonamiento, las matemáticas, las ciencias, el humor, el ritual, la religión- hasta los eventos mentales más sencillos de la vida cotidiana (Fauconnier y Turner 2002: 15). Por medio de procesos de integración conceptual, los seres humanos somos capaces de relacionar de forma relevante estructuras muy distintas entre sí para obtener información nueva, nuevos puntos de vista sobre algún fenómeno para comprenderlo de una forma distinta, reduciéndolo a una escala humana, haciéndolo más concreto: se trata de un proceso eficiente y creativo (Fauconnier y Turner 2002: 92).
Llevar a cabo un proceso de integración conceptual implica en primer lugar reconocer identidades y diferencias entre dos fenómenos/ entidades/ conceptos: A=A con respecto a alguna estructura formal97.
Algo tan común como reconocer a alguien en una fotografía implica operaciones cognitivas muy complejas. La búsqueda de identidades (y diferencias) entre fenómenos, objetos, conceptos, representaciones mentales o públicas de cualquier tipo para un objetivo determinado y con la finalidad de obtener efectos cognitivos relevantes implica procesos activos de búsqueda de analogía (Fauconnier y Turner 2002: 11-12). Es un proceso cognitivo que consiste en aplicar esquemas generales a objetos/ individuos/ fenómenos particulares, para verificar si dichos fenómenos cuentan como lo mismo o son algo distinto, por medio de la integración de los resultados de distintos procesos de conceptualización.
97 En las neurociencias, el problema de la categorización conceptual -y perceptual, como vimos en el apartado precedente- es
bien conocido como “el problema del ligamiento” (the binding problem): no parece haber un único conjunto neuronal (una representación neuronal, un objeto en el cerebro) que represente el conjunto de los distintos rasgos (perceptuales y conceptuales) por medio de los cuales identificamos un objeto o un fenómeno (por ejemplo, un árbol, o una tempestad) como una unidad, cuando lo percibimos y categorizamos. Como vimos también en el apartado anterior, la unidad de un objeto, evento, fenómeno, no proviene del mundo, sino de nuestra actividad mental: la identificación consciente de entidades separadas que se pueden categorizar y combinar entre sí es un producto de la cognición.
Dichos procesos son actividades ubicadas (i) en un contexto físico y cognitivo (ii) en los instrumentos perceptuales y conceptuales del individuo, es decir en su cuerpo, y consisten en llevar a cabo operaciones de integración conceptual. Para que un pedacito de papel bidimensional con manchas de color se identifique con una persona adulta viva y tridimensional, es necesario llevar a cabo un proceso activo de (i) selección y comparación de rasgos relevantes de los dos elementos (matching) y (ii) alineación/ nivelación (aligning) de dichos rasgos relevantes con respecto a alguna relación/ estructura/ rasgo significativo, y finalmente (iii) una integración de la información anterior en un nuevo espacio mental, relativo a la tarea cognitiva que está llevando a cabo.
En el proceso de integración, la unidad cognitiva básica es un “espacio mental”, una estructura representacional ad hoc, parcial y temporal, que se construye a partir de conocimiento general y estable (Grady, Oakley y Coulson 1999). Los espacios mentales están conectados por un lado con marcos generales, conocimiento estable y duradero (por ejemplo: caminar por un sendero; estudiar para un examen) y por el otro con información específica (por ejemplo: haber caminado al Tepozteco; haber estudiado para el examen de lengua latina II).
Según Fauconnier y Turner (2002: 39-50), el proceso de comparación, alineación e integración implica construir al menos cuatro espacios mentales: los primeros dos son relativos a los dos objetos/ fenómenos que se están integrando (input spaces); el tercero es un espacio genérico donde se proyectan selectivamente los elementos comunes a ambos espacios (generic space); y finalmente el cuarto es el espacio integrado (blended space), que es donde típicamente se genera información nueva98. La creación de un espacio integrado permite manipular de manera uniforme información proveniente de espacios mentales muy distintos, pero los espacios relativos a cada input no desaparecen al llevar a cabo la integración: esta última tiene sentido sólo por estar conectada conceptualmente con los espacios de
input (Fauconnier y Turner 2002: 61).
