La “batalla” mencionada en el epígrafe debe ser una de las más arduas porque sus armas son intangibles. En la jerga ideológico-política, los términos bélicos batalla…, lucha…, o
guerra entre “A” y “Z” son de hecho metáforas naturalizadas. En El Arte de la Guerra del
compilador Sun Tzu, anterior al Siglo VI AC, la enseñanza de estrategias y tácticas de dominación puede ser transmutada a la retórica dialéctico-social como elementos didácticos que no necesitan ser disculpados aludiendo intenciones “no sangrientas”. Así, Sun Tzu fue de los primeros en darse cuenta que las consecuencias inevitables de los conflictos recaen sobre la economía, con una secuela de inflación y subida de precios. También señaló que el primer factor fundamental para determinar las condiciones de un conflicto es la ley moral que subyace a la armonía grupal, indicando que los primeros elementos que deben considerarse al trazar un plan de acción lo constituyen la influencia moral, el talento y la disciplina, sin dejar de reconocer
que todo el arte de la guerra se basa en el engaño(*) (827).
De otra obra, los ocho volúmenes del clásico libro De la Guerra, del siglo XIX, por Von Clausewitz (162), también se puede extraer la conclusión que La política es la continuación de
la guerra por otros medios –habida cuenta de la licencia literaria de una paráfrasis inversa–.
Esta interpretación pacífica de los hechos bélicos pone en evidencia la necesidad de revitalizar el concepto de Política, a la vez que advierte sobre la guerra que el neoliberalismo despliega en todos sus frentes, no solo a través del dominio mediático de la psicología conductual (véase
Neocolonialismo y Globalización y el Recuadro 2-10, El Big Brother panóptico, en el Capítulo
2) (46, 72, 300, 322, 368, 382, 413, 646, 647, 648, 659, 709, 814, 875, 909). También se despliega en la respuesta a cualquier protesta mediante la cruda, lisa y llana represión física. La violenta realidad, visible excepto en los multimedios cómplices, resurge como una réplica creciente y cotidiana a muchos reclamos de inequidad. La ideología neoliberal necesita avanzar huyendo hacia adelante, no tiene (ni pretende) otra salida (véase la Figura 3-13, en el Capítulo 3), y su única alternativa para lograrlo es la represión de los disconformes en el camino hacia el canibalismo social, en nombre del mercado.
Sin duda, tanto desde los libros mencionados como por las numerosas bibliotecas socio- políticas, resulta claro que en cualquier tipo de conflicto, una necesidad básica y fundamental es conocer qué (o quién) es “A” y qué (o quién) es “Z”, sin descartar las múltiples facetas intermedias desde la “B” hasta la “Y”. Al considerar los temas desarrollados en este ensayo, sumados a las declaraciones y discursos del neoliberalismo y de su contrastación con la realidad fáctica, se puede observar que los cultores ideológicos del hiper-capitalismo salvaje, montados en la maquinaria de “las derechas”, han aprendido el discurso de “las izquierdas” (146) y, aconsejados por sus hábiles gurúes de turno (241), repiten sus consignas llegando a convencer a algunos y a confundir a las mayorías.
________________________________ (*) Ver Bibliografía y Notas al final del libro
Y, para lograr sus propósitos, se valen de su principal aliado, los mass media que el
neoliberalismo han cooptado, convencido o comprado. A través de ellos, se promete pobreza cero mientras los estratos socioeconómicos bajos y medianos van en un rápido camino a estar tan sumergidos como nunca lo estuvieron en el último siglo. Se prometen grandes inversiones
mientras los mega-empresarios cómplices –de acá y de allá– solo anhelan aumentar sus ganancias y pasarlas a la economía negra dentro y fuera de los paraísos fiscales. Se promete
aumento del empleo mientras se expulsan de las órbitas públicas y privadas a miles de nuevos
desempleados. Se promete alentar la educación mientras se reducen los presupuestos del rubro, se traviste la educación pública en mega-empresas educativas, se quitan derechos a los docentes, se precarizan sus condiciones de trabajo y se los amenaza con reemplazarlos por agentes menos díscolos. También se promete apoyar el desarrollo científico mientras se anulan proyectos con realidades ya alcanzadas y con mejores posibilidades a la vista, se desfinancia la CyT, se disminuye el número y se bloquea el ingreso de nuevos investigadores y becarios preparando nuevas fugas de cerebros. Esto y mucho más forman el panorama actual de la región, incluyendo a la Ciencia, los Científicos y sus Instituciones. Desafortunadamente, la reacción de este sector, excepto por algunos contestatarios (145-149, 157, 264, 493, 494, 496-498), brillan por su ausencia o, como se dijo en un capítulo previo, “no brillan”. Sólo mantienen sus posiciones dócilmente y a cualquier costo, tratando de obtener pequeñas porciones de una torta cada vez más minúscula, mientras utilizan sus últimos magros recursos para solventar precariamente “su” investigación. El discurso del neoliberalismo ha hecho y sigue haciendo mucho daño, con una realidad palpable siempre opuesta a las promesas, pero que van construyendo ciudadanos de a pie –y muchos científicos– cada vez más parecidos a los personajes que describió José Saramago en Ensayo sobre la Ceguera (786).
