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3 2 Bases Psicológicas

ECOLÓGICA Bronfenbrenner,

2.3. Bases Biológicas

Si entendemos el desarrollo humano, como señala García Román (1998), como los cambios producidos por la edad, los cuales permiten al hombre salir del largo período de inmadurez con el que nace y que le caracteriza los primeros años de su vida, aceptaremos que existe una base genética en la que se sustenta; pero es, sobre todo, la interacción entre los factores internos (genéticos y biológicos) y las influencias externas (culturales) lo que lo propicia y define.

Aunque en ese proceso existen aspectos de la conducta más determinados por la genética que otros, como el desarrollo motor, para que se manifiesten también necesitan de un medio social favorable.

Desde las bases biológicas podemos entender los factores genéticos del ser humano, las leyes que lo regulan y los acontecimientos que los pueden alterar. Todo nuevo ser, será portador de una información biológica con las características morfológicas y fisiológicas que lo definirán. Esta información se transmite de generación en generación a través del ácido desoxirribonucleico (ADN) (Cruz, 1977; Vasta, Haith y Millar, 1992).

El desarrollo y la conducta humana se fundamentan en un proceso complejo y altamente interactivo que está influenciado tanto por regulaciones biológicas como por las experiencias de cada sujeto (Shonkoff y Marshall ,1990, 2000) . La Atención Temprana, hasta los años setenta, se había centrado casi exclusivamente en el papel que jugaba la experiencia en ese proceso; a partir de ese momento, se considera también que hay que tener presente la contribución del sustrato biológico (Mulas y Hernández, 2002).

El desarrollo consiste en dos procesos biológicos fundamentales: crecimiento y diferenciación. El crecimiento va unido a una progresiva diferenciación de todas las células, tejidos, órganos y sistemas y el crecimiento origina e impulsa la diferenciación, de alguna manera, supone el final del crecimiento (Hellbrúgge, 1980).

El comportamiento es una propiedad biológica y, por tanto, como el resto de características de un ser vivo, está sujeto a las leyes de la Biología. La conducta es propiedad biológica que permite a los organismos establecer una relación activa y adaptativa con el medio ambiente (Palau, 2005).

“ … durante mucho tiempo, el debate científico se centró en que era determinante en el desarrollo psicológico y conductual de los seres: los genes (herencia) o el medio (entorno en el que crece un ser y sus experiencias). La controversia herencia versus medio se decanta por uno o por otro, según que rasgos de la persona humana son objeto de nuestra atención (Delval, 1994: 60)

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Gottesman (1974) expone un modelo de interacción de los genes con el medio que denominó “margen de reacción” y que consiste en que los genes no determinan por sí mismos el desarrollo de forma precisa, pues serán los factores ambientales de experiencia y entrenamiento los que modelarán el resultado final (García Román, 1998).

Así, desde el punto de vista biológico, el campo de la Atención Temprana se enfrenta a retos importantes. Entre éstos se incluye, principalmente, la necesidad de incrementar nuestra capacidad para identificar factores de riesgo biológico, con el fin de tratar de prevenir y/o reducir sus potenciales efectos perjudiciales, y una mayor comprensión de las bases del funcionamiento y de la prevención del daño neurológico. En aquellas circunstancias en las que no se pueda evitar la lesión biológica, nuestra tarea consistirá en aumentar nuestros conocimientos sobre la adaptación humana.

Actualmente, identificar y facilitar esos factores de protección es una de las misiones principales de la Atención Temprana (Shonkoff y Marshall,1990, 2000).

3. 4. Bases Pedagógicas

La intervención educativa junto con la psicológica constituyen los pilares de la metodología en Intervención Temprana (Gútiez, 2005) y especialmente la Pedagogía que ha tenido gran influencia en el desarrollo de los programas de intervención (Andreu, 1997).

Actualmente la mayoría de los programas de Atención Temprana tienen un marcado carácter educativo. La naturaleza educativa de la actividad en Atención Temprana se justifica por el papel que el aprendizaje desempeña en el desarrollo del niño (Andreu, 2005).

La Atención Temprana también se basa en el viejo concepto de Bateson llama “aprender a aprender”, “la experiencia del aprendizaje en un contexto promueve la capacidad de aprendizaje en otro contexto, es decir, que la capacidad que tiene el niño de generalizar sus aprendizajes, le permite aplicarlos a nuevas experiencias” (Bateson, 1985: 198).

Mediante las experiencias de aprendizaje, los niños desarrollan sus capacidades. La etapa de educación infantil resalta la importancia que la acción educativa temprana tiene en el desarrollo físico, cognitivo y socioafectivo de los más pequeños (Francisco, MªJ ,2005).

Mota y Garriga (1989) señalan que desde que el niño nace es un sujeto de educación: “que sus genes humanos les da la capacidad de integración y de creación de pautas de comportamiento, capacidad que es clave de la educación para el individuo” (Mota y Garriga, 1989: 26)

La Educación Infantil es una etapa única, educativa y con una identidad propia. Las bases educativas nos llevan a plantear, desde el sistema educativo, la necesidad de unos fines educativos iguales para todos los sujetos. Consideramos que tanto la educación infantil como la Atención Temprana están destinadas a la atención (planificada, intencional y sistemática) de los niños hasta los seis años.

“La educación infantil es una etapa fundamental para el desarrollo de los niños/as de edades tempranas, al permitirles construir su personalidad, ampliar sus experiencias y favorecer su desarrollo social y asume la función de corregir las desigualdades de origen social” (Torres, 2005: 25)

Entendemos que la Escuela Infantil se constituye como el proceso más idóneo para contribuir al desarrollo físico, intelectual, afectivo y social del niño. El proceso de Atención Temprana debe incluirse en este contexto normalizado de aprendizaje.

Si los primeros años de la vida de un niño tienen una importancia vital para su desarrollo y sus primeros aprendizajes, la Atención Temprana y la Educación infantil van a proporcionar experiencias básicas que contribuyan a ese desarrollo y van a ser los principales mecanismos de prevención y compensación de desigualdades.

Entendemos que existen evidencias científicas de la eficacia de los programas de Atención Temprana, que avalan y promueven los programas de intervención Temprana. Por ello es necesario dotar a los programas de Atención Temprana de unas bases educativas, ya que en la mayoría de los programas y manuales existentes sólo se hacía referencia a bases psicológicas y neurológicas.

Sobre esta fundamentación científica, se tiene que apoyar cualquier enfoque de una intervención temprana, pero también queremos resaltar que una vez frente al niño lo primordial es observar, escuchar y reflexionar para comprender la

situación, siempre irrepetible de cada niño y su familia. Sólo así entenderemos el porqué de su evolución.