En el espacio integrado o blended space se llevan a cabo -en paralelo y de forma recursiva- procesos cognitivos creativos, que producen información nueva:
(i) la composición de elementos provenientes de dos espacios mentales distintos, que produce
relaciones que sólo se encuentran en la integración, y que no provienen de ninguno de los
inputs si tomado por su cuenta. Es por medio de la composición que se puede operar también
una “fusión” de elementos de los inputs. Por ejemplo, en la metáfora “este cirujano es un
98 Fauconnier y Turner (2002, passim) describen la información que se genera en el espacio integrado como “emergente”,
utilizando este término como sinónimo de “nuevo”, es decir, aplicando una noción de emergencia sistémica o débil (cfr. I.1 y sgg.).
carnicero”, algunos de los rasgos de un cirujano y algunos de los de un carnicero primero se proyectan selectivamente en un espacio genérico y después se “funden” en el espacio integrado, donde tenemos a una sola persona, un cirujano-carnicero (Grady, Oakley y Coulson 1999: 23). Esta representación de un cirujano que es al mismo tiempo un carnicero no es plausible ni realista, sin embargo la podemos construir y manipular con facilidad, para derivar de ella efectos cognitivos relevantes.
(ii) La terminación (completion), que agrega estructura adicional a la integración, a partir de marcos generales de interpretación almacenados en la memoria a largo plazo. En el caso del ejemplo arriba mencionado, se evocan marcos de interpretación: el marco del quirófano, que contiene información típicamente asociada a un cirujano (los cirujanos cortan con precisión carne viva con el objetivo de curar una enfermedad “extirpándola” y trabajan en condiciones de trabajo asépticas) y el marco de la carnicería, que contiene información típicamente asociada con un carnicero (los carniceros cortan carne muerta de animales para que se pueda cocinar y comer, necesitan una precisión muy distinta de la del cirujano y no trabajan en condiciones asépticas).
(iii) La elaboración, que implica considerar la integración como una escena, y “correrla” (“running of the blend”, Fauconnier y Turner 2002: 44), como si fuera una película, por medio de la imaginación. En cada etapa de este proceso se pueden generar rasgos nuevos y relevantes para el objetivo cognitivo que se está persiguiendo. El proceso de elaboración de la integración conceptual es una simulación: podemos “correr” una escena a partir del conocimiento de las dinámicas involucradas en la integración conceptual que se está llevando a cabo. En el espacio tanto de CARNICERO como de CIRUJANO hay un ámbito de “competencia”. En el caso de CARNICERO, los rasgos que lo componen no se corresponden con los de CIRUJANO, así que si se elabora este rasgo se tiene el efecto de incompetencia. En este caso podemos ver a un cirujano trabajando como un carnicero: esto implica rasgos físicos (una bata sucia de sangre, manos sucias) y rasgos de comportamiento (la forma de cortar la carne). El rasgo de la incompetencia, un rasgo nuevo que no está presente en ninguno de los dos espacios iniciales, el del cirujano y e del carnicero, surge99 de la integración conceptual. Además, en esta fase podemos expandir creativamente la escena siguiendo líneas posibles de
99 Si bien los autores se refieren frecuentemente a significado “emergente”, desde su punto de vista cada rasgo “nuevo”, que
no estaba presente en ninguno de los espacios conceptuales integrados, es emergente. Se trata de una caracterización demasiado débil para mis objetivos. Desde mi perspectiva, para que un rasgo sea genuinamente emergente (emergente en un sentido fuerte), éste tiene que ser irreducible al proceso sistémico de integración conceptual.
elaboración, “corriéndola” en distintas direcciones alternativas para derivar más efectos cognitivos, más allá del objetivo cognitivo que nos había motivado a llevar a cabo la integración conceptual.
