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3 1 Objetivos de la Educación Infantil

3. Desarrollo de estos contenidos debe basarse en que la madurez de los

3.2. Implicación-participación de las familias

Como ya hemos señalado en el capítulo anterior, la familia, en esta etapa cumple un papel crucial en el proceso evolutivo y de evolución infantil. Por esta razón, los objetivos planteados por el centro deberán ser en consonancia con los objetivos familiares. Esto hace necesaria la adopción de criterios comunes de actuación en la relación familia-escuela, que será mayor en la medida que se implique a los padres en el Proyecto Educativo del centro.

La historia de la relación familia y escuela, viene señalada por procesos legislativos que han aportado diferentes matices que van, desde el reconocimiento de la responsabilidad primera de los padres en la tarea educativa de sus hijos, hasta el reconocimiento del libre ejercicio de su derecho a elegir entre diferentes propuestas de educación. Una primera referencia de las relaciones entre la familia y la escuela aparece en la Ley General de Educación de 1970, cuando se reconoce el derecho de los padres a intervenir en la educación de sus hijos (Art.5.2).

La Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, reguladora del Derecho a la Educación, regula el derecho de la participación de las familias y las posibilidades de su ejercicio (Art.4 y 5), mantenidos en vigor en las sucesivas Leyes, hasta la actual LOE que deroga muchos elementos pero mantiene la filosofía de participación ya vigente.

La LOE (2006) indica que la implicación de los padres en el proceso educativo de sus hijos reviste una especial trascendencia “a fin de hacer efectiva la corresponsabilidad entre el profesorado y las familias en la educación de sus hijos las ad.educativas adoptarán medidas que promuevan e incentiven la colaboración efectiva entre la familia y la escuela” (Art.118.).

Busca que la acción educativa de las familias y de la escuela discurra en una dirección armónica y una novedad, que encontramos en esta Ley, es la propuesta

de “compromisos educativos” entre los centros y las familias, que detallen las actividades que padres, profesores y alumnos se comprometen a desarrollar para mejorar el rendimiento académico.

Las investigaciones parecen indicar que la implicación de la familia, entendida como participación activa, reconocimiento por parte de los padres del valor que tiene lo que se hace en el centro para el desarrollo integral de su hijo, preocupación por la evolución del niño en cada una de las áreas del desarrollo, e implicación real y sistemática en el desarrollo de las actividades del aula (Zabalza, 2000), es importante para el éxito de los programas centrados en el niños (Bronfenbrenner, 1974; Epstein, 1983; Reynolds, 1989) y para el progreso académico de éstos, observándose un fuerte impacto sobre el potencial de desarrollo (Bronfenbrenner, 1974; Garbaino, 1982; Gútiez, 1995, Aranda, 2008).

En la actualidad hay un gran interés en el estudio de la influencia que para el desarrollo del niño tiene el que la familia, más concretamente los padres, se impliquen y participen en el otro contexto en el que su hijo interactúa, el centro educativo (Zabalza, 2006); más allá de los efectos del apoyo afectivo, del refuerzo de la motivación y de las transferencias de expectativas de los padres respecto del niño, que constituyen sin duda aspectos importantes a tener en cuenta, las competencias educativas de las familias y la vinculación entre ésta y la escuela favorecen el desarrollo del niño (Agencia Europea, 2005). Asimismo, la percepción positiva del potencial educativo del niño por parte de los padres, el apoyo afectivo y la vinculación entre familia y escuela contribuyen a mejorar la calidad de la educación infantil (Palacios, 2005).

Durante la etapa infantil, familia y escuela comparten la responsabilidad de desarrollar la personalidad infantil (Gútiez, 1995), este trabajo conjunto supone para los padres la respuesta a su necesidad de reconocimiento, participación, información y desarrollo de las habilidades necesarias para desempeñar sus roles parentales; cuanto más pequeño es el niño, más importante es el establecimiento de relaciones entre padres y escuela (Galinsky, 2002).

El Instituto de Evaluación (2006) nos permite disponer de algunos indicadores de gran interés, referidos a la participación y relación de los padres en el ámbito educativo. Respecto a los niveles educativos que cursan los alumnos, las edades tempranas se manifiestan mucho más interesadas en la participación en los procesos educativos escolares de sus hijos; respecto el tamaño de los centros, los centros de menos alumnado (escuelas infantiles), consiguen un clima de relaciones más familiares, las personas se conocen mucho más, hay una mayor identificación

de la problemática de las familias, la de los hijos, los intereses compartidos o la facilidad de comunicación entre la familia y la escuela es más significativa.

La relación entre la escuela y la familia, en el momento actual de la educación, se ve condicionada por dificultades y variables de carácter social, que modifican esta relación: los cambios en la estructura familiar, que ya hemos señalado en el tema de familia, el inicio de la escolaridad no obligatoria se adelanta cada vez más por razones sociales y familiares, cambios en la jerarquía de las necesidades y expectativas de los padres…

“Los centros escolares constatan la existencia de barreras para la conciliación de la vida familiar y laboral que se concretan en dificultades crecientes para la atención familiar de los niños hasta los 3 años, para alcanzar una relación normalizada entre las familias y los centros educativos y para que el niño cuente con la presencia de sus padres, en una parte significativa del día, sin verse sometidos a una sobrecarga en su jornada escolar” (Megías, 2000:26).

Consideramos que, ante la necesidad de incrementar, favorecer y aprovechar educativamente el “enorme potencial educativo” de las familias, tendremos que fijarnos en aquellos elementos de la relación familia y escuela que suponen un apoyo y ayuda para el desarrollo de la relación. Por todo ello, entendemos que promover la formación de las familias es una forma de potenciar la relación escuela-familia