Los imperios también retroceden
En el Foro por la Emancipación y la Igualdad, desarrollado en Buenos Aires en 2015, Noam Chomsky disertó sobre “Balance Histórico y Geopolítico a 70 años del Final de la
Segunda Guerra Mundial”. Entre otros valiosos mensajes, expresó “Uno de los desarrollos más
espectaculares de este periodo se produjo en América Latina. Por primera vez en 500 años,
América Latina ha dado pasos significativos hacia su liberación del dominio imperial” (147, 148).
Es triste que este reconocimiento no haya sido apreciado en su total magnitud, sobre todo cuando el Imperio, al contrario de la primacía voceada por los mass media, está en un franco aunque ocultado declive (Recuadro 5-1).
Los avances logrados en la región Latinoamericana por los derechos y la equidad de las mayorías se debió en gran parte a la puesta en marcha de conceptos que habían sido olvidados o reprimidos por demasiado tiempo, como la soberanía intelectual. La idea básica de este concepto es tan simple como el hecho de receptar –y aceptar– los bienes culturales y del conocimiento de todo el amplio mundo pero, al mismo tiempo, ser autónomo en las decisiones, sobre todo cuando las decisiones involucran a masas voluminosas de ciudadanos. Es la soberanía nacional resignificada, ya no la que deciden los militares (en los cuarteles o en el gobierno) sino la que surge del debate de las ideas y la independiente toma de decisiones sobre lo mejor para las naciones integradas a sus regiones.
Recuadro 5-1
Apogeo y ocaso del Imperio (147, 148)
“Los pasos de América Latina hacia su liberación…” –dijo el reconocido intelectual estadounidense de 89
años–, “…son desarrollos de un significado histórico muy profundo, que incluyen pasos importantes hacia la integración y hacia enfrentar problemas internos extremadamente graves que habían impedido el crecimiento
saludable de lo que debería ser una de las regiones más dinámicas y prósperas del mundo”. A continuación,
Chomsky propuso analizar la evolución de los EE.UU. a partir del contraste entre varias conferencias regionales. Terminada la Segunda Guerra Mundial, mientras las potencias europeas quedaron muy dañadas, los EE.UU. crecieron y concentraron bajo su control la mitad de la riqueza mundial, la mayor parte del poderío bélico y el dominio sobre el continente y los dos océanos. Su dirigencia organizó el mundo para satisfacer a los sectores corporativos dominantes de EE.UU. y esta reorganización planetaria incluyó “restaurar el orden Europeo” (lucha contra el comunismo) y “establecer reglas de juego en América Latina” (gobiernos títeres, restauración del Big
Stick y destino del Patio Trasero) (505).
En la Conferencia de Chapultepec (1945), se promovió la eliminación del nacionalismo económico excepto en los EE.UU., con lo que se aseguró el rendimiento de las inversiones norteamericanas. Pero luego de pasado un tiempo, a comienzos del siglo XXI, en la Cumbre de las Américas (2005) George W. Bush, asociado con los presidentes de México, Canadá y Panamá, propuso la asociación de los países de la región en un Área de Libre
Comercio de las Américas (ALCA) –de hecho, un “bloque americano” comandado por los EE.UU., lo que fue
rechazada con firmeza por los presidentes del Mercosur (Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Venezuela) (véase Cabalgando por otro milenio - (2003-2016), en el Capítulo 1). Algunos años después, EE.UU. y Canadá asistieron a la Conferencia de Cartagena (2012) con similares ideas de liderazgo y supremacía, pero tuvieron que enfrentar otro aislamiento por la postura opositora mayoritaria de los países de la región. Estos recientes cambios eran impensables en épocas previas y permite visualizar la decadencia de los EE.UU., que es factible analizar desde varios ángulos: la presunción tácita de los EE.UU. como dueño absoluto del planeta, la recomposición del mundo industrial, el avance del proceso de descolonización, el despliegue militar con amenaza latente de nuevas incursiones bélicas incluyendo los daños colaterales, la evidente presión militar no sólo para enfrentar a la URSS o China (como se declama), sino principalmente para dominar al tercer mundo, la imposición de la idea que los beneficiarios de las riquezas nacionales deben ser los inversores estadounidenses y no los ciudadanos del país.