En el proceso de elaboración se pueden seguir agregando estructuras adicionales -por medio de la terminación-, que se desarrollan en una nueva elaboración, según principios determinados por la naturaleza misma de la integración: este proceso es potencialmente infinito (Fauconnier y Turner 2002: 49), pero cada proceso de integración tiene objetivos cognitivos determinados y tiende a alcanzar un “equilibrio” (Fauconnier y Turner 2002: 44), un estado de “satisfacción”, que depende (i) del objetivo cognitivo que se está persiguiendo y (ii) de factores dinámicos internos al proceso. Si aplicamos esta idea a la interpretación del discurso, el sistema alcanza un equilibrio cuando se satisface la expectativa de relevancia detonada por la enunciación.
Fauconnier y Turner (2002) determinan grados de complejidad en las integraciones conceptuales que llevamos a cabo: hay tipos de integración más sencillos (single scope) entre dos espacios conceptuales cuando (i) los marcos conceptuales de cada espacio no presentan elementos en conflicto, por lo que su comparación y alineación son relativamente inmediatas y fáciles a partir del reconocimiento de rasgos salientes análogos y (ii) un espacio es claramente el espacio principal, y el otro es accesorio: la integración entre estos espacios es unidireccional (single scope network, Fauconnier y Turner 2002: 126-131), ya que algunos rasgos del espacio accesorio se proyectan selectivamente en el espacio principal, actuando como marco organizador de la información conceptual contenida en éste. Por otro lado, el grado más complejo es la integración entre espacios conceptuales y marcos que pueden estar en conflicto (clashing), donde la integración no se deriva de una simple proyección de un espacio en el otro, sino en operaciones bidireccionales (double scope network, Fauconnier y Turner 2002: 131-135) de comparación y alineación entre dos (o más) espacios, que resultan en una representación compleja con rasgos nuevos100. Son exactamente las fuertes diferencias las que ofrecen la posibilidad de una integración novedosa, significativa, útil.
En cada momento de este proceso -que es recursivo y no lineal- puede surgir información nueva, que no está representada en ninguno de los dos espacios mentales iniciales. En general, esta información se considera emergente (Fauconnier y Turner 2002, Vega Moreno 2004): desde mi perspectiva, puede tratarse de información nueva -no contenida en ninguno de los espacios mentales
100 Como ya observé, Fauconnier y Turner utilizan una noción de emergencia demasiado débil para mis objetivos: desde su
del input- pero previsible y reducible al mismo proceso de integración, o a mecanismos específicos y constantes que le dan estabilidad (emergencia sistémica o débil) o tratarse de información genuinamente emergente, emergente en un sentido fuerte (cfr. capítulo I) por contener elementos irreducibles al mismo proceso de integración discursiva.
En conclusión, la imaginación es un proceso cognitivo fundamental, básico, en la construcción del sentido, y es plausible que se base en la integración conceptual. Se pueden identificar modalidades específicas de integración, principios y presiones que actúan en la formación de espacios conceptuales integrados: relaciones de significado entre distintos espacios mentales que los autores de la teoría llaman “relaciones vitales”101 (Fauconnier y Turner 2002: 89-107), que se pueden combinar entre sí o reducirse la una a la otra en procesos de compresión y descompresión del significado. Dichas relaciones pueden ser externas (se pueden identificar al comparar espacios mentales distintos) o internas (surgen ya dentro del espacio mental nuevo, que es el resultado de la compresión de dos espacios mentales distintos). No trataré en detalle estas propiedades ahora, ni presentaré ejemplos de la teoría en sí: en la última parte de este capítulo y en el que sigue intentaré aplicar estas nociones a mi marco teórico, para mostrar cómo opera la integración conceptual en (i) la interpretación del discurso en general y (ii) en la interpretación del discurso expresivo, marcando una diferencia significativa entre los dos.