Para llevar a cabo sus propósitos neocoloniales-imperiales, a finales de los años 1970s, impusieron el neoliberalismo tras golpes cívico-eclesiástico-militares, posteriormente por golpes blandos o golpes
institucionales. En los últimos años, lo impusieron mediante la histórica excepción de llegar al poder mediante el
voto no siempre representativo de mayorías genuinas y, ya en el gobierno, mediante el lowfare o golpes judiciales
(véase ¿Neoliberalismo o Democracia? y el Recuadro 2-16, en el Capítulo 2, y Golpes blandos, golpes
constitucionales y golpes judiciales, en el Capítulo 6). Como sea, se implantó la ideología neoliberal, con sus
vertientes económico-empresariales y el ataque a los derechos humanos, basada en una ingeniería burocrática que protege a los grandes bancos y corporaciones de las recurrentes crisis del capitalismo. Y todos los costos de los muchos conflictos emergentes de esta manipulación (incluyendo los “daños colaterales” y los “muros”) se transfieren al conjunto de la sociedad: grandes deudas privadas transferidas al Estado, enormes empréstitos impagables de conocidos conglomerados supranacionales bajo el control estricto del FMI, BM, etc. (véanse los Capítulos 2 y 4).
“América Latina –terminó Chomsky– ha estado a la vanguardia de la lucha contra el ataque neoliberal”. Y
agregó: “La especie humana está al borde del precipicio empujada en forma creciente por la guerra nuclear y la
catástrofe ambiental. Para afrontar la primera, se deben eliminar las armas nucleares”, recordando que EE.UU.
anunció recientemente una enorme inversión para su armamento nuclear (véase la Figura 6-2, en el Capítulo 6).
“Para el problema ambiental –finalizó – generado por gran parte de la “exitosa” actividad humana, no está claro
que sepamos cómo superar la catástrofe…, pero es imprescindible abordarla, si es que queremos seguir viviendo
sobre la Tierra.”
En el mencionado Foro por la Emancipación y la Igualdad hubo otros importantes aportes que consolidan el pensamiento de “no seguir imitando moldes impuestos ni fórmulas a imitar, ya que las experiencias históricas no son idénticas, pero muchas son compartidas y
enriquecen…, con la ‘democracia representativa’ acompañada por la ‘democracia
participativa’ desde sus diferentes colectivos”. “La desaparición del sentido de la historia para
manipulaciones de las grandes corporaciones”. Asimismo, fue central la idea de una necesaria transformación de las relaciones entre la academia y la acción política. La academia se ha quedado muy atrás de la política, sin alcanzar a procesarla, con “la hegemonía neoliberal
inoculando la idea de que la reflexión y el compromiso político son incompatibles”. Pero no
son pocos los intelectuales y científicos que, con una perspectiva de muchos años en la academia –y muchos callos en el espíritu–, ya no conciben reflexionar en términos que no conduzcan a una transformación favorable de la sociedad. Una sociedad en donde la convivencia ciudadana priorice al “buen vivir” en la diversidad y armonía de la naturaleza, por sobre el “vivir mejor” de perpetua insatisfacción. El camino es difícil e involucra también a la Ciencia, los Científicos y sus Instituciones, en un proceso de descolonización que implica conflictos de intereses en cada sociedad y región, abarca un enfrentamiento con los poderes hegemónicos nacionales e internacionales y, lo más difícil, un “desgarramiento interior de cada
uno, formado para mirarse con la mirada del dominador” (871).
El mirarse a sí mismo con la mirada del dominador es una conducta frecuente en la órbita
de la CyT, y contrarrestarla corresponde a una batalla intelectual que se debe dar en el campo de la soberanía cultural y del conocimiento. Estos propósitos no son fácilmente alcanzables debido a los intereses grupales y personales involucrados, y son muy fáciles de destruir cuando existen conglomerados con fuerza, intereses económicos y voluntad de hacerlo. Pero, para lograr la soberanía cultural, intelectual y del conocimiento, sin duda el papel de las Universidades